EL GOLPE DE ESTADO CONTRA MAC˝AS EN MARZO DE 1969. ¿INTERVENCI N ESPA OLA O CONFLICTO INTERNO GUINEANO?

JosØ Lu s Rodr guez JimØnez *

Recibido: 25 junio 2016 /Revisado: 7 septiembre 2016 /Aceptado: 18 febrero 2017 /Publicado: 15 junio 2017

Resumen: La independencia de Guinea Ecuatorial fue mal planificada por el gobierno de Franco y tuvo un resultado adverso para los intereses pol ticos y econ micos espaæoles. Durante la fase final del proceso, el gobierno espaæol, dividido en materia de descolonizaci n, no consigui imponer uno de sus candidatos a la presidencia de la Repœblica cuando se celebraron las primeras elecciones. Tras la independencia, en octubre de 1968, las relaciones hispanoguineanas se deterioraron rÆpidamente, como consecuencia de la actitud anti espaæola del presidente Mac as y del no respaldo econ mico del estado espaæol al guineano. A comienzos de marzo de 1969, el ministro de Exteriores, Ndongo, intent un golpe de Estado contra Mac as, que fracas . Con documentaci n inØdita de diferentes archivos, este trabajo analiza los antecedentes y el desarrollo del golpe de Estado, para evaluar en quØ medida fue un conflicto interno guineano y en quØ medida hubo intervenci n espaæola, sin descartar la influencia de otros intereses estatales y privados.

Palabras clave: Relaciones Espaæa-Guinea, descolonizaci n Guinea Ecuatorial, independencia Guinea espaæola, pol tica de Castiella, golpe de Estado contra Mac as, evacuaci n colonos espaæoles.

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Abstract : The independence of Equatorial Guinea was badly planned by the Franco government and had an adverse outcome for Span- ish political and economic interests. During the final phase of the process, the Spanish government, divided in terms of decolonization, failed to impose one of its candidates for the presidency of the Republic when the first elections were held. After independence, in October 1968, Spanish-Guinean relations deteriorated quickly, as a result of the anti-Spanish attitude of President Mac as and the lack of economic support from the Spanish state to Guinea. At the beginning of March 1969, the Foreign Minister, Ndongo, tried a coup against Macias, which failed. With unpublished documentation from different archives, this work analyzes the antecedents and the development of the coup d'Øtat, to evaluate to what extent was an internal Guinean conflict and to what extent there was Spanish intervention, without ruling out the influence of other state and private interests.

Keywords: Spain-Guinea relations, decolonization of Equatorial Guinea, independence of Spanish Guinea, policy of Castiella, coup against Macias, evacuation of Spanish settlers.

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INTRODUCCI N

na serie de territorios insulares y continentales situados en el entorno del golfo de Guinea fueron colonia espaæola desde el œltimo cuarto del siglo XVIII, cuando las monarqu as de Espaæa y Portugal intercambiaron colonias, hasta 1968. El Estado U

espaæol coloniz Guinea de forma lenta e intermitente y en la mayor parte del territorio continental que le hab a tocado en el citado reparto no lleg a tener presencia alguna. Esta circunstancia, consecuencia del declive del imperio espaæol, fue aprovechada a finales del siglo XIX por los gobiernos de Par s y Berl n para apoderarse de la mayor parte de la Guinea espaæola, que qued reducida a 28.051 kil metros cuadrados. El crecimiento econ mico de esta colonia de explotaci n, denominada Territorios Espaæoles del Golfo de Guinea, entr en su fase mÆs expansiva cuando ya estaba en marcha el proceso de independencia de los pueblos africanos y en Naciones Unidas se hab a establecido un ComitØ Especial dedicado a Descolonizaci n, que ser a conocido como de los Veinticuatro. No obstante, la debilidad del nacionalismo guineano facilit la voluntad del gobierno de Franco de retrasar la descolonizaci n de Guinea Ecuatorial, extendida a los casos de Ifni y Sahara occidental.

Hasta casi el final de la etapa colonial, el gobernador general hab a sido la instituci n central de la administraci n en Guinea, dependiente del Ministerio de la Presidencia a travØs de su Direcci n General de Marruecos y Colonias, desde 1956 denominada de Plazas y Provincias Africanas. El aæo anterior, Espaæa hab a ingresado en la Organizaci n de Naciones Unidas (ONU). Los titulares de ese ministerio y de esa direcci n eran, respectivamente, Luis Carrero Blanco Carrero, quien estaba a punto de ascender a contralmirante y se consolidaba como principal asesor de Franco, y el general JosØ D az de Villegas. El gobierno franquista respondi a la petici n de la ONU de informaci n sobre territorios no aut nomos imitando los modelos francØs y portuguØs de territorios y provincias de ultramar, es decir, mediante normativas legales que defin an las colonias como provincias, en 1958 Sahara e Ifni y en 1959 Guinea. As , los Territorios pasaron a ser dos Provincias: R o Muni (26.000 kil metros cuadrados), integrada por el territorio continental de R o Muni, situado entre Camerœn y Gab n, y los islotes adyacentes de Corisco, Elobey Grande y otros; y Fernando Poo, por las islas de Fernando Poo (solo 2.034 kil metros cuadrados), que se encuentra en el golfo de Guinea o Biafra, mÆs pr xima a Nigeria y Camerœn que a R o Muni, territorio del que le separan 555 kil metros, y

Annob n (17 kil metros cuadrados), que se encuentra mÆs lejos, en direcci n suroeste, ya en el hemisferio sur (a unos 600 kil metros de la anterior, teniendo entre medias a la isla de Santo TomØ y Pr ncipe, que entonces era colonia portuguesa). La administraci n colonial siempre estuvo dirigida por militares, y as segu a siendo en el caso de Guinea; en la capital, Santa Isabel de Fernando Poo, resid a el gobernador general, al que secundaban dos subgobernadores, establecidos en esa ciudad y en Bata, principal ciudad del continente.

Segœn el censo de 1960, la poblaci n de la colonia era de 245.989 habitantes, de los cuales 62.612 viv an en Fernando Poo y 183.377 en R o Muni; en 1966 hab a crecido, hasta 260.000. La poblaci n ind gena estÆ formada principalmente por dos grupos Øtnicos que tienen sus ra ces en la familia de los bantœes: los bubis, oriundos de las tribus costeras de Camerœn y establecidos en Fernando Poo, y los fangs (tambiØn llamados pamœes) oriundos (como los de Camerœn y Gab n) de la sabana africana y establecidos en R o Muni 1 . Sin embargo, en cada provincia hab a grupos minoritarios: fernandinos, annoboneses y fangs en Fernando Poo (hoy Bioko); kombes, bengas, bujebas y ndoves en R o Muni. Debe citarse tambiØn a los trabajadores nigerianos, unos 32.000 en 1966, la mayor a contratados para las plantaciones de Fernando Poo, lo que significa que aportaban la mitad de la poblaci n de la isla. La poblaci n no africana era en casi su totalidad espaæola 2 .

El ComitØ de Descolonizaci n consider por primera vez la cuesti n de la Guinea espaæola en 1963. A finales de este aæo, el gobierno espaæol estableci una nueva estructura para el gobierno de la colonia, de forma que las dos provincias fueron consideradas como una sola entidad denominada Guinea Ecuatorial, a la que se dotaba de un rØgimen de autonom a, que entr en funcionamiento el 10 de julio de 1964. El presidente del Consejo fue Bonifacio Ond Edœ, fang de Evinayong, cat lico, conservador, propietario agrario y nacionalista moderado,

1 Buale Barik , Emiliano, El laberinto guineano drid, Iepala, 1989, pp. 14-18.

, Ma-

Nota informativa de la Direcci n General de `frica del MAE, 22 de febrero de 1968, varias pp., RAH-FC 3502/2.

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siendo uno de los fundadores del MUNGE, aunque hab a pasado unos aæos en el exilio, en Gab n y participado en la campaæa pro independencia en la ONU; y el vicepresidente y ministro de Obras Pœblicas Francisco Mac as Nguema, fang del interior, de escasa formaci n cultural pero vinculado desde su juventud a la administraci n colonial y propietario de una pequeæa plantaci n de cafØ. El gobierno de Espaæa estaba representado ahora por un comisario general, que ten a funciones de supervisi n con respecto a los rganos del rØgimen aut nomo.

Por las presiones de Naciones Unidas y de una parte de los pol ticos guineanos, sobre todo de los del exilio, el gobierno de Franco, aunque dividido en esta materia, acept otorgar alguna forma de independencia a la poblaci n. Decidi el siguiente itinerario: conferencia constitucional, referØndum sobre la constituci n y la ley electoral y elecciones a la Asamblea Nacional y a la presidencia de la que iba a ser Repœblica de Guinea Ecuatorial. Las elecciones fueron ganadas por Mac as. En marzo de 1969, su ministro de Exteriores, y antes antagonista pol tico, Atanasio Ndongo, intent derrocarle mediante un golpe de Estado.

Una parte de lo acontecido entre el 12 de octubre de 1968, fecha de la independencia, y el 5 de marzo de 1969, fecha del golpe de Ndongo contra Mac as, ha sido expuesto en las publicaciones aparecidas a partir de 1976. Sin embargo, una parte sustancial del quØ, c mo y por quØ de lo sucedido no ha sido tratado. Este trabajo trata de responder a la pregunta de si el golpe contra Mac as se debi solamente a una crisis interna o si, ademÆs, hubo implicaci n espaæola y, si la respuesta fuera positiva, por quØ fracas el golpe.

Nuestras fuentes principales son los estudios hist ricos sobre la colonizaci n y descolonizaci n de Guinea 3 , las memorias de quien fue

3 Ndongo Bidgoyo, Donato, Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial . Madrid, Editorial Cambio 16, 1977; Castro, Mariano de; Ndongo, Donato; Mart nez Carreras, JosØ Urbano, Espaæa en Guinea. Construcci n del desencuentro: 1778-1968 . Madrid, Sequitur, 1998; Liniger- Goumaz, Max, BrŁve histoire de la GuinØe quatoriale , Paris, Editions

embajador en Guinea 4 y su correspondencia diplomÆtica, un breve trabajo sobre la crisis hispano-guineana 5 , las obras de periodistas espaæoles sobre la descolonizaci n y las posteriores relaciones hispano-guineanas que se publicaron tras levantarse la clasificaci n de materia reservada a la informaci n relativa a Guinea Ecuatorial 6 , los estudios centrados en la figuras de Mac as y Ndongo 7 , y una serie de fuentes inØditas, que son entrevistas a personal militar y civil destinado en Guinea en el momento de producirse los hechos, memorias inØditas de dos de estas personas y, esta es nuestra principal aportaci n, documentaci n inØdita procedentes de varios archivos: Fondo Castiella-Ministerio de Exteriores depositado en la Real Academia de la Historia (FC-RAH), Archivo General Militar de `vila (AGMA), Archivo General del Ministerio del Interior (AGMI), Archivo Hist rico Nacional (AHN) y Archivo de Presidencia del Gobierno (APG).

L·Harmattan, 1988, y `frica y las democracias desencadenadas. El caso de Guinea Ecuatorial . Madrid, Claves para el Futuro, 1994; Ner n, Gustau, Guinea Ecuatorial, historia en blanco y negro . Barcelona, Ediciones Pen nsula, 1998; Campos Serrano, Alicia, De colonia a Estado: Guinea Ecuatorial, 1955-1968 . Madrid, Centro de Estudios Pol ticos y Constitucionales, 2002 ; Pardo, Rosa, 'El proceso de descoloniz ación', en Oreja Aguirre, Marcelino, y Sánchez Ma ntero, Rafael (coords.), Entre la historia y la memoria. Fernando Mar a Castiella y la pol tica exterior de Espaæa (1957-1969) . Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Pol ticas, 2007, pp. 81-134; Ekong Andeme, Pedro, El proceso de descolonizaci n de Guinea Ecuatorial , Madrid, Star IbØrica, 2010; Buale Barik , E., op. cit.; Muakulu Rondo Igambo, Fernando, Guinea Ecuatorial. De la esclavitud colonial a la dictadura nguemista , Barcelona, Carena, 2000.

4 DurÆn-Loriga, Juan, Memorias diplomÆticas , Madrid, Siddharth Metha Ediciones, 1999.

5 Mart nez Alc ázar, Javier, 'La crisis de marzo de 1969 en Guinea Ecuatorial', en Actas del II Coloquio Internacional de Estudios sobre `frica y Asia, Aldaba , 31, (octubre 2001), pp. 9-24.

6 FernÆndez, Rafael, Guinea. Materia reservada . Madrid, Sedmay Ediciones, 1976; Carrascosa, Luis, Malabo. Ruptura con Guinea . Madrid, Ediciones Mayler, 1977; Garc a Dom nguez, Ram n, Guinea. Mac as, la ley del silencio . Barcelona, Plaza y JanØs, 1977.

7 Ela, Francisco, Guinea. Los œltimos aæos . Santa Cruz de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1983; Nze Nfumu, Agust n, Mac as. Verdugo o v ctima . Madrid, Herrero y Asociados, 2004.

1. ANTECEDENTES

La coyuntura de la descolonizaci n de Guinea Ecuatorial

En todos los procesos de independencia influyeron elementos coloniales, metropolitanos e internacionales. A partir de esta premisa, Campos demuestra que, en el caso de la Guinea Ecuatorial, las fuerzas guineanas que se mov an en el contexto internacional tuvieron un papel importante en la retirada espaæola, pero que lo decisivo fue la labor de Naciones Unidas en favor de la descolonizaci n y la voluntad del gobierno espaæol de evitar una crisis internacional 8 . El gobierno de Franco acept , paulatinamente, las peticiones de Naciones Unidas por dos motivos. El primero, para evitar el riesgo de una condena en este foro internacional, situaci n que afectaba a Portugal, y, as , avanzar en el reconocimiento de Espaæa como miembro de la sociedad internacional. El segundo, para sumar apoyos a la reclamaci n de la descolonizaci n de Gibraltar, convertida por el hombre al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores (MAE), Fernando Mar a Castiella (1957-1969), en una de las principales l neas de actuaci n espaæola en Naciones Unidas 9 .

Oponerse a la descolonizaci n era ir contra la historia y ten a sus riesgos. Sin embargo, Espaæa iba muy retrasada en esta cuesti n. Cuando dio comienzo 1968 solo quedaban por descolonizar en `frica las posesiones portuguesas, SudÆfrica, Rodesia del Sur, Guinea Ecuatorial, Ifni y Sahara occidental. Se hab an producido luchas internas en varios pa ses, entre estos en el ex Congo belga, aqu muy graves, con matanzas entre grupos Øtnicos nativos y de colonos europeos, y hubo inestabilidad y guerra en Estados lim trofes con la Guinea Espaæola. En Gab n, nominalmente independiente en 1960, un golpe de Estado, en 1964, hab a sido reprimido

8 Campos Serrano, Alicia, 'The Decolonization of Equatorial Guinea: The Relevance of the International F actor', The Journal of African History , vol. 44, n' 1, pp. 95-116; y De colonia a Estado , op. cit., pp. 1819, 98 y 234-235.

9 Campos Serrano, A., op. cit., pp. 21 y 93; Pardo, Rosa, op. cit., pp. 95-101; y SÆnchez Matero, R., 'Castiella y Gibraltar', en O reja Aguirre, M. y SÆnchez Mantero, R., op. cit., pp.135-152.

mediante la intervenci n militar francesa, un coste econ mico y en imagen internacional que dif cilmente podr a afrontar el franquismo. En Nigeria, la situaci n era peor, con dos golpes de Estado, en 1966, aæo en el que las luchas tribales ocasionaron miles de v ctimas, antes del inicio, en 1967, de la guerra de Biafra, una guerra civil en una de las tres regiones federadas de Nigeria, que enfrent a dos grupos Øtnicos, los ibos y los hausas, con el trasfondo de la competencia entre varios Estados por el petr leo. A las autoridades espaæolas les preocupaba la posibilidad de que ese conflicto incendiase la situaci n en Fernando Poo, territorio pr ximo a la costa nigeriana, pues la mayor a de la mano de obra para las plantaciones proced a de esa regi n.

Por otro lado, a la altura de 1967-1968, Guinea supon a una carga para la hacienda espaæola y una transferencia de fondos pœblicos al sector privado debido a los gastos de la administraci n colonial, las inversiones pœblicas y el tratamiento fiscal que ten a la colonia. A diferencia de las colonias portuguesas, la pequeæa Guinea espaæola no hab a sido relevante para los intereses metropolitanos. No obstante, la colonia hab a pasado de ser una estaci n de aprovisionamiento a buques en el Golfo de Guinea a econom a exportadora de materias primas y productos alimenticios hacia la metr poli, y ahora hab a mÆs intereses privados en juego. La actividad econ mica estaba en manos de unas pocas compaæ as dedicados al cacao en Fernando Poo y a la madera y el cafØ en R o Muni, que obten an cuantiosos beneficios gracias al sistema colonial y a las medidas protectoras para su comercio; las exportaciones a la Pen nsula hab an crecido mucho, sobre todo de cacao y madera (las concesiones se duplicaron entre 1950 y 1967) 10 . Por otro lado, si al Estado espaæol Guinea le costaba dinero, esto no significa que careciese de intereses all , pues podr a ser mercado para la industria espaæola y proveedor de hidrocarburos.

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Campos Serrano, A., op. cit., p. 37; Carnero Lorenzo, F.; Díaz de la Paz, Álvaro, 'Aproximación a la econom a de Guinea Ecuatorial durante el per odo colonial', Historia ContemporÆnea (2014), pp. 710 y 725-727.

Que el nacionalismo guineano fuese dØbil y parcialmente acomodaticio a las decisiones de la metr poli era una ventaja para planear un nuevo Estado amigo de Espaæa. Los nacionalistas guineanos del exilio y del interior hab an creado una serie de partidos pol ticos; los principales eran Idea Popular de Guinea Ecuatorial (IPGE), Movimiento Nacional de Liberaci n de Guinea Ecuatorial (MONALIGE), estos dos de tendencia izquierdista, mÆs el primero, y anticolonialistas, y Movimiento de Uni n Nacional de Guinea Ecuatorial (MUNGE), este de ideas conservadoras y propicio al entendimiento con el poder colonial. Algunos dirigentes de estos partidos llevaron su reclamaci n de independencia a la ONU y la Organizaci n para la Unidad Africana (OUA), mientras otros eran parte de la administraci n colonial. Estos y otros partidos no eran legales en Guinea, la colonia de una dictadura, pero, paulatinamente, a partir del plebiscito de diciembre de 1963 sobre la Ley de bases de rØgimen aut nomo, una parte de sus actividades fueron toleradas, al tiempo que se invitaba a regresar a los exiliados 11 .

A mediados de la dØcada de 1960, no exist a unidad de criterios en el gobierno espaæol en materia de descolonizaci n, pero se iba imponiendo, porque Franco la acept , la idea de dar paso a la independencia de Guinea y, a continuaci n, devolver Ifni y conservar, durante un tiempo o para siempre, el Sahara occidental.

El enfrentamiento Carrero-Castiella

Dos Ministerios, con sus respectivos apoyos dentro y fuera del Consejo de Ministros, chocaron en pol tica exterior, incluyendo la referida a colonias. Hasta comienzos de la dØcada de 1960, la responsabilidad de la pol tica colonial hab a correspondido a Presidencia del Gobierno y en menor medida a los ministerios militares, e incluso a la muy influyente iglesia cat lica. Mientras tuvo en sus manos la pol tica para las colonias, la postura de Carrero fue de inercia. Cuando aument la presi n de la ONU y comenz a perder competencias, en detrimento del MAE, su postura fue la de retrasar el mÆximo tiempo posible la descolonizaci n de Guinea y la de plantear en su c rculo de colaboradores la idea de Fernando Poo como Estado

11 Campos Serrano, A., op. cit., p. 190.

' Historia Actual Online , 43 (2), 2017: 35-57

asociado a Espaæa y la de prolongar la situaci n colonial del Sahara occidental 12 . Carrero era un militar y pol tico en ascenso, hasta ser la mano derecha del dictador: en 1963 ascendi a vicealmirante y en 1966 a almirante, y en septiembre de 1967 Franco le nombr vicepresidente del Gobierno y le mantuvo como ministro de la Presidencia. Para entonces, Castiella llevaba diez aæos al frente del MAE. Exteriores gan protagonismo en materia de descolonizaci n porque aument la presi n de la ONU y quien representaba a Espaæa all era un embajador y porque en el Consejo de Ministros se acept la independencia de Guinea y la retrocesi n de Ifni, pero el conflicto en esta y otras materias entre Presidencia y Exteriores fue largo, y en el caso de Guinea 'una de las con stantes' de todo el proceso; de form a que la actitud del gobierno estarÆ determinada por las presiones descolonizadoras (ONU y nacionalistas) y por 'las reacciones encontradas de dos sectores distintos del gobierno franquista' 13 .

El anuncio hecho en diciembre de 1965 por el representante espaæol en la ONU de convocar una Conferencia Constitucional para encauzar las aspiraciones pol ticas de los guineanos situ a Exteriores como protagonista principal del proceso de independencia de Guinea 14 . De la bibliograf a y la documentaci n consultada no se extrae la idea de que Exteriores tuviese un plan propio de actuaci n, algo l gico al principio, dado que sus competencias eran crecientes pero parciales, sino que se acomod a las demandas de Naciones Unidas. De esa presi n, de las interferencias de los empresarios espaæoles en la colonia, de las demandas de los nacionalistas guineanos, de las exigencias de los separatistas bubis y del boicot y paulatina aceptaci n parcial de la independencia por parte de Presidencia salieron distintas alternativas: unidad territorial y pol tica en una repœblica independiente, que es lo que la ONU y la OUA, defensoras del respeto a las fronteras coloniales en la descolonizaci n, y la mayor a de dirigentes fang demandaban; Estado integral, compuesto

12 Rodr guez JimØnez, J. L., Agon a, traici n, huida. El final del Sahara espaæola , Barcelona, Cr tica, 2015, pp. 84-88 y 254-263.

14 Campos Serrano, A., op. cit., pp. 229 y 234-236.

13 Campos Serrano, A., op. cit., pp. 21 y 98; y Pardo, Rosa, op. cit., pp. 104-111.

por dos territorios aut nomos, con estatutos propios, conjugando el sentimiento de una nacionalidad comœn y de unas peculiaridades locales; Estado asociado a Espaæa; y dos Estados guineanos, R o Muni, con independencia plena, y Fernando Poo, con formato de Estado asociado. Desde el momento en que despeg el nacionalismo guineano, representantes bubis plantearon la separaci n administrativa y econ mica de los territorios insular y continental, postura que tiene su raz n de ser en las prebendas econ micas que ven an disfrutando (cargos en la administraci n, propiedades agr colas y participaci n en el negocio de la contrataci n de nigerianos) y en el temor a ser dominados por los fang, y que era alentada por los grandes propietarios y la mayor a del personal militar y civil espaæol all destinado.

Figuras destacadas de este movimiento separatista, y en general propicio a la continuidad colonial o a la separaci n de R o Muni y a una estrecha relaci n con Espaæa, eran el presidente de la Diputaci n Provincial de Fernando Poo, Enrique Gori, y los consejeros de gobierno bubis, entre estos el de Sanidad, Gustavo Watson.

Cuando en 1967 se convoc , con retraso, la Conferencia Constitucional result que su nombre era una ficci n, pues sus funciones no fueron delimitadas por la parte convocante, excepto la de ser una mesa para el diÆlogo. La delegaci n guineana qued integrada por personal al servicio de las administraciones aut noma y espaæola (procuradores en Cortes y consejeros nacionales del Movimiento), miembros de los partidos guineanos y representantes de las minor as Øtnicas. En la delegaci n espaæola, la direcci n correspond a a Exteriores, por lo que el presidente fue Castiella. Sin que se dijera, parec a que el plan espaæol era el siguiente: que los guineanos aceptasen una declaraci n de principios, que establecer a la filosof a de una estrecha relaci n de la nueva repœblica con Espaæa, que deb a materializarse antes de la independencia en una serie de tratados, as como una constituci n, que se les presentar a perfilada, para que ellos diesen el visto bueno con algunos matices y el Gobierno la adoptase como propuesta guineana y la sometiese a referØndum en Guinea. La idea, parcialmente compartida por Presidencia y Exteriores, sali mal, por varios motivos: ambos ministerios no cola- boraron para llevarla a cabo, lo que exig a un plan de trabajo con contenidos consensuados por sus titulares y negociados con los dirigentes guineanos mÆs influyentes (a los que se potenciar a), y, por el contrario, apostaron por distintos l deres guineanos como futuras cabezas de ese Estado amigo de Espaæa; percibida la divisi n espaæola para apoyar a un l der nacionalista, el margen de movimiento de los pol ticos guineanos fue mayor; y, ademÆs, aparte de los intereses del gobierno espaæol y de los l deres guineanos, hab a otros intereses en juego.

La Conferencia Constitucional: Una triple frac-

tura

La Conferencia fue inaugurada el 30 de octubre de 1967 y pronto suspendida por Exteriores, sin haberse alcanzado el objetivo, no definido, de establecer las instituciones y la constituci n del futuro Estado y los mecanismos de transmisi n de poderes por la metr poli. El director general de `frica reconoci que, una vez que, de cuatro comitØs, se diera primac a al ComitØ Pol tico, y, careciendo de 'un orden del día determinado', se celebraron diez reuniones entre el 2 y el 15 de noviembre consistentes en un debate general 'en el que los portavoces de los varios part idos, grupos e instituciones' expusieron sus puntos de vista, a veces hablando en nombre de su grupo y otras en nombre propio, y los debates se centraron no en c mo mantener los v nculos Espaæa-Guinea, sino en dos temas no apetecidos por Exteriores. Pues dirigentes de IPGE, MONALIGE y MUNGE, que acaban de constituir en Bata un organismo denominado Secretariado Conjunto 15 , presentaron un documento, firmado en Madrid por veintinueve miembros de la delegaci n guineana, con fecha de 28 de octubre, justo antes del comienzo de la Conferencia, en el que detallaban sus peticiones bÆsicas: la formaci n de un gobierno provisional inmediatamente despuØs de la Conferencia, celebraci n de un referØndum o elecciones previas a la concesi n de la independencia y que esta se proclamase en una fecha no posterior al 15 de julio de 1968. Hubo buenas palabras para la metr poli, sin compromiso ni concreción sobre cómo mantener 'los estr echos lazos de unión', pero, sabiendo que las elecciones estaban cerca, todos los l deres mos-

15

Campos Serrano, A., op. cit., p. 248.

traron un perfil reivindicativo. Tanto el presidente del gobierno aut nomo, Ond , como el vicepresidente Mac as, que, de ser un escalador de puestos en la administraci n colonial, ahora trataba de ganar protagonismo como cabeza de los independentistas, y los l deres de los tres partidos nacionalistas 'mantuvieron que la Conferencia no podr a hacer mÆs progresos hasta que se hubiese recibido una respuesta del Gobierno espaæol en relaci n con estas peticiones básicas'. Sucedió, además, que los dirige ntes bubis, Gori, Watson y otros, tra an un documento en el que ped an la autodeterminaci n separada de cada uno de los territorios. A este planteamiento se opusieron los tres partidos nacionalistas citados, partidarios de la independencia inmediata y de la integridad territorial, por principio y para no perder la que era entonces la parte mÆs pr spera del territorio; la Uni n DemocrÆtica de Fernando Poo adopt una posici n intermedia, al abogar por la creaci n de un Estado federal compuesto de dos regiones aut nomas 16 . El 15 de noviembre, la delegaci n espaæola, que no particip en estos debates, manifest que la Conferencia se aplazaba, sin declaraci n alguna, ni sobre los puntos tratados ni respecto al futuro de la colonia.

En diciembre, la Resoluci n de la ONU sobre Guinea tuvo por primera vez el voto favorable de Espaæa, sin pronunciarse sobre la fecha de independencia. No por ello el equipo de Carrero y una parte de los dirigentes bubis, a veces coordinados entre s , dejaron de boicotear el proyecto de Exteriores.

Mientras Mac as consigue financiaci n privada, Ndongo se ofrece al MAE para dirigir un gobierno provisional

La documentaci n de Exteriores muestra la continuidad del boicot al proceso descolonizador por actores ya citados y la aparici n de otros nuevos, algo normal cuando va a surgir un nuevo Estado y, con Øl, oportunidades de negocios y de influencia pol tica con distintos fines.

Las grandes firmas comerciales que actuaban en Guinea ten an contactos con pol ticos guineanos y espaæoles y, tambiØn, en el interior de

Nota informativa de la Direcci n General de `frica del MAE, 22 de febrero de 1968, pp. 6 y 7, RAH-FC

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una red mÆs amplia, de la que formaban parte algunos de esos pol ticos, despachos de abogados, entidades bancarias y organismos oficiales con sede en Madrid, tales como el ComitØ Sindical del Cacao, que estaba adscrito a la Direcci n General de Plazas y Provincias Africanas, Sindicato Maderero y Proguinea, que controlaba la producci n de cafØ. En enero de 1968, uno de los contactos guineanos del MAE, Francisco SalomØ Jones, medio bubi y vicepresidente del MUNGE, inform a Caæadas de que Øl y otros pol ticos guineanos hab an mantenido en Barcelona varias reuniones con representantes de intereses econ micos espaæoles en Fernando Poo, el principal Portabella 17 , y que este les hab a asegurado que solo la separaci n de la isla 'garantizaría sus intereses' y que, si alg unos bubis y los residentes fang tratasen de oponerse, contaba con la promesa del env o de tropas desde la Pen nsula. TambiØn inform , y esta cuesti n la confirman varios documentos del MAE, de que Watson, el consejero de Sanidad, era la cabeza del grupo guineano que, de acuerdo con nigerianos radicados en Fernando Poo de etnia ibo, trabajaba para la creaci n de un nuevo pa s conformado por los territorios de Fernando Poo y Biafra 18 .

Mientras, Ond , fang meridional, trabajaba para seguir siendo el pol tico guineano preferido por Carrero, pero tambiØn para ganarse a Castiella; a ambos les pidi que el acceso de su pueblo a la independencia se hiciese 'sin i mpremeditaciones ni ligerezas' 19 . Por su parte, el 13 de enero, Mac as, que unos meses atrÆs hab a abandonado el MUNGE para ingresar en el MONALIGE, dirigi , con dos de sus colaboradores, un escrito a la ONU en el que alud an a 'maniobras y dilaciones' por parte del G obierno espaæol 20 , y despuØs, el d a 29, escribi a Castiella. En su carta al 'gran estadista', Macías

17 Francisco PØrez Portabella, miembro de la junta directiva de la Casa de Guinea en Barcelona, 'Repe rcusiones de la independencia de Guinea', ABC , 27-71968, p. 31.

18 Nota informativa del secretario general del Consejo Superior del MAE, 22-1-1968, pp. 1-2, RAH-FC, 3470/21.

19 Carta de Ond a Castiella, 14-3-1968, p. 2, RAH-FC 3529/3.

20 Nota informativa del MAE, 'El tema Guinea ante el Comité de los Veinticuatro', 13 de marzo de 1968, p. 1, RAH-FC 3523/7.

le solicitaba la pronta reanudaci n de la Conferencia Constitucional, la celebraci n de elecciones generales y el traspaso del poder al Gobierno surgido de esas elecciones 21 . Con esta carta, Mac as dispon a de un documento que le dar a protagonismo y se lo restar a a Ond , y en menor medida a Ndongo. Este, fang de R o Benito y secretario general del MONALIGE, era el pol tico guineano con mÆs experiencia internacional y, entre los principales, el de mÆs claro perfil anticolonialista, por sus aæos de exilio en Gab n, Argelia y Camerœn y sus viajes a pa ses comunistas, incluida la URSS, y sus intervenciones contra el gobierno aut nomo y pro independencia en la ONU. No obstante, en 1966 hab a aceptado la oferta de abandonar el exilio y desde entonces se mov a entre Nueva York, Guinea, donde se entrevist con el comisario general y miembros del Consejo de Gobierno, y Madrid, donde en febrero del aæo siguiente fue recibido por Castiella y tambiØn por Carrero 22 .

Castiella logr neutralizar las maniobras de Carrero en el Consejo de Ministros, pues todav a contaba con el respaldo de Franco para su pol tica descolonizadora. Comunic a sus colaboradores que, en la reuni n extraordinaria del Consejo de Ministros sobre Guinea, presidida por el Jefe del Estado el 31 de enero, se hab a decidido fijar la reanudaci n de la Conferencia Constitucio nal 'en la fecha más próxima posible -probablemente en marzo'. Debían aprov echarse las semanas hasta esa fecha para elaborar los textos 'que han de servir de base para la redacci n en su d a de la constituci n del nuevo Estado, as como los tratados de cooperaci n y ayuda que habrÆn de ser presentados oportunamente al pueblo de Guinea para su libre aceptación'. De acuerdo con lo decidido en el Consejo de Ministros, la Constituci n deb a establecer un solo Estado, salvaguardando 'mediante fórmulas políticas y administrativas adecuadas los derechos y los intereses leg timos de los habitantes de Fernando Poo' 23 .

En efecto, por decreto-ley de 17 de febrero, se anunci la segunda fase de la Conferencia. Fal-

21 La carta en RAH-FC 3481/2.

22 Campos Serrano, A. op. cit., pp. 238-240 y 272.

23 Comunicado en Carta n' 31 de la Direcci n de `frica y Pr ximo Oriente, MAE, a PiniØs, 31-1-1968, pp. 1-2, RAH-FC 3481/1.

taba establecer el procedimiento para la independencia. Fue el ministro Castiella quien trat esta cuesti n en el discurso inaugural de la segunda fase de la Conferencia. Afirm que su voz era la del Gobierno cuando cit los objetivos y cit dos temas que entend a conexos, el primero referido a los lazos comunes entre Espaæa y Guinea y el deseo de España de establecer 'r elaciones de cooperación' y defender 'los disti ntos intereses comunes', sin concretar, y el s egundo referido a las normas fundamentales de organizaci n del nuevo Estado y el camino a la independencia. El itinerario lo ten a perfilado. El primer paso era el acuerdo sobre la constituci n y la ley electoral. El segundo, la consulta popular sobre ambos documentos. El tercero, si eran aprobados, la formación de 'un Gobierno provisional', configurado 'c on arreglo a una disposici n transitoria incluida en el texto constitucional', el cual se haría cargo con carácter transitorio de la Administraci n. El cuarto, este Gobierno presidir a las elecciones generales para todos los puestos elegibles previstos en la Constitución y prepararía 'los borradores de los acuerdos de cooperaci n que el Estado ya independiente de Guinea Ecuatorial firme, en su día, si así lo estima oportuno, con España'. El quinto y último, constituido el Estado y 'elegido el Gobierno defin itivo', las autoridades españ olas efectuarÆn la transmisi n de poderes y proclamarán la independencia, esto 'en la fecha mÆs pr xima posible y, en todo caso, dentro del presente año de 1968', y dicho con un consejo: cuanto mÆs rÆpido se llegase a un acuerdo mÆs pronto llegar a la independencia 24 . Ahora s hab a un plan.

Para salvaguardar los que consideraba intereses de Espaæa, y ademÆs salvar la cara ante Presidencia, el MAE pretendi que la delegaci n guineana aceptase un modelo de Constituci n elaborado por asesores de la delegaci n espaæola, as como una serie de tratados que habr an de regular las futuras relaciones hispanoguineanas. No tuvo Øxito en ninguno de estos dos objetivos. Campos Serrano escribe que no hubo dos bandos, uno espaæol y otro guineano, y tampoco dos bandos espaæoles y dos o tres guineanos, sino que lo que complic todo fuer on 'las intrincadas relaciones' establecidas

24 Discurso de Castiella 17-4-1968, pp. 8, 9, 11, 13, 14 y 15, RAH-FC 3549/9.

'entre elementos de la colonia y elementos metropolitanos' 25 . El enfrentamiento MAEPresidencia era conocido por los pol ticos guineanos. As las cosas, era muy dif cil que tuviera Øxito la apuesta del MAE por un pol tico distinto a Ond , que era Ndongo, como candidato a dirigir el futuro gobierno guineano. Durante los tres aæos anteriores, el MAE y Ndongo hab an ido tendiendo puentes y, ademÆs, el guineano se convirti en el candidato del sector maderero, que esperaba de Øl que garantizara sus propiedades y olvidara las disposiciones que obligaban a sustituir con nuevas plantaciones las talas en los bosques guineanos 26 . Sin embargo, otro pol tico, con escasa experiencia internacional, pero mÆs conocido en su pa s, gan posiciones durante la Conferencia, gracias a apoyos interesados y la incapacidad del gobierno espaæol en impedirlo. En el ascenso de Mac as confluyeron su capacidad para convertirse en la cabeza visible del grupo mayoritario de la delegaci n guineana que, para dotarse de unas seæas de identidad, hab a adoptado el nombre de Secretariado Conjunto, integrado en octubre del aæo anterior por 29 pol ticos (incluidos Ond y Ndongo, que lo abandonaron), y ahora por 23, y tambiØn para dividir el MONALIGE en dos fracciones, una pro Ndongo y otra pro Mac as, y el apoyo que recibi de algunos espaæoles que actuaban por su propio interØs y, tal vez, al servicio de otros. Por circunstancias no bien conocidas, Antonio Garc a-Trevijano, notario excedente, abogado en ejercicio, apoderado del diario Madrid y relacionado con el antifranquismo, asesor y financi al Secretariado Conjunto. Los m viles de Garc a-Trevijano eran pol ticos, fastidiar los planes del Gobierno, y econ micos. Fue un ex colono procesado por estafa o expulsado por su relaci n con los nacionalistas, Francisco GonzÆlez Armijo, quien puso en contacto a miembros del Secretariado Conjunto con Garc a-Trevijano 27 , sin que estØ claro de quiØn vino la iniciativa. Como Øl mismo ha reconocido 28 , ademÆs de dinero y consejos varios, este abogado proporcion al Secretariado un proyecto constitucional que oponer al de

25 Campos Serrano, A., op. cit., p. 269.

26 Pardo, Rosa, op. cit., p. 115.

27 Ekong Andeme, P., op. cit., p. 436, e informaci n del mismo a Campos Serrano, A. op. cit., p. 275.

28 Garc a Trevijano, A., Toda la verdad. Mi intervenci n en Guinea , Barcelona, Dronte, 1976.

la delegaci n espaæola y, posiblemente, influy para encumbrar a Mac as entre quienes se opon an al plan metropolitano. En el MAE supieron que había 'intereses económicos inte rnacionales' en juego y que García -Trevijano: 'no solamente facilita textos sino que ha pr oporcionado al grupo abundantes medios económicos' 29 .

La Conferencia tuvo un resultado calamitoso para su principal responsable, el MAE. Carrero dej claro que el resultado no ser a responsabilidad suya. El director general de Plazas y Provincias Africanas, general D az de Villegas, abandon las reuniones y se hizo representar por otros delegados de su Direcci n 30 , que tuvieron un papel pasivo. El primer proyecto de Constituci n presentado por los tØcnicos espaæoles, que establec a un sistema pol tico democrÆtico y presidencialista y para la organizaci n territorial un modelo auton mico para las dos provincias, mereci el rechazo de la mayor a de los delegados guineanos, que se agruparon en torno a dos proyectos distintos: el primero, sostenido por diez delegados de Fernando Poo y de etnia bubi, capitaneados inicialmente por Gori y Watson (el primero acab aceptando un solo Estado), reclam de nuevo la independencia de la isla; el segundo, defendido por veintitrØs delegados procedentes de los dos territorios (ser a conocido como Grupo de los 23), pilotado por Mac as, propon a un sistema presidencialista con ejecutivo fuerte y Estado unitario sin autonom a para las regiones. Es decir, treinta y tres de los cuarenta y cuatro delegados guineanos se posicionaron en contra de lo que la delegaci n espaæola quer a que se aprobase como resultado del debate. El MAE no consigui moverles de esa posici n ofreciendo versiones revisadas del proyecto, en el que trabaj Miguel Herrero de Miæ n, y tampoco los dirigentes guineanos mÆs propicios a Espaæa, Ond , sin autoridad entre los suyos, y ademÆs enfermo, y Ndongo, que deseaba la jefatura del gobierno provisional citado por Castiella. Parte de la negociaci n con Ndongo y su mano derecha, Saturnino Ibongo, la llev Herrero de

29 Telegrama n' 185 de Castiella a PiniØs, 16-5-1968, RAH-FC 3574/1, y RAH-FC 3577/2.

30 Carta de Castiella a Carrero, 1-6-1968, p. 3, RAHFC 3586/1.

Miæ n 31 , y tanto Øl como varios documentos del MAE citan la labor favorable de Ndongo y en general del sector del MONALIGE que le segu a. AdemÆs en el MAE cre an que, as como la mayor parte de los empresarios del cacao azuzaban al grupo bubi a posturas extremistas, otros intereses del cacao y el 'grupo maderero' h abían contactado con Ndongo 'con el fin de e ncontrar una l nea media de carÆcter moderado' 32 . Sin embargo, como dec amos, Ndongo no logr que un grupo significativo de delegados guineanos apoyase las propuestas espaæolas en la Conferencia. El 22 de junio, tras 30 sesiones plenarias y al menos 45 reuniones de comisiones, el presidente clausur la segunda fase de la Conferencia Constitucional. No se hab a votado ni el proyecto de Constituci n ni el de la Ley Electoral, y tampoco una Declaraci n de Intenciones, en la que la parte de cooperaci n econ mica era la principal, que la Mesa deseaba que fuera suscrita por los guineanos. La Mesa no se atrevi a plantear su votaci n y la Conferencia termin sin que los guineanos hubiesen asumido compromiso alguno del futuro Estado de Guinea Ecuatorial para con Espaæa.

El 11 de julio, el embajador PiniØs anunci ante el ComitØ de los Veinticuatro el itinerario final para la independencia: aprobaci n por las Cortes Espaæolas de la ley que autorizaba al Gobierno a conceder la independencia (ser a el d a 24 de ese mes), celebraci n del referØndum constitucional el 11 de agosto, y de elecciones para elegir gobierno de acuerdo a la Constituci n (por sufragio universal exclusivamente entre las personas consideradas nacionales guineanas) en la primera quincena de septiembre, y finalmente independencia el d a 12 de octubre, reconociendo que esa fecha hab a sido fijada por el MONALIGE, partido 'que sin duda arrastra un considerable apoyo en Guinea Ecuatorial' 33 . De los planes del MAE segu a en pie la idea de independencia unitaria s o s , y poco mÆs.

31 Herrero de Miæ n, Miguel, Memorias de est o , Madrid, Temas de Hoy, 1993, p. 37.

32 MAE, 21-5-1968, pp. 3-4, RAH-FC 3577/2; y carta de Castiella a Carrero, 1-6-1968, p. 3, RAH-FC 3586/1.

33 Intervenci n de PiniØs ante el ComitØ de los Veinticuatro, 11-7-1968, RAH-FC 3607/3.

Las elecciones a la presidencia de la Repœblica

Los Ministerios de Exteriores y de la Presidencia no ejecutaron un plan conjunto y en lo hecho hubo mucho de improvisaci n. Cuando llegaron las elecciones, en vez de concentrar su apoyo en un candidato, dieron su respaldo a tres y ninguno de ellos fue el vencedor.

El domingo 11 de agosto se celebr el referØndum constitucional. Ond y Ndongo hicieron campaña por el sí a 'un Estad o independiente y soberano, democrÆtico y social, constituido por dos provincias aut nomas: Fernando Poo y R o Muni'. En contra se posicionaron los separati stas bubis y el Secretariado Conjunto, lo que supon a el fraccionamiento del MONALIGE y del MUNGE. El texto fue votado favorablemente por el 63% de los electores, pero en Fernando Poo el s gan por menos de trescientos votos de diferencia.

Mediante decreto, el gobierno espaæol declar aprobada la Constituci n y convoc elecciones a la presidencia de la Repœblica, la Asamblea y los Consejos provinciales, para el 22 de septiembre. Concurrieron todos los partidos y varios candidatos a la presidencia de la Repœblica, tres con expectativas de ganar. El resultado no fue amaæado, por el deseo del gobierno espaæol de quedar bien ante la misi n observadora de Naciones Unidas. Mac as ten a mejores bazas, el apoyo intelectual y econ mico de Garc aTrevijano 34 y ahora un s lido respaldo pol tico, al convertir en su plataforma al Secretariado Conjunto, en la que permanec an parte del MONALIGE y del MUNGE, y la mayor a del IPGE 35 , y jug bien sus propias cartas, que eran un discurso demag gico, populista y nacionalista, con contenidos progresistas en lo econ mico y social, al tiempo que dispuesto al entendimiento con Espaæa. Desde la perspectiva europea, era un pol tico mediocre, pero sus capacidades destacaban en el escenario concreto de las elecciones y al compararse con las de los otros candidatos: dotes oratorias para dirigirse a un pœblico en general de mentalidad primitiva, con juicios vehementes y faltos de rigor' 36 ,

34 Documentaci n ya citada y opini n entonces del MAE en RAH-FC 3622/13.

35 Campos Serrano, A., op. cit., p. 307.

36 Ndongo Bidgoyo, D., op. cit., p. 129.

en los que recurr a a la fantas a y a la demagogia para construir 'sus teorías sublimes de grandeza y de revolución' 37 , y en su idioma materno, el fang, se manejaba mejor que Ndongo 38 . Era de carÆcter introvertido, suspicaz, muy desconfiado y carente de equilibrio emocional, con complejos, de inferioridad con los extranjeros y la gente instruida de su pa s, y de superioridad con la gente comœn 39 , en todo lo cual algo ten an que ver problemas de audici n y gÆstricos 40 .

Por lo que se refiere a la Presidencia de la Repœblica, ningœn candidato se impuso con mayor a absoluta. Quien mÆs votos obtuvo fue Mac as, seguido por Ond , y a bastante distancia qued , con la mitad de votos, Ndongo, y muy por detrÆs Bos o. Segœn establec a la Constituci n, los dos candidatos mÆs votados participar an en una segunda vuelta electoral. Actuando con rapidez y eficacia, Mac as logr aislar a Ond : a cambio de dos promesas, carteras ministeriales y una autonom a mÆs amplia que la recogida en la constituci n para Fernando Poo, Mac as consigui el respaldo de Ndongo y Bos o, que hicieron o dos sordos a lo deseado por el gobierno espaæol. Esta maniobra permiti a Mac as hacerse con la victoria el 29 de septiembre. De acuerdo con la promesa de reparto de carteras, Mac as form un gobierno de coalici n: se reserv la cartera de Defensa y design a Bos o vicepresidente y ministro de Comercio y a Ndongo (que le aport mÆs votos) ministro de Asuntos Exteriores, mientras que a Torao, otro dirigente del MONALIGE, le entreg la presidencia de la Asamblea. El gobierno espaæol reconoci oficialmente el resultado de las elecciones y design embajador en Santa Isabel a Juan DurÆn-Loriga, al que Mac as concedi el placet.

Para adecuarse a la nueva situaci n, y como forma de presi n sobre el futuro presidente, antes de la segunda vuelta electoral, el 24 de septiembre, el gobierno de Franco hab a reor-

37

38 Ndongo Bidgoyo, D., op. cit., p.129.

Nze Nfumu, A., op. cit., p. 33.

39 DurÆn-Loriga, J., op. cit, p. 124; Nze Nfumu, A., op. cit., pp. 32 y 70; Liniger-Goumaz, M. (1988), pp. 105106.

40 Garc a Dom nguez, R., op. cit., pp. 36-37; y FernÆndez, Rafael, op. cit., p. 144.

ganizado las fuerzas militares all establecidas y creado el Mando de las Fuerzas Espaæolas en Guinea Ecuatorial 41 . La jefatura correspondi al coronel del EjØrcito de Tierra Eduardo Alarc n Aguirre, que estuvo a las rdenes, durante pocos d as, del alto comisario, y a continuaci n de la que iba a ser la primera autoridad espaæola en la Guinea independiente, el embajador de Espaæa. El componente mÆs numeroso de la fuerza lo aportaban las dos compaæ as m viles de la Guardia Civil (GC), con unos 260 efectivos (hac a tiempo que no se cubr an vacantes), que dejaron de estar agregados a la Guardia Territorial (GT). Bajo el mando del comandante Luis BÆguena, la GC dispon a de dos destacamentos principales, uno sobre el continente, en Bata y las poblaciones del interior, y otro en Fernando Poo, con base en la capital, Santa Isabel. Integraba tambiØn esa fuerza la Guardia Mar tima, que mandaba el capitÆn de fragata JosØ MollÆ Maestre, y cuyos medios principales eran los dos viejos buques de la Armada establecidos en aguas guineanas, la fragata Pizarro y la corbeta Descubierta , con mariner a de reemplazo y personal de Infanter a de Marina; este capitÆn de fragata era a la vez comandante militar de Marina de la Regi n Ecuatorial y jefe militar en Santa Isabel. Completaba la citada fuerza una escuadrilla aØrea dotada de viejos aviones, mandada por un comandante del EjØrcito del Aire. No formaba parte de este Mando la GT, que iba a cambiar su nombre por el de Guardia Nacional (GN), para convertirse en el ejØrcito de Guinea. El mando de las compaæ as de la GT correspond a a oficiales blancos, y as seguir a siendo, y lo habitual era que su segundo fuera tambiØn un blanco.

2. LA INDEPENDENCIA Y EL R`PIDO DETERIORO DE LAS RELACIONES HISPANO-GUINEANAS

Mac as sueæa con ser dictador y Ond huye de Guinea

Un decreto del gobierno espaæol de fecha 9 de octubre declar a Guinea Ecuatorial naci n independiente a partir de las doce horas del 12 de ese mes, D a de la Hispanidad y festividad de

41

Nœæez, Jesœs, La Guardia Territorial de la Guinea Espaæola , Historia Militar del Siglo XX Serga , especial n' 3, Madrid, Almena Ediciones, 2000, pp. 31 y 3435.

la Virgen del Pilar. El Gobierno design a Manuel Fraga, titular de la cartera de Informaci n y Turismo, ministro plenipotenciario para la transmisi n de poderes. Ni Castiella ni Carrero acudieron a la toma de posesi n de Mac as.

Al Acta de independencia se incorporaron una serie de acuerdos bilaterales con vigencia para el per odo transitorio, que, cinco d as antes, hab a negociado una comisi n interministerial guineana en Madrid. Los acuerdos regulaban el futuro de las propiedades del Estado espaæol en la antigua colonia, la permanencia de los funcionarios espaæoles all destinados, la formación de guineanos para 'su progresiva incorp oraci n a las tareas tØcnicas y administrativas de la nación' y la permanencia de las fuerzas de seguridad y fuerzas armadas espaæolas desplegadas en el territorio. Uno de los documentos mÆs importantes era el Protocolo secreto sobre el Estatuto de las Fuerzas Armadas espaæolas all destacadas, que establec a la separaci n entre las Fuerzas Armadas Espaæolas destacadas y la GT 42 . Estos acuerdos estaban pendientes de la conformidad del presidente de la Repœblica. Cuando el embajador espaæol se los present para la firma, el mismo 12 de octubre, Mac as le puso reparos y solo los acept cuando le fueron presentados con solapas en los que se calificaban de provisionales 43 . Tan importante, o mÆs, era el tema del petr leo, prueba de ello es que, en sesi n de 25 de octubre, la Comisi n Interministerial encargada de la Independencia de Guinea consideró 'muy urgentes para Esp aña' los acuerdos económicos y financieros 44 .

AdemÆs de la citada fuerza militar, en Guinea permaneci una colonia civil espaæola integrada por mÆs de 6.000 personas: propietarios y empleados en diversas empresas privadas y funcionarios, as como sus familias. El Estado espaæol retuvo edificios pœblicos y las instalaciones y la direcci n de la programaci n televisiva y ten a el control de la administraci n, del dispositivo de seguridad y de la actividad econ mica. Pues la nueva naci n no dispon a de moneda

42 El convenio, con fecha 12-10-1968, en Caja 37642/15 AGMA; y telegrama 407 del MAE a PiniØs, 7-10-1968, RAH-FC 3634/5; El protocolo militar en 37642/21 subcarpeta 3.

43 DurÆn-Loriga, Juan, op. cit., p. 122.

44 Caja 37642/ 4 AGMA.

propia, que seguirÆ siendo la peseta, tampoco de un banco nacional, cuyas competencias quedaban en manos del Banco Exterior de Espaæa, y menos aœn de presupuesto. Hab a voluntad del gobierno espaæol en continuar influyendo en Guinea, pero no hab a un plan. En su primera carta a Castiella como embajador, de fecha 22 de octubre, DurÆn-Loriga escribi que Macías se enfrentaba 'con graves problemas i nternos, en parte causados porque Ndongo pretend a la cartera de Interior o la de Defensa, por ser el suyo 'un país naciente en el que priva sobre todo la política interior', y que por ello se atribuía 'el papel de coordinador de la acción gubernamental, funci n que el Presidente y sus amigos le niegan'. Decía también que Macías desconfiaba de varios alfØreces nativos de la GN, por ser simpatizantes de Ndongo y que 'no regatea elogios a la Guardia Civil' 45 . A partir de esta fecha se produjo un rÆpido deterioro de la situaci n de los intereses oficiales espaæoles en Guinea.

Muy pronto, Mac as mostr sus ansias de poder y su voluntad de establecer v nculos entre los problemas internos y las relaciones con Espaæa. El primer paso en el camino de Mac as hacia el poder personal absoluto hab a sido la atribuci n del ministerio de Defensa. El segundo, la concentraci n de funciones administrativas en la Presidencia, mediante orden de 16 de octubre. El tercero, poner en sus manos el control directo de la riqueza del pa s situando en Presidencia, y no en los correspondientes ministerios, varias direcciones generales. El cuarto consisti en ignorar la Ley de RØgimen Jur dico de la Administraci n del Estado, que elabor la asesor a espaæola del presidente y que aprob la Asamblea Nacional (en la que los partidarios de Mac as eran minor a) el d a 30. El quinto, el encarcelamiento de varios colaboradores de Ond , tambiØn a finales de ese mes. Durante estos d as, Macias comenz a introducir en sus comparecencias oficiales opiniones antiespaæolas, consistentes en advertencias y amenazas a quienes, sin concretar, hubiesen apoyado o apoyasen a sus rivales pol ticos.

En noviembre, Mac as comenz a hacer referencia a dos temas a los que iba a prestar una

45 Carta n' 1 de DurÆn-Loriga a Castiella, 22-10-1968, pp. 1-3., RAH-FC 3641/1.

atenci n creciente, la presencia de las fuerzas armadas espaæolas, que deseaba utilizar en su beneficio, y la ayuda econ mica que esperaba de Espaæa, mientras daba muestras de su carÆcter receloso. Al embajador espaæol le dijo que no tenía 'ningún temor de golpe de Estado' 46 , pero DurÆn-Loriga ten a claro que Mac as desconfiaba de Ond (tal vez lo dec a para justificar acciones represivas), del que imaginaba actividades pol ticas en el continente, y de Watson, del que el embajador si cre a que, en Fernando Poo, estaba en contacto con los jefes ibos para trabajar en pro de una federaci n con Biafra si esta regi n se escind a de Nigeria 47 . Mac as tambiØn desconfiaba de los mandos espaæoles de la GN, por considerarlos afectos a Ond , pero ten a buena relaci n con algunos oficiales de menor rango, y tambiØn de una parte de los oficiales y tropa guineana, por su vinculaci n a Ndongo 48 . Por lo dicho, Mac as pretend a el control de los medios militares espaæoles. Con sus cr ticas y desplantes consigui que el teniente coronel al mando de la GN acelerase su deseada salida del pa s, y lo mismo sus comandantes, con lo cual los capitanes de las cinco compaæ as y los respectivos tenientes quedaron sin un mando superior que no fuera el ministro de Defensa guineano. Entre tanto, Mac as sigui cultivando la buena relaci n que ten a con la oficialidad de la GC. Al comandante jefe del cuerpo, Luis BÆguena, le ofreci el mando de la GN, que BÆguena no acept 49 . AdemÆs, a mediados de noviembre, Mac as plante al embajador espaæol la utilizaci n de la GC para operaciones de polic a con fines pol ticos 50 , y a continuaci n su transformaci n en una fuerza propia, mediante la revisi n del protocolo secreto militar 51 .

46 En telegrama n' 43 de DurÆn-Loriga a Castiella, 411-1968, RAH-FC 3647/4.

47 Carta n' 3 de DurÆn-Loriga a Castiella, 5-11-1968,

RAH-FC 3649/3.

48

Carta n' 4 de DurÆn-Loriga a Castiella, 7-11-1968, RAH-FC 3651/1.

49 Entrevistas en Madrid con el coronel Luis BÆguena.

50 Telegrama n' 65 de DurÆn-Loriga a Castiella, 1211-1968 y carta n' 5 de misma fecha, RAH-FC 3654/1.

51 Carta n' 5 de DurÆn-Loriga a Castiella, 12-11-1968, p. 7, RAH-FC 3655/2.

Uno de los tenientes de la GN con los que Mac as manten a una buena relaci n, Rafael CÆrdenas ha dejado escrito que durante estos d as hubo rumores de que grupos de colonos espaæoles confiaban en que Ond encabezar a una revuelta popular contra el poder reciØn constituido, que sus partidarios se estaban armando y que la revuelta comenzar a en su distrito natal, Evinayong 52 . Por ser uno de los tenientes en los que confiaba, Mac as le orden a CÆrdenas cambiar de destino para ponerse al mando de este distrito; CÆrdenas consult este cambio con el capitÆn de su compaæ a, Sevillano, quien le dio la conformidad. Sin embargo, Ond , acompaæado de diez colaboradores, hab a abandonado Guinea, tal y como telegrafi DurÆn-Loriga a Madrid el 6 de noviembre, para exiliarse en Gab n 53 ; hab a tenido muy buena relaci n con el derrocado presidente Leon Mba, pero no con su sucesor, Albert Maria Bongo, impuesto por Francia. Mac as pidi a Bongo que lo expulsase y a las autoridades espaæolas que mediaran para conseguir su regreso y que la GC le detuviera. El gobierno espaæol intervino para que Ond regresase, aparentemente para favorecer la paz interior del pa s 54 . El d a 11, Ond fue conducido a la frontera guineana, donde le recogi el capitÆn de la compaæ a de la GC estacionada en Bata, Teodoro Navarro, y, siguiendo rdenes del embajador, vistiendo de paisano y diciendo que actuaba a t tulo particular, le traslad en avioneta a esa ciudad. DurÆn-Loriga dice que actu as para evitar que a Ond se le aplicase 'la ley de fugas' y porque el ministro del Interior, `ngel MasiØ, muy afecto a Mac as, le dio garant as de que no ser a detenido. Sin embargo, Mac as pidi que la GC lo custodiase e interrogase para averiguar supuestos planes de subversi n, a lo que se neg el embajador, y despuØs confin a Ond en una casa del servicio agron mico en las afueras de Santa Isabel, bajo vigilancia de personal guineano de la GN. Unos d as despuØs, Mac as pretendi que el sistema judicial, dirigido completamente por

52 Ndongo, Donato, op. cit., p. 151.

Telegrama n' 48 de DurÆn-Loriga a Castiella, 6-11-

53 1968, RAH-FC 3649/3.

54 Carrero sugirió a Castiella 'gestiones diplomáticas en Gabón y con Macías para que regrese', 12 -111968, RAH-FC 3654/1; la versi n del coronel Alarc n en carta a general secretario general del Estado Mayor Central, 12-11-1968, 2 pp, 37642/21 AGMA.

personal espaæol procesara a Ond y varios de sus colaboradores por atentar contra la seguridad del Estado, sin Øxito. Aunque las autoridades espaæolas hab an prestado un servicio a Macías, este arremetió contra 'las interfere ncias de españoles en la política' y 'aludió a co nsejos extraæos que habr an provocado la fuga de Ondó' 55 . Dado que BÆguena hab a rechazado el puesto de jefe de su ejØrcito, Mac as se lo ofreci al teniente CÆrdenas, y este lo rechaz 56 . Entonces recurri a uno de sus fieles, Juan Manuel Tray, conocido como comandante Tray, guineano que fue alfØrez provisional en la guerra civil espaæola.

En noviembre se estaba perfilando el enfrentamiento Mac as-Ndongo. El embajador espaæol comunic a Madrid haber observado una tensión entre ellos 'bastante agudizada', 'un recelo total y un miedo recíproco'. El motivo: Ndongo 'había conseguido situarse como vic epresidente de hecho del Gobierno' y 'Macías parece ahora decidido a recuperar terreno' 57 .

Problemas de presupuesto del nuevo Estado

Durante los meses finales de 1968, Mac as tuvo buenas palabras para el conjunto del Estado espaæol. Pero en diciembre cambi de actitud y durante enero-febrero de 1969 las relaciones hispano-guineanas se deterioraron gravemente. Fueron varios los factores a tener en cuenta: la personalidad de Mac as; la negativa espaæola a que el presidente utilizase en beneficio propio las fuerzas militares all destacadas; las desavenencias entre pol ticos guineanos, que procuraron obtener para s apoyos pœblicos y privados espaæoles; y el tema presupuestario. La econom a de Guinea estaba en manos espaæolas, del Estado y de los grandes propietarios de plantaciones y explotaciones madereras. La base once del Convenio que regulaba transitoriamente las relaciones entre Estados establec a que el gobierno espaæol mantendr a hasta el 31 de diciembre de 1969 la ayuda econ mica a Guinea en la misma cuant a y con anÆloga estructura a

55 Telegrama n' 59 y carta n' 5 de DurÆn-Loriga a Castiella, pp. 2-5-, 12-11-1968, RAH-FC 3654/2 y 3655/2.

56 L pez, S. y CÆrdenas, R., op. cit., p. 46.

57 Carta n' 7 de DurÆn-Loriga a Castiella, 19-11-1968, p. 3, RAH-FC 3665/5.

la prevista en los presupuestos espaæoles de 1968. Este presupuesto fue considerado insuficiente por el gobierno guineano, que, carente de recursos propios, multiplic los cargos, para mantener y aumentar fidelidades, y anunci un amplio programa de obras pœblicas.

A finales de noviembre, Mac as hab a enviado a Madrid a su vicepresidente, Bos o, con la oferta de negociar convenios de asistencia tØcnica y la petición urgente de 'asistencia financiera' para distintos fines 58 . D as antes, el embajador espaæol hab a transmitido a Mac as que una burocracia excesiva no podr a pagarla el nuevo pa s y que tampoco lo har a Espaæa, y que la ayuda sería 'siempre técnica y concreta', 'la pur amente presupuestaria serÆ muy dif cil de conseguir' 59 .

El 9 de diciembre, Mac as inici su primera visita como presidente a R o Muni, para hacer sentir su presencia all . Dej su impronta con una serie de discursos, cada vez mÆs agresivos hacia los colonos espaæoles y portugueses y los trabajadores nigerianos. Entre tanto, el pa s caminaba hacia la dictadura. El d a 13, el Consejo de Ministros acord la creaci n de un partido pol tico œnico, con el nombre de Partido nico DemocrÆtico Nacionalista de Guinea Ecuatorial. El siguiente paso llegar a el 22 de febrero de 1969, cuando el Gobierno dot al partido de una milicia; lo hizo oficializando el movimiento xen fobo de Juventudes, vinculadas al IPGE, partido de tintes izquierdistas que en el pasado hab a propuesto la federaci n con Camerœn, y al sector mÆs radical de la coalici n que apoyaba a Mac as, que recibi el nombre de Cuerpo de la Juventud, encuadrado en el EjØrcito Nacional.

En enero de 1969, el gobierno espaæol prorrog el presupuesto de ayuda y colaboraci n a Guinea, descartando hacer una donaci n o un crØdito extraordinario. Este mes, Mac as sustituy en sus discursos frases del estilo 'que ningún negro tenga miedo al blanco y que ningœn blan-

58 'Mensaje del presidente Macías que la Misión guineana entregarÆ a S. E. el 2-121968', 3 pp., G abinete TØcnico MAE, RAH-FC 3668/1.

59 Carta n' 15 de DurÆn-Loriga a Castiella, 28-111968, p. 2, RAH-FC 3668/3; y carta n' 16 del Encargado de Negocios, Baselga, a Castiella, 9-12-1968, p. 2, RAH-FC 3675/3.

co tenga miedo al negro, que haya hermandad entre razas' 60 , por ataques al personal del servicio de Hacienda, enteramente espaæol, acusÆndole de lucrarse indebidamente con una gratificaci n, y expuls a varios funcionarios espaæoles.

Extraæos viajeros espaæoles en Guinea

Sucedi entonces lo que el MAE denomin turbias maniobras de unos espaæoles que trataron de engaæar al gobierno guineano y, a la vez, deteriorar la posici n del gobierno espaæol en la ex colonia. El ex colono GonzÆlez Armijo y el periodista JosØ Antonio Novais, corresponsal en Madrid del diario Le Monde , que formaba parte del c rculo de relaciones de Garc a-Trevijano y que hab a conocido a Mac as en Madrid, viajaron a Guinea. All se reunieron con el empleado de banca Francisco Paesa y el abogado Robles Romero-Robledo y trataron de vender a Mac as la idea de un banco particular con atribuciones de banco nacional, emisi n de moneda y control de divisas. Al parecer los cuatro hab an constituido en Espaæa una sociedad, PROFINANCO, de la que el embajador DurÆn-Loriga escribió que estaba 'vinculada a intereses fra nceses relacionados con el Camerún' y que pla nteaba la creaci n de un banco con un capital de 210 millones de pesetas, 'del cual la tercera parte habr a de ser aportada por el erario guineano'. La operación había contado con el ap oyo inicial de Mora, plantador de cacao, que se hab a retirado, y del ministro del Interior, MasiØ, y con la oposici n de Ndongo, pues los promotores del banco hab an procurado que el Consejo de Ministros adoptase 'una serie de decisiones contrarías a la política de Ndongo' 61 . El 3 de enero de 1969, el Consejo de Ministros guineano desestim el proyecto de PROFINANCO 62 , pero Paesa mantuvo abierta la operaci n, sabedor de que Mac as y varios de sus ministros pensaban ya en financiaci n externa no espaæola.

60 En telegrama n' 43 de DurÆn-Loriga a Castiella, 411-1968, RAH-FC 3647/4.

61 Carta n' 5 de DurÆn-Loriga a Castiella, 3-1-1969, pp. 1-2, RAH-FC 3688/2.

62 Carta n' 6 de DurÆn-Loriga a Castiella, 7-1- 1969, p. 1, RAH-FC 3688/2; CerdÆn, Manuel, Paesa. El esp a de las mil caras , Barcelona, Plaza&JanØs, 2016, pp. 229-239.

Por otro lado, pol ticos guineanos anti Mac as se entrevistaron con militares espaæoles que desempeæaban labores de inteligencia para Presidencia del Gobierno. Tres d as antes de su exilio, Ond hab a recibido al comandante Olmo, entonces en la Guardia Nacional y antes con destino en la Comisar a General. Mac as lo supo y le sac el tema al embajador espaæol, y también los 'rumores de complicidad de mad ereros en las reuniones probonifacianas' 63 . Un mayor impacto en el deterioro de las relaciones entre gobiernos tuvo la llegada a Guinea, el 7 de enero, del comandante Manuel Moreno Calder n, aæos atrÆs, destinado en el Servicio de Informaci n de la Asesor a TØcnico-Militar de la Comisar a General y ahora jefe de los Servicios de Informaci n de la Direcci n General de Plazas y Provincias Africanas. Estuvo en Guinea unos diez d as y se entrevist con Gustavo Watson. Presidencia no inform al MAE del viaje y posiblemente tampoco al Ministerio del EjØrcito. Castiella supo por su embajador de la 'ine sperada visita, al menos para mí', y que Moreno cen con Watson y los seæores Mora el d a 8 de enero, 'lo que trató de mantener secreto al egando haberse reunido con comandante fragata Pizarro , a quien no vio', un hecho que con oc a el gobierno guineano 64 . En efecto, el d a 13 Mac as present una protesta oficial al embajador por la presencia del comandante Moreno, del que dijo que hab a entrado clandestinamente en el país para 'actos de espionaje' 65 , y en un discurso afirm que hab a venido para 'promover una acción subversiva entre los mil itares' 66 .

3. EL GOLPE CONTRA MAC˝AS

Mac as expulsa al embajador de Espaæa

Desde diciembre-enero, las llamadas Juventudes, ven an cometiendo abusos contra los colo-

63 Carta n' 5 de DurÆn-Loriga a Castiella, 12-11-1968, p. 1-7, RAH-FC 3655/2.

Carta n' 9 de DurÆn-Loriga a Castiella, 14-1-1969, p. 1, y telegrama n' 28 de DurÆn-Loriga a Castiella, 15-1-1969, RAH-FC 3694/2; tambiØn datos en informes de Alarc n a Madrid, AGMA 37642/29, subcar-

65 Carta de Mac as a DurÆn-Loriga, 13-1-1969, RAHFC 3694/2.

64 peta 2.

66 'Paz para Nigeria', bano , 15-1-1969.

nos 67 . Mac as valor su utilidad, y las azuz contra la colonia espaæola durante el mes de febrero, cuando desat una tormenta de insultos y amenazas al conjunto de la colonia espaæola, que fue focalizando en los madereros, el embajador y la GC. TambiØn varios ministros, que esperaban la subvenci n espaæola y hacerse con propiedades privadas y pœblicas de Espaæa, atizaron el sentimiento anti espaæol. La escalada de la tensi n, y la divisi n de las autoridades espaæolas en la ex colonia, aparece recogida en un informe que present el comandante jefe de la GC nada mÆs regresar a Espaæa. A mediados de febrero, tras las primeras expulsiones y el aumento de l as palizas 'a nuestros compatriotas', sobre todo en el cont inente, hasta llegar a 'una total inseguridad para la población española', Báguena dio la orden de que las fuerzas de la GC 'empezaran su instrucción de combate' e hicieran acopio de combustible. Por su parte, el capitÆn de la compaæ a de Bata solicit como refuerzo la corbeta Descubierta , y el comandante BÆguena solicit su traslado all , a lo que no accedi el embajador 68 .

Tuvo lugar entonces el incidente de las banderas. El d a 22, el vicepresidente Bos o comunic de palabra al cuerpo diplomÆtico acreditado en Bata que deb a retirar la bandera espaæola del consulado o de la residencia del c nsul, pues estas y la del cuartel de la GC daban la sensaci n al extranjero de que Guinea segu a siendo una colonia espaæola. El c nsul espaæol no accedi . El d a 23, Mac as regres del interior del país a Bata, llamó al cónsul, 'le ordenó bajar la bandera con malos modos, llegando incluso a la amenaza personal' y, al no querer hacerlo, el comandante Tray, al mando de un piquete de guardias nacionales, 'bajó por la fuerza la ba ndera de la cancillería' 69 ; ademÆs, Mac as declar al c nsul persona no grata. En sus memorias, DurÆn-Loriga escribe que, en Madrid, el primer miembro del gobierno en saber lo ocurrido fue el vicepresidente y ministro Carrero, y que de la conversaci n entre este y Castiella sali un te-

67 Carta n' 9 de DurÆn-Loriga a Castiella.

68 'Información del Comandante Báguena', doc. 2, 6-3-1969, p. 1, expediente 15, signatura 3150, Ministerio de la Gobernaci n, Archivo General Ministerio

del Interior.

69

Ib dem, p. 2; y telegrama n' 70 y carta n' 15 de DurÆn-Loriga a Castiella, 17-2-1969, RAH-FC 3717/1.

legrama en el que se le ordenaba actuar 'de manera enérgica e inmediata'. Añade que el cuartel de la GC estaba en situaci n de alerta y a la espera de instrucciones para intervenir. Pero a continuaci n escribe que, para evitar una crisis internacional y posibles daæos a los colonos espaæoles, decidi buscar una soluci n negociada para el tema de las banderas y la expulsi n del c nsul 70 . BÆguena cuenta que el d a 25 el embajador orden que la GC izara de nuevo la bandera en la cancillería de Bata, 'h echo que se llev a cabo y se mantuvo por la fuerza', y que el embajador se trasladó desde Santa Isabel a Bata, para entrevistarse con Mac as. Segœn el embajador, el presidente apenas le escuch , y le dijo que lo que ten a que hacer Espaæa era aportar 500 millones de pesetas para el funcionamiento de la administraci n. A continuaci n, Mac as dirigi un discurso por radio a los guineanos, en el que afirmó que 'el embajador espaæol, auxiliado por los asesinos de la Guardia Civil, trata de imponer un gobierno colonialista. Acudid a Bata a salvar vuestro país'. Ese mismo día el presidente recibió otras dos veces al embajador, y en la œltima reuni n le dijo que era persona no grata y que deb a abandonar el pa s. BÆguena aæade que el embajador 'fue tratado con un menosprecio total por el gobierno en pleno', y que por este motivo regres a Fernando Poo, pidiendo antes de tomar el avi n el env o de la corbeta Descubierta a Bata 71 . A bordo parti el coronel Alarc n, que hab a establecido su cuartel general en el buque, y en Santa Isabel qued la fragata Pizarro , comandada por el capitÆn de fragata MollÆ, a quien correspond a ahora la jefatura de las Fuerzas Armadas Espaæolas en Fernando Poo.

La Guardia Civil ocupa Santa Isabel. La divisi n de las autoridades espaæolas en Guinea

Para entonces, una parte de los colonos espa-

æoles buscaban la protecci n de la GC, en los puestos del interior del continente y los cuarteles en Bata y Santa Isabel. En sus memorias, el embajador dice que dio instrucciones a oficiales de la GC y GN de proteger a los colonos y de escoltar a los que deseasen llegar a Bata, y

70

DurÆn-Loriga, J., op. cit., pp. 136-137.

71 'Información del Comandante Báguena', y DurÆn-Loriga, J., op. cit., p. 139.

pp. 2-3,

también que 'en ningún caso debían realizarse actos de ocupación militar', pero que cuando regres a Santa Isabel, la tarde del 25, la GC había tomado 'algunas medidas de precaución para asegurar la seguridad y el trÆfico del aeropuerto' 72 En cambio, BÆguena sostiene que el embajador le ordenó telefónicamente 'la oc upaci n de los puntos clave de la poblaci n de Santa Isabel', 'que se llevó a cabo de una m anera perfecta y total', que solo hu bo un enfrentamiento armado, en el aeropuerto, donde la GC abrió fuego para 'amedrentar a los asalta ntes', y que después pidió permiso al embajador para 'inutilizar la emisora de radio de Santa Isabel y la empresa nacional de comunicaciones Torres Quevedo' , medios no necesarios para los espaæoles al tener asegurados los enlaces entre Fernando Poo y R o Muni y entre Guinea y Espaæa por medios militares, medidas no aceptadas 'ya que no se quiso entorpecer lo más mínimo la vida del país' 73 . En lo que s coinciden el embajador y el jefe de la GC es en que en la madrugada del d a 26 el embajador consult las medidas adoptadas a la oficialidad de Santa Isabel y que la mayor a opin que la dispersi n de fuerzas era un error y que era preferible que la GC retornara a sus cuarteles, en espera de instrucciones de Madrid, y negociar con el gobierno guineano la no presencia de ninguna fuerza militar en las calles; ese fue el criterio que se impuso, frente al de BÆguena, quien opinaba que, 'habiendo aislado y tap onado los campamentos de las fuerzas armadas guineanas', perderían el terreno ganado y que los guineanos les engaæar an. A lo largo de lo que quedaba de ese d a 26 y durante el 27, las fuerzas guineanas de la GN tomaron las ciudades 74 . MollÆ asegur el control espaæol del puerto de Santa Isabel y las comunicaciones con la embajada, el cuartel de la guardia civil y el aer dromo militar, a cuyo personal orden que el avi n T-6 fuera armado y estuviera listo para despegar permanentemente y transmiti al capi-

72 DurÆn-Loriga, J., op. cit., pp. 140-141.

73 'Información del Comandante Báguena', doc. 2, p.

74 Ib dem, pp. 3-4, y DurÆn-Loriga, J., op. cit., pp. 141-142. Las desavenencias, con la opini n del capitÆn de fragata MollÆ, las recoge el almirante retirado (entonces teniente a las rdenes de MollÆ) Miguel Fernández, 'La crisis de Guinea Ecuatorial (1969)', FerrolAnÆlisis , n' 22 (2007), pp. 286-305.

tÆn del buque civil Ciudad de Pamplona la orden del coronel Alarc n de dirigirse a Bata, por si fuera preciso evacuar a parte de la poblaci n civil espaæola 75 .

TambiØn el 27, Mac as tom otras medidas para controlar la situaci n, entre estas la declaraci n del estado de excepci n en todo el territorio nacional, que inclu a la prohibici n de desplazarse a toda clase de persona. Sin embargo, la huida de los colonos hacia las dos principales ciudades estaba en marcha. A las 20.45 horas de Guinea, el embajador inform a Castiella que varias familias se hab an refugiado en el cuartel de la GC en Santa Isabel, que muchos colonos hac an preparativos para salir del pa s en barco y en avi n, que el pr ximo vuelo de Iberia ser a el d a 3 de marzo, que se hab an vendido todos los billetes y que deb a reforzarse el servicio aØreo 76 . En R o Muni, la situaci n era peor: las autoridades guineanas pon an obstÆculos a la evacuaci n de los colonos, varios sufrieron vejÆmenes y palizas a manos de las Juventudes, que hab an sido armadas, y de personal policial y militar guineano, y tambiØn tuvieron dificultades para el repliegue sobre Bata oficiales espaæoles de la GN y destacamentos de la GC, sobre todo el de Ebebiyin, el situado junto a la frontera con Camerœn 77 .

El embajador inform de que buscaba una salida diplomÆtica a la crisis, pero que Mac as hab a pronunciado un discurso por radio en el que 'acusaba a España de violación de la soberanía de Guinea mediante actos provocados dirigidos por embajador español', que había ordenado a las fuerzas armadas espaæolas proteger a los colonos y que cre a conveniente estudiar un 'plan de retirada gradual de todos nuestros súbditos'. Ocho horas después envió dos tel egramas a Castiella, por las radios de los buques de guerra, para comunicar que, siguiendo las instrucciones recibidas, hab a asegurado a Mac as que el prop sito de los movimientos espaæoles era de mera seguridad, que el presidente había inculpado 'del estado actual al Cónsul y la Embajada y ha merecido que protestara ante el Gobierno espaæol y la ONU' (esto era un golpe

75 FernÆndez, Miguel, op. cit., p. 292.

77 'Información del Comandante Báguena', doc. 2, p. 9.

76 Telegrama n' 89, 27-2-1969, RAH-FC 3724/3.

para el MAE) 'de la movilización de las fuerzas armadas españolas en Santa Isabel', que, ad emás, había pedido a Franco 'la retirada de las fuerzas espaæolas que estuvieran aqu antes de la independencia y sustituci n por fuerzas nuevas' y prometido que mantendría el orden en el pa s, a lo que el embajador respondi a Mac as que 'caso contrario utilizaría la Guardia Civil', y a Madrid informó que 'estoy preparado para intervenir si fuese necesario' y 'considero co nveniente tener previsto en condiciones de intervenci n en plazo breve de refuerzos de paracaidistas en Canarias' 78 .

En efecto, ese d a Mac as hab a dirigido un telegrama a Franco en el que le ped a la evacuaci n de las fuerzas espaæolas, le comunicaba que iba a informar de lo sucedido a la ONU y que el embajador y el c nsul en Bata eran personas no gratas que deb an ser sustituidas por otros diplomÆticos. Franco le respondi ese mismo d a, asegurando que las iniciativas de las 'limitadas fuerzas españolas' habían buscado garantizar la integridad de los súbditos españoles' y cesarían en cuanto 'esta indudable exigencia se cumpla con cualquier otra f rmula de modo satisfactorio' 79 . El MAE orden al embajador que las fuerzas de la GC permaneciesen acuarteladas, 'salvo gravísim o e inminente peligro para la vida de los españoles', y el embajador respo ndi que no hab an ocupado ninguno de los puntos vitales de la isla de Fernando Poo, pero insinu que ten a que contrarrestar una tendencia 'a un empleo más amplio de las fuerzas' 80 .

Ndongo en Madrid

No hemos citado al ministro de Exteriores guineano al tratar la crisis, pues acababa de asistir a una reuni n ministerial de la OUA en AddisAbeba (Etiop a) y, tras visitar varias capitales extranjeras, se encontraba ahora en Madrid. Aqu pas varios d as, acompaæado de Saturnino Ibongo, embajador ante la ONU, para buscar una salida a la crisis hispano-guineana, con

78 Telegramas de DurÆn-Loriga a Castiella, 28-2-1969, RAH-FC 3724/3.

79 Los telegramas de Mac as y Franco de 28-2-1969 en RAH-FC 3724/2 y 3724/1.

80 Nota informativa del director general de `frica, MAE, 28-2-1969, RAH-FC 3725/3.

autorizaci n o no de su presidente, y tambiØn apoyos para un golpe de Estado.

La diplomacia espaæola tuvo que emplearse a fondo para no verse perjudicada por las comunicaciones de Mac as a la ONU y la OUA, pidiendo a ambas organizaciones el env o de observadores; la ONU acept la petici n y llegar an a Santa Isabel diez d as despuØs. Mac as trat de aminorar las consecuencias de la crisis, focalizando de nuevo la responsabilidad en el embajador y el c nsul, pero, en seguida, escribi a Castiella para pedir la retirada de la GC, a la que acusó, mintiendo, de haber 'disparado sobre poblaci n indefensa nacionales guineanos', y acabó pidiendo a la ONU el envío de cascos azules 81 , petici n no atendida. Los mandos militares espaæoles comunicaron al Ministerio de Marina, y este pas la informaci n al MAE, que la situaci n era dif cil pero que estaban preparados y mantenían el enlace, y 'no creo necesario envío flota' (coronel Alarcón), y que el control solo se lograr a, en Santa Isabel, 'con acción en fuerza que por ahora descarto' (comandante MollÆ) 82 .

Castiella sab a que Ndongo preparaba un golpe de Estado. Lo sab a porque, tal vez, Ndongo le plante el tema cuando le recibi el d a 27 de febrero, segœn ABC del d a 28, y porque, ese d a, personal del MAE elabor el documento 'Proyectos políticos de Atanasio Ndong', sin encabezamiento y sin firma, en el que se dice que Ndongo e Ibongo hab an visitado a Herrero de Miæ n, letrado del Consejo de Estado y colaborador del MAE durante la Conferencia Constitucional, para consultarle 'la mecánica jur dica para dar un golpe de Estado en Guinea sin viol ar la letra de la Constitución'. Cabe suponer que el gobierno espaæol respaldar a este proyecto, pero la documentaci n que hemos localizado relaciona la operaci n Ndongo con el MAE, no con Presidencia ni con el conjunto del gobierno de Franco. En sus memorias, Herrero de Miæ n cita esa reuni n con los dos pol ticos guineanos, y aæade que todo lo comunicó 'al ministro Castiella, a través de su jefe de gabinete Marcelino Oreja la tarde del mismo día 28' 83 .

81 RAH-FC 3726/2, 3726/8, 3728/1 y 3728/2.

82 RAH-FC 3725/16 y 3727/1.

83 Herrero de Miæ n, M., op. cit., p.39.

Estaba tambiØn en Madrid uno de los enviados por el gobierno espaæol en calidad de asesor del presidente guineano, el abogado del Estado FØlix Ben tez de Lugo. En sus memorias guineanas inØditas dice que hab a viajado a Madrid para solicitar instrucciones, ya que el correo y el telØfono estaban intervenidos, y que, estando aqu una autoridad espaæola le pidi que acompaæase a Ndongo en el vuelo programado para el 1 de marzo 84 . En efecto, ese d a regres Ndongo, en un vuelo no regular de Iberia, acompaæado de su secretaria, el embajador Ibongo, el alcalde de Santa Isabel, Ben tez de Lugo y Luis Carrascosa, director de los Servicios de Televisi n Espaæola en Guinea Ecuatorial, otro que acabada de llegar a Madrid y al que llam el ministro Fraga para que regresase a la ex colonia 85 . Otra persona avisada para coger ese vuelo fue el periodista Novais, al parecer por Ndongo, pero la polic a espaæola no le permiti subir al avi n 86 ; ademÆs fue detenido e incomunicado durante varios d as 87 .

Al avi n del que descendi Ndongo iban a subir el ex embajador DurÆn-Loriga y ex c nsul en Bata, acompaæados de familiares de suboficiales y oficiales de Marina y de algunos funcionarios y comerciantes. La salida de civiles continu durante los d as siguientes, muy lentamente, en avi n y v a mar tima. El 1 de marzo, la radio de Santa Isabel multiplic los ataques a la GC y Mac as concedi quince d as para la evacuaci n total de sus efectivos y setenta y dos horas para la salida de su comandante, medida motivada, segœn el coronel Alarcón, 'por su actuación en Santa Isabel en iniciaci n incidente' 88 .

Los actos de Ndongo durante los d as siguientes tuvieron poco que ver con lo pactado en Madrid. A su regreso, tom el avi n de Santa Isabel a Bata, para reunirse con Mac as, posiblemente porque este, receloso, le expuso que Øl y la

84 Ben tez de Lugo, F., op, cit., p. 159,

85 Carrascosa, Luis, op. cit., p. 273-275.

86 Ib dem, p. 275.

De Comisario Jefe a Inspecci n Central de Guardia, 6-3-1969, DGS, Direcci n General de la Polic a, Ar-

88 Telegrama a Vicepresidente Gobierno, ministro Asuntos Exteriores, JEMA EjØrcito, AJEMA y JEMA Aire, 3-3-1969, RAH-FC 3729/23.

87 chivo Central, en P 23.477, AHN.

mayor a del gobierno permanecer an en la regi n continental; despuØs, en telegrama a Castiella, el d a 3, comunic que quedaba autorizada la evacuaci n de todos los espaæoles, excepto de los funcionarios, y que el presidente y el gobierno de Guinea deseaban formalizar un acuerdo militar con Espaæa, y tambiØn la salida urgente de la GC. Castiella le respondi , en telegrama del d a siguiente, que su gobierno hab a decidido retirar todas sus fuerzas, a la espera de que salieran los colonos que deseasen hacerlo, y que, en consecuencia, no ten a sentido firmar un acuerdo de ese tipo 89 . Otro dato de interØs es que el gobierno espaæol se dio prisa en buscar un sustituto para DurÆnLoriga y en solicitar el placet para este, Emilio Pan de Soraluce, que llegar a el d a 3, tras cesar como embajador en PanamÆ, y tambiØn un sustituto para el c nsul, y que envi como subordinado de este al secretario de la embajada en YaundØ 90 .

El d a 2 de marzo, varios buques de la Armada espaæola, los transportes de ataque Arag n y Castilla y el petrolero Teide , que hab an participado en las maniobras navales hispano francesas Atlantide, en aguas canarias 91 , se preparaban para zarpar rumbo a Guinea, sin permisos ni descanso para la mariner a y cuerpo de oficiales 92 . TambiØn zarp , con el mismo destino, el viejo crucero Canarias .

El fracaso del golpe de Estado

El d a 2 de marzo, el coronel Alarc n invit a almorzar a bordo de la Descubierta a Ndongo, Ibongo, Torao, presidente de la Asamblea, y Armando Balboa, secretario de esta y director general de Informaci n y Turismo; fue testigo de esta reuni n, que se puede entender como parte de la operaci n contra Mac as v a constitucional, Ben tez de Lugo 93 . Unas horas despuØs, Ndongo se present en el cuartel de la

89 RAH-FC 3729/1.

90 RAH-FC 3726/5.

91 ABC , 4 de marzo de 1969.

Entrevistas en Madrid con el coronel Luis BÆgueHablan los militares. Testimo, Barcelona, Planeta, 2001, pp.

92 na, y Plat n, Miguel, nios para la historia 285-287.

93 Entrevistas con FØlix Ben tez de Lugo en Madrid los d as 1 y 17-02-2016.

Guardia Civil en Bata y el capitÆn Navarro decidi solicitar la presencia del coronel Alarc n, quien lleg ya de madrugada. Segœn el coronel, Ndongo le dijo que ten a instrucciones concretas de Castiella y de Franco 'en sentido resolver rÆpida y pac ficamente conf licto', pero, del curso de la conversaci n, Alcorc n dedujo que no era cierto y que lo que pretend a Ndongo era que ordenase la retirada del puerto de Bata de la corbeta Descubierta . El coronel le respondi que antes deb a ser restablecida la normalidad en las calles y permitida la salida del pa s de los colonos que lo deseasen. Al informar al vicepresidente, al ministro de Exteriores y a los mandos de los tres ejØrcitos, Alcorc n, y con Øl MollÆ, desde Santa Isabel, pidieron medios para evacuar a la GC, ya que la Descubierta no podr a hacerlo por si sola y menos si esa operaci n precisase una acci n de fuerza, y que se preparasen refuerzos por aire desde Canarias sobre Santa Isabel y Bata, dispuestos para salir a su petici n 94 .

En la madrugada del d a 5, Ndongo intent derrocar a Mac as. De los textos, muy pr ximos a los hechos, del embajador espaæol, el coronel Alarc n y el asesor MendizÆbal se extrae una versi n de lo ocurrido que coincide en los elementos principales. Ndongo moviliz personal de la Guardia Nacional y de la Guardia Mar tima, el cual ocup Bata y el edificio que fuera del gobierno provincial y ahora de uso del gobierno guineano, donde fueron detenidos el ministro del Interior, MasiØ, el jefe de la Casa Militar, comandante Tray, y su segundo. DespuØs, Ndongo convoc una reuni n en la sede del gobierno a la ocho de la maæana. Mac as lleg al recinto y, con una fuerza militar y popular suficiente, o casi solo, y sin que sonara un disparo, se hizo dueæo de la situaci n. Ndongo, que estaba en la primera planta, trat entonces de huir por una ventana y cay al patio, en cuyo suelo quedar a tendido varias horas 95 . Mac as convoc a Alarc n, y a este le acompaæ el

94 Telegrama de Alarc n en RAH-FC 3729/33, y entrevista por telØfono con el coronel Teodoro Navarro el 15-06-2016.

95 Telegrama n' 105 de embajador Pan de Soraluce a Castiella, 5-3-1969 y telegrama de Alarc n a Castiella, 6-3-1969, RAH-FC 3731/4; MendizÆbal Allende, Rafael, 'El incidente de las banderas', La Voz de Castilla , 22-4-1969.

embajador, y por eso los espaæoles vieron el cuerpo de Ndongo, todav a vivo. Mac as les cont que el golpe lo hab a preparado su ministro de Exteriores, con el apoyo de dos oficiales espaæoles, que eran Barros, teniente de la GN destinado en R o Benito, y un instructor de la Guardia Mar tima con destino en la misma poblaci n (donde Ndongo contaba con apoyo nativo). Los espaæoles no quisieron contradecir al presidente, aunque el segundo espaæol citado no era oficial. Entre los detenidos figuraban tambiØn un alfØrez de la GN, el presidente de la Asamblea Nacional y el gobernador de R o Muni, a los que seguir an Ibongo y otros. En la conversaci n, Mac as utiliz lo dicho para dar por supuesta una participaci n espaæola en el golpe, pero dijo que modificar a los mensajes que iba a dirigir a los guineanos y los foros internacionales, y reconoci la no intervenci n de las fuerzas militares espaæolas, algo de vital importancia para la diplomacia espaæola. Por si acaso, el embajador notific a Madrid la urgente necesidad de disponer de un buque transportador y 'tener preparado posible envío refuerzos par acaidistas en espera petición coronel', lo que indica desconocimiento de que estaban alertadas la 2' Bandera Paracaidista en Las Palmas, y el Ala de Transporte de Aviaci n con base en Getafe (Madrid) 96 .

En su relato, BÆguena, que estaba en Santa Isabel, aæade algunos datos a lo dicho, como el inmediato aumento de la inseguridad en las calles, que la emisora de Radio Bata hab a sido volada por los golpistas, y que Mac as se hab a dirigido con personal militar y de juventudes armadas 'a sofocar la rebelión en Cogo y R o Benito'. También aporta rumores inmediatos al golpe: que personal de la guardia puesta por Ndongo en la sede de gobierno fue la que denunci al presidente lo ocurrido, y que Ndongo hab a recibido en Espaæa 200 millones de pesetas para realizar el golpe 97 . El resto de fuentes sobre el golpe ofrecen menos informaci n y no contradicen lo expuesto, aunque aportan matices. El asesor presidencial Ben tez de Lugo expone que Ndongo fue pillado desprevenido por

Informe del Servicio de Informaci n de la Guardia Civil al ministro de la Gobernaci n, 5-3-1969, en

96 expediente 15, signatura 3150, AGMI.

97 'Información del Comandante Báguena', pp. 10 -11.

su afici n a las drogas 98 , y algunos autores sostienen, sin fuentes s lidas, que Mac as hab a sido advertido del golpe, e incluso que prepar una trampa a su ministro 99 .

El mismo d a 5, Mac as inform de lo sucedido a la ONU y la OUA, citando como organizadores a Ndongo e Ibongo, sin hacer referencia alguna a una posible implicaci n espaæola 100 . Pero al d a siguiente telegrafi a Castiella para comunicarle que asum a la cartera de Exteriores y que el golpe contra Øl hab a sido planeado por Ndongo y el ex embajador DurÆn-Loriga. La diplomacia espaæola tuvo que movilizarse para desmentir esta acusaci n, incluido Castiella, que envi a Macías un telegrama 'con la más enérgica pr otesta de mi Gobierno', con copia para la ONU y la OUA 101 .

BÆguena, que segu a en Santa Isabel, recibi a las dos de la tarde la orden del embajador de abandonar Guinea; Øl mismo dice que, durante el itinerario al aeropuerto, elementos guineanos le tendieron una emboscada para matarle, pero que consigui llegar all y luego mezclarse con periodistas reciØn llegados y varios diplomÆticos 102 . Es el œnico caso de un hecho de estas caracter sticas.

A lo largo del d a 5 y los siguientes, las Juventudes sometieron de nuevo a agresiones, vejaciones y saqueo a ciudadanos espaæoles, sobre todo en Santa Isabel, contando con la pasividad o colaboraci n de la GN y de la Polic a. Las autoridades espaæolas all no utilizaron la fuerza para impedirlo. Presentaron verbalmente y por escrito protestas al presidente y a su ministro del Interior, que acabaron imponiendo el orden, en parte porque el d a 10 llegaba el observador enviado por el secretario general de la ONU. No obstante, el mando espaæol elabor un plan para ocupar la ciudad 103 . Entre tanto, las cÆrceles se llenaron de

98 Ben tez de Lugo, F., op. cit., pp. 150 y 171.

99 Garc a Dom nguez, R., op. cit., pp. 2 y 194; LinigerGoumaz, M. (1988), p. 111; Ela, Francisco, op. cit., pp 127-140; Nze, A., op. cit., pp. 77-83. 100 RAH-FC 3730/1.

101 Telegrama n' 264, 8-3-1969, 2 pp., RAH-FC 2734/1.

103 Telegramas de Pan de Soraluce y Alarc n al MAE 9-3-1968, RAH-FC, 3732bis/2.

102 'Información del Comandante Báguena', pp. 7 -8.

presos, entre los principales: Ndongo, que fue torturado hasta morir, su esposa, tambiØn torturada, Ibongo, apaleado hasta la muerte, como Torao, Watson, Gori y Balboa; Ond , que llevaba meses confinado y sin asistencia mØdica para su infecci n hepÆtica, muri en la cÆrcel de Santa Isabel 104 .

La flotilla de la Armada espaæola con rumbo Guinea navegaba a escasa velocidad. El mando recibir a datos concretos de su misi n en el punto de destino. Cuando el 12 de marzo los buques de transporte llegaron al golfo de Guinea, all les esperaba el crucero Canarias 105 . Esos buques eran necesarios para la evacuaci n de las fuerzas militares; el crucero era un medio mÆs para la protecci n de los colonos, si bien la infanter a de Marina pod a ser utilizada con otro fin.

Durante los d as siguientes disminuy la tensi n. El presidente Mac as autoriz la salida de Guinea de cuantos colonos quisieran hacerlo, que fueron la mayor a. De mÆs de 6.000, el 3 de mayo hab an salido 1.200 v a mar tima y 3.809 en avi n, y otros saldr an en los meses siguientes 106 . La evacuaci n de civiles se dio por terminada el 4 de abril. El d a 5, la flotilla espaæola se dej ver desde la costa y se aproximaron los buques de transporte a Santa Isabel y Bata. En unas horas abandonar an Guinea todos los efectivos militares espaæoles.

CONCLUSIONES

Espaæa perdi la posici n privilegiada que ten a en Guinea. La dictadura de Franco no consigui imponer a un pequeæo Estado que hab a dominado sin problemas en la etapa colonial ni la deseada v a a la independencia ni una relaci n post independencia favorable a sus intereses. En mayo de 1969, se negociaron acuerdos de cooperaci n econ mica, cultural y tØcnica, de interØs muy limitado para Espaæa, cuyo gobierno no logr avance alguno en el tema ahora

104 En RAH-FC 3733/6; numerosos datos en las memorias inØditas de Ben tez de Lugo, pp. 160-170.

106 Comisi n Interministerial para la Ayuda a los Evacuados de Guinea, Ministerio de la Gobernaci n, 3-5-1969, en APG.

105 Declaraciones del contraalmirante Jesœs Santiago Alba (que tuvo destino en el Arag n ), en Plat n, Miguel, op. cit., pp. 286-287.

fundamental, el del petr leo, y en los aæos siguientes hubo otras crisis que llevaron las relaciones al borde de la ruptura diplomÆtica. Antes, Mac as hab a establecido una fØrrea dictadura y acuerdos con estados comunistas.

El golpe contra Mac as es parte de una crisis interna guineana que tiene su origen en la etapa colonial. Al menos dos de los principales pol ticos (Mac as y Ndongo), y algunos de menos entidad (Watson y otros), actuaron al margen de la Constituci n, Mac as para establecer una dictadura y Ndongo para sustituirle en la presidencia de la Repœblica. La ausencia de una clase social con conciencia de tal, con intereses comunes y con voluntad de articular 'a un co nglomerado de etnias, tribus y familias en un proyecto común' también influyó en una crisis interna tan temprana, as como la carencia por parte de la clase dirigente guineana de poder econ mico, en tØrminos comparativos, al estar concentrada la riqueza en manos de empresarios espaæoles 107 .

Pero el golpe de Estado no se entiende atendiendo solo a los factores internos. Sin la crisis hispano-guineana, o sin apoyo exterior, Ndongo no habr a intentado derrocar a Mac as, o no habr a sido alentado en esa direcci n. Entonces, la crisis estaba en su fase Ælgida. Parte de la culpa de esa crisis es responsabilidad de Mac as, que, al criticar de forma cada mÆs agresiva a la antigua metr poli, pretendi , como otros l deres africanos, crearse la imagen de un l der enØrgico y capaz de dirigir el nuevo pa s y as polarizar en torno a su persona la lealtad de sus sœbditos. Una parte menor corresponde al gobierno espaæol, que no concedi crØditos extraordinarios para el funcionamiento de la nueva Repœblica, aunque era l gico que los supeditara a la firma de una serie de acuerdos. La crisis aportaba una buena coyuntura para que un pol tico muy ambicioso, y con posibilidades de viajar a Espaæa, buscase apoyos aqu para sustituir a Mac as.

Lo l gico es pensar que, si Herrero de Miæ n le prepar a Ndongo una operaci n legal para derrocar a Mac as, lo hizo a petici n del MAE, al menos con su autorizaci n. Ndongo hab a sido

107 Liniger-Goumaz, M., `frica y las democracias , op.cit.; pp. 11-12.

el hombre del MAE para la Guinea independiente, fue recibido por Castiella justo antes de dar el golpe, el MAE tuvo conocimiento del prop sito de Ndongo y no lo denunci al presidente de la Repœblica. Tampoco aport medios militares, porque la operaci n contra Mac as iba a ser pol tica, y porque estos medios depend an de otros ministerios, y por supuesto de la voluntad de Franco y Carrero; tal vez ofreci buenas palabras, y promesas, tal vez dinero. Sin embargo, Ndongo era mal visto por Carrero, que era el vicepresidente del Gobierno y hombre fuerte del rØgimen, por la confianza de Franco, que delegaba cada vez mÆs asuntos en sus manos. Por esto es improbable, que no imposible, que Castiella actuara de forma aut noma. TambiØn es improbable que Carrero pensara en Ndongo para sustituir a Mac as.

Por otro lado, el plan elaborado en Madrid, sin violar la constituci n, no fue el ejecutado por Ndongo, posiblemente porque este hab a exagerado sus apoyos pol ticos, y se lanz a un golpe mal preparado y con escaso apoyo militar. Al fracasar las dos versiones del plan, Castiella no tuvo la oportunidad de respaldar un cambio pol tico resultado de una crisis interna . ¿Hubo implicaci n espaæola en el segundo plan, que de haber triunfado habr a agradado a sectores pol ticos y econ micos en Madrid y Barcelona? Si la hubo por parte del gobierno espaæol, no fue visible, porque el gobierno espaæol no utiliz la fuerza militar para propiciar un cambio pol tico en otro pa s, por temor a las repercusiones internacionales, pero de lo expuesto parece l gico pensar que exist a el compromiso, de una parte de la clase pol tica espaæola y de sectores econ micos, de respaldar a un gobierno encabezado por Ndongo. No obstante, no debemos atender solo a la posici n espaæola, ser a interesante saber mÆs de la actuaci n de los gobiernos y compaæ as britÆnicas y francesas con intereses en la zona.

La descoordinaci n y enfrentamiento entre los ministerios con responsabilidades en el tema Guinea se hab a prolongado de la fase de descolonizaci n a la fase Guinea independiente. Por este motivo, cabe la posibilidad de que Castiella tomara de forma aut noma la decisi n de impulsar o respaldar la ca da de Mac as, y as recuperar el pulso en un tema de pol tica exterior, al ver que no consegu a avances respecto a

Gibraltar y teniendo en cuenta sus desavenencias con Carrero en cuanto al contenido de los pactos con Estados Unidos y en otros asuntos, como las relaciones con el Vaticano. En cualquier caso, la descolonizaci n de Guinea hab a salido muy mal, y en parte fue as porque Castiella se equivoc en el planteamiento. Posiblemente, este motivo no fue el principal, pero influy en la decisi n de Franco de cesarle como ministro, tras doce aæos al frente de Exteriores, poniendo fin a su carrera pol tica; en cambio, Carrero afianzar a su posici n, hasta lo mÆs alto, por detrÆs de Franco.