Pensamiento
Frente a la gran mentira
Antonio García-Trevijano
Espasa Calpe. Madrid, 1996. 350 páginas, 2.200 pesetas
L A verdad acaba por triunfar, pero des pués del largo imperio de la mentira. La verdad no es siempre grata. Terencio afirmó que «la complacencia hace amigos, la verdad engendra odio». Desde que en octubre de 1976 García-Trevijano abandonó la activi dad política por no estar de acuerdo con el niodo en que se pactó la transición, toda su actividad publicística ha estado encaminada a demostrar una tesis polémica; «Esto no es una democracia». Pero cuando dice «esto» no se refiere sólo al régimen español, sino a todas las, según él, mal llamadas democracias euro peas, que no son sino oligarquías de partidos.
Para demostrar esta provocativa tesis, Gar cía-Trevijano navega en las aguas de la historia de las ideas políticas y en la dé la evolución de la democracia moderna con el fin de mostrar las razones que impidieron que en la vieja Eu ropa llegara a -triunfar. Según el autor, las tres propiedades que definen a la democracia son el principio representativo en la sociedad politica, el principio electivo en el gobierno y el principio divisorio del poder en el Estado. Si se dan estos tres principios, se hace posible que tos gobernados elijan, depongan y controlen a los gobernantes. Él principio representativo se aniquila por el imperio de los partidos y por el sistema electoral proporcional. Los diputados no representan a los electores sino a las oligar quías de los partidos que los nombran. El prin cipio electivo se desvanece en el momento en que el pueblo no elige directamente al jefe del gobierno. A su vez, este hecho, unido a la de pendencia gubernativa del poder judicial, frus tra el principio de la división de poderes. Todo esto no impide que existan libertades públicas y derechos civiles. Lo que no hay es libertad política ni, por tanto, democracia. Ésta queda así liberada de la onerosa carga de la inmorali dad pública, de la corrupción, de los crímenes de Estado, de la venalidad de los gobernantes
XXI: Siglo de la ecología
Joaquín Araújo
Finalista Premio Espasa. Espasa Calpe. Madrid, 1996. 274 páginas, 2.200 pesetas
J DAQUÍN Araújo, curtido profesional que se pre senta a sí mismo como escritor, guionista cinemato gráfico, profesor de varias maestrías, periodista, agri cultor, geógrafo, silvicutor, director editorial y pastor de cabras, presenta ahora la ecología como la filosofía del siglo XXI. El libro, en pala bras del autor, pretende ser un texto de encuentros con la intención de construir un futuro para ser disfrutado, enfrentar la erosión de la pluralidad cultural, la cre ciente fealdad de los hori zontes, la huida de la ter nura, la opacidad de las niiras, e inaugurar un tiempo y un espacio de reconcilia ción, de diálogo entre noso tros y la biosfera.
El autor afirma que sólo la fusión de la cultura y la natu raleza desembocará en una sociedad tal vez más justa. Asegura que se necesita buscar encuentros múltiples con lo múltiple, huir de la homogeneización. El pensar ecológico parte de la pro puesta de mirar en vivo y en directo a los panoramas, sin intermediarios ni parcelacio nes. Lo verde debe ser una superación lúcida de los pre supuestos básicos de la iz quierda. Lo ecológico es un rejuvenecimiento. Nada ha existido más creativo que la vida. Hay que desactivar la competitividad. Somos vida y pensamiento, razón y sen timientos, naturaleza e histo ria. El mundo es cada día más feo, más ruidoso, más sucio, menos poblado por seres vivos diferentes. Po seer nos posee. El ánimo consumista devora el mun do. No disfrutamos de la len titud: vivimos más, pero tan rápido que no sirve de mu cho. Hay que comprender que el tiempo es sabio y también savia. Puede haber pronto una crisis alimentaria y, sin embargo, estamos consumiendo el espacio vital para lo vital. El pensamiento económico busca lo que hay de humano en lo humano. La misma humanidad está saturada de sí misma. Vivir es seguir viviendo. Ecologizar la cultura significa pasar por el feminismo. La apuesta de la cultura ecológica es fundarse y fundamentarse a partir de la suma de todas las culturas (página 83) (po siblemente hay una confu sión entre una sociedad multicultural-pluriétnica y una suma de culturas, un mesti zaje al estilo de la raza cós mica de Vasconcelos). Lo ecológico es la profundización del pacifismo. No hay que crear un pensamiento ecológico, sino ecologizar al pensamiento. Todas estas frases del autor sintetizan parte de sus propuestas
más importantes.
Se trata de un libro que puede hacer gozar a aquel que no sea un entendido en ecología y al que además le guste la lectura de los textos que se deleitan en jugar con las palabras. Sin embargo, al experto en ciencias sociales le ocasiona alguna que otra sorpresa detectar ciertas simplificaciones en algunas ideas citadas de autores de diferentes épocas (mundo clásico, medieval, ilustra ción, pensadores contempo ráneos) o algunas inexactitu des cuando se analizan de terminadas costumbres de los pueblos no occidentales. Es una llave que ayudará a algunos a reconocer la exis tencia del otro y los errores en los que ha incurrido la so berbia y la miopía del eurocentrismo. Lleno de buenas intenciones, contiene no obstante una buena dosis de cierta candidez. El especia lista echa en falta un análisis más directo de los proble mas políticos y de las conse cuencias de la actual distri bución del ingreso a escala planetaria, sobre todo si se tiene en cuenta que el autor ha demostrado reciente mente poseer sensibilidad en dichos temas y habilidad para presentarlos oportuna mente.
Pedro PÉREZ HERRERO
y de la degradación de los gobernados.
El ensayo es riguroso, coherente y susten tado en un buen conocimiento de los clásicos del pensamiento político. En la descripción de nuestros males está sobrado de razones. Otra cosa es determinar si se trata de fallos del sis tema o, como él pretende, de su naturaleza in trínsecamente corrupta. A mi juicio, posee más. valor la parte descriptiva que la explicativa. Por poner un ejemplo, no hay ninguna base cientí fica para sostener que la ruptura democrática hubiera producido una democracia como la que describe y gobernada por hombres más honorables. El comunismo no es precisamente entusiasta del principio representativo, del prin cipio electivo y de la división de poderes. Los grandes hallazgos políticos han consistido nor malmente en la transacción y concordia entre dos principios aparentemente incompatibles, desde la República romana hasta la Monarquía constitucional. Aunque se trata de una cuestión de elección de palabras, no deja de ser cho cante su actitud contraria hacia lo que llama li beralismo, ya que se adhiere a algunos de sus principios fundamentales y, entre ellos, al prin cipio de la independencia entre los poderes que más que una exigencia democrática es, a mi juicio, una exigencia liberal. ¿Por qué el po der absoluto e ilimitado del pueblo no podría ser llamado democracia? Por esta misma razón creo que no hace justicia a algunos grandes pensadores liberales como Tocqueville, Ortega, Hayek o a la teoría de las dos clases de libertad de Constant y Beriin.
La idea elitista de García-Trevijano sobre el tercio «laocrático» del pueblo, heredera de la idea de la «melior pars», de Marsilio de Padua, me parece tan brillante como escasamente compatible con la democracia radical. No es el menor elogio que cabe hacer al autor el reco nocimiento de que además de un puñado de verdades contiene una apasionante incitación al diálogo. Si comparamos la democracia euro pea con el ideal de la democracia, realizado parcialmente en Estados Unidos, el autor tiene básicamente razón. Pero si la comparamos con los totalitarismos comunista o nazi, tal vez des cubramos alguna razón para no negarie absolu tamente la denominación de democracia por muy imperfecta que sea. Lo que no es posible disputar al autor de este ensayo excelente es que, entre nosotros, el principio representativo, el principio electivo y la división de poderes es tán falseados.
Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA