EL PULSO DEL PLANETA

La hija de Beyoncé ya tiene «personal shopper»

A sus 6 años, Blue Ivy Carter dispone de un estilista en nómina que la asesora a diario y la viste con trajes de alta costura hechos a medida

MARÍA ESTÉVEZ

LOS ÁNGELES

«E ste era un rey que tenía un palacio de diamantes (…) y una gentil princesita», rezaban los versos de Rubén Darío. Acaso el monarca del poema «Margarita, está linda la mar» podría tener su émulo, en EE.UU., en uno de los hombres más ricos de América, el cantante y productor Jay Z Carter, quien trata a su hija Blue Ivy como una princesa de cuento. La niña, de 6 años, se parece a su madre Beyoncé en los ojos y, al parecer, en la personalidad. Mientras la mayoría de las crías de su edad se visten una y otra vez con el mismo traje de princesa Disney que compraron en alguna oferta, Blue Ivy cuenta con un séquito de estilistas y hasta un asistente personal que le ayudan a elegir el modelito diario, según ha desvelado la web de moda «WWD».

Sus célebres padres, preocupados por la imagen que proyecta su primogénita, quieren convertirla en estrella de las tendencias. Para ello contrataron a Manuel Méndez, personal shopper que la viste con trajes firmados por su abuela, Tina Knowles Lawson o Valery Kovalska. Creaciones a la medida de la niña más famosa del momento, como las que lució en la Gala Wearable Art y en los Grammy.

El orgullo de la casa

Fiestas Arriba, Blue Ivy con Jay Z y Beyoncé en un partido de la NBA. En esta foto, los tres en la Gala Wearable Art

ción de sus millones de seguidores. Desde luego, los malabares de los famosos por conseguir una foto o un like en Instagram cada vez son más complicados de superar.

A su tierna edad, Blue Ivy ya acude a eventos sociales con Beyoncé y Jay Z, pareja cuya fortuna se estima en 1.600 millones de dólares y que presume de hija en su intento por captar la aten-

Lo que queda claro es que el estrés de la familia Carter se parece muy poco al de los comunes. Basta escuchar a papá Jay hablando de su hija en la televisión, en concreto durante su última apari-

Verbolario ción con David Letterman, en el programa «My Nest Guest Needs No Introduction» de Netflix. En un adelanto de la entrevista -todavía no se ha emitido el programa completo-, Jay Z explica una anécdota de su retoño: «Le dije a mi hija, que tenía mil preguntas que hacerme antes de ir a la escuela, que se metiera en el coche que íbamos a llegar tarde. En el camino escuché su dulce voz: ''¿Papa?'' Me giré y me dijo: ''No me gustó como me dijiste que me metiera en el coche, hirió mis sentimientos'». La frase disparó el orgullo paterno. «Ha sido lo más bello que me ha dicho, me demostró que

puede expresar sus sentimientos». La madurez de Blue Ivy es digna de un clip de promoción de Netflix, pero suponemos que si Jay Z pudo girarse en el coche es porque conduciendo iba el chófer que, además de cocinero para el desayuno y estilista para vestir a la niña, cuenta con un séquito de ayudantes. ¿Quien no quisiera ser Jay Z o el rey del poema de Rubén Darío haciendo desfilar para Blue Ivy cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar?

POR RODRIGO CORTÉS

Muchedumbre, f. Criatura de un millón de brazos y ninguna cabeza.

VISTO Y NO VISTO

IGNACIO RUIZ-QUINTANO

EL 68

«Los catalanes son la esencia de la Legión. ¡Bendita sea Cataluña! ¡Que Dios lleve a buen camino a los descarriados!»

A yer (Puigdemont entrando al penal), germanófilos, y hoy (Puigdemont saliendo del penal), aliadófilos. Es la veleta española.

En España, aliadófilos quiere decir francófilos. Después de todo, queda un mes para el cincuentenario del Mayo Francés. ¡Los «évènements de mai»!, que dicen los «soixante-huitards». Y hasta en el «As» amenazan con darnos el tabarrón de sus prodigios.

El Mayo Francés es la Movida Madrileña de la política: mentiras de pago y sexo y copas de balde. «¿Cómo se dice acostarse de balde?», pregunta Bobadilla.

-A l'oeil -contesta una lumi.

En marzo del 68, antes de que Massiel ganara Eurovisión con un vestido de Courrèges y un lalalá del Dúo Dinámico, Jean-Jacques Servan-Schreiber (JJSS), fundador de «L 'Express», llamó a Trevijano para presentar en Madrid «El desafío americano»: lo hizo en el hotel Princesa y se reveló como un fatuo, convertido, dos meses después, en el tonto útil de los «soixante-huitards» de adoquín y Libro Rojo contra De Gaulle, último gran personaje de Europa y desde luego el único demócrata del continente: montó la V República sobre la Constitución que copió (mal) de la de los Estados Unidos, en vez de contentarse con las cartas otorgadas a todos los demás por el ejército vencedor.

El 68 es el triunfo de la socialdemocracia, hija adulterina del Libro Rojo de Mao y el «Moulin Rouge» de Oller, que era de Tarrasa, más todas las cocottes de la Teoría Crítica del marxismo dispuestas a contarnos a partir de mayo, queramos o no, los chismes de sus irrelevantes vidas como «soixante-huitards», si no salimos corriendo como Puigdemont.

-Los primeros que llegaron fueron los catalanes -cuenta Millán Astray el arranque del Tercio-. Son la esencia de la Legión. ¡Bendita sea Cataluña! ¡Que Dios lleve a buen camino a los descarriados y que el diablo recoja a los protervos! Pero prefiero mucho más que a todos los ampare el manto de la «Moreneta» que los cuernos y las garras de «Demoni».

La Historia es una cuestión de fechas.