EL PULSO DEL PLANETA
París se pone en forma
La capital francesa, hasta no hace mucho reacia al fitness, experimenta un boom de gimnasios de todo tipo. Desde los locales más baratos hasta las salas donde se ofrece «lujo asiático»
J. P. QUIÑONERO
CORRESPONSAL EN PARÍS
T ras la Coca-Cola, el chicle, el footing y las hamburguesas, París ha comenzado a importar de Estados Unidos, y adoptar como propia, la moda o tendencia de los gimnasios y salas de deporte, aportando matices de un «arte de vivir a la francesa».
En los últimos doce meses han aparecido en la capital unos quinientos establecimientos de este tipo, que oscilan entre el «lujo asiático» y el tenderete para sudar en compañía. Los pioneros locales, Club Med, Gim Club y Fitness Club, abrieron sus puertas a finales de los años setenta del siglo pasado. Sin pena ni gloria: las salas abrían y cerraban con relativa rapidez. Los más antiguos programas de gimnasia en la televisión tuvieron efímeros éxitos. Hasta que, en algún momento, hará un par de años, comenzó a florecer la nueva locura parisina, que ha estallado como negocio, como «alternativa» y como fruto de la nueva política urbana. La reordenación de las orillas del Sena, el año pasado, aceleró un movimiento de fondo, cuando comenzaron a florecer microgimnasios al aire libre, donde podía hacerse deporte, gratuitamente, ante un paisaje casi siempre sublime, junto al Sena.
Repentinamente comenzaron a florecer nuevas salas de gimnasia. Y los gigantes americanos del sector empezaron a instalarse en París, en los barrios más acomodados, donde la cuota del gimnasio puede estar entre los 1.500 y los 2.000 euros anuales.
No todos los parisinos pueden pagarse esos precios. También ha florecido una nube de gimnasios de barrio y salas más baratas, con precios más asequibles, en torno a los 20 o 30 euros al día y los 500 o 700 euros anuales.
Siguiendo las modas californianas de hace treinta o cuarenta años, los gimnasios y salas parisinas también han comenzado a especializarse. Hay salas para deportistas de fondo, para «jubiletas», para señores que desean cuidar muy diversas quejas o enfermedades. Incluso para ligar o buscar relaciones
ABC
amistosas de la más peregrina sensibilidad erótico-sentimental. Los aficionados al boxeo encontrarán su sala especializada. Los nadadores encontrarán la piscina acompañada de un club de lectura, o algo así.
Un viejo monumento local, como la legendaria Piscina Deligny -cuya primera inauguración se remonta a 1785-, ha reabierto sus puertas de piscina flotante, en el Sena, como club de altos vuelos, aportando su visión propia del gimnasio, la sala de deporte y el club de gran mundo. Esta piscina no solo se frecuenta para hacer gimnasia y cultivar el «body». Deligny no solo es una piscina. El «arte de vivir» parisino también propone al mismo tiempo otras alternativas, no solo gimnásticas. El deporte puede y debe ser compatible con la vida de sociedad, la moda, la cita gastronómica, la cita amistosa y/o sentimental, en un marco deportivo tocado con la gracia del lujo que no siempre está al alcance de todos los públicos. «Nobody's perfect».
VISTO Y NO VISTO
IGNACIO RUIZ-QUINTANO
ANA BOTÍN
Al patriarca le sucede su hija Ana, pero con mirada menos de presidenta de Banco que de emperatriz del Oriente
E spaña debe todo lo bueno a sus paletos (todo el que no es de Madrid), y Botín fue el más importante de los de su siglo.
En su estreno en ABC, Víctor de la Serna, cántabro de los que tan malos ratos dieran a Augusto, hizo la loa del paleto:
-El paleto es un ser benéfico. El paleto es trabajador, leal, decente, conservador, valeroso y soñador. Y es muy listo. El paleto es de vista larga, filósofo, socarrón, quietista, pero con repentinas proyecciones universalistas en que se le achica el mundo a fuerza de ambición.
El paleto, ay, da de comer a Madrid. Y de beber. Y le envía no sólo sus harinas y alubias, o sus anisados y espumosos, o sus fresas y perdigochas. El paleto le envía además la sangre joven y oxigenada que sostiene «una cierta cerrada guardia moral» que preserva acaso a Madrid de muchas podredumbres.
Al grande patrón de esta Casa, Guillermo Luca de Tena, Botín le enviaba cada año, en frío de nevero, por la época del andancio, una vacuna contra la gripe que le hacían en el «Pasteur» y que era como su manera fraterna de «pasteurizar» la amistad.
A nadie extrañe, en fin, que la muerte de Botín fuera recibida con dicterios por el comunismo latinoché (eso que aquí, dice Trevijano, va de la «enfermedad senil del comunismo» de Cayo Lara a la «enfermedad infantil del comunismo» de Pablo Iglesias), desde luego menos ingeniosos que los del joven Marx cuando un Rothschild besó la mano al Papa.
Al patriarca, como despide a Botín el «Financial Times», le sucede su hija Ana, que pasa, de paso, a ser para Inglaterra la española más alta desde Catalina de Aragón, pero con mirada menos de presidenta de Banco que de emperatriz del Oriente (que viene de oro) y en las portadas mira con ojos a cuyos lados caen los párpados (una sonrisa de Mona Lisa en cada ojo) con una morbidez que se inmiscuye en la mirada hasta comunicar al que mira cierta especie de contacto carnal, como Ramón viera en Wilde.
Una mujer de bandera.
El arte de vivir
El yoga acrobático (arriba, Usine) y el fitness «a la francesa» se han impuesto en el último año
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