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¿Quién era Simplicio?

Agustín de la Hoz, habla de Sim­ plicio en un extenso articulo publi­ cado en un semanario local en no­ viembre de 1983 (Abrumadora ig­ norancia). ¿Existió Simplicio?, ¿un personaje ficción?, ¿existe en la ac­ tualidad?. Me limitaré a traer a esta página algunos párrafos de su con­ tenido. Interesante.

"No será inoportuno, Simplicio, que en claro y sencillo castellano, sin chocarrería de mal gacetillero, exponga yo a los lectores los ante­ cedentes de las "cartas abiertas" que con tan manifiesto ánimo de inju­ riar ha dirigido usted a numerosos lanzaroteños -incluidos hombres ya muertos: poetas; además- y, por supuesto, a este aprendiz de escri­ tor. No parece insólito, según dis­ tingo, que alguien como usted es­ criba y se quede tan tranquilo. Bue­ no, tanto no. Este es su triste desti­ no. La fatuidad, Simplicio, engen­ dra injusticia. Ahí la guita se mez­ cla, desgraciadamente, con la incualificada personalidad del longuiso que actúa de "parásito intelectual". Ya lo advertía Don Quijote a San­ cho: "Entre nosotros anda siempre una caterva de encantadores, que todas nuestras cosas mudan y true­ can, y las vuelven según su gusto, y según tiene la gana de favorecernos o destruimos". dis -

Alega usted, Simplicio, que se fundamenta en la libertad de expre­ sión y que su actitud "es" la de un paladín del anarquismo e, incluso, se alza usted con la bandera barojiana como si el humano y purísimo don Pío fuera un delincuente de honor y dignidad de las personas.

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Aureliano Montero Gabarrón

OPINIÓN

No, Simplicio, no. Don Pío Baroja fue grande, pero "sin salirse de la medida". Don Pío sabía conocer el valor de las palabras, el valor de las cosas y la relación sagaz, justa, entre las palabras y las cosas. A usted no se le ha visto jamás "climax cultural", antes bien en la misantropía y el re­ curso de la provocación. Practica la ofensa como arma arrojadiza para eri­ girse en carne de actualidad.

Se equivoca el monosabio cuando enturbia y tergiversa la acción de nues­ tros Maestros de Escuela, y se equií. voca usted, Simplicio, cuando hace vejamen y deshonra la buena memo­ ria de nuestros muertos ilustres. O esa babiecada de "genio o nada" es una opción suicida, que, resulta la alterna­ tiva de aquel Garulla que, a fuer de creerse "genio único", intentó poner la Biblia en mal trabados versos ale­ jandrinos. No todos los buenos pro­ sistas y poetas han de ser mariscales en literatura. Si fuera así, la literatura se vería atacada de parálisis durante largos períodos, pues, para que el ge­ nio se de alguna vez, es condición indispensable que, entretanto, otros muchos hombres escriban aún cuan­ do luego hayan de ser olvidados... o no".

Agustín de la Hoz, ha dibujado li­ terariamente aun profesional de la pro­ vocación. Le pone el nombre de Sim­ plicio. ¿Cuántos Simplicios en Lanzarote?. De seguro que a más de uno. Los estaremos observando coti­ dianamente, y graduándolos, que tam­ bién esa gente tiene sus distingos por categorías ganadas en el ejercicio de la insolidaridad y el maltrato de la ética. en

LA HISTORIA ESCALONADA

Me equivoqué

*Primer escalón: En esta ocasión no le puedo echar la culpa al ordenador por­ que, para mi desgracia, los machanguitos y los textos que éstos pronuncian en la última página de este mismo diario son lo único que todavía escribo o emborrono manualmente. Sucedió que el pasado martes puse en boca del oinnipresente campesino de la boina y el esc&rdillo, literalmente, la siguiente frase: "Chacha, y tú, con lo habita que eres, ¿no te pre­ sentas a ningún concurso de belleza? ". De lo cual se podría deducir a primera vista, erróneamente, que a esos concur­ sos sólo se presentan niñas lelas (que no es el caso, como es fama). Una simple o simplona b tuvo la culpa de mi evidente lapsus: donde escribí hohita tenía que haber puesto bonita. Debe ser la falta de costumbre, luego de años sin escribir con bolígrafo o rotulador en mano. ¡A quién se le ocurre confundir bonita con bobita\ (bromas e ironías aparte, por supuesto).

**Segundo escalón: Errores tontos a un lado, centrémonos ahora en el acierto y en el aserto de don Federico Mayor Zaragoza, el presidente o similar de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO para los amigos y demás per­ sonas piadosas), que firmaba días atrás un excelente y atinadísimo artículo en las páginas de la prensa nacional, que luego fue reproducido también por algunos periódicosprovinciales canarios. En hablan­ do del peligro evidente y creciente de los nacionalismos, apunta Mayor Zarago­ za que -cito textualmente-: "(...) indivi­ duos y comunidades expresan su afán de existir, de crear por sí mismos, de parti­ cipar activamente en la vida nacional e intemacional. En la misma medida en que esta voluntad no se encauza con efi­ cacia en un marco pacífico y democráti­ co, empiezan a proliferar las corrientes extremas, demagógicas, xenófobas, e in­

Miguel Ángel de Lcóil cluso racistas, que transforman la legí­ tima aspiración a una afirmación de la identidad [en la España actual, pregun­ to por mi cuenta y riesgo: ¿cómo, cuán­ do, dónde y a quién se le ha negado?] e" una actitud agresiva, proclive al replie­ gue en sí mismo y al rechazo del otro [un rechazo del que ya hemos hablado en esta misma y modesta página impre­ sa en varias ocasiones anteriores, como recordarán los sufridos lectores]. Esta última actitud -sigue diciendo Federi­ co Mayor Zaragoza- entraña una ne­ gación de los valores universales, un menosprecio de los derechos y liberta­ des de la personas, un repudio a todo diálogo y a todo esfuerzo de educación para la tolerancia. El problema de las minorías aparece hoy como una expre­ sión particular de este fenómeno gene­ ral: la mundialización de los circuitos económicos, pero también de los valo­ res humanistas, hace impracticable toda solución basada en la creación de fron­ teras étnicas, nacionales o religiosas. Las entidades minoritarias (trátese de co­ munidades culturales frente a una na­ ción o de regiones enteras frente a una potencia desarrollada) tendrán que afian­ zarse en el marco de una democratiza­ ción general de la vida pública, tanto en el seno de las Naciones como a escala planetaria". La pena, vive Dios, es que las experiencias democráticas que se conocen hasta ahora, aunque hayan sid'' las menos malas (Winston Churchi" dixit), siguen dejando mucho que de­ sear: sólo hay que ver la que gozamos' padecemos actualmente en España, qu^ tiene más de mera partitocracía (ah' acierta de pleno don Antonio Garcí" Trevijano) que de democracia auténti­ ca y plena... o al menos decentita y mínimamente presentable, que tamp"' "comparece que sea pedir tanto a estas alturas del siglo que se ya se apaga.- V vamonos.

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