LA VISIÓN DE LO ESPAÑOL “IDIOSINCRÁSICO” COMO INSUSTANCIAL CRÍTICA DEL RÉGIMEN DEL 78 (2018)

31 marzo 201

MONARCOMACO 8

Gran artimaña argumentativa del Discurso oficial para sortear el peligro de una crítica “integral” del Régimen del 78 (procedente de mentes muy primitivas, sin duda, de pobres aprendices de Trevijanos “menores”): nuestra clase dirigente está formada por hombres y/o mujeres que no están dispuestos a hacer “política”.

Con ello se parece indicar que tal vez, algún día, después de salir del estupor incomprensible de este “paro técnico” (es decir, “tecnocrático”), provocado por una pantagruélica indigestión de cargos públicos, esas buenas gentes de conciencia recta y juicio sano empezarán a hacer “política”…, como si alguna vez se hubiera hecho política en la España del Régimen del 78, cuyas reglas son precisamente las que prohíben, censuran e inhiben toda tentativa de “hacer política”.

No se puede hacer política bajo condiciones políticas en las que los sujetos no son libres para hacer política.

La captura oligárquica de un Estado en desguace establecida por los Partidos ( “se constituye” cada tarde con el café de las cinco, según las ocurrencias de los eternos opositores a la jefatura de algún partido viejo, nuevo o en saldo por reformas ) es por su naturaleza misma una forma muy depurada, aunque muy grosera, de prohibir la política, y con ella la libertad para hacer política, porque se instituye nada menos que un Monopolio cerrado que, como tal, no permite el libre juego con el mínimo grado de apertura a los elementos de la sociedad civil que quieran “libremente” participar en el juego sin pasar por su incorporación al Estado hasta en el sueldo y los medios básicos de supervivencia material.

En un Régimen en el que los partidos son instituciones del Estado y sus miembros funcionarios (lo cual está bien para una Alemania que no ha conocido otra forma de Gobierno y gracias a ella o contra ella incluso ha llegado a ser poderosa), no hay reglas que permitan ninguna Libertad política para nadie , ni siquiera para las exiguas camarillas de burócratas de los partidos, que no son libres para ejercer su propio poder virtualmente ilimitado e incontrolado, como está demostrando todo el desarrollo del proceso secesionista catalán: cualquier iniciativa real, por cualquiera de las partes, amenaza con desestabilizarlas a todas, de ahí un “impasse”, que es por definición irresoluble, cuando las reglas de juego del Régimen no dan ya más de sí.

Lo que es seguro es que no hace política quien quiere sino quien puede, y en la España del Régimen del 78 es esa imposibilidad real objetiva, no la incapacidad puramente subjetiva, de hacer política lo que demuestra la carencia de su principio: nadie es libre desde el punto de vista político, ni los sujetos de poder ni los vulgares ciudadanos que se someten a cualquier cosa con tal de que no se note demasiado el vacío político que sin duda les aterraría más que vivir en la pasable irrisión diaria de los boletines de noticias.

En esta neutralización, que es muy característica de las situaciones oligárquicas terminales, se halla una de las claves secretas del proceso de autodestrucción del Régimen.

Imaginar que Rajoy, un Partido, o cualquier otra instancia, puede “hacer política” bajo este Régimen, ignora que todo en él no es nada más que una simple “coyuntura de poder” carente de cualquier profundidad “institucional”.

La expresión de Montoro sobre los “Presupuestos para funcionarios y pensionistas” , que cualquier otro partido y grupo de burócratas de partido firmaría encantado y con más fuste retórico, dice en su trivialidad toda la verdad política de este Régimen.

Y si hay que amenazar al PNV con la denuncia en el TC del mismo acuerdo sobre el cupo vasco firmado por el Gobierno hace unos meses, pues va y se hace y tan frescos, porque “hacer política” es eso y nada más que eso: un dar vueltas de la noria sobre asuntos trillados agrandados por los medios de comunicación como “cosas muy importantes” en las que nos va la vida misma.

La prueba de toda esta falta de “legalidad”, o lo superfluo de la misma, es todo lo que estamos viendo hasta en los menores detalles en el proceso secesionista: los jueces mismos viven en la más alegre improvisación sin nada sólido sobre lo que apoyarse, pero les da igual, pues los políticos de partido que los controlan son todavía más ignorantes e incompetentes que ellos mismos, y los autos están hechos de recortes de prensa que nadie lee salvo quizás el secretario de juzgado que le encarga al bedel que haga las fotocopias para la prensa.

El Régimen se había blindado contra las situaciones internas de excepción mediante la omisión de toda legislación de excepción que pudiera poner en cuestión el poder de los Partidos y será precisamente esta carencia de fundamento legal para el ejercicio de la cuestión clave de la Soberanía la que, como ya sucede, termine por crear la situación definitiva de vacío de poder (del 155, irrisorio a más no poder, en el texto y en su legendaria “aplicación”, un tal Roca es responsable; y el artículo del Código Penal sobre el delito de rebelión redactado nada menos que por el siempre solvente López Garrido, reconocidos patriotas españoles ambos, vivientes solecismos de la clase política más estúpida.. .).

Van a morir achicharrados por agarrarse a Kelsen y su distribución de “competencias” para evitar la apelación al odiado Soberano.

Rajoy no puede gobernar, ni nadie va a poder hacerlo ya, porque todos están sentados sobre una bomba de relojería que todos ellos sin darse cuenta han construido.

En fin, quien quiera defender seriamente este estado de cosas, omitiendo toda reflexión objetiva sobre sus condiciones reales, que lo haga pero que no juegue a engañar con la crítica acerca de las viejas y desgastadas idiosincrasias patrias que ya no entretienen a nadie ni justifican ninguna forma de arbitrariedad del Poder instituido.

Como si el “carácter” español o la Historia política española contemporánea explicasen nada de lo que es acción de la pura voluntad y ambición de unos individuos instalados en los órganos del poder del Estado , cuyos males desaparecerán cuando todos esos individuos desaparezcan y con ellos las Instituciones y Reglas de las que se han servido para manejar ese Estado.