LA ACTUACIîN DE LA EXTREMA DERECHA EN ESPA'A DURANTE EL TARDOFRANQUISMO A TRAVƒS DEL PERIîDICO THE NEW YORK TIMES
M. Arturo L-pez Zapico, Universidad de Oviedo
El esp'ritu que anima la presente comunicaci-n parte de dos motivaciones de muy distinta 'ndole Ðuna metodol-gica y otra de corte epistemol-gicoÐ pero con un mismo denominador comœn que es ayudar a comprender mejor un periodo tan confuso como es aquel al que la mayor'a de los historiadores han convenido denominar como tardofranquismo. Dentro de este esquema de doble vertiente, el primero de nuestros objetivos es verificar que los medios de comunicaci-n no s-lo jugaron y siguen jugando un papel fundamental en el devenir hist-rico de las sociedades actuales, sino que adem‡s su an‡lisis puede enriquecer enormemente el conocimiento de las mismas as' como de las transformaciones que se producen en su seno. Efectivamente, una preocupaci-n consubstancial a la labor del historiador es la bœsqueda de fuentes v‡lidas con las que poder reconstruir aquellos procesos hist-ricos que desee examinar. Este rastreo casi nunca es f‡cil, pero la situaci-n se complica todav'a m‡s cuando el objeto de estudio es un hecho no demasiado lejano en el tiempo. Hemos de tener en cuenta que muchos de los protagonistas de la transici-n Ðy no me refiero œnicamente a aquellos grandes prohombres de la pol'tica patria sino tambiŽn a todos aquellos espa-oles que de una u otra manera contribuyeron, no sin sufrimiento, al advenimiento de un sistema democr‡ticoÐ est‡n aœn vivos. Esta cercan'a temporal implica graves problemas, como son el muy limitado acceso a los archivos o las distorsiones que provoca analizar la obra de personas aœn vivas, que en muchos casos siguen ejerciendo gran poder pol'tico, econ-mico, social, etcÉ.
El segundo objetivo es mucho m‡s prosaico o al menos m‡s ajustado a lo que se suele entender que ha de ser la labor del historiador. Se trata de analizar los hechos y de verificar la presencia de un genuino sector de extrema derecha durante el tardofranquismo, incluso dentro de un rŽgimen que nadie en su sano juicio puede poner en duda que era de extrema derecha. 246 Evidentemente no pretendemos profundizar en el discurso elaborado por estos grupos ultras sino que pondremos el acento en su comportamiento durante la crisis final del franquismo, as' como en su toma de posiciones de cara al incierto futuro que se abr'a ante ellos.
1973, EL A'O QUE ASESINARON A CARRERO BLANCO
He decidido comenzar el an‡lisis de los hechos en 1973 no de una manera casual o aleatoria sino porque Ðtal y como la mayor'a de los expertos en la materia han convenidoÐ este
246 GALLEGO, F.: Una patria imaginaria. La extrema derecha espa-ola (1973-2005), Madrid, S'ntesis, 2006. pp. 19-133.
a-o supone un verdadero punto de inflexi-n dentro de la evoluci-n, tomando este tŽrmino con la mayor de las cautelas, del rŽgimen franquista. No obstante, hemos de hacer referencia al final de la dŽcada de los sesenta y al comienzo de los a-os setenta, a-os que no s-lo dejaban al descubierto las querellas internas de la dictadura y el aumento de la problem‡tica social sino que tambiŽn verificaban que el franquismo envejec'a a la misma velocidad que su inspirador. Un Franco cada vez m‡s decrŽpito y debilitado no ten'a m‡s remedio que ceder parcelas de poder a sus colaboradores m‡s cercanos, destacando entre todos ellos la figura del Almirante Luis Carrero Blanco, sin lugar a dudas una de las personas con m‡s ascendiente sobre el caudillo. Carrero, un hombre gris y de escaso carisma que prefer'a actuar desde las bambalinas del circo pol'tico, hab'a sido requerido por Franco en 1967 para que ocupara la vicepresidencia del gobierno. Algunos han querido interpretar este gesto como el deseo del dictador de garantizar la continuidad del rŽgimen una vez que se hubiera producido el esperado Òhecho biol-gicoÓ, eufemismo que muchos espa-oles utilizaban para aludir al fallecimiento del general'simo. Lo que parec'a fuera de toda duda es que el peso pol'tico del Almirante durante los œltimos a-os de la dictadura se antojaba fundamental y esta labor rectora, que hasta ese momento se hab'a dejado sentir sobre todo de una manera sibilina, iba a dejar su impronta de un modo mucho m‡s abierto. Un claro ejemplo ser‡ la resoluci-n de la crisis ministerial de 1969 que dejaba nuevamente entrever las fisuras internas del rŽgimen. Esto no debe sin embargo llevarnos a enga-o ya que este episodio protagonizado por reformistas y continuistas Ðmanejando siempre estos tŽrminos con la mayor de las cautelasÐ en ningœn caso buscaba poner en duda la pervivencia de la dictadura o socavar sus principios rectores, cimentados en la m‡s rancia tradici-n de la extrema derecha. Simplemente se trataba de dos manera de encarar la cr'tica fase del tardofranquismo, existiendo œnicamente diferencias de matiz entre aquellos que propugnaban la idea de que despuŽs de Franco estaban las instituciones y el sector tecnocr‡tico, que apostaba por la continuidad de las esencias del rŽgimen en la dictadura del 18 de julio. Sea como fuere, lo que quedaba claro era la ausencia de un discurso capaz de generar ilusi-n en una sociedad cada vez m‡s polarizada, produciŽndose incluso la paradoja de que los sectores m‡s ultras no se identificaran con los proyectos emanados desde un gabinete eminentemente conservador. Ser‡ esta falta de sinton'a entre los distintos actores pol'ticos y sociales del rŽgimen la que provocar‡ situaciones tan contradictorias como las movilizaciones convocadas a ra'z de los hechos acaecidos durante el 1 de mayo en Madrid, en los que result- muerto un inspector de polic'a tras recibir varias pu-aladas por parte de un activista del FRAP. Varios millares de ultrafranquistas se manifestaban en la capital del estado para pedir mano dura a un ministro de gobernaci-n tan poco sospechoso de ser ÒblandoÓ en sus actuaciones como era Tom‡s Garicano Go-i. Una de las se-as de identidad del rŽgimen era que se segu'a a rajatabla la m‡xima de que los Òtrapos sucios se lavaban dentro de casaÓ, por lo que resultaba ciertamente inusitada aquella frenŽtica labor de desgaste procedente de
los sectores ultras. Esta situaci-n excepcional qued- perfectamente reflejada en las p‡ginas del peri-dico The New York Times en su edici-n del 8 de mayo de 1973. 247 Pese al indudable interŽs de la cr-nica Ðen la que se destacaba que se trataba de una de las manifestaciones m‡s broncas ( harshest ) de los œltimos a-os y uno de los escasos estallidos de ira de los sectores m‡s derechistas del rŽgimenÐ lo que realmente llamar'a la atenci-n del lector, de un modo forzoso, era la imagen que acompa-aba la noticia. En ella se ve'an a un centenar de manifestantes portando unas pancartas cuyos lemas no ten'an ningœn desperdicio, tal y como se pod'a leer en el pie de foto: ÒGobierno dimisi-nÓ y ÒTaranc-n al pared-nÓ. Al norteamericano interesado por la realidad espa-ola tuvieron que sorprenderle estas expresiones de ira anticlerical, que parec'an poner en cuesti-n la propia identidad de la dictadura. Si bien es cierto que se estaba produciendo una verdadera labor de desenganche por parte de importantes sectores de la jerarqu'a cat-lica Ðde ah' que los ultras reclamaran Òobispos cat-licos y no rojosÓ y que cargaran las tintas contra el arzobispo de MadridÐ lo m‡s rese-able para el objetivo de la presente comunicaci-n es que, por primera vez, se identificaba con nombre y apellidos al cabecilla de los exaltados: ÒBlas Pinar [sic], a deputy in the Spanish Parliament and an ultrarightist, led the demostrators in shouts against the church hierarchy for siding with workers in battles with the policeÓ. 248 A pesar de que el notario toledano hab'a sido mencionado con anterioridad en las p‡ginas del Times , el hecho diferencial radica ahora en que, a partir de este momento, los periodistas norteamericanos recurrir‡n a Žl con asiduidad para ilustrar con sus actuaciones los comportamientos del ala m‡s radical de la extrema derecha espa-ola. 249
A ra'z de la dimisi-n de Tom‡s Garicano Go-i, tras los sucesos del primero de mayo de 1973, la cœpula del rŽgimen va a propiciar una reordenaci-n ministerial que llevar‡ a Franco a designar a Carrero Blanco como nuevo presidente de gobierno, lo que supon'a Ða pesar de mantener la jefatura de EstadoÐ ceder una importante parcela de poder a su m‡s pr-ximo colaborador. 250 El New York Times traza una semblanza del Almirante en la que Žste no sale demasiado favorecido, destacando su car‡cter conservador e inmovilista y calific‡ndolo como
247 New York Times (a partir de este punto ser‡ citado como NYT ): Ò5000 rightist stage anti-cabinet protest in MadridÓ, 8-5-1973, p. 3.
248 Ibid.
249 Para buscar la primera vez en que Blas Pi-ar es citado por el New York Times hemos de retrotraernos a comienzos de la dŽcada de los sesenta, concretamente al momento en que el abogado ocupaba la direcci-n del Instituto de Cultura Hisp‡nica. Pi-ar public- en 1962 un incendiario editorial bajo el ep'grafe ÒHip-critasÓ en el peri-dico ABC , donde criticaba la pol'tica exterior norteamericana llevada a cabo por la administraci-n Kennedy. No podemos perder de vista el contexto en que se enmarcan estas acusaciones, ya que las negociaciones para la renovaci-n de los acuerdos hispano-norteamericanos firmados en 1953 aparec'an ya en lontananza. El rotativo neoyorquino se hace eco de la agria polŽmica generada por el editorial aparecido en el diario propiedad del marquŽs de Luca de Tena, refiriŽndose a Blas Pi-ar en los siguientes tŽrminos: ÒSenor Pinar[sic], a Falangist and a specialist on Spanish cultural relations with aLtin [sic] American, recently resigned as director ot the Institute of Spanish Culture, a semi-official organization supervised by the Spanish Foreign MinistryÓ (ÒU.S. is disturbed by Spanish PressÓ NYT 21-1-1962. p. 27). Efectivamente tras su salida de tono Blas Pi-ar va a tener que abandonar su cargo al frente del Instituto de Cultura Hisp‡nica siendo sustituido por Gregorio Mara--n hijo (ÒCritic of U.S. resignsÓ NYT 24-I-1962 p. 6.).
250 NYT : ÒFranco yields as Premier; to remain Chief of StateÓ, 9-6-1973, pp. 1 y 7.
un hombre gris, circunspecto y con cierto parecido f'sico a Leonidas Brezhnev. 251 Carrero es considerado como un derechista Ðincluso dentro del sistema franquista, lo que lo sitœa claramente en la extrema derecha espa-olaÐ siendo identificado como portavoz de la l'nea dura del rŽgimen, estimaci-n que se sustenta en declaraciones como la siguiente: ÒLet nobody, neither from the outside nor from inside, harbor the slightest hope of being able to alter our institutional system in any aspectÓ. 252 Pocos d'as despuŽs, el rotativo estadounidense se reafirmar‡ en sus primeras impresiones en un editorial titulado expresivamente: ÒSpainÕs rightward swingÓ, 253 denunciando que la presencia en la presidencia de Carrero va a dificultar colosalmente cualquier intento de apertura o transici-n hacia un rŽgimen distinto al franquista. En esta misma l'nea se sitœa el editorial con el que, a mediados de noviembre, los redactores del Times tratan de valorar los primeros meses del nuevo gobierno, apuntando que su actitud represora ha acelerado la polarizaci-n de la sociedad espa-ola. 254 Apenas unas semanas despuŽs, Carrero Blanco, que estaba llamado a ser la pieza clave para la continuidad del rŽgimen y cuya misi-n era evitar cualquier clase de desviacionismo por parte de Juan Carlos Ð como subrayan las palabras del perspicaz corresponsal del Times en Espa-a Henry GinigerÐ, es asesinado por ETA el mismo d'a en que daba comienzo el famoso proceso 1001 contra varios l'deres sindicales ligados a Comisiones Obreras. 255 El funeral del Almirante va a convertirse en una perfecta oportunidad para que los elementos ultras manifiesten su indignaci-n por la deriva pol'tica de la dictadura:
ÒSpain«s assassinated Premier [É], was buried after a tense funeral procession that extreme rightist turned into a political demostration. [É] They screamed insults against high officials of the Roman Catholic Church with whom the late Premier had occassionally clashed. [É] Along the funeral route tens of thousands of mourners gave the stiff-armed Falange salute as the coffin passed. ÇDeath to the Communist priests!È many shouted. ÇDeath to the Reds!. Long live Spain!ÈÓ. 256
Estas im‡genes de centenares de personas realizando el saludo fascista frente al ataœd de Carrero ten'an que provocar incomodidad en amplios sectores de la sociedad norteamericana, m‡xime si tenemos en cuenta que por aquellas fechas estaba plenamente vigente el debate sobre la conveniencia de mantener la estrecha relaci-n bilateral entre ambas naciones inaugurada con los acuerdos de 1953. 257 Y es que a pesar de las llamadas a la
251 NYT : Ò FrancoÕs Premier. Luis Carrero BlancoÓ, 9-6-1973, p. 69.
252 Ibid.
253 NYT : ÒSpain«s rightward swingÓ, 12-6-1973, p. 44.
254 NYT : ÒPolarization in SpainÓ, 18-11-1973, p. 238.
255 NYT : ÒSpainÕs Premier is killed as assassins bomb auto; apparent heir to FrancoÓ, 21-12-1973, pp. 1 y 15; NYT : ÒSpanish Premier, closest friend of Franco, stood devotedly in his shadowÓ, 21-12-1973, p. 15; NYT : ÒAssassination in SpainÓ, 21-12-1973, p. 34.
256 NYT : ÒSpanish rightists disrupt funeral of slain PremierÓ, 22-12-1973, p. 3.
257 Hemos de recordar que Carrero Blanco fue asesinado pocas horas despuŽs de mantener una reuni-n con el secretario de estado norteamericano Henry Kissinger, sin que hasta el momento se haya podido demostrar ninguna conexi-n entre ambos hechos a pesar de los intentos de muchos te-ricos de la conspiraci-n que apuestan por la implicaci-n en el magnicidio de los servicios secretos norteamericanos.
serenidad realizadas por Torcuato Fern‡ndez Miranda, a la saz-n presidente en funciones tras el asesinato del titular, lo que reflejaba la cr-nica del funeral realizada por Giniger era un panorama de tensi-n extrema, donde los ultras clamaban contra la supuesta debilidad del gobierno, acus‡ndole de contemporizar con la oposici-n. 258 Los ‡nimos estaban tan caldeados que incluso un grupo de ultrafranquistas intentaron sin Žxito penetrar en el Palacio de Justicia de Madrid con el objetivo de tomarse la justicia por su cuenta y desencadenar una suerte de Ònoche de los cuchillos largosÓ, ejecutando a los sindicalistas del proceso 1001. Ante semejante panorama no resulta extra-o que el Times publique un interesante y lœcido editorial afirmando que Espa-a se encontraba en una trascendental encrucijada:
ÒIf Generalissimo Franco had been able to attend the funeral for SpainÕs murdered Premier Carrero Blanco he would have witnessed the incredible spectacle of an ultra-rightist mob shouting ÇAssassin!È at the Cardinal Archbishop of Madrid. This dramatic evidence of the accelerating polarization of Spain provides one measure of the formidable task Admiral CarreroÕs successor will have in maintaining political stability and a semblance of national unity, especially after General Franco«s departure.. [É] Apart from the church, other forces Ð also detested by the far right Ð that will be working for greater moderation and liberalization once Prince Juan Carlos becomes king and head of state [É] include monarchists, Christian Democrats as well as other opposition liberals, an European-minded ÇtechnocratsÈ linked to the Catholic Opus Dei orderÓ. 259
El editorial animaba a aquellos grupos que se opon'an al rŽgimen desde posiciones moderadas a que unieran sus fuerzas en torno a la figura de Juan Carlos quien, junto con el apoyo de los pa'ses occidentales, podr'a conducir a una cierta democratizaci-n del estado. Es decir, el rotativo neoyorquino apostaba por una soluci-n intermedia que permitiera anular a la oposici-n izquierdista pero, igualmente, dejar sin argumentos a la extrema derecha espa-ola, cuya presencia en los resortes de poder cerraba completamente la integraci-n de nuestro pa's en organizaciones supranacionales como la OTAN o la CE. Una de las claves radicaba en la persona elegida por Franco para sustituir al interfecto pues, ante el precario estado de salud del jefe del estado Ðsu deterioro era tan evidente que no hab'a podido contener el llanto ante la viuda de CarreroÐ, no es extra-o que muchos consideraran la situaci-n como una prueba de fuego para las leyes aprobadas en 1967. 260
CARLOS ARIAS NAVARRO, UNA PRESIDENCIA SIN RUMBO
El proceso de elecci-n del nuevo presidente de gobierno fue seguido con atenci-n por el New York Times , considerando sorprendente que finalmente el elegido fuera Carlos Arias Navarro quien, no olvidemos, hab'a fracasado estrepitosamente en su misi-n de garantizar la seguridad de su predecesor. 261 Aunque parec'an otorgarle el beneficio de la duda, Arias no era
258 NYT: ÒSpanish rightists disrupt funeral of slain PremierÓ, 22-12-1973, p. 3.
259 NYT : ÒSpain at a crossroadsÓ, 24-12-1973, p. 12.
260 ÒSpain closes the french border to Basques in hunt for AssassinsÓ, 25-12-1973, p. 2.
261 NYT : ÒFranco moves to Choose Premier; several in runningÓ 29-12-1973 p. 3 y NYT ÒFranco names Premier with police backgroundÓ 30-12-1973 pp. 1 y 9. Respecto a la inesperada elecci-n de Arias Navarro autores como Paul Preston consideran que el c'rculo familiar de Franco Ð la denominada
visto por los estadounidenses como la persona m‡s id-nea para gestionar la dif'cil situaci-n del pa's. El perfil dibujado por el Times es el de un hombre que œnicamente debe lealtad pol'tica a Franco, sin identificarse con ninguna facci-n del rŽgimen. En definitiva, un Òmini-CarreroÓ, aunque con una imagen menos hosca que la del Almirante. 262 Es igualmente rese-able que se incide mucho tanto en su pasado de implacable represor durante la guerra civil como en su etapa de colaboraci-n con Camilo Alonso Vega, que es calificado como uno de los ministros de interior m‡s duros que se recuerdan en Espa-a. 263 Con estos credenciales parece l-gico que un nuevo editorial del peri-dico neoyorquino realice la siguiente reflexi-n:
ÒA key question about Mr. Arias is whether, at 65, he has the will and strength to broaden his base beyond the embittered old Falangists and military right-wingers. The prospects are not bright in light of the upsurge of rightist militancy after the AdmiralÕs deathÓ. 264
Efectivamente, todos los indicios apuntaban a que las posturas se hab'an radicalizado, ensanchando la brecha abierta entre aquellos que aspiraban a que la situaci-n cambiase y los elementos de extrema derecha que clamaban por aumentar la represi-n y perseguir hasta la extenuaci-n a los enemigos Ðreales o irrealesÐ del rŽgimen franquista. 265 A este clima de incertidumbre tambiŽn contribuy- la composici-n del nuevo gabinete nombrado por Arias Navarro, a imagen y semejanza del nuevo presidente ÐÒpolitically conservative and strong on authorithy and orderÓÐ y, que en opini-n del Times , se escoraba aœn m‡s a la derecha que el de su antecesor, dado que eliminaba definitivamente del mapa pol'tico a los tecn-cratas adscritos al Opus Dei, favoreciendo a personas ligadas con el falangismo. 266 Por descontado este an‡lisis puede ser discutible con la perspectiva que nos otorga poder estudiar los hechos desde el presente, pero algunas de las ideas manejadas por los editorialistas del New York Times no parecen demasiado descabelladas:
ÒMr. Arias has also greatly increased the Cabinet representation on the Falange, the fascist-type party [É] and bitter enemy of the Opus Dei. In SpainÕs complicated politics it may be oversimplification to call this a swing to the right; but it crearly represents a further narrowing on an already narrow base from which to govern a restless country. Restoration of the Falangists to power also constitutes a rebuke to Spain«s Catholic hierarchy, which has been savagely attacked by the extreme right for its calls for civil
Òcamarilla del PardoÓ Ð jug- un papel fundamental. VŽase PRESTON, P.: Franco. Caudillo de Espa-a ,Barcelona, Grijalbo, 2002, pp. 822-824.
262 NYT : ÒSpain«s new PremierÓ, 31-12-1973, p. 3.
263 NYT : ÒSpain«s new PremierÓ, 31-12-1973, p. 3.
264 NYT : ÒContinuity in Spain?Ó, 1-1-1974, p. 18.
265 NYT : ÒSpain weathers crisis calmly, but basic problems remainÓ, 1-1-1974, p. 6.
266 NYT : ÓSpanish changes favor rightistsÓ, 4-1-1974, p. 6 y NYT : ÒPremier of Spain sworn; Major cabinet shift seenÓ, 6-1-1974, p. 3. En el primer art'culo se encuentra un pasaje plenamente revelador: ÒThe Falange movement, the semi-fascist party that was one of Generalissimo Francisco Franco«s major political props during the Civil War of the nineteen-thirties and in the years following it, returned to the Government in force after a long period of decline during which it discontentedly watched Opus Dei assume key positionsÓ.
liberties, its support of workers and its move away from once-close ties to the Franco regimeÓ. 267
La verdad es que los primeros meses del gobierno Arias, por no decir toda su andadura, van a estar repletos de actuaciones profundamente contradictorias, m‡s propias de un trastorno de corte bipolar que de una acci-n pol'tica coordinada. Esta conducta err‡tica puede achacarse a las fuertes presiones ejercidas por la creciente oposici-n al rŽgimen y por los grupos ultraderechistas, pero tambiŽn ha de entroncarse con los deseos de perpetuar la dictadura tras la muerte de Franco realizando œnicamente cambios cosmŽticos de escasa entidad. S-lo dentro de estas coordenadas puede entenderse el denominado Òesp'ritu del 12 de febreroÓ. 268 Este leve aperturismo, que aspiraba a lograr la cuadratura del c'rculo, no tarden ser puesto a prueba desde distintos frentes, siendo los m‡s destacables la relaci-n IglesiaEstado Ðejemplificada en el caso A-overosÐ, as' como la lucha contra la subversi-n, que provocar'a la ejecuci-n Ðmediante el cruel procedimiento del garrote vilÐ del activista anarquista Salvador Puig Antich junto con un oscuro personaje llamado Heinz Chez. 269 A este œltimo respecto, el corresponsal del Times en Espa-a interpreta la aplicaci-n de la pena capital como una concesi-n gubernamental a la extrema derecha: Òthe Government was believed to have been under heavy pressure from the police, army and right-wing groups to show no mercy to Puig. These groups have also shown a decided lack of enthusiasm for the program announced by Premier Arias on Feb 12ÉÓ. 270 La opini-n de Henry Giniger es compartida por su peri-dico, que dedica un nuevo editorial a Espa-a insistiendo en que el gabinete de Arias Navarro, con este tipo de acciones, demuestra su debilidad y la necesidad de plegarse a los designios de los sectores m‡s derechistas del rŽgimen. 271 Algunos opinan que lo que estaba ocurriendo era que las contradicciones internas Ðque minaban a la dictadura desde su propia baseÐ resultaban cada vez m‡s dif'ciles de disimular, sobre todo a ra'z de que la vejez de Franco hubiera anulado su otrora innegable capacidad de mediaci-n, que le permit'a contemporizar con las distintas familias pol'ticas sin mermar ni un ‡pice su papel como elemento aglutinador. 272 Esta sensaci-n de crisis, de deriva gubernamental, se va incrementar a ra'z de los hechos revolucionarios portugueses que pondr‡n fin a un rŽgimen dictatorial 'ntimamente emparentado con el franquismo. 273 Mientras que desde la izquierda espa-ola se
267 NYT : ÒNarrow base in SpainÓ, 6-1-1974, p. 242.
268 NYT : ÒGreater freedom promised in SpainÓ, 13-2-1974, pp. 1 y 4; NYT : ÒLeavening in Spain?Ó, 18-21974, p. 24.
269 NYT : ÒSpanish bishop ask basque freedomsÓ, 25-2-1974, p. 3; NYT : ÒSpain said not hold bishop who urged basque freedomÓ, 28-2-1974, p. 11; NYT : ÒSpain and Vatican silent over bishopÓ, 1-3-1974, p. 5; NYT : ÒA Spanish anarchist, 26, is executed by garrotingÓ, 3-3-1974, pp. 1 y 16; NYT : ÒSpanish bishop fights expulsionÓ, 4-3-1974, p. 6.
270 NYT : ÒA Spanish anarchist, 26, is executed by garrotingÓ, 3-3-1974, pp. 1 y 16.
271 NYT : ÒRetrogression in SpainÓ, 4-3-1974, p. 28.
272 NYT : ÒSpain, as ever, contradictoryÓ, 10-3-1974, p. 193.
273 NYT : ÒConvulsions in IberiaÓ, 17-3-1974, p. 212; NYT: ÒTremors from LisbonÉÓ, 28-4-1974, p. 23.
contemplaba con admiraci-n y esperanza lo sucedido en el pa's vecino Ðsentimientos a veces entremezclados con ciertas dosis de envidiaÐ los sectores m‡s reaccionarios no dudaron en considerarlo como un aviso de lo que pod'a suceder, en un futuro cercano, si no se pon'a inmediatamente freno a cualquier tipo de aperturismo. 274 Como perfectamente ilustra el Times , detr‡s de las amenazas de los ultras se escond'a el temor a un posible ÒcontagioÓ, pues conoc'an de primera mano los testimonios de varios agentes de la PIDE Ðla terrible polic'a pol'tica portuguesaÐ toda vez que muchos de sus miembros cruzaron la frontera intentando refugiarse en Espa-a. 275 Es este un tema de notable interŽs, m‡xime si tenemos en cuenta que, a pesar de que tanto en el ejŽrcito como en las fuerzas de seguridad franquista van a encontrar cobijo durante toda la transici-n los m‡s rancios sentimientos de extrema derecha, por primera vez se va a mirar con recelo a algunos oficiales del ejŽrcito e incluso se producir‡n sonadas depuraciones. 276 En definitiva, durante los siguientes meses los ojos de los espa-oles se mantuvieron fijos en la evoluci-n de Portugal, dudando los miembros del gobierno Arias entre continuar adelante con sus planes aperturistas Ðque pretend'an llevar a cabo algo as' como una reforma preventiva para que todo se mantuviera igualÐ o ceder definitivamente a las presiones de los ultras. 277 A este clima de incertidumbre tampoco va a contribuir el ingreso hospitalario de Franco, aquejado de una flebitis, y que traer‡ aparejado la cesi-n de forma interina de la jefatura del estado al Pr'ncipe Juan Carlos. A pesar de que el dictador conservaba la capacidad de revertir esta decisi-n en cualquier momento, el New York Times interpret- el traspaso de poderes como algo pr‡cticamente definitivo y un signo inequ'voco de que Espa-a iba a liberalizar su sistema pol'tico de la mano del futuro monarca. 278 La moment‡nea presencia de Juan Carlos como Jefe del Estado va a ser aprovechada por el rotativo norteamericano para realizar un amplio y sugestivo reportaje sobre la realidad espa-ol, en el cual queda patente el creciente malestar de los sectores m‡s conservadores del pa's. 279 No parece que los analistas del Times vayan muy desencaminados cuando relacionen el
274 El ejemplo m‡s claro es el art'culo publicado en el diario Arriba firmado por el antiguo ministro de trabajo y actual cabeza del denominado ÒbunkerÓ JosŽ Antonio Gir-n de Velasco, de ah' que comœnmente se le haya conocido como Òel gironazoÓ. VŽase BARRERA, C.: Periodismo y franquismo. De la censura a la apertura , Barcelona, Ediciones internacionales universitarias, 1995 , p. 155.
275 NYT: ÒLisbon secret police symbol of harsh ruleÓ, 30-4-1974, p. 3; NYT : ÒLisbon amnesties military evadersÓ, 3-5-1974, p. 7 y NYT : ÒLisbon appeals to rebels againÓ, 12-5-1974, p. 13. TambiŽn las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, observaron con preocupaci-n la deriva revolucionaria portuguesa y tomaron buena nota de los errores de c‡lculo cometidos.
276 Al margen de la existencia de la UMD, s-lo dentro del s'ndrome portuguŽs se explica el fulminante cese del teniente general Manuel D'ez Alegr'a ( NYT : ÒMadrid removes liberal generalÓ 16-6-1974. p. 7 y ÒSpain«s uneasy glances at the new PortugalÓ 7-7-1974 p. 135).
277 NYT : ÒCoup«s echo in SpainÓ, 11-5-1974, p.6; NYT: ÒSpain eyes PortugalÓ, 22-5-1974, p. 42 y NYT: ÒOpening the door a bit in SpainÓ, 9-6-1974 p. 209.
278 NYT : ÒFranco delegates powers as ruler to Juan CarlosÓ, pp. 1 y 3; NYT : ÒSpainÕs King-designate in powerÓ, 20-7-1974, p. 3 ; NYT : ÒJuan Carlos, FrancoÕs heir, steps inÓ, 21-7-1974, p. 163; NYT : ÒMoves to liberalize politics in Spain get under wayÓ, 23-7-1974, p. 3 y ÒSpanish cabinet session hints at change to comeÓ, 11-8-1974 p. 3.
279 NYT : ÒThe waning reign in SpainÓ, pp. 9, 20 y 172.
retorno de un debilitado Franco al poder con las presiones ejercidas por la ultraderecha Ðentre los que sitœa al MarquŽs de Villaverde, a la saz-n hijo pol'tico del dictadorÐ, as' como su decisi-n de forzar una crisis ministerial para hacer salir del gobierno, entre otros, a P'o Cabanillas quien, por su permisividad con los medios de comunicaci-n a la hora de relatar los sucesos revolucionarios de Portugal, se hab'a convertido en uno de los objetivos preferidos de los ataques de la extrema derecha. 280 Los ceses de P'o Cabanillas y Barrera de Irimo, que vinieron acompa-ados de las dimisiones de varios altos cargos de sus respectivos ministerios, son interpretados por el New York Times como una prueba m‡s de que el gobierno Arias se ha escorado definitivamente a la derecha y que los proyectos aperturistas corren peligro de no desarrollarse. 281
El 16 de noviembre de 1974 va a tener lugar un acto cargado de significado para los ultras franquistas, con la fundaci-n de la Confederaci-n de veteranos de la guerra civil bajo el liderazgo del antiguo ministro de trabajo Jose Antonio Gir-n de Velasco. 282 Henry Giniger hace referencia a esta iniciativa en los siguientes tŽrminos:
ÒMr. Gir-n and his new group are expected to continue to fight the measure [la Ley de asociaciones pol'ticas] from bringing back what they consider the bad old days of political parties in Spain. Along with the confederation other rightist groups have been busy organizing. [É] On accepting the presidency of the veterans group, Mr. Gir-n said that members had the same responsibility as in 1936 when they rose against the Republic Ð Çto put Spain in peaceful orderÈ. He said it was their duty Çto bar the path to those who seek to take away our victoryÈ. Lieut. Gen. Tom‡s Garc'a Rebull, one of the army«s best known rightist, declared: ÇI ask God never to let us forget that the confederation has as its mission to serve the regime, to fortify it and to be its best guardianÈÓ. 283
Consiguientemente, y al margen de cierta ret-rica de corte falangista sobre la necesidad de llevar a cabo la revoluci-n pendiente, lo esencial era reivindicar como propia la victoria en la guerra y la fecha fundacional de la dictadura franquista como œnico lugar posible de memoria pol'tica. 284 Aquel que se situara fuera de estas coordenadas estaba igualmente coloc‡ndose extramuros del verdadero esp'ritu del rŽgimen y, lo que era m‡s grave, estaba traicionando a Franco y su proyecto pol'tico. S-lo si tenemos presente esta clase de
280 NYT : ÒSpain without Franco is taking shapeÓ, 22-9-1974, p. 204 y NYT . Ò2 ministers out in Spain; liberals facing pressureÓ, 30-10-1974, p. 3. No s-lo P'o Cabanillas era el blanco de las cr'ticas de los ultras sino que Blas Pi-ar desde la publicaci-n Fuerza Nueva lanzaba dur'simas diatribas contra Arias Navarro, tal y como recoge Henry Giniger en una de sus cr-nicas: NYT : ÒChange is reviving SpainÕs political lifeÓ, 20-10-1974, p. 3.
281 NYT : ÒSpanish rightists tightening gripÓ, 31-10-1974, p. 10.; NYT : ÒPolitical reform doubted in SpainÓ, 311-1974, p. 18; NYT : Òliberalization in Spain may have gone too farÓ, 3-11-1974, p. 226 y NYT : ÒThe Spanish opposition is growing bolderÓ, 17-11-974, p. 245.
282 NYT : ÒSpanish rightist rallies veteransÓ, 18-11-9174, p. 13.
283 Ibid.
284 Para demostrar la importancia que los ultras otorgaban a la fecha fundacional del rŽgimen como lugar de memoria colectiva es interesante traer a colaci-n que buena parte de la extrema derecha espa-ola se presentar‡ a las elecciones generales de 1977 bajo el rimbombante y anacr-nico nombre de Alianza Nacional del 18 de julio. No tardar'a en quedar de manifiesto la poca fortuna de esta designaci-n ya que sus connotaciones involucionistas horrorizaban a una sociedad que quer'a enterrar cuanto antes los fantasmas del pasado.
razonamientos, podremos comprender la oposici-n a cualquier tipo de introducci-n de t'midas reformas y la posterior evoluci-n de los grupos ultras durante el proceso de transici-n a la democracia. 285 La organizaci-n de actos para demostrar su fuerza se convertir‡ en una de las obsesiones de la extrema derecha, movilizando con frecuencia a sus seguidores contra el reformismo promovido desde el Gobierno. Un claro ejemplo puede ser la ceremonia organizada por el Frente de Juventudes para celebrar el trigŽsimo cuarto aniversario de su fundaci-n, evento que se celebraba por primera vez tras catorce a-os de ausencia. 286 No es extra-o que, tal y como se estaban desarrollando los hechos, los editorialistas del Times compararan la explosiva situaci-n pol'tica espa-ola con una bomba de relojer'a cuya cuenta atr‡s ya se hab'a iniciado. 287
LA IMPOSIBILIDAD DE UN FRANQUISMO SIN FRANCO
A comienzos de 1975 Ða-o decisivo en la historia de Espa-a ya que la muerte de Franco pondr‡n fin a casi cuarenta a-os de ejercicio de un poder personal omn'modo, lo que en absoluto puede traducirse inmediatamente como la liquidaci-n de su rŽgimenÐ el peri-dico neoyorquino analiza con detenimiento la situaci-n pol'tica de nuestro pa's, incidiendo en la manida idea de la profunda polarizaci-n de la sociedad espa-ola. 288 Lo cierto es que se est‡ produciendo una autŽntica oleada de huelgas provocadas, en principio, por cuestiones de 'ndole econ-mica pero que no tardar‡n en politizarse, provocando la sensaci-n esgrimida por los editorialistas del New York Times de que Espa-a estaba a la deriva. 289 En una especie de aviso a navegantes, el texto critica la oposici-n que Arias est‡ encontrado dentro del propio Movimiento Nacional para llevar a cabo su proyecto reformista, lo que ayudaba a fortalecer a la oposici-n al rŽgimen, especialmente a los comunistas. En opini-n del Times , de no introducirse de inmediato cambios profundos y substantivos parec'a inevitable que el pa's se precipitara hacia un estallido de corte revolucionario, similar al acontecido en Portugal. 290
285 NYT : ÒSpain to permit political groupsÓ, 3-12-1974, p. 6. y NYT : ÒSpainÕs political reforms given a chilly receptionÓ, 4-12-1974, p. 3.
286 NYT : ÒSpanish children pledge loyalty to Franco at right-wing rallyÓ, 9-12-1974, p. 4.
287 NYT: ÒSpainÕs ticking bombÓ, 22-12-1974, p. 154.
288 NYT ÒFrancoÕs government is losing its grip on the Spanish peopleÓ, 3-3-1975, p. 14 y NYT : SpainÕs regime, like Franco is showing its ageÓ, 9-3-1975, p. E4. En la primera de estas cr-nicas al margen de introducirse una caracterizaci-n de Manuel Fraga ciertamente ocurrente ÐÒa complex man with reformist ideas and an authoritarian temperamentÓÐ queda al descubierto el clamoroso fracaso del proyecto pol'tico de Arias mediante una frase absolutamente lapidaria: ÒIn the new political game Mr. Arias has tried to devise, those who have been faithfull to the system but want to reform it feel they cannot play. Those who wish to sweep it away cannot play either. In a way the Government has ended up talking to itself Ð and not always coherentlyÓ.
289 NYT : ÒSpain adriftÓ, 13-3-1975, p. 38.
290 Por cierto que el Times tambiŽn se hace eco de varias denuncias acerca de la, cuanto menos, facilidad que ten'an grupœsculos portugueses de extrema derecha para operar desde territorio espa-ol y realizar acciones contrarevolucionarias desde la frontera. NYT : ÒLisbon reports rightist army in SpainÓ, 24-3-1975, p. 16.
La posible Òportugalizaci-nÓ de Espa-a se convirti- en una autŽntica pesadilla para el gobierno norteamericano, torn‡ndose en uno de los factores claves a la hora de interpretar el extempor‡neo viaje de Gerald Ford a nuestro pa's pocos meses antes de la muerte del dictador, visita que ser‡ calificada de disparate por el New York Times. 291 Sin menospreciar la importancia que tuvo la presencia del modelo luso en la crisis del tardofranquismo Ð especialmente dentro del ejŽrcito espa-olÐ, a mediados de 1975 existen toda una serie de agentes que contribuyen de una manera m‡s resuelta a encrespar los ‡nimos de los sectores ultras del franquismo. Uno de ellos ser‡ el incremento de las acciones terroristas, sobre todo las de la banda ETA, que iban a generar un clima de tensi-n y zozobra recogido perfectamente por los cronistas del Times. 292 Efectivamente, el problema vasco va a ocupar constantes titulares en el rotativo neoyorquino a lo largo de 1975, ofreciendo a veces datos realmente interesantes que eran silenciados por la prensa espa-ola. 293 Para el objeto de esta comunicaci-n son impagables las referencias a las acciones violentas protagonizadas por grupos de extrema derecha Ðnormalmente en connivencia con las fuerzas de seguridadÐ con objeto de responder a cualquier actuaci-n de corte subversivo, tuviera o no relaci-n con la banda terrorista ETA:
ÒRightist extremists, outraged by the picking off of police officers, have begun their own terrorist campaign, mainly against the left or anyone believed to be an E.T.A. sympathizer. More than 30 Basque business establishments have been bombed or machine-gunned. Three Catholic priests have been beaten Ð two of them, according to church officials, while in police hands. The third, a man 72 years old was attacked in a church building by extremists calling themselves ÒGuerrillas of Christ the KingÓ. 294
Se trata de la primera vez que el Times hace referencia a los guerrilleros de Cristo Rey, pero no es m‡s que un bot-n de muestra de las, desde entonces, constantes referencias a acciones violentas de la extrema derecha. Como algunas de estas se van a producir en territorio francŽs, las cr-nicas de Henry Giniger caen a veces en la tentaci-n de hablar de la
291 NYT : ÒÉblunder in SpainÓ, 3-6-1975, p. 32.
292 NYT : ÒIn SpainÕs basque region, fear is a way of lifeÓ, 25-5-1975, p. 14.
293 La acumulaci-n de noticias sobre el clima de violencia que se viv'a en el Pa's vasco durante los meses centrales de 1975 es francamente notable. NYT : ÒSpainÕs bishops ask political reformsÓ, 14-3-1975, p. 4; NYT : ÒBasque bombings reportedÓ, 28-3-1975, p. 5; NYT : ÒBasque fiesta broken up by the police in GuernicaÓ, 31-3-1975, p. 40; NYT : Òbasque region put under crisis ruleÓ, 26-4-1975, p. 2; NYT : Ò4 killed in Spain as Basque rebels clash with policeÓ, 15-5-1975, p. 2; NYT : ÒStudent is slain by police at post in Bilbao areaÓ, 25-5-1975, p. 14; NYT : ÒSpanish policeman diesÓ, 6-6-1975, p. 52; NYT : Ò5 Basques are imprisoned by Spanish military courtÓ, 7-6-1975, p. 11; NYT: ÒBasque Guerrilla reported killedÓ, 8-6-1975, p. 9; NYT : ÒBasques protest curbs by MadridÓ, 12-6-1975, p. 13; NYT : ÒSpainÕs battle with Basques spreads across border to FranceÓ, 13-6-1975, p. 4; NYT: ÒYouth slain by policeman in SpainÕs Basque regionÓ, 17-6-1975, p. 41; NYT : ÒSpain is trying 7 Basques in dynamite-theft caseÓ, 21-6-1975, p. 7; NYT: ÒBasques use France as anti-Spanish baseÓ, 4-7-1975, p. 2; NYT : ÒWestern EuropeÕs militant minorities find common cause in secret meetingÓ, 8-7-1975, p. 4; NYT : ÒImprisoned Basques in Spain split over politics and tacticsÓ, 20-7-1975, p. 2 y NYT : ÒA key Basque rebel and 3 Spanish noun reported arrestedÓ, 5-8-1975, p. 13.
294 NYT : ÒIn SpainÕs basque region, fear is a way of lifeÓ, 25-5-1975, p. 14.
existencia de una guerra abierta entre los vascos nacionalistas y el Estado espa-ol. 295 Con motivo de la explosi-n de tres bombas en el departamento galo de los Pirineos Atl‡nticos, el corresponsal del rotativo neoyorquino en Espa-a volver‡ de nuevo a acusar abiertamente a grupos ultrafranquistas de practicar una suerte de terrorismo de estado:
ÒThe attacks were generally ascribed to Spanish right-wing counterterrorists linked with the Spanish police. The bombs apparently denoted intensified efforts by the Spanish authorities to halt the use of the French Basque provinces as a nationalist stronghold against the Spanish State. [É] An extreme right-wing Spanish group, known as the Warriors of Christ the King, has suddenly begun to operate in France and is widely believed to consist essentially of Spanish policemenÓ. 296
Dejando al margen que la interpretaci-n que el peri-dico neoyorquino ofrece de la realidad vasca pueda ser en algunos puntos discutible, lo verdaderamente trascendental es que los analistas del Times tienen muy claro que las medidas represivas del gobierno espa-ol y las acciones violentas de los grupos de extrema derecha est‡n 'ntimamente ligadas. Para ellos no cabe duda de que la Espa-a de mediados de 1975 ha entrado en una fase de par‡lisis pol'tica donde el aumento de la represi-n es la œnica soluci-n que el gabinete Arias Ðfalto de apoyos y de ideasÐ est‡ desplegando, a la espera de que se produzca el inminente Òhecho biol-gicoÓ. 297 Actuaciones como la declaraci-n en mayo del estado de sitio en las provincias vascas o la nueva, a la par que dur'sima, ley antiterrorista de agosto de 1975 evidencian que ya no existe proyecto aperturista y que los sectores ultras parecen haber ganado la batalla. 298
Esta actitud extremadamente represiva, que no hac'a m‡s que demostrar las profundas contradicciones internas del rŽgimen, llegar‡ a sus cotas m‡s altas cuando varios miembros del FRAP y de ETA sean sentenciados a muerte. 299 Estas condenas van a proveer a la extrema derecha franquista de nueva Òmunici-nÓ para incrementar un clima de tensi-n cada vez m‡s asfixiante. Por un lado, se van a suceder los enfrentamientos entre la polic'a y aquellos que salen a la calle a manifestar su rechazo al Gobierno, produciŽndose mœltiples reyertas que se saldar‡n con numerosas detenciones e incluso varias muertes. 300 La extrema derecha no s-lo
295 NYT : ÒSpain battle with Basques spreads across border to FranceÓ, 13-6-1975, p. 4.
296 Ibid.
297 NYT : ÒSpain remains the outcast, of west European nationsÓ, 8-6-1975, p. 185.
298 NYT : ÒMadrid approves antiterrorist lawÓ, 24-8-1975, p. 7 y NYT : ÒTough new decree by Spain is aimed at terror groupsÓ, 28-8-1975, p. 7.
299 NYT : Ò2 accused Basques face death penaltyÓ, 29-8-1975, p. 8; NYT : ÒSpain dooms 2 Basque rebels; Area swept by demostrationsÓ, 30-8-1975, p. 3; NYT : ÒSpain trying five accused of killing Madrid policemanÓ, 12-9-1975, p. 8; NYT : ÒSpain sentences 3 to death for slaying of policemanÓ, 13-9-1975, p. 6; NYT : Ò5 in Spain doomed in a police slayingÓ, 20-9-1975, p. 11 y NYT : Ò5 of 11 Spanish terrorists must die, Franco decreesÓ, 27-9-1975, pp. 1 y 13.
300 NYT : Ò2 Basques are reported killed in battles with Spanish policeÓ, 20-9-1975, p. 9; NYT: ÒSpain reports 57 held as guerrillasÓ, 21-9-1975, p. 19; NYT : ÒMadrid moves heighten tensionÓ, 22-9-1975, p. 5; NYT : ÒSpanish police shoot six in Basque demostrationÓ, 29-9-1975, pp. 1 y 12; NYT : ÒThousand strike in Basque regionÓ, 30-9-1975, p. 1 y 6. Adem‡s, hay que tener en cuenta que muchos de los detenidos eran retenidos en los cuarteles de las fuerzas de orden pœblico durante varios d'as Ðsin ninguna clase de garant'a procesalÐ donde eran torturados y vejados como en su momento denunci- amnist'a internacional: NYT : ÒMuch torturing of basques citedÓ, 1-10-1975, p. 5.
animar‡ la brutalidad policial sino que pedir‡ aœn m‡s contundencia, aprovechando los funerales de los miembros de las fuerzas del orden fallecidos en atentados terroristas para realizar brazo en alto sus reclamaciones. 301 Por otro lado, los grupos ultras tambiŽn se servir‡n de la furibunda reacci-n de buena parte de la opini-n pœblica internacional ante las condenas a muerte para retomar un discurso patriotero, que recordaba mucho al de los primeros a-os del rŽgimen y que queda perfectamente expresado en unas declaraciones de Antonio Mar'a de Oriol y Urquijo, a la saz-n presidente del Consejo de Estado: ÒIn the present circumstances, I feel obliged to proclaim that we shall not admit foreign interference in any formÓ. 302 Henry Giniger suger'a acertadamente que el rŽgimen franquista hab'a perdido el rumbo y tem'a que los elementos extremistas Ðque el consideraba minoritarios dentro del conjunto de la sociedad espa-olaÐ pudieran impedir que se produjera cualquier apertura, introduciendo gran incertidumbre al proceso que se abrir'a a la muerte de Franco. 303 Con la ejecuci-n de cinco de los condenados los peores augurios del corresponsal parecieron cumplirse, sobre todo si tenemos en cuenta la exaltada reacci-n del rŽgimen ante la profunda indignaci-n con que es recibido en el exterior este postrer coletazo de la represi-n franquista. 304
La reacci-n del Gobierno espa-ol, ante lo que consideraba una agresi-n intolerable a la soberan'a nacional por parte de las democracias occidentales, no se hizo esperar. El presidente Arias, haciendo gala de una arrogancia ins-lita y recurriendo a unos argumentos totalmente torticeros, se refugi- en un discurso caduco y patriotero que provoc- que por Madrid volviera a sobrevolar el fantasma del aislamiento como treinta a-os antes: ÒWe do not desire to be alone but the possibility of isolation does not intimidate usÓ. 305 Estas duras declaraciones fueron el preludio a toda una serie de actos de afirmaci-n patri-tica, capitalizados por la extrema derecha, y cuyo ejemplo m‡s palpable fue la organizaci-n de una de las cŽlebres concentraciones de fieles en la Plaza de Oriente. Ante un pœblico enfervorizado Ðlas camisas
301 NYT : ÒBarcelona rightists demand a crackdown on guerrillasÓ, 17-9-1975, p. 2. La instrumentalizaci-n, por parte de los ultras, de los funerales de los polic'as y militares asesinados se convertir‡ en una constante durante el largo y dif'cil proceso de transici-n a la democracia, transform‡ndose a veces estos funerales en autŽnticos m'tines de la extrema derecha.
302 NYT : ÒPleas on 11 rebels rejected in SpainÓ, 26-9-1975, p. 10.
303 NYT : ÒSpainÕs dictatorship is fast losing its gripÓ, 28-9-1975, p. 186.
304 NYT : ÒSpain is drawing heavy European fire over terroristsÕ death sentencesÓ 27-9-1975 p. 14; NYT : Ò5 are executed in Spain despite please in EuropeÓ, 28-9-1975, pp. 1 y 26; NYT : ÒExcecutions in SpainÓ, 289-1975, p. 186; NYT : Ò6 nations recall envoys from Spain over killingsÓ, 28-8-1975, p. 26; NYT : ÒSpanish Embassy raid reflects on Lisbon controlÓ, 28-9-1975, p. 26; NYT: ÓEuropeÕs outcry at Spanish executions reflects repugnance at FrancoÕs ruleÓ, 1-10-1975, p. 3. Es rese-able que los Estados Unidos, en una postura muy criticada desde las p‡ginas del New York Times , se situaron a contrapelo del resto de los pa'ses occidentales llegando incluso a afirmarse desde la Casa Blanca que las ejecuciones eran cuestiones de orden interno espa-ol, que en absoluto interfer'an en las relaciones bilaterales entre ambos pa'ses. No podemos perder de vista que los norteamericanos continuaban negociando con el Gobierno franquista una renovaci-n de los acuerdos de amistad y cooperaci-n, por lo que el secretario de Estado Henry Kissinger solicit- a sus colaboradores extremado cuidado para evitar cualquier declaraci-n que pudiera dificultar el entendimiento con Espa-a: NYT ÒThe Reign in SpainÓ 2-10-1975, p 38; NYT : ÒProtests on SpainÓ 3-10-1975 p. 34; NYT : ÒSpain, rejecting protests, vows major effort to halt terrorismÓ, 4-10-1975,
p. 8 y NYT: ÒOf Spanish executions, world protest and American silenceÓ, 5-10-1975, p. 212.
305 NYT : ÒMadrid rejects foreign protestsÓ, 1-10-1975, p. 1 y 4.
azules de falange y los saludos fascistas brillaban con luz propia como ilustra el Times Ð Franco agit-, de manera casi ininteligible, el espantajo del comunismo y la masoner'a mientras grupos ultras profer'an graves insultos a los pa'ses extranjeros y a la Comunidad Europea e incluso atacaban a los reporteros for‡neos que trataban de cubrir la noticia. 306 Espa-a parec'a haber retornado a sus tiempos m‡s oscuros y, para colmo de males, coincidiendo con el multitudinario acto frente al Palacio Real de Madrid, un nuevo grupo terrorista denominado GRAPO hizo su aparici-n en escena segando la vida de tres polic'as. 307 Los funerales volvieron a convertirse en el escenario id-neo para que la extrema derecha se explayara, interrumpiendo las exequias con gritos de Òmuerte a los comunistasÓ y Òno m‡s clemenciaÓ mientras saludaban a la romana y ped'an la dimisi-n del gobierno. 308 Esta oleada ultranacionalista no ces-, menudeando las concentraciones Òpatri-ticasÓ en diversos puntos de la Pen'nsula ÐMadrid, Sevilla, M‡laga, etc ÉÐ con las que se pretend'a mostrar la total adhesi-n a Franco y, de paso, proferir insultos contra Europa, cuya actitud tras las œltimas ejecuciones consideraban Òinsidiosa y cobardeÓ a la par que mediatizada por el comunismo y el marxismo internacional, todo esto en palabras del oficial al mando de la regi-n militar de Sevilla. 309 En la capital de Espa-a, diversos grupos de extrema derecha aprovechaban la ocasi-n para cometer varias tropel'as ante algunas embajadas extranjeras sin que las fuerzas de orden pœblico hicieran nada para evitarlo. 310 Este tipo de comportamientos s-lo lograron abrir aœn m‡s la brecha que separaba a Espa-a de las democracias occidentales ya que la violencia pol'tica, lejos de remitir, continu- increment‡ndose. 311 Con cada atentado terrorista que se produc'a, la extrema derecha sumaba nuevos argumentos para exigir contundencia al Gobierno, proponiendo incluso responder con la acci-n directa, tal y como ilustra el siguiente p‡rrafo de El Alcazar citado por el Times : ÒIf to erradicate the evil one must go where the commandos are formed and the assasins are instructed, then we should train experts that can
306 NYT : Ò3 policemen slain as Franco rallies throngs in MadridÓ, 2-10-1975, pp. 1 y 6.
307 La intrahistoria del GRAPO es uno de los grandes misterios de la transici-n espa-ola a la democracia ya que es m‡s que probable que junto a una serie de fan‡ticos de extrema izquierda convivieran en su interior elementos de extrema derecha, infiltrados por la polic'a, y que ten'an por objeto crear una situaci-n de tensi-n insostenible que llevara al ejŽrcito a reclamar el poder.
308 NYT : ÒRightist in Madrid stage protest at police funeralÓ, 3-10-1975, p. 3 y NYT : ÒHopes for peaceful change wither in SpainÓ, 3-10-1975, p. 3.
309 NYT : ÒSpaniards parade in support of FrancoÓ, 5-10-1975, p. 3.
310 NYT : ÒPatriotsÕ rally to besieged SpainÓ, 6-10-1975, p. 7. TambiŽn se registraron ataques contra intereses extranjeros en Espa-a.
311 En lo que respecta al aislamiento internacional del regimen: NYT : ÒSpain recaptures her old role as EuropeÕs outcastÓ, 5-10-1975, p. 199; NYT : ÒEuropeans halt talks with SpainÓ, 7-10-1975, p. 9; NYT: ÒCommon Market and its new use of powerÓ, 9-10-1975, p. 3; NYT : ÒDutch in anti-Franco vanguard, and cheese and tourism sufferÓ, 13-10-1975, p. 10; NYT : ÒPriorities on IberiaÓ, 10-10-1975, p. 36. En lo referente al repunte de la violencia pol'tica: NYT : Ò3 spanish civil guards slain in bomb attack in Basque areaÓ, 6-10-1975, p. 6; NYT : ÒFive slain in Barcelona by cross fire outside police stationÓ, 9-10-1975, p. 4; NYT : ÒSpain is bolstering civil guards units to fight terrorismÓ, 11-10-1975, p. 11; NYT : ÒChurch is failing to back FrancoÓ, 12-10-1975, p. 6; NYT : ÒSpain holds 6 as killers of Barcelona policemanÓ, 17-10-1975, p. 3 y NYT : ÒBasque area tense after 2 shootingsÓ, 20-10-1975, p. 4.
give an adequate response in the very lair of terrorism. Anything except remaining inactiveÓ. 312 Es imprescindible tener en cuenta este tipo de declaraciones para valorar en su justo contexto hechos como el ataque a la sede de la editorial Ruedo IbŽrico en Par's, un autŽntico oasis cultural para aquellos espa-oles de la Žpoca que deseaban acceder a obras que bajo ninguna circunstancia hubieran superado la censura franquista. 313 Como atinadamente enuncia Barbara Probst Solomon en un interesante art'culo de opini-n acerca de las inc-gnitas que planteaba el proceso de sucesi-n tras la muerte de Franco: ÒThe ultra-right wing has tried to convert the issue of terrorism Ða problem all modern societies faceÐ into a platform on which to form the future government, and has used this issue as a club with which to silence all opposition one degree to its leftÓ. 314 Es este un punto de vista realmente atractivo ya que es cierto que tras el progresivo desenganche protagonizado por buena parte de la jerarqu'a eclesi‡stica as' como de amplios sectores del capitalismo espa-ol, las fuerzas armadas aparec'an ante los ultras como los œnicos garantes de la continuidad del orden establecido el 18 de julio de 1936. Esta circunstancia marcar‡ todo el proceso de transici-n a la democracia pues, como es de sobra conocido, la estrategia de la tensi-n propulsada por las acciones terroristas Ðtanto desde la extrema izquierda como desde la derecha m‡s recalcitranteÐ estuvieron muchas veces a punto de hacerlo descarrilar. 315
Entramos ya en la œltima fase del tardofranquismo, lo que algunos han calificado como Òla larga marchaÓ, caracterizada por el progresivo deterioro f'sico del dictador, la incertidumbre pol'tica que generaba la figura de Juan Carlos I, el creciente protagonismo de los grupos de oposici-n que aspiraban a lograr la ruptura democr‡tica, y, last but not least , el cambiante contexto internacional donde iba a decidirse el futuro del Sahara espa-ol as' como su incorporaci-n a la pol'tica de seguridad occidental capitaneada por los Estados Unidos. Todo este conjunto de asuntos pendientes fue perfectamente documentado por los colaboradores del New York Times , quienes no dudaban en apostar por un cambio tranquilo, que era lo que demandaba la sociedad espa-ola. 316 Si D. Juan Carlos quer'a pilotar este proceso, siguiendo la
312 NYT : ÒFive slain in Barcelona by cross fire outside police stationÓ, 9-10-1975, p. 4.
313 NYT : ÒBomb in Paris hits Spanish book houseÓ, 15-10-1975, p. 9. Curiosamente estos hechos coincidieron con la presentaci-n en la capital francesa del ideario de la UMD por parte del Capit‡n Juan Ignacio Domingo. Muchos altos mandos del ejŽrcito franquista no tardaron en responder al -rdago lanzado por los miembros de la UMD, algunos con gran contundencia como fue el caso del Teniente General Mateo Prada Canillas, a la saz-n comandante de la regi-n militar de Burgos: ÒThe army stands with July 18 and all the ideals that this date evokesÓ. ( NYT : ÒSpanish generals affirm loyaltyÓ, 15-10-1975, p. 6).
314 NYT : ÒHeading into the post-Franco eraÓ, 23-10-1975, p. 39.
315 En una fecha tan temprana como octubre de 1975, el reputado analista pol'tico del Times Tom Wicker ya advert'a del peligro que escond'a el constante recurso a la violencia en un momento tan delicado como era el que estaba viviendo Espa-a. Este clima de terrorismo indiscriminado y la consecuente represi-n amenazaban seriamente con malograr la labor desarrollada por la oposici-n democr‡tica, lo que llevar'a al pa's a una situaci-n de no retorno. ( NYT : ÒViolence Ð it«s not so simpleÓ, 14-10-1974, p. 37).
316 NYT : ÒFranco is reported gaining, with his continued rule uncertainÓ, 23-10-1975, p. 33; NYT : ÒFranco suffers a relapse; prince may take powerÓ, 24-10-1975, pp. 1 y 18; NYT : ÒFranco reported worse; succession believed nearÓ, 25-10-1975, pp. 1 y 12; NYT : ÒIn Madrid a tense drama over transfer of rule is
l'nea editorial del rotativo neoyorquino, el futuro monarca deber'a ganarse cuanto antes el respeto de los sectores reformistas y de la oposici-n moderada ya que, hasta este momento, su œnico crŽdito resid'a en recibir el poder de manos de Franco, lo que no dejaba de ser un regalo envenenado. 317 Evidentemente, la extrema derecha no estaba por la labor de ceder ni un ‡pice ante cualquier tipo de esfuerzo por trocar el continuismo en reformismo, pues ellos defend'an con orgullo el inmovilismo e incluso en ciertos aspectos propugnaban ideas que m‡s bien habr'a que caracterizar como involucionistas. 318 Cuando el 20 de noviembre el dictador es finalmente desconectado del soporte vital que le permit'a seguir respirando, el panorama pol'tico espa-ol aparec'a a los ojos de todos como un complicado puzzle de incierta soluci-n. 319 Sin embargo, los editores de New York Times ten'an claro que con la muerte de Franco su rŽgimen hab'a pasado a la historia y, por tanto, los esfuerzos de la extrema derecha por reafirmar su autoridad no iban a tener el respaldo de la sociedad. 320 Otra cosa muy distinta ser'an los tiempos y el modo en que se iba a desarrollar el proceso de transici-n a la democracia Ðdesde esa Òright-wing reactionary dictatorshipÓ que dir'a el Times Ð pero esto ya queda fuera de las pretensiones de la presente comunicaci-n. 321
under wayÓ, 25-10-1975, p. 12; NYT : ÒChief of State recieves last rites at palaceÓ, 26-10-1975, pp. 1 y 55; NYT : ÒSpaniards are hoping for a peaceful changeÓ, 26-10-1975, pp. 1 y 55; NYT : ÒA contest for power will begin soon in SpainÓ, 26-10-1975, p. 206; NYT : ÒGeneral is ÇworseningÈÓ, 27-10-1975, pp. 1 y 12; NYT : ÒPalace says Franco rallies and asks for foodÓ, 28-10-1975, p. 21; NYT : ÒFranco rallies again but doctors report outlook is unchangedÓ, 30-10-1975, p. 30.
317 NYT : ÒPortent for a KingÓ, 25-10-1975, p. 28. El monarca era muy consciente de que era tan importante granjearse el apoyo de la mayor'a de los espa-oles como de las democracias occidentales, como demuestran unas declaraciones filtradas por la revista Newsweek en las que D. Juan Carlos afirmaba que la meta era la democracia. ( NYT : ÒJuan Carlos says goal is democracyÓ, 27-10-1975, p. 12.)
318 NYT : ÒFranco urged Spain in final message to maintain unityÓ, 21-11-1975, pp. 1 y 17. La violencia por parte de la extrema derecha no ces- ni siquiera durante la agon'a del dictador como denuncia Henry Giniger en una de sus cr-nicas, en la que narra el ataque sufrido por Antonio Garc'a Trevijano y otros abogados durante la celebraci-n de una conferencia. ( NYT : ÒFranco fights on amid concern over SpainÕs political paralysisÓ, 7-11-1975, p. 19). El corresponsal no duda en se-alar que ÒThe aim [de estos ataques ultras] seems to be to spread fear among liberals and leftists and discourage any move to promote political changesÓ.
319 NYT : ÒReaction of Spaniards on Franco is wary reserveÓ, 21-11-1975, p. 16.
320 Esta opini-n se desprende tanto del editorial que acompa-a la noticia del fallecimiento del dictador, que finaliza con un categ-rico ÒFranco is dead; and so is Franco SpainÓ, como en el que dedican a la coronaci-n de Juan Carlos I ( NYT : ÒJuan Carlos IÓ, 23-11-1975, p. 214).
321 NYT : ÒSpain without FrancoÓ, 21-11-1975, p. 42. Evidentemente los editoriales del New York Times van a reflejar una clara mutaci-n en lo que se refiere a la valoraci-n de las acciones pol'ticas del nuevo monarca. Durante los primeros d'as ser‡n frecuentes los an‡lisis cr'ticos con su labor, reflejando cierta falta de confianza en su capacidad para modificar la realidad espa-ola y filtr‡ndose en los textos una indisimulada sensaci-n de frustraci-n. Esta ser‡ total sobre todo a ra'z de la confirmaci-n de Arias Navarro en su puesto y el nombramiento de Fern‡ndez Miranda Ðque era considerado un ultraderechistaÐ como presidente de las Cortes y, por ende, del Consejo del Reino ( NYT : ÒStatus quo in SpainÓ, 10-121975, p. 46). Pocos meses despuŽs, y una vez que tuvo lugar la crucial visita de Juan Carlos I a los Estados Unidos, esta decepci-n se trocar‡ en serenidad e ilusi-n pues el monarca era se-alado como el hombre proverbial destinado a guiar a Espa-a hacia la senda democr‡tica ( NYT : ÒA king for democracyÓ, 4-6-1976, p. 18).
CONCLUSIONES
Llegados a este punto creemos estar en condiciones de comprobar si hemos alcanzado el objetivo de corte binario que animaba la realizaci-n de esta comunicaci-n. Por un lado, parece verificado que la prensa extranjera, y en el caso que nos ocupa el New York Times , puede considerarse como una fuente m‡s que fiable para analizar una etapa tan convulsa como el tardofranquismo. Es probable que para el estudio de un tema proteico y multidimensional como es el de la actuaci-n e importancia del sector ultra en el estertor del rŽgimen franquista, una exploraci-n de los peri-dicos y revistas espa-olas pueda llevar a deducciones m‡s complejas que las que podemos extraer de un rotativo for‡neo como el Times . Sin embargo, lejos de considerar esta circunstancia un problema, con esta cata realizada en las cr-nicas y editoriales publicados en el diario neoyorquino, buscamos evidenciar que la prensa extranjera es una fuente perfectamente compatible con la espa-ola ya que nos brinda informaci-n que dif'cilmente podemos rastrear en los peri-dicos franquistas. El caso m‡s claro, tal y como ha quedado se-alado, es la cobertura que el New York Times da a temas tan espinosos como es la represi-n ejercida contra cualquier clase de oposici-n al rŽgimen Ðtanto violenta como pac'ficaÐ o bien, la temprana denuncia acerca de la conexi-n entre las fuerzas del orden franquistas y los grupœsculos de extrema derecha, que no dudaban en recurrir a la tortura o al terrorismo para combatir la subversi-n. Lo cierto es que los periodistas norteamericanos que informaban del devenir pol'tico de nuestro pa's durante el tardofranquismo ten'an muy claro, algo que no resultaba f‡cil ni muchos menos, a quienes deb'an englobar en esa amplia e imprecisa categor'a que era la extrema derecha:
ÒThe police and the Civil Guard are the citadels of resistance to political change. They favor extreme repression of not only the Basque separatists but practically any dissenters. Members of the Franco family and the generalÕs old military colleagues from the Civil War are also in this groupÓ. 322
Continuando en esta misma l'nea es rese-able la cr-nica que realiza Flora Lewis, la gran experta del Times en la Europa de los sesenta y setenta, con motivo de la celebraci-n del 42¼ aniversario de la fundaci-n de Falange, pocos d'as antes del fallecimiento de Franco. Lo m‡s interesante de este art'culo no es tanto la descripci-n de la ceremonia o la n-mina de los asistentes sino los tŽrminos en que estos son retratados. 323 En sus perfiles no destaca ese furibundo anticomunismo que les hab'a servido como crŽdito ante los norteamericanos sino que se centra en sus relaciones con el nazismo, como era el caso de Miguel Ezquerra, quien lleg- a desempe-ar el rango de comandante de las Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial. 324 Tanto Ezquerra como otros nombres m‡s conocidos por su carrera pol'tica durante
322 NYT : ÒA contest for power will begin soon in SpainÓ, 26-10-1975, p. 206.
323 NYT : ÒFranco loyalists resist political changeÓ, 30-10-1975, p. 31.
324 En este mismo texto se acusa abiertamente a Ezquerra de promover la creaci-n de una especie de polic'a paralela para adiestrar a j-venes ultras en el empleo de la acci-n directa y la violencia contra la oposici-n al rŽgimen ( NYT : ÒFranco loyalists resist political changeÓ, 30-10-1975, p. 31).
la dictadura ÐGir-n de Velasco, Iniesta Cano, Rodr'guez de Valc‡rcel, etcÉÐ compon'an ese caj-n de sastre designado como Òel bunkerÓ, tŽrmino cuyas evidentes vinculaciones con Hitler quedaban palmariamente al descubierto en la cr-nica de Lewis. La periodista comenta adem‡s que estos sectores ultras estaban 'ntimamente conectados con grupœsculos violentos como los guerrilleros de Cristo Rey Ðcapitaneados por otro excombatiente en el bando nazi, Mariano S‡nchez Cobisa [sic] y que en el texto son comparados con el Ku Klux Klan Ð o el Centro Espa-ol de Amigos de Europa, destacando de este œltimo sus relaciones con el movimiento Rexista belga y los neofascistas italianos. 325 Finalmente hace tambiŽn menci-n a Blas Pi-ar, a quien describe como un veterano falangista, y a la publicaci-n Fuerza Nueva, en cuyas p‡ginas se exige el retorno del orden m‡s estricto e incluso se llega a atacar al Papa. Como puede desprenderse de lo apuntando hasta el momento, no parece que Flora Lewis sintiera demasiada simpat'a por ninguno de estos prohombres de la extrema derecha espa-ola. Con todo, lo mejor de su an‡lisis est‡ por llegar y se condensa en el siguiente p‡rrafo: Ònone of these groups are pleased with the prospects of Juan CarlosÕs succession, nor with restoration of the monarchy, but they have no candidate for leaderÓ. 326 Efectivamente, esta va a ser una de las grandes rŽmoras de la extrema derecha espa-ola durante la transici-n a la democracia. Los analistas del New York Times , aœn reconociendo la importancia que las acciones violentas de los ultras pudieran tener sobre el proceso de cambio, abierto tras la muerte de Franco, detectaron con sorprendente prontitud que la extrema derecha espa-ola estaba condenada salvo cat‡strofe Ðgolpe militar medianteÐ a jugar un papel muy secundario en el futuro ruedo pol'tico hispano. 327 Este tipo de revelaciones son una perfecta muestra de la excelente calidad de la informaci-n manejada por el New York Times y justifica, en buena medida, la realizaci-n de una comunicaci-n como la aqu' presentada.
325 De hecho Flora Lewis afirma que muchos representantes de la extrema derecha espa-ola se hab'an reunido recientemente en el funeral del antiguo comandante de las SS Otto Skorzeny quien en su d'a hab'a ayudado a Mussolini a escapar tras la ca'da de Roma durante la segunda guerra mundial.
326 NYT : ÒFranco loyalists resist political changeÓ, 30-10-1975, p. 31.
327 NYT : ÒThe nightmare Spain doesnÕt wantÓ, 14-12-1975, pp. 19, 97, 100 y 106. La periodista Claire Sterling se pregunta, al final de este amplio reportaje, cual podr'a ser el resultado si se celebrasen unas elecciones democr‡ticas en 1976. Lejos de tratarse de un mero juego especulativo se presenta para el investigador como una valios'sima labor de prospecci-n, que arroja unos resultados francamente llamativos: un tercio de los votos ir'an para los cristiano-dem-cratas (distinguiendo dentro de estos la tendencia m‡s conservadora representada por Gil Robles y la m‡s progresista identificada con RuizGimŽnez), al menos otro tercio ser'a para el PSOE, entre un 15 y un 20% de los votos se lo repartir'an los grupos de centro (mon‡rquicos, liberales, socialdem-cratas, nacionalistas moderadosÉ). La extrema derecha conseguir'a un paupŽrrimo resultado con tan s-lo un 3% de los votos y los comunistas, a pesar de ser el partido mejor organizado, no sacar'a m‡s de un 10% debido fundamentalmente al temor que su propio nombre incita en muchos ciudadanos que inmediatamente lo relacionaban con la guerra civil. La extrema izquierda no alcanzar'a representaci-n parlamentaria, siendo sus resultados irrelevantes. A la vista del desarrollo posterior de los hechos creo que huelga hacer ningœn comentario al respecto.