Tribuna Abierta
'OSÉ Hernández Querp es uno de nues tros grandes pintores que vino a nacer en esta tlerra irredenta de tantas culturas encontradas: José Hernández Quero es amlgo mío, y cada vez que inaugura una exposición entre tantas de ellas ya~Madrid el catálogo 0 libro en el que a veces, junto a ml hermano Emilio, Alvar, Pita, Aróste ' gui_. colaboro en el análisis de su obra y figura. José Hernández Quero salló un día de estampía -a la fuerza ahorcan -de Granada, y no sacudió el polvo de sus sanda: lias de peregrino, porque una fuerzà mayor . le atenazaba el corazón: Como otros granartistas e intelectuales de primer orden nada de ellos, dê su nacimiento. Como Eduardo Carretero, nuestro gran escultor encerrado en su estudio de Chinchón entre bloques de piedras y recuerdos; comò ayer Juan Crístóbal en Cadalso de Jos Vidrios, como Antonio Cano y Carmen Jiménez, en Sevilla; con Miguel Aguilera; como Manuel Rvera 0 Antonio Rodríguez Valdiyieso que vino a exponer su última obra en Granada, a punto de morir; decidieron dejar atrás lirismos amorosos y cursilerías de ruiseDores parà enfrentarse a la verdad monda de una hora del arte de nuestro tiempo. des
Pero José Hernández Quero no olvida su ciudad y entre Madrid y su Gualchos su existencia sabiendo que el amor desde lejos es más áureo y más puro. Granada es la gran destructora de sus preclaros. Lo dijo y se salió con la suya Federico cercado de chorteras, sastres y carpintedesgrana
Granada tiene una nómina sobrecogedora de exiliados éticos intelectuales como aquellas luminosas cabezas-de Gómez Arbo Jeya, Alfonso García Valdecasas, Luis Rosacon Miguel Cruz Hernández, Antonio Aróstegui, Rafael Acosta, Antonio García TreCarlos Gallardo . hoy.
Esta y aquella Granada es una ciudad enferma de olvidos y desdenes. Asf titulé un artículo que aquella adorable criatura que fuera Eloísa Morell ~que era lecto ra entusiasta - apretando mi mano entre las suyas, me dijera: <Manolo, iqué bien escribes: , prométeme que cuando yo muepués con lágrimas en Jos ojos, luego de aque Hlas tardes en su cuarto del Clínico en su mi
Uno, Pepe, en el fondo, es un sentímen-
Los exiliados
tal yni olvida ni perdona. Pero Granada olvida pronto. Así le va. Pero ;quê es y quiên, eso Llamamos Granada? No puede una ciudad teóricamente universitaria, cargada de historìa, ser esa cosa folklórica que nos presentan y confunde en un bodriolos valores. Granada no puede estar identificada a esos poderes transeúntes como aquellos rectores que aprueban la construcción de esas Facultades de Letras, Magisterio y el polideportivo-pan y toros junto al noble monumento dela Cartuja, nia aquellos presidentes de la Diputación demuelen la iglesia de la Magdalena y convierten el Molino de Ganivet en un local truyen los bulevares de Calvo Sotelo y el Vicente y colocan el burro de la RomaniIla, cuelgan en el salón de plenos municlque descalifica al autor que sea y al alcalde que lo encarga. Yde paso a Grana; da. Entre ese cuadro del y el Padre Manjón del Morcillo; se marca la dís tancia de lo ridículo à lo sublime No, Granada noes la que exalta segundones y pícaros, payasos y folklóricos, ni la que da esos nombres a las calles , cuelga esos cuadros No; otra Granada que vuela más alto que que Rey Rey genial hay
RAMON
del provincianismo que asfixia la historia del pensamiento y el arte:
Pero siempre tendrá, como gran artista, un lugar en nuestro recinto común:la Tricentenaria Academia de Bellas Artes de Granada, de la que es miembro. "Con la andaluz universal que junto a Teodorico se quejaba ya delas brutalidades que tam bién se cometían en su tiempo. Granada vive de su historia, desde Roma acá con Abentofail Machuca, Siloé el Indaco; Cano; Mora, Mena, Soto de Rojas, Collado de Hie rro, Ganivet, Lorca y todolo demás, eso es Granada, y vosotros exiliados e ilustres, en la nómina de los Olvidos que decía Juan Ramón.
José Hernández Quero no tiene, ni acas0 tendrá nunca, un monumento en Granada, su nombre en una calle, ni siquiera su sueno; un espacio para donar su obra a su cludad
Pero no olvides la Historia siempre tórica que quieren escribir los que viven de las nóminas políticas nunca prevalecen sobre la verdad porque tienen Jos días contados. Como nuestro amigo Antonio Cano, nos cuenta en sus Memorias Amarillas que cuando se inaugura su portentosa obra el que
Monumento a Alonso Cano, no acudió nadie, ni el alcalde, ni el gobernador, ni el arzobispo; nadie, él solo y un borracho; ipara qué tanto esfuerzo? , se pregunta Y nos dic: <Ya en mi palomar; pensé que todo había sido inútil, todo aquel tiempo ence rrado en mi estudio sín ver la luz del sol n Jas noches estrelladas: ahora en mi casa sentado frente a la ventana veía pasar las nubes blancas y algodonadas sobrè la sie'rra azulada que parió la piedra de mi obra.>
José Hernández Quero está , queramos 0 no, en la nómina de nuestros grandes. El mundo del verdadero arte, la música, la poesía, siempre fue impopular y blanco de los mediocres. Miguel Ángel nos da la clade la Noche en la tumba de Giuliano dei Médici escribe: "Caro m'é il sonno e piú Vesser di saso.. quando Vodio e la cattiveria duranov
Ésta es la servidumbre del artista, del intelectual, la soledad del estudio. Nunca los gobernadores uno de ellos condenó a Federico , Jos obispos, los alcaldes, sabrán distinguir el arte verdadero del falso. El gran artista seguirá solo como Antonio Cano ante su obra, mlentras afuera, en el jolgorio callejero del guiñol de la farsa Crispines y los payasos se desganitan para acercarse a la escurraja del sol que más calienta. los
También a Renoir, en su vejez, cuando unos jóvenes pintores le preguntan lo que tor les responde: <Oh, monsieur . En mes
No cambian los tiempos ni la condición humana: Todo el mundo lo sabe Dije una vez: "Cuando las hienas y los chacales se disputan las carroñas, no entres en la selva, aléjate y contempla en el Inmenso silencio de la noche el esplendor de las estrellas en el supremo equilibrio del univer so. Es la plenitud de Dios sobre todas las un país donde la masa es incapaz de humil: dad , entusiasmo y adoración alo superior, sedan todas las probabilidades para que los únicos influyentes sean los más vulgares; es decir, Jos más fácilmente asimilables; es decir; los más rematadamente imbéciles) . IQué cosas dijo como ésta don José Ortega y Gasset! Uno, por suerte; noes influyente.
José Hernández Quero, mi amigo, me pidió que escribiera una vez más, sobre su obra. Ella habla los dos por