HISTORIAS DEL CHAMINADE
(1966-2016)
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UN FORO DE DEBATE, ESTUDIO Y RESPETO
Enrique Sánchez Prada (1992-1998)
Han pasado más de veinte años desde que los de mi generación llegamos al Chaminade, el paso del tiempo ha difuminado los recuerdos, algunos rememoro en estas notas, muchos quedaron en el olvido, pero todos ellos marcaron profundamente la forma de ser de cada uno de nosotros. Nos juntábamos doscientos cincuenta estudiantes de todas las regiones del país, con culturas, ideologías, educaciones diversas y con grandes ilusiones para el futuro, y sobre todo muy jóvenes.
Ficha de Enrique Sánchez Prada
Nuestro colegio estaba en los años noventa en constante ebullición, las actividades se organizaban casi todos los días en torno a las llamadas 'aulas' que eran de lo más diversas; cine, teatro, conferencias políticas, juegos de rol, informática, fotografía, tuna, equipo de rugby en la liga universitaria, campeonato mundial de Wall Contact, esgrima, en fin la lista daría para mucho. Era casi imposible que el más indiferente colegial no acabara participando en alguna de ellas.
Al menos en esos años, la dirección del colegio recibía a los nuevos colegiales unos días antes de que llegaran el resto para que nos fuéramos conociendo. Dedicábamos la mayor parte del día a unas conferencias en varios colegios mayores de la zona: en el C.M.U. Loyola nos dio una soporífera charla el decano de derecho del ICADE, en el Poveda otra a cargo de la juez Manuela Carmena, que en el año 2015 se convertiría en alcaldesa de Madrid; conferencia y después comida en el mismo colegio mayor con las nuevas colegialas. Algunos comentaban que había que ir obligatoriamente, que los directores controlaban la asistencia. Evidentemente ni Tacho, ni Juanma ni Juan se fijaban en esos detalles. Allí comenzabas a darte cuenta de que las cosas habían cambiado, que eso ya no era el instituto.
La mayoría llegaba a Madrid de vivir en casa con sus padres, muchos de colegios religiosos, mayormente marianistas, y en el C.M.U Chaminade comenzaba una experiencia vital de la que guardaríamos un recuerdo imborrable. Además esa diversidad que mencionábamos anteriormente sirvió para muchos como una primera inmersión en la vida real.
En España hubo unas movilizaciones contra la pobreza en esos años, que en poco tiempo se agruparon en torno al lema ¡0,7% y más!, liderada por los grupos de cristianos de base. Lo que comenzó como reuniones en las parroquias de los barrios se transformó en un movimiento ciudadano de alcance nacional con una fuerza especial en Madrid. Organizaron concentraciones, manifestaciones y las primeras acampadas en el centro de la capital que se recordaban. Todo con un fin: propiciar que el Estado cediera el 0,7% del Producto Interior Bruto a los países más pobres del planeta o, como decían sus activistas, 'para los países empobrecidos'.
Aquellos fueron también los últimos años del servicio militar obligatorio. Unos aceptaban hacer la Prestación Social Sustitutoria, otros muchos hicieron la mili; y algunos se proclamaban antimilitaristas e insumisos. La insumisión fue un motivo de acendrado
Cartel de la Jornadas Taurinas debate. Para algunos era una imposición trasnochada del poder que había que superar; otros, sin embargo, tenían la idea de que su abolición forzaría a los que tuvieran menos recursos a hacerse cargo de la defensa de España.
Particular actividad desarrolló el Aula Taurina; nos visitaron desde toreros hasta periodistas destacados como Manolo Molés, del Canal+. Estas iniciativas fueron organizadas por colegiales, pero apoyadas con intensidad por la dirección del colegio, en este caso por Juan Muñoz. Gran éxito de participación tuvieron
las capeas en Colmenar Viejo, donde muchos se animaban a dar pases de pecho y derechazos, pero donde lo que más se veían eran volteretas, golpes y… más golpes. Aún se puede ver el vídeo editado por los hermanos Roquette en el canal YouTube. También celebramos cenas en el comedor de invitados. Una de ellas con el director de la Escuela Taurina de Madrid, ex torero además, que llegó a la portería y dejó estupefacta a Encarnita con su presentación: 'soy Francisco, matador de toros'; ese invitado nos enseñó fotos de un niño que no tenía ni diez años y que él creía que iba a ser toda una figura del toreo, era 'el Juli'.
Por otro lado 'La Trinchera', interesante coloquio por el que durante al menos dos años pasaron personajes de máxima relevancia del país. Estuvieron el director del periódico El País , Joaquín Estefanía y también Antonio García Trevijano, un personaje provocador y contestatario que aspiraba a presidente de la III República Española. En octubre de 1994 presentó públicamente su libro El discurso de la República en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid; y poco después vino al Chaminade, acto excitante para muchos jóvenes estudiantes y también nostálgicos, con vivas a la República en los momentos de mayor pasión del orador. Y después a tomar un par de whiskies, con el conferenciante, a Don Friolera. Fue tal la afluencia de público que se cambió el lugar habitual, frente a la 'pecera', celebrándose en esa ocasión en la capilla. Al término de su conferencia, poco faltó para salir en manifestación a la calle para pedir la III República.
En este ciclo de conferencias también estuvo el Premio Nacional de Literatura, poeta y catedrático, Agustín García Calvo; una persona
brillantísima y que, lamentablemente, en ese momento se hizo famoso no por su obra, sino por pedir ayuda, mediante un anuncio en prensa, para pagar a Hacienda diez millones de pesetas, dado que reconocía no haber hecho nunca la declaración de la renta
Los políticos que dieron conferencias fueron de todas las formaciones: el coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita; diputadas feministas como Cristina Almeida; el que luego fue secretario general del PSOE, Joaquín Almunia. También ex ministros de la UCD como Luis Gámir; futuros ministros como Cristóbal Montoro; y asimismo empresarios mediáticos como José María Ruiz Mateos, o escritores como José Luis Sampedro, entre otros. No siempre la asistencia era suficiente, sobre todo si había partido de fútbol, y en esos casos los organizadores atrapaban a cualquier amigo que anduviera por los bancos de la entrada para que hicieran bulto en la sala.
En este tipo de actividades siempre estaba dispuesto a colaborar Juan Manuel Guillem, con 'eme' como él repetía insistentemente. Era la persona que prestaba su despacho para hacer las llamadas telefónicas necesarias para organizar las diferentes conferencias. Pero además también dirigía la Cátedra de Teología Contemporánea, entre otras muchas actividades, la que sorprendentemente para muchos llegaba a llenar la capilla o la sala de conferencias para tratar asuntos apasionantes como el ecumenismo y la eclesiología.
El Aula de Música Clásica organizó varios conciertos corales. En el colegio, además de estudiantes de Ingeniería de todos los tipos, también había tres que estudiaban la carrera de Música. Aquí se organizaban asimismo turnos para hacer las colas de la temporada de ópera de Madrid, en algunos casos durante toda la noche en el Auditorio Nacional. No siempre con suerte, dado que los primeros puestos los controlaban revendedores profesionales. En esos años el Teatro Real estaba cerrado por obras y las entradas que compraban eran para el Teatro de la Zarzuela.
Y también Onda Mayor, donde muchos estudiantes de Periodismo hicieron sus primeros programas deportivos con estilos similares a los de los dos periodistas del momento: José María García y José Ramón de la Morena. Además abundaban los debates políticos, reflejo casi siempre de las diferentes tendencias del colegio (liberales, conservadores y socialistas). Allí se aprendía a debatir, a defender posiciones en algunos casos estudiadas horas antes en la sala de prensa. Se debatía a trompicones sobre si Felipe ya estaba achicharrado por los casos de corrupción; o si Aznar carecía de carisma para ser el líder de la oposición… Y mientras tanto, ETA y sus salvajadas siempre presentes en la actualidad de esas tertulias radiofónicas. También tuvimos buenos programas de cine y de teatro; todos preparados con ahínco y minuciosamente, sintiendo la responsabilidad de la audiencia, que podría llegar al 'Johny' o a la esquina del Mara.
Me atrevería a decir que nuestro colegio era el que más actividades organizaba en la Ciudad Universitaria; además lo hacía de forma constante, durante todo el año y con actividades de todo tipo; lo que la iniciativa de los colegiales proponía se acababa llevando a cabo.
Otro lugar de discusión era la sala de prensa, allí leíamos El País , el ABC , y hasta la mitad de la década de los noventa el Diario 16 , periódico combativo como el que más, pionero en el periodismo de investigación en España. Fue el responsable de descubrir los escándalos que durante muchos años coparon las portadas. Primero de ese diario y más tarde del resto; no fue un asunto menor, no sólo por la novedad de que un diario pusiera en un brete al gobierno de la nación, sino porque a la postre esos escándalos mermaron la hegemonía del PSOE, en el poder con mayoría absoluta desde 1982; y que en 1993 la perdía y comenzaba a necesitar de los partidos nacionalistas para mantenerse en el gobierno y en 1996 cedía la mayoría al PP de José María Aznar.
Desaparecía en esos años el Diario 16 pero llegaba El Mundo . También teníamos en la sala el diario barcelonés La V anguardia donde te podrías refugiar si te exasperaba la riña política constante entre Felipe y Aznar. Unos que si carecía de liderazgo el representante del mayor partido de la oposición; otros dándole en el cogote mañana y tarde con los casos de corrupción de Roldán, Mariano Rubio, y el archirrepetido… 'váyase señor González'.
Además de estos periódicos teníamos los deportivos As y Marca . La sala de prensa era una parada obligatoria a cualquier hora del día y sobre todo minutos antes de que abriera el comedor al mediodía, con el ruido de fondo de los jugadores de ping pong de la sala anexa.
Foto de la sala de períodicos @ (Manuel Maese)
Y también era parada obligatoria el 'tablón de anuncios', corcho ubicado a la entrada de la sala de estudios y la sala de periódicos, donde teníamos libertad de expresión total para opinar, reclamar, protestar, proponer. Este tablón se llenaba en época de exámenes de notas variopintas, léase la famosa firmada por 'Ramón Vélez y 22 colegiales más' criticando a la dirección del Colegio.
Nuestro colegio era adusto, tenía lo justo. Las habitaciones eran espartanas, pero casi todas individuales y muchas tenían baño, y eso ya era una diferencia importante con respecto a otros colegios mayores de la zona. No teníamos wifi, internet ni teléfono en las habitaciones, eso llegaría mucho después. Pabellón grande, pabellón pequeño, barrio sésamo, el seminario, el submarino, la casita y la A16 que contaba con bañera…, cada zona de habitaciones tenía su nombre y peculiaridad.
El personal de recepción usaba la megafonía y las 'chicharras' para avisar a los colegiales cuando recibían llamabas telefónicas a la centralita del 915545400. No había móviles aún y las colas para usar las cabinas a partir de las 22:00h para llamar a casa con las tarifas económicas de Telefónica eran habituales.
La comida era excelente durante todo el año, pero hay que destacar las jornadas gastronómicas con la que nos sorprendían una semana al año, realmente eran espectaculares, ya sean las de comida regional o internacional.
Durante unos meses tuvimos como responsable de la cocina al señor Centeno que revolucionó el comedor. Aquello era increíble por la cantidad y variedad de la comida, era llamativo leer en cartelera los platos que a diario nos preparaba y que no sabíamos que eran: poupieta, blanqueta a la anciana, gratinado Chaminade, brocheta meridional. Una maravilla; aquello duró pocos meses y pronto volvimos a la normalidad.
El comedor grande tenía y aún tiene mesas hexagonales con rejilla bajo el tablero para dejar la vajilla del primer plato. ¡Más de un novato comió el primer día el filete de segundo plato con su plato sopero sucio del primero encima de sus rodillas!
Durante todo el año los colegiales iban antes de la hora de la comida a reservar su lugar para poder estar con su grupo más allegado y tu sitio habitual; vasos encima de los platos era la manera de reservar aunque había otras más sofisticadas.
Por otro lado, las asambleas fueron múltiples, desde la que se convocó para instalar, en la sala de ping pong, una mesa de billar y algún que otro artilugio más; hasta la más recordada, aquella en la que un compañero de Mallorca, Toni Munar, propuso que el colegio fuera mixto, y se montó la marimorena, lleno hasta la bandera con unas ganas tremendas de confrontar los argumentos. Aunque ahora parecerá extraño muchos se opusieron y derrotaron la propuesta. Recuerdo que los contrarios achacaban a los defensores estar únicamente interesados en incrementar sus posibilidades de éxito con las futuras colegialas. Si se me permite recordaré textualmente el argumento más repetido: 'no os vais a comé na'. Ese año no salió la iniciativa pero hoy, sin embargo, es una realidad.
Tacho, que cada año que pasaba estaba más joven, era el indiscutible señor de la asamblea. Ya le podían dar tarascadas sin parar que las aguantaba con tranquilidad y elegancia: 'antiguamente los colegiales…', 'es que el Patronato…', 'la dinámica del colectivo… '. En fin, un maestro que bajaba la mano y lentamente mandaba, se pusiera como se pusiera el más bravo de los colegiales, que los había.
Las asambleas eran nuestra reunión más importante. Debatíamos de todo: la comida, las trifulcas de las fiestas del colegio, si las chicas debían o no pagar en las fiestas, las tanganas que se montaban fuera del Chami cada inicio de curso en las prohibidas novatadas,… Después de esos follones, la dirección llevaba a debate la conveniencia o no de expulsar a los más destacados compañeros en esos eventos. Además
discutimos, artículo por artículo, la nueva guía colegial. Era nuestra 'Constitución', a la que se dedicó innumerables asambleas.
En el Chami estaban prohibidas las novatadas y verdaderamente no se hacían; cosa distinta es que los colegiales se unieran voluntariamente en la semana de las novatadas a las visitas nocturnas al Colegio Mayor Moncloa, tradición que en esos años se fue perdiendo, y que reunía a decenas de estudiantes de muchos colegios de la zona para decirles de todo porque eran del Opus. En una ocasión, eso acabó con la llegada de los jeeps verdes de la Guardia Civil y con algún compañero detenido en Guzmán el Bueno hasta que se le pasara la melopea.
En otro orden de cosas, el Aula de Cine organizó una visita del director Juan Antonio Bardem, tío del famoso Javier y del que dijo que, después de ver unas escenas de su sobrino en la película Perdita Durango , le mandó al cuerno. Vino y nos colocó un delicioso bodrio de la historia del comunismo en Alemania; según dijo era su estreno en España y la había hecho veinte años antes. Él sentado en la primera fila explicando por qué puso la cámara en ese lado y lo pelmazo que era no sé qué actor que aparecía por ahí en ese momento.
Tuvimos un Congreso mundial de anarquistas en el salón de actos durante todo un fin de semana. También hubo momentos para olvidar, el más lamentable fue cuando dejamos que dieran una conferencia dos representantes del partido político que defendía a los terroristas de ET A, Endika Garai y Sabin del Bado. Nos visitaron y llenaron a rebosar el salón de actos, y por supuesto no condenaron ni los asesinatos ni los secuestros. Para ellos todo lo provocaba una cosa que nunca entendí que llamaba el 'conflicto'. En esos años 90 poco sorprendía que algún compañero llevase camisas con el lema 'Jo Ta Ke', que usaban los proetarras para animar a los suyos a que mataran a los otros. Eso también ocurría en nuestro colegio.
En cuanto al personal que trabajaba en el Chaminade, es justo destacar a las hermanas Encarnita y Serafi que le daban mucho cariño al trabajo que hacían. Elías, una gran persona, ocupaba la portería por la noche los fines de semana, hombre muy amable con todos y exquisito en las formas. Por las mañanas Eduardo, parco en palabras. También Salgueiro, responsable de arreglar los desperfectos de las habitaciones y del resto de las instalaciones.
Josechu, de nombre vasco, pero nacido en Galicia (Finisterre: fin de la tierra, según decía él), era el personaje de aquella época. Unos decían
que había sido director general de algún gobierno de la transición, también que era abogado del Estado, aunque muchos no tuvimos nunca claro qué parte de verdad había en ello. Desde luego era una persona de gran viveza y rapidez en la argumentación: 'a ver chaval ¿qué dice el artículo seis de la Constitución de Cádiz? ¡Los españoles serán justos y benéficos! ¡Es que no te enteras!'. Él participaba como uno más en las actividades del colegio. Veía los partidos de fútbol en las salas de TV y, la verdad, en ocasiones mortificaba a Serafi y a Encarnita, y exasperaba a Elías cuando hacía del banco de la entrada su particular dormitorio de verano.
También Dani, propietario del quiosco, colocado primero a la izquierda de la entrada del colegio y mirando hacia la cuesta de Santiago Rusiñol; y años después a la derecha y mirando hacia nuestra fachada.
En la cafetería, lugar de reunión diaria, entró una nueva concesionaria, que organizó una inauguración por todo lo alto con canapés y bebidas para todos. Los camareros, uniformados con chalecos rojos y pajaritas, servían excelente café italiano. Aquello era un lujo, pero claro, en un entorno estudiantil como el nuestro ese proyecto iba a durar más bien poco; allí lo que se buscaba eran buenos bocatas y café cuanto más barato mejor para pasar la tarde jugando al mus o a la pocha (vamos a 'pochar', se decía).
En verano compartíamos el colegio con extranjeros y extranjeras de todas las nacionalidades y escuchábamos por megafonía cómo comenzaban a llamar a supuestos estudiantes alojados en el colegio: Michael Jordan y George Bush entre otros. Eran cosas del agobio de los exámenes de junio.
El Chaminade nos marcó a todos, nos encontramos en un entorno de libertad un lugar donde estudiábamos, sí, pero no sólo eso. Un lugar en el que prevalecía la convivencia, muy intensa, seguramente por el ímpetu de la juventud, un foro de debate, estudio y respeto. Un centro donde se estimulaba y apoyaba a los colegiales para que tuvieran iniciativa, que pasaran de hablar a hacer. Un gran recuerdo.
Quiero agradecer la participación en la elaboración de estas notas del colegial Guillermo Legorburo Serra y también de Rayco Rodríguez López.