Homo hispánicus

El «hombre-camaleón»

Esta especie autóctona cambia de piel y de cultura urbana para estar a la última. Pero el traje no le dura tres telediarios. A algún «hipster» no le ha dado tiempo a que le crezca la barba. Ahora hay que ser «muppie». Lo pone en internet

ÁLVARO MARTÍNEZ

C on el final del verano reabre sus puertas este museo del Homo Hispánicus, con toda esa etnología castiza que proporciona la especie ibérica y que se basa en las diferentes formas de ser que tiene el español. En la ampliación del edificio nos detendremos hoy en una de la últimas salas. Allí encontramos al «hombre-camaleón», el tipo que tarda un pestañeo en estar «a la última» y abraza determinada tendencia, normalmente llegada desde Estados Unidos, que acaba de descubrir en internet, pues es la red la principal fuente de inspiración de este subgrupo humano. Si hace treinta años encontrábamos cuatro o cinco fenotipos (pijos, macarritas, horteras y tipos normales, gente ni fu ni fa) y con eso nos íbamos orientando, ahora son decenas las que supuestamente existen gracias a la extraordinaria porosidad de estos ejemplares.

Cuando aquí hay «hipsters» a los que aún no les ha crecido del todo la barba, desde el pasado mayo esta familia ya está pasada de moda. Al parecer ha sido engullida por los «muppies», que ahora constituyen lo más moderno desde que salieran de la imaginación de la escritora Michelle Miller, que va camino de hacerse rica con una pamplina que, si nos atenemos a su repercusión en las redes sociales, ha hecho fortuna y creado una manera de ser que ya cuenta con una línea de moda. «Muppie» viene de «millennial» (la Generación del Milenio, que siguió a la Generación Y) y de la palabra «yuppie», que definía a aquellos jóvenes triunfadores de los ochenta que jugaban al squash.

el Erasmus como experiencia académica), practican el bikram y tienen toda la electrónica de la marca de la manzana.

El camaleón macho o hembra ya sabe que los «muppies» son adictos a las redes sociales, tienen entre 22 y 35 años (ni más ni menos), son bloggers, runners, han estudiado fuera (aceptamos

Si usted se cruza por la calle con uno no le será tan fácil reconocerlo como a un «hipster», a los que las gafas de pasta, la camisa de cuadros y las barbas (los tirantes eran aleatorios) iban pregonando. No, Miller ha querido dotar a este grupillo de un presunto fondito interior más espiritual, de tal manera que un «muppie», de Chamberí por ejemplo, es un tipo comprometido con lo sostenible, la alimentación cardiosaludable, el ejercicio físico y la cultura de ONG, además de hablar al menos dos idiomas y encantarle viajar. El dinero, dice su creadora, no es lo más importante. [Que se lo digan a ella, que vende el libro a 17 dólares]. Las características del «muppie» se repiten en cada una de las entradas que se encuentra del término en inter-

Verbolario net. Calcadas. Son centenares los reportajes, en papel o soporte digital, que se limitan a repetir , como dos gotas de agua, los rasgos que dibujó Miller.

El «hombre-camaleón» seguramente fue «grunge» en su día, luego «generación X», más tarde «millennials» y al final «retro» o sabe Dios. Si quiere más información sobre este aluvión de seres, las vitrinas de este museo ofrecen ejemplares de «canis», «frikis», «gamers», «darks», «otakus» o «emos». Discotequeros, raros, gente oscura o peleada con la vida, adictos al videojuego... La taxonomía es amplia, tanto que cuando usted termine de leer esto los «muppies» pueden ser historia y un «biólogo social» habrá alumbrado ya otra presunta especie que aquí procreará al minuto.

Quién sabe, quizá todo esto comenzó cuando a las magdalenas empezaron a llamarlas cupcakes...

POR RODRIGO CORTÉS

Paella, f. Comida basada en el arroz que, servida en restaurantes de playa, adquiere la forma y textura de un accidente.

Editado por Diario ABC, S. L., Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. Diario ABC, S.L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.404 D.L.I: M-13-58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 / Suscripciones 901 334 554 / Atención al cliente 902 334 555.

VISTO Y NO VISTO

IGNACIO RUIZ-QUINTANO

CHIVOLITO

Chivolito, humorista de velorio: da el pésame, se sienta junto al ataúd y luego se va al patio y comienza su función

C hivolito, mote de Salomón Noriega Cuesta, al que dicen Chivolito por una verruga en la frente, es un humorista de velorio reporteado por Alberto Salcedo Ramos:

-Chivolito llega al velorio a las ocho de la noche... Da el pésame a los deudos y se sienta al lado del ataúd. Allí permanece un rato en silencio, con el rostro desconsolado. Es su manera de expresar respeto por la ceremonia religiosa. Luego se va al patio y comienza su función, que suele prolongarse hasta el alba.

En este velorio de España el papel de Chivolito lo hizo ayer Felipe González, Gonzalón, con un artículo de fondo sobre Cataluña, de Tarradellas («¡Cony! ¡Quina Catalunya ens a deixat Franco!») a nuestros días, estos días azules y este sol de la infancia, que dijo el poeta soriano de Pdr Snchz.

Dice Gonzalón no tener responsabilidades (si se refiere a que nadie se las ha pedido nunca, lleva razón). También dice «gobernanza» (palabro robado a Strauss-Kahn) por «gobernación». Y «castellano» por «español», prueba de que no se le da bien ninguno de los dos. Más una disertación sobre la teoría de la conectividad de Arturo Mas, sacada urgentemente de algún apunte wikipédico sobre la noosfera del jesuita Teilhard de Chardin, padre de la Red. O sea, chivolitadas.

Porque nadie recuerda (él, desde luego, no lo hace) que fue Gonzalón, «superando la pesada herencia de la dictadura» (la misma que protegía a «Isidoro»), quien impuso el sistema electoral proporcional (base de la partidocracia) y las autonomías (la idea era colocar a la futura militancia de provincias). Gonzalón, amigo y jefe de Pascual Maragall, prologuista de Rubert de Ventós, filósofo bajo palabra de honor y con un amigo en «Madrit» que le imploraba que se quedaran en España:

-¡Si os vais de España, soy más moro!

«Moro», aquí, sólo era Gonzalón, a quien no encarceló nadie, ni siquiera Fraga, como dice otro Chivolito, Durán y Lérida, pues Fraga sólo encarceló a Trevijano… y para favorecer a Gonzalón.