EN EL 30 ANIVERSARIO DE LA TRANSICIÓN-TRANSACCIÓN
LA RASERA. SEPTIEMBRE 2007
PEDRO LÓPEZ ARRIBA
http://www.republicasegorbe.org/rasera/RASERA%2010.pdf
La Dictadura de Franco termino con la muerte del dictador, en 1975. Desde entonces, nuestro país ha deambulado por una inacabable "transición" a la democracia que no ha terminado de llegar a ninguna parte. La monarquía se restauró en virtud del mandato del dictador, en el mismo 1975, y fue ratificada en el referéndum constitucional de 1978. Un referéndum convocado para aprobar una presunta Constitución elaborada sin proceso constituyente, y en el que la monarquía se introdujo de rondón en la pregunta genérica sometida a consulta de los ciudadanos sobre el apoyo al cambio de régimen que se ofrecía. La Constitución se pretendió democrática, pero no ha conseguido serlo. Hoy, casi 30 años después, y sin haber alcanzado la democracia prometida, no ha cesado aun la transición.
Es precisamente ahora, en el 2007, cuando asistimos al desvanecimiento de las falsas promesas de democracia que hizo la monarquía restaurada. Pero no se desvanecen solas y amenazan desvanecer también las bases mismas de la ciudadanía. En esta Monarquía de dictadura de las oligarquías partitocraticas, que no es una democracia, España ha empezado a dejar de ser incluso, comunidad política. Pero aun, la misma idea nacional se combate desde numerosas instituciones del estado, como si España y el Franquismo fuesen una y la misma cosa. La contradicción entre el ser y el querer de los españoles que deambulamos por esa transición sin fin, está terminando por crear un conflicto irreconciliable entre el hecho de ser España un todo y la voluntad política de tratarla exclusivamente como agregado de unas partes separadas e independizables. Y a todo esto, a la libertad política y a la democracia, ni se les ve ni se les espera.
"Si la nación fuera un Proyecto, como creyeron Ortega y José Antonio, y hoy creen todos los partidos, España dejaría de ser pronto una realidad política" ha dicho Antonio García Trevijano. Pero la nación es un dato objetivo pese al empeño de los partidos e instituciones de esta monarquía partitocrática en avanzar por el camino de su desintegración
No sorprende que la monarquía conspire, como siempre, contra la realidad nacional de España. Así lo ha venido haciendo desde los tiempos de Fernando VII, intentando que prevalezcan los derechos de la corona sobre los de la nación y los del rey sobre los del pueblo. Lo novedoso es que hoy se camufle la negación de la libertad y la afirmación de privilegio apelando a las "izquierdas", Quizás invocar a las izquierdas puede parecer más respetable que las tradicionales invocaciones al trono, al altar y a la nobleza de antaño, pero el resultado es el mismo. Si en este solapado periodo constituyente, el poder monárquico de constituir no brota de la nación entera, sino de las partes que pueden convertirse de regiones en Estados, la defensa de la sociedad española, de su libertad y de la democracia quedará en las manos del republicanismo solo podrá hacerlo a condición de que sepa configurar una propuesta de liberación para los ciudadanos, de reconstrucción de la nación y de constitución de un Estado. ¿Pero cómo podrá abordar esa tarea con garantías de éxito el republicanismo? ¿cómo podrá superar ese reto sin recaer en los errores del pasado?
Esta es la tarea que los republicanos se proponer realizar: definir el modo en que pueda abordar la sustitución de la monarquía partitocratica, eludiendo los errores y fracasos del pasado.
Salud y República Constitucional