D 1 , ESPUÉS de una dódeka de gobierno socialista, donde la ramplonería, la mediocridad, la incultura, el Kampu- cheísmo educativo, la picardía, el gitaneo, el deshonor y el crimen han sido las señas de identidad de la política nacional, visitar la preciosa Biblioteca de Antonio García-Trevijano es una fiesta que te llena los pulmones del alma de oxígeno y de optimismo cultura! y moral.
La canalla gubernamental ha intentado con todas sus fuerzas convertir en un secarral la cultura media del pueblo español sometiendo a los niños y adolescentes a. un implacable y despiadado proceso de analfabetización sólo comparable al régimen del Khmer rojo Pol Pot. Disciplina y saberes arraigados de la cultura escolar española desde la Ley Moyano, e incluso desde la Ley de Gil de Zarate, como el latín, el griego, la filosofía, la literatura española, el francés y otros, se han rabiosamente liquidado en favor del diseño, la tecnología de trabajos manuales, la «transición a la vida adulta y activa», «enseñar a pensar», «los papeles del hombre y la mujer» y otros pasatiempos muy creativos con los que lograr por completo el terrible desiderátum vandálico de «¡muera la inteligencia!». Si lo de José Millán Astray y Terreros, Jefe del Cuerpo de Mutilados, fue una fanfarronada retórica de la eterna desconfianza de la espada hacia la inerme e írrita pluma, resuelta inesperadamente ya por Don Quijote, lo que ha perpetrado turbiamente el Gobierno socialista a través de su tumultuario Ministerio de Educación y Ciencia deja de ser retórica vana para convertirse en una realidad cruel y despiadada: la sistemática desculturización programada implacablemente por la Karripucheana Reforma educativa contra las
C UALQUIER occidental, incluido más de un bienpensante, lo habría calificado de «hombrecillo». Era de pequeña estatura, flaco, y los pómulos se destacaban en un rostro que no rellenaban unos carrillos opulentos. El milagro de la vida se revelaba en unos ojos chispeantes que delataban que no se consideraba un ser desgraciado. Lo descubrí en un desvencijado y renqueante tren asiático que necesitaba dieciséis horas para cubrir un trayecto que en Europa sólo exigiría tres o cuatro. Su imagen me llegó a través de un programa de televisión de! que luego averigüé el título: «El planeta solitario» que, en esta ocasión, se centraba en el Vietnam. Sus breves reflexiones -hablaba en francés- eran más que suficientes para hacer su retrato incompleto pero exacto.
En el tren viajaba una joven periodista norteamericana que entabló una corta conversación con aquel compañero del bullicioso y abarrotado vagón en el que familias enteras se habían pertrechado de to necesario para ei largo y lento recorrido. El viejo vietnamita -quizás las privaciones le hacían aparentar más años de los que podía tener en realidadexplicó respondiendo sonriente a una pregunta que su oficio era el de escritor; la sonrisa se amplió cuando añadió que también era pintor -lo demostró dibujando a lápiz sobre un blanco papel el rostro de la entrevistadora- y llegó a la cima de la expresión de la dicha cuando corroboró que, en efecto, era un artista. se
No se trata de alimentar el vergonzoso y de-
LA BIBLIOTECA DE UN MODERNO HUMANISTA
Por Martín-Miguel RUBIO ESTEBAN
podrán erradicar con una tajante Reforma de las instituciones democráticas.
Por ello, la primorosa Biblioteca de Antonio más jóvenes generaciones de españoles tendrá consecuencias insospechadamente dramáticas a medio y largo plazo en las posibilidades de desarrollo cultural de este país.
Va a ser extremadamente difícil recuperar a los adolescentes que ya han sido sistemáticamente embrutecidos por una Reforma antieducativa bárbara, donde la ignorancia y zafiedad de sus «mentores» han confundido los valores oligárquicos, como la «tolerancia», con las virtudes democráticas, como el «respeto». España así está comenzando una etapa de africanización espiritual cuyo tercermundista cáncer, provocado por la ignorancia de pedagogos de tres al cuarto, reclutados más como comisarios políticos que como funcionarios capaces, sólo Dios sabe cuándo podremos extirpar. Yo calculo que en no menos de veinte o treinta años desde las expectativas más optimistas. De seguir con esta antipolítica educativa de lectores de C. B. Macpherson en ediciones de kiosco, admiradores de la «Nuova Scuola» -me ne frega!- y-catedráticos de gimnasia y peluquería, el saqueo de valores espirituales, culturales y morales alcanzará un nivel pavoroso, sólo comparable al de los cruzados del veneciano Enrico Dándolo sobre Constantinopla, causantes de una ruina con la que cayó un telón entre los antiguos y nosotros; un telón oscuro e impenetrable que no se levantaría jamás.
En relación con esta maldad transcendental, las cuestiones del GAL, el CESID, la corrupción y la malversación sistemática son sólo males menores, a pesar de su presencia ubicua en la Prensa. Males que sólo se se
García-Trevijano, con la colección universal de clásicos de «La Pléiade», con todos los números reunidos y magníficamente encuadernados del periódico «La Falange», dirigido por Fourrier y Víctor Considerant (los analfabetos del poder socialfelipista entenderán, los pobres, otra cosa), con las obras completas del genial político, antropólogo y poeta cubano José Martí, con las obras completas de las mejores ediciones criticas de Jean Bodin, Thomas Hobbes, John Locke, David Hume, Montesquleu, Rousseau, Benjamín Constant, Tocqueville, Marx, y de cien pensadores políticos más antiguos y modernos, con docenas de obras de historiadores de todas las épocas, bellamente encuadernadas por el infinito amor que tiene su dueño al género literario de la Historia, con miríadas de obras de Derecho Romano y moderno, con todos lo clásicos de la economía y la sociología, con los mejores libros de Antropología, desde Morgan o Frazer a Karl Wittíogel y su Estado hidráulico, etcétera, etcétera, etcétera; con todas esas maravillas, digo, la Biblioteca de Antonio GarcíaTrevijano representa hoy un faro iluminador de la ruta cultural que tenemos que seguir hacia el rigor intelectual que produzca la democracia y la libertad política en este brumoso piélago que en la actualidad es España.
La Biblioteca privada, y no la figura pública, es el verdadero espejo del alma de un intelectual humanista. Sus obras, además, acreditan qué la erudición no es mero conocimiento del pasado, sino acicate del pensamiento sobre el presente y de la coherencia en la conducta moral.
LIDERTAD PROFUNDA
Por Trinidad de LEÓN-SOTELO
sucumben a la presión de las fuerzas vigorosas de los razonamientos (?) que imperan acerca de que sin fama -poco que ver con el prestigio- no moníaco argumento según el cual los pobres encuentran la felicidad más fácilmente que quienes no lo son, porque se conforman con poco y exigen menos. A mi entender, sucede, simplemente, que ese hombre que tanto y tan bien debe conocer la miseria material, ignora la miseria moral, la que conduce a la ambición desmedida, al ansia de poder, al deseo de figurar en cabeza entre un sinfín de marionetas. Porque cada vez es más cierto que la sociedad actual es capaz de cualquier cosa, aunque conduzca al desequilibrio personal y ajeno, con tal de lograr el palmares de los hoñores pomposos y fatuos. Parecen no querer darse cuenta de que entran a formar parte de un mecanismo que si por un lado sé manifiesta encumbrándolos por encima del resto de la ciudadanía, por otra los convierte en dóciles actores de una farsa deleznable, aquélla que conduce a conocer la vanidad, pero no el orgullo de la propia estimación.
Lo más penoso es que incluso personas que no desearían, en principio, entrar en el engranaje de la mezquindad -siempre más lamentable moralmente que el de la indigencia-
692.694 ANUNCIOS PUBLICADOS EN EL 94, SON PALABRAS MAYORES
hay nada que hacer en el mundo actual. Y así escritores con el ansia justa de dar rienda suelta a su vocación ponen límites a su oficio para rendir pleitesía «a lo que vende». Y así aquellos que deberían intervenir en los asuntos públicos para hacer pensar serena y concienzudamente a los ciudadanos se contentan con añadir más algarabía a la confusión porque eso «es lo que la gente pide». Muchos emplean grandes palabras y rimbombantes conceptos como si eso bastara para llevar luz a las reflexiones vacilantes, serenidad a las mentes atribuladas, paz a la tortura del desaliento. Pocos son los. que se aventuran a los juicios más reposados y valientes, quizá porque al hecho de ser los más ecuánimes añaden el ser los más conflictivos para quien los expresa. Parece que se prefiere vivir en una nada que, eso sí, se'adorna con los colorines de lo superfluo, con los artilugios de la fantasmada.
Decía Faulkner que entre la nada y la pena se quedaba con la pena. Hoy lo tacharían de loco todos los que llenan su vacío con los oropeles de la apariencia. Contemplando la autenticidad del humilde vietnamita sentí que aquel hombre guardaba en su interior riqueza suficiente como para repartir en nuestro mundo, tan pobre en valores puros. «¡Artista!», dijo, con la emoción de quien goza por estar capacitado para mirar a su alrededor con ojos que poseen un don especial. ¡Qué orgullo envidiable el que proporciona la libertad profunda!
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