N O hace mucho tiempo, tres o cuatro semanas, yo les decía, aquí en IDEAL, a mis probablemente pocos pero seguramente selectos lectores, (y lectoras, vayamos a puñetas), que tenía entonces entre manos, leyéndolo, un libro del poeta, narrador y ensayista Manuel García Viñó, cuya actividad como crítico literario, a través de la terrorífica (para los escritores 'instalados') publicación 'La Fiera Literaria', constituye una insufrible pesadilla, en la misma medida que destapa y airea los entresijos del actual tinglado literario español, tan adulterado, por no decir putrefacto, como puedan estarlo, en otros aspectos de la cultura establecida, las artes plásticas, la música, o la docencia en general. No digamos si se le echa un vistazo a la corrupción urbanística de ciertos, demasiados municipios. O al tejemaneje del transfuguismo político, los enjuagues presupuestarios, los apaños familiares o entre amiguetes. Consecuencia, todo ello, y mucho más, de una generalizada perversión de valores, principalmente éticos, que lo mismo permite y potencia la aparición de una mediocridad, virulenta y contagiosa, personalizada por un poetilla medianejo, cuyo mayor mérito consiste en su desmedida ambición por trincar fama, dineros, honores, influencias, un notorio estatus social, a costa de lo que se tercie, incluso de la propia dignidad, si la tuviere, del trepa de turno, que la transformación de un sinvergüenza, don nadie, de la noche a la mañana, en un acaudalado y afamado personaje que roba a mansalva. Lo mismo puede decirse, volviendo a la cultura, de ciertos pintores, músicos, novelistas, o lo que se autoproclamen, cuyo prestigio y prevalencia entre los de su gremio siempre será directamente proporcional a su insignificancia creativa y , sobre todo, a su grado de sometimiento y adhesión pública a los capitostes de la cultura oficializada, o propietarios privados del provechoso negocio en el que han convertido, algunos listillos al socaire del poder, esta especie de cultureta cutre, estrafalaria y regresiva, que difunden mediáticamente, y hasta se imparte en centros docentes oficiales, camuflada su inanidad bajo el pomposo epígrafe de 'la modernidad'. Toma del frasco y adelante con los faroles.
Pues bien, en este libro de García Viñó, que ya terminé de leer, divirtiéndome lo más grande al tiempo que recibía su interesante información, se destripan los entresijos de la cultura como negocio de algunos aprovechados mercaderes, sin escrúpulos, que bien a través de sus poderes mediáticos, y/o su influencia política, condicionan y restringen la creatividad, libre y espontánea, del conjunto de los autores, propiciando, forzadamente, el desarrollo triunfal de unas elites amparadas por ellos, subordinadas a sus intereses económicos o políticos, ninguneando con sutiles artimañas al resto de los creadores; principalmente los más dignos, por su evidente calidad y decencia, de ser atendidos y dados a conocer . Así funciona el tinglado.
Este libro de García Viñó resulta un auténtico revulsivo. Un alegato, fundamentado y esclarecedor, de la crisis cultural que actualmente padecemos. No creo, ni por asomo, que le concedan un premio nacional, por semejante ejercicio de autopsia literaria. Publicando textos por el estilo no te comes una rosca. No aparecerás en las listas de los libros más vendidos. No viajarás gratis total, en representación de tus colegas, para
LACOLUMNADELBÚHO
El tinglado de la cultura
JOSÉ G. LADRÓN DE GUEVARA
lucir el plumero en los grandes eventos culturales, allende nuestras fronteras. Pero el libro está ahí. Y que yo sepa, por el momento no se le ha ocurrido a nadie secuestrarlo o empapelar a su autor . Con silenciarlo es suficiente. Oiga, y quien dice su autor, dice también su prologuista. Porque nuestro ilustre paisano, Antonio García Trevijano, aporta un extenso y excelente prólogo crítico, de necesaria, ineludible lectura para todos los que, de alguna manera, se interesen por la realidad cultural española. La verdadera. La que late y pugna por emerger y manifestarse públicamente, para general conocimiento, estando atrapada por el tinglado de las apariencias. Las conveniencias. Y las indecencias.
Este país, o conglomerado de realidades nacionales diferenciadas (con el lenguaje se pueden cometer barbaridades) necesita urgentemente, ya mismo, una intervención quirúrgica, unánimemente consensuada, que corte por lo sano y propicie su recarga ética, el reordenamiento de sus valores tradicionales, históricos, la validez de sus fundamentos culturales. Su espiritualidad, y vamos a llamar las cosas por su nombre. Y sobre todo, procurar el desmantelamiento de los tinglados, los tejemanejes, los enjuagues, las arbitrariedades que nos están convirtiendo, si no lo estamos ya irreversiblemente, en un país adocenado, cutre, paraíso de mediocres o corruptos, de frescales (y frescalas) que alcanzan la notoriedad nacional, y el éxito mediático, vendiendo la basura de sus repugnantes intimidades personales. Cada cual en su sitio. Y un sitio (la cárcel, si encarta) para cada cual. Ha
«En este libro de García Viñó se destripan los entresijos de la cultura como negocio de algunos aprovechados mercaderes, sin escrúpulos»
tenido que venir un relator de la ONU (asunto de la corrupción urbanística) para advertirnos de algo que está, y estaba, a la vista de todos. Principalmente de los que tenían que verlo, y preverlo, por razón de sus cargos políticos. Me refiero a las incompetentes autoridades competentes (y no es un juego de palabras, qué va), que confunden las golondrinas con los murciélagos, los golfistas con los golfantes, los poetas con los 'peotas', los pintores con los pintamonas, los escultores con chatarreros, los músicos con los que manejan un taladro eléctrico. Ya está bien de chusqueros incorporados al poder. De vendedores de humo. De caraduras, expertos en estropicios, mariposeando por las administraciones públicas. Yo quiero saber, por ejemplo, si el candidato a la alcaldía de mi pueblo, el que sea, de salir elegido nos va a librar (ordeno y mando) de una puñetera vez de los niñatos motoristas, a escape libre, arreando acelerones, saltándose los semáforos, haciendo cabriolas, a cualquier hora del día o de la noche. Mire usted, qué cosa tan sencilla pido. Pues nada, no hay manera. Alguien dijo que para ser libres hay que empezar por ser esclavos de las leyes. Tomen nota. Ya está bien de permisividades suicidas. A este mundo occidental, en el que por suerte vivimos, le ha costado muchos siglos de sufrimientos, guerras, muertes, miserias, injusticias, violencia y tiranías, y algo de sensatez y trabajo, alcanzar un cierto nivel de civilización, cultura y convivencia democrática. No vayamos, ahora, a perder el fruto que nos legaron nuestros antepasados porque a ciertos políticos, de mente estrecha o corta vista, se les haya ocurrido la estupidez de proclamar que «to er mundo es güeno». Ni hablar. Tenemos que defendernos de la barbarie. Propiciemos el imperio de la Justicia y la tolerancia. Vivamos en paz, pero sin bajar la guardia. Y mucho ojo con los farsantes, que no todo lo que reluce es oro. La verdad nos hará libres, dijo uno. Ama y haz lo que quieras, dijo otro. Donde las dan las toman, digo yo.
PUERTA REAL
REMEDIOS SÁNCHEZ
Mar Villafranca
Y O creo que ya le voy cogiendo el tranquillo al comportamiento de Mar Villafranca, actual 'sultana' de la Alhambra. Mi tiempo y mis horas de cavilaciones me ha costado, no crean, porque la señora Villafranca, como directora del monumento, es una persona singularísima tanto en gusto artístico como en gestión. De ahí que nos tenga a todos los granadinos con la boca abierta cada vez que toma alguna determinación ilógica, original o extravagante, como corresponde a un cargo público con chofer , coche oficial y flores frescas en el despacho cada mañana.
Ante todo y sobre todo, tenemos que ser conscientes de que la señora Villafranca es un ser inescrutable para nuestra mente pueblerina, tosca y poco preparada para el arte novísimo y exótico que practica personaje tan peculiar en sus -por ahora- dominios alhambreños. El hecho de que no entendamos cómo es posible que no haya rectificado la intervención -promovida por su antecesor- del genial arquitecto Torrecillas, quien ha tapado los sillares del Palacio de Carlos V; que no concibamos qué diantres pinta el 'pladur' para cubrir el trabajo de Pedro Machuca en el siglo XVI y estores de loneta en las ventanas para sustituir las carpinterías exquisitas -por cierto, desaparecidas por arte de magia-; por qué no ha cambiado la puerta casposa del Generalife colocando nuevamente la de la época isabelina; para qué va a 'repristinar' los leones y la fuente a fin de dejarlos como recién comprados cuando existen técnicas de restauración menos agresivas para la piedra y para la vista del pasmado visitante; qué hace un tubo de manguera verde como desagüe de la fuente más conocida del mundo; cuál es la razón que la mueve a continuar el proceso de desmantelamiento de la Alhambra para llevarse los elementos al museo (valgan como ejemplo la taza de Lindaraja o las puertas de la Sala de Dos Hermanas); por qué no se entiende con los trabajadores del monumento que están un día sí y otro también en huelga mientras ella se da un garbeo por la Guadalajara mexicana con cargo al presupuesto andaluz; cuáles son sus argumentos para ningunear a los expertos que son críticos con sus actuaciones; por qué ha plantado florecillas multicolores -ajenas a la flora árabe- alrededor de los severos cipreses que jalonan la puerta de entrada al palacio de Comares; por qué no reduce los grupos de visitantes para evitar el deterioro de los recintos y deja que la Alhambra la (des)gobiernen los 'touroperadores'. Como ven, demasiadas preguntas que cuestionan el cometido de una persona sola, desventurada e indefensa ante las 'hordas' del PP y de IU que por una vez están de acuerdo en algo: que hay que cesar a esta señora.
Pero todo tiene una explicación, nadie se alarme. El hecho de que no comprendamos a Villafranca no implica que su capacidad de gestión y su gusto no se correspondan con el cargo que ocupa (más al contrario: está en la línea habitual de los nombramientos gubernativos y más en su caso que continúa la nefasta gestión del antaño 'sultán', Mateo Revilla). Significan que es, simplemente, una incomprendida. Villafranca ha heredado la Alhambra como quien hereda el cortijo del abuelo y por ello la gobierna mismamente como le viene en gana, ya que para eso es la dueña y señora, o, por lo menos, la usufructuaria de la Junta de Andalucía que, con desatino, gestiona los dineros desde Sevilla (me refiero al que no se les escapa con la estafa de las entradas duplicadas, falsas, etc.) como si en Granada el personal fuese tonto y no estuviese capacitado.
En fin, que estamos en lo mismo de siempre: crítica dura y mordaz a personas ilustradas, trabajadoras, que aceptan su destino cruel e injusto con resignación y en silencio. ¡Desventurada Villafranca! ¡Sultana de talento indescifrable para mentes provincianas! Con lo perversos que estamos siendo con usted vamos a ir todos derechos al infierno. Pero no precisamente al de la 'Divina Comedia' de Dante porque, tal y como evoluciona su administración (heredada, ya digo), esto va más de sainete grotesco a imitación de los de Muñoz Seca.