EL PULSO DEL PLANETA
Estalla la guerra del cruasán en Francia
El precio de la pieza de bollería ha subido diez céntimos en una semana debido a la gran escasez de mantequilla
JUAN PEDRO QUIÑONERO
CORRESPONSAL EN PARÍS
E l precio de la mantequilla en Francia ha crecido un 172% en los últimos dos años. Encontrar ayer un tarrina en algunos supermercados resultaba una ardua tarea: estantes vacíos con un cartel pidiendo disculpas ante la falta de stock . La prensa francesa se atreve a hablar de la mayor escasez de mantequilla desde la Segunda Guerra Mundial, como consecuencia de la caída de la producción de leche. Y , automáticamente, el precio del croissant (cruasán, en español, según la traducción oficial de la Real Academia) ha comenzado a subir de manera significativa: 10 céntimos en una sola semana, pasando de 1,05 a 1,15 euros (de media) en las panaderías parisinas.
Stéphane Traver, ministro de Agricultura, se ha visto forzado a intervenir, insistiendo en que los precios «van a bajar, próximamente». Evidentemente, nadie se cree ese tipo de declaraciones, intentando calmar la fronda popular, acompañada de los fuegos artificiales propios de toda guerra popular que se precie: declaraciones desairadas en las colas de las panaderías de los barrios populares y advertencias de asociaciones y gremios relacionados con la producción, distribución, venta y consumo de mantequilla y cruasanes.
El precio de las harinas y el pan es un motivo secular de insurrecciones, desde la Edad Media. A las puertas de la revolución de 1789-93, ante las protestas por la carestía del pan, se presta a María Antonieta esta sentencia: «¿Que no tienen pan para comer? Pues que coman bollitos de pastelería…». María Antonieta fue guillotinada, como su esposo, en la actual Plaza de la Concordia. El cruasán fue introducido en la alta pastelería francesa pocas décadas más tarde, cuan-
Víctima de la subida del precio de la mantequilla, el miedo al encarecimiento del cruasán se ha transformado en una suerte de fenómeno social. En 1977, la subida de los precios provocó una penúltima guerra del cruasán de memorable recuerdo. Años más tarde, la
El coste de las harinas y el pan es motivo de insurrecciones desde la Edad Media do August Zang, oficial de artillería austríaco, en 1838, abrió una «pastelería vienesa» en el número 92 de la parisina rue Richelieu.
Claude Francois, dueño de un obrador en la región central de Cher, se ha visto obligado a reducir las horas de sus trabajadores en un 70% porque no puede suministrar suficiente mantequilla para mantener la producción de repostería.
El cruasán comenzó siendo una delicia aristocrática, burguesa, para terminar «proletarizándose» (sic), hasta convertirse en un icono del desayuno nacional francés. Un símbolo, como Luis XIV , Napoleón, el Louvre o la antigua sopa de col.
Verbolario serie de televisión «Pas de pitié pour les croissants» (Sin piedad para los cruasanes) tuvo un éxito considerable.
En tiempos de Macron y su implacable lógica económica, liberal-librecambista, panaderos, pasteleros y empresarios de la restauración denuncian el estallido de una nueva guerra del cruasán. Sin muertos, por ahora. La contienda de finales de 1977 terminó en una suerte de paz armada: los consumidores terminaron pagando la factura que les pasaban en la pastelería o el bar, con el desayuno. El Estado francés suele trasladar este tipo de revueltas a la declaración fiscal del año siguiente.
POR RODRIGO CORTÉS
Pensador, m. Interiorista.
VISTO Y NO VISTO
IGNACIO RUIZ-QUINTANO
JEFFERSONET
Separatismo, ¡pero a ver!, es lo del Jeffersonet, en cuyo folio (a diferencia del de Filadelfia) no tenemos una sola verdad por evidente en sí misma
L a casualidad, mi musa predilecta, hace que el gatillazo de la República catalana del «senyor» Puigdemont Casamajó, el Jeffersonet de Gerona, coincida en fecha con la cortés rectificación que en Cartas al Director hace don Mariano Abad, catedrático en Oviedo, a un vistazo mío sobre Companys, quien, en efecto, declaró el «Estado catalán», no la «República catalana», como escribí, sin duda por el «lapsus menti» de estar citando (mal) a Trevijano (el repúblico de la Junta Democrática, aclaraba yo), que era quien se había dado cuenta de que lo del viejo Companys en el 34 no fue separatismo, sino lo mismo que lo prometido en este 17 por el joven Pedro Sánchez: un Estado catalán en una República federal. (Liberales de meñique alzado andan promoviendo en el periódico global… ¡el jacobinismo federal español!).
Separatismo, ¡pero a ver!, es lo del Jeffersonet, en cuyo folio (a diferencia del de Filadelfia) no tenemos una sola verdad por evidente en sí misma. Cuesta, pero se va entendiendo el sistema: en el Estado de Partidos nada es verdadero, y el bullarengue que importa es el de los partidos estatales, no el de la Nación. Unidad de poder y pluralidad de funciones, que decía el general. El 155, que jurídicamente no lleva a nada serio, sólo es la escoba del tren de la bruja. Por eso el Jeffersonet duda como picaflor entre el «¡Catalans, a les armes, a les armes!» y un «¡Catalans, a les urnes, a les urnes!» con que el 78 recobraría una vidilla como la de las esculturas del Tenorio.
Es la hora, pues, de los flabelíferos en la TV y de los chivolitos en el Parlamento.
Chivolito, mote de Salomón Noriega Cuesta, era un humorista de velorio reporteado por Alberto Salcedo Ramos:
-Chivolito llega al velorio a las ocho de la noche... Da el pésame a los deudos y se sienta al lado del ataúd, desconsolado. Luego se va al patio y comienza su función, hasta el alba.
En cualquier caso, no retiren ustedes las banderas del balcón, que ya no es Alt Right.
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