Ramón
Ó abeiro da fe
Xa non hai pobres
XOSÉ CHAO REGO
C ÓUBOME este verán a fortuna -verdadeira gracia-, de andar metido na traducción da Axenda Latinoamericana, que se vén editando en 6 idiomas e no ano 1996 vai pasar a 8 co alemán e mailo galego. A interminable ringleira de mártires constitúe «unha nube de testemuñas que nos cercan» (Heb 12,1).
des que entre nosoutros pasaron por urxencias teolóxicas.
Dalgúns mártires dicíasenos que foran executados por non pisa-lo crucifixo e non. Estes mártires latinoamericanos son moito máis seculares, menos re -lixiosos : habitualmente son martirizados por loitaren pola posesión da terra e por denunciar abusos dos poderosos. Morren menos directamente por Cristo , e máis pola Causa de Xesús, esa que o levou a el á cruz.
O que non se dá entendido é que sexamos tan capaces de distanciarnos do Sermón do Monte e das Benaventuranzas. ¡Como se pode concibir un Evanxeo que non constitúa aguillón para a revolución a favor da igualdade humana? ¿Como fomos capaces de espiritualizar, mellor dito es -piritar esa radical mensaxe evanxélica que a demos convertido, a forza de razoamentos, en cumprimento relixioso ou en espiritosa moral ou moralina?
Cando algún latinoamericano da Teoloxía da liberación vén por Europa e pregúntanlle por cuestións intraeclesiásticas tan efémeras coma o celibato, non responden directamente; adoptan botar un discurso sobre os problemas vivos que eles padecen e o interlocutor conclúe, pola súa conta, que non lles queda tempo nin forzas para entrar en cuestións académicas ou en frivolida-
Nin moral nin culto, sendo tan importantes, non constitúen o cerne do Evanxeo. A radicalidade ética, un cristián ha procurarla no profeta Amós (B,4-7) -tremenda alegación contra a inxusticia social-, ou na afirmación de Xesús: non se pode servir a dous amos, a Deus e a Mammón, personificación hebrea non só do diñeiro senón das posesións en xeral coma opostas a Deus. Acaso o Evanxeo non é tan universal; poida que só sirva para os pobres. Pero hoxe xa non hai pobres, senón empobrecidos. Discurso que deixo para a próxima semana.
La conspiración interminable
ANDRÉS ABERASTURI
muchos elementos y estar mínimamente organizada para que dé frutos y altere el orden establecido. ¿Cómo metemos en el mismo saco a Trevijano, la futura república, Conde, Perote y Garzón? Pues de ninguna manera. O todos somos conspiradores por libre o no existe conspiración sino el deseo de un señor con mucho dinero y que sabe muchas cosas (y lo que no sabe lo compra) de seguir disfrutando de ese dinero en libertad gracias a esos conocimientos.
L O más triste de todo es que los oficiales del PSOE están tan contentos porque, según ellos, han logrado demostrar ya a las claras, y sin que pueda caber la menor duda que, efectivamente, existe una conspiración para derribar a González y que el Gobierno es tan serio y tan bueno que no cede a ningún tipo de presiones. Esto último es ya demasiado fuerte; lo único que faltaba es que un Gobierno cediese a las supuestas presiones de un señor que anda por ahí vendiendo dossieres por fascículos.
Una conspiración debe reunir
Yo creo que ahí se acaba la conspiración.
S UELE rayar a altura de Alpe d'Huez el énfasis diti -rámbico de quienes hacen ofi -cio y negocio del ocio. Ha po -dido comprobarse este verano, en el sahumerio de ídolos tipo Iglesias o tipo Rolling o tipo Induráin, estimulando el ansia rebañega de los muchos que, como las ramas, demandan rey, esto es, alguien a quien donar el alma.
No a uno sino a dos de estos alabanceros, por radio, y a otro en letra impresa, he sor -prendido in fraganti diciendo que el del ciclista navarro fue un triunfo sin paliativos . Que -rían decir que fue contunden -te, neto, sin sombra de duda, indisputable, incontestable, in -dudable, indiscutible o algo así. Pero les salió eso de sin paliativos , que convierte en fallo la victoria.
El Tour , por cierto, ha pro -porcionado ocasiones innúme -ras para elogiar a tal o cual corredor por su punta de ve -locidad o, al contrario, para reprocharle la carencia de esa punta. Lo cual no ha nacido entre nosotros, sino que ha sido importado del francés ( une pointe de vitesse ). Se en -tiende que tal punta sobrevie -ne -o no- cuando el ciclista, exigiéndose todas sus fuerzas, alcanza un relevante máximo de velocidad, normalmente en los sprints .
Nacida la expresión, en efecto, en el ámbito de ese de -porte, su uso se ha extendido a otros: los futbolistas, por ejemplo, tienen o no punta de velocidad.
Parece un neologismo útil y expresivo; pero, como siem -pre, cansan su abuso y mal uso, porque sus consumidores lo emplean como sustituto de velocidad sin más. «No se jugó con la debida punta de velocidad»; «El pelotón ha ro -
Falta de reflejos
PEDRO ALTARES
U NA de dos: o Felipe González ha perdido todo reflejo político o existe sobre él un extraño maleficio, capaz de invertir las posibles bazas a su favor hasta hacerlas operar en su contra. Pero, dado que parece que los fenómenos paranormales todavía no actúan en la política, hay razones cada día más acentuadas para creer en lo primero. Pasó con la captura de Roldán, un éxito indudable del Gobierno que en apenas 48 horas, y merced a los entonces famosos y hoy practicamente olvidados papeles de Laos , se convirtió en un escándalo más de los que jalonan la última etapa socialista. Meses después, corregida y aumentada, la historia se repite. Hace meses que el Gobierno sabe, como por lo demás parece que sabía o sospechaba medio mundo, que importantísimos documentos para la seguridad del Estado estaban en poder de un Mario Conde acorralado por la Justicia y con enormes ganas de revancha, tanto personales como económicas, después de la intervención de Banesto. Se emplee o no la palabra chantaje es obvio que las conversaciones entre el Gobierno y Santaella deberían haber servido para encender todas las señales de alarma del Estado, incluidas por supuesto órdenes al fiscal general. Hubiera debido además haberlo denunciado, con nombres y apellidos a la opinión pública. La famosa conspiración de la que el Gobierno llevaba hablando meses y meses hubiera tenido al fin nombres y apellidos. Nada de eso se hizo y ahora es de temer que sea demasiado tarde.
Sin paliativos
FERNANDO LÁZARO CARRETER
dado con buena punta de ve -locidad». Como vemos, la misma inercia que denunciá -bamos hace poco a propósito de memoria histórica en vez de memoria a secas. Es la in -capacidad de analizar lo que se dice, unida a la tendencia a alargar, característicamente indocta, según tenemos ya muy advertido. Para lo cual, este método de emplear acu -ñaciones resulta muy práctico. Véase, si no, cuánto se repite lo de fútbol español , cuando no haría falta. No se dirá, por ejemplo «he aquí los resulta -dos de la primera división», sino «he aquí los resultados de la primera división del fútbol español», para distinguirlos, tal vez, de los del fútbol pola -co. Mientras España desapa -rece como principio activo, español sirve como excipiente inerte de lo trivial.
Volvamos a montar en bici -cleta, porque la vuelta france -sa proporcionó abundantes ocasiones para que sus narra -dores siguieran llamando uni -dades a los corredores («El grupo de cabeza está formado por seis unidades»), tratándo -los como a vagones de mer -cancías. Sólo que, ahora, uno de sus maestros más rerrean -tes (es decir, más inflaerres) lo perfecciona y da el nombre de unidad no sólo al ciclista, sino también al lugar en que pedalea («Van en cabeza dos unidades ocupadas por Escar -tín y Jalabert»). Cautivadora gansada.
Sírvanos el fútbol como trán -sito natural hacia el idioma más mostrenco. Seguí con pa -sión por radio, en la alta no -che del 1 al 2 de agosto, cómo Vigo y Sevilla empezaban a reaccionar enérgicamente contra el descenso de sus clu -bes a los infiernos de la futbo -lería. Pero tras la decisión
sancionadora, justamente el día después (¡se nos queda, se nos queda en el idioma este horror!), pude leer en uno de los dos grandes diarios de mis mañanas cómo «los aficiona -dos no daban veracidad a la noticia de que su equipo...». Tristes tiempos en que la cre -dibilidad , el crédito , la verdad y la veracidad andan confun -didos. ¿Se puede dar veraci -dad? ¿No es algo que poseen, sin que nadie se las dé, las personas y las noticias por el hecho de ser veraces, esto es, por ajustarse a la verdad? Lo que todo bicho viviente, in -cluidos sevillanos y vigueses, ponía en duda era el crédito que merecía la disparatada noticia; es lo único que se le podía «dar».
Retornando al léxico, muy raro es en el lenguaje de los medios el fenómeno contrario al de alargar: el de acortar las palabras y despuntarlas, por lo cual, al sorprenderlo en un semanario, me apresuro a comunicarlo.
Refiriéndose al presidente de una Sala del Tribunal Supre -mo, dice que es «de extracto conservador». Extracto por extracción ; ¿será convertible el magistrado en sopa instan -tánea? Paso página y doy con esta afirmación, altamente consoladora para Felipe Gon -zález: «Lo que el líder socia -lista nunca podrá recuperar es la hostilidad manifiesta de una porción considerable de los ciudadanos». Eso supone que éstos han desistido de su hosti -lidad. Y que se niegan incon -moviblemente a recuperarla. Felicitaciones merece, pues, el antes aborrecido.
Pero el escribidor quería de -cir, sin duda, que el presidente «nunca podrá recuperarse de la hostilidad».
Babel, Babel sin paliativos.