SERAFÍN
EL CAN. JUNIO 2003
PGARCÍA
DESAPARECE EL ÚLTIMO REVOLUCIONARIO
Serafín ha muerto. Ahora ya es inmortal.
De la serie de "Obituarios anticipados" publicado por La Academia de Humor. Crónicas necrológicas escritas con adelanto por sus protagonistas, o por encargo a sus amigos (Manuel Fraga, Carlos Robles Piquer, José Antonio Marina, etc.)
Con la muerte del Marqués de Serafín (Serafín Rojo Caamaño, Madrid, 1924), desaparece el último revolucionario del humor gráfico español. Los postreros catorce años de su vida profesional se desarrollaron estrechamente unidos a la Academia de Humor. Fue uno de los impulsores del grupo inicial que refundó en 1989 la vieja Academia de Enrique Laborde (1953- 1963), con el mismo propósito de su antecesora: combatir la seriedad existencial que invadía el país, preservar el humor de calidad que se estaba perdiendo y divulgarlo por todos los medios posibles. Así colaboró desde el primer número en La Golondriz, dibujó las mejores portadas de sus ciento y pico de números, aportó viñetas a las páginas de la misma distribuidas en la prensa, realizó numerosas portadas para su Biblioteca, y participó en otras tantas actividades como han sido conferencias, mesas redondas, exposiciones personales, y firmas de calendarios en centros comerciales.
Pero detrás de todo eso queda una intensísima vida profesional. Se había trasladado con su familia a la capital del Turia durante la guerra civil. Allí se inició en el mundo del cómic, trabajando para publicaciones infantiles y formó parte de la inolvidable Escuela Valenciana, que a través de Jaimito y Pumby presentaría una seria competencia a la todopoderosa editorial Bruguera. A principios de los 50 Álvaro de Laiglesia le fichó para La Codorniz, semanario del que se convirtió en uno de los indiscutibles puntales gráficos junto a Chumy Chúmez, Munoa, Máximo, Pablo, Mena, Dátile y Eduardo. De los pocos privilegiados que tenía derecho a insertar seis viñetas semanales, Serafín hizo célebres sus marquesas bebedoras de tintorro, sus reiteradas estampas taurinas y después sus muchachas de negros cabellos y formas ampulosas, siempre con soterradas críticas al sistema.
Lo de las marquesas tiene su historia. Habitual parroquiano de tascas casi decimonónicas, en su barrio del Madrid antiguo, departía con viejas damas que presumían de prosapias y abolengos; hasta el punto de que, para estar a su altura, él mismo se otorgó el propio marquesado (firmó un buen montón de trabajos como El Marqués de Serafín) y compartió con ellas su afición al mosto ascendiéndolas a la fama imperecedera gracias a sus pinceles.
Tras él quedan, además, una buena colección de libros: "Humor gráfico Español del Siglo XX" (1970), un trabajo de estudio y antología de alto valor documental, editado por Salvat-Alianza; recopilaciones de sus chistes en "La Taurocracia"(Planeta); "Por quién ríen las calaveras"(Barral); "Chistes de tintorro y pergamino" (Fenicia), "Las nobles brutas" (Planeta), "La Marquesa, el morapio y otras debilidades" (Satélite); y la de sus dibujos en La Golondriz "Luz y pornógrafos" (1996, Compañía Literaria). También ha dejado una buena muestra de una excelente prosa con la novela "Sr. Marqués, la guerra está servida" (1990, El Avapiés) y una extraordinaria muestra de su dominio del arte del cómic adulto con "Carmen Underground I y II" (Gisa, 1974).
Pero tal vez el campo en el que mostró su garafismo arrollador fue el de la ilustración, poniéndose a la altura de Enrique Herreros y Lorenzo Goñi e incluso superándolos, con trabajos de una calidad tal que tal vez fueran la raíz de una secreta e inconfesada envidia por parte de ciertos colegas aupados en la fama y el triunfo popular y que, ¿inconscientemente?, le hurtaron el pan y la sal. Sus láminas en "La Lozana Andaluza", de Francisco Delicado, "Vampiros" y la "Carmen", de Próspero Merimée, todas estas obras editadas por Marte bajo la inteligente dirección de Tomás Salvador, son magistrales. También había trabajado últimamente en un "Quijote".
Sus opiniones sobre el humorismo actual en España eran radicales, sobre todo en lo referente a la vertiente gráfica. En uno de sus más lúcidos análisis Antonio García-Trevijano había escrito que aunque los dibujantes de las viñetas diarias de la prensa española pueden parecer agudos y atrevidos son conservadores y poco sensibles ante la maldad del Poder; que les importan poco los horrores que denuncian y hasta los encuentran divertidos si son negados por quienes los perpetran; que se fijan en lo visiblemente grotesco e ignoran la causa invisible que los produce; que no hay conciencia de que los hechos son destructores de la norma; y que se representan los crímenes de los gobernantes como una divertida travesura que los hechos juegan a las personas, sin comprometer al "establishment". Serafín compartía tales juicios, y así lo declaraba en la que tal vez sería su última entrevista, publicada por Roberto Mangas en "Por Cuenta Propia" y en El can: "El tipo de humor que se hace hoy en día en las viñetas de los periódicos es tan burgués, tan amanerado, tan… Y son compañeros míos. Como el Forges y el otro y el otro. Es un humor muy burgués, muy amanerado, muy ramplón. ¿La razón? Al pueblo se le ha maleducado".
Con cierto arribismo necrológico, alguien ha escrito que Serafín ha muerto olvidado. No es cierto: ignorado, sí; por el susodicho y demás componentes de las rebeladas masas orteguianas que hoy copan las directrices de los medios de comunicación. Y muerto, sobre todo, por el aburrimiento que le producía lo que se llama el humor actual al lado del fulgor del que fue el humorismo que él tuvo la suerte de protagonizar.