Frente a la gran mentira. Por Oriol Pérez Treviño

 Jose  junio 19, 2020  El tiempo se convierte en espacio

Sábado, 20 de junio de 2020

Quien firma estas líneas le cuesta entender, como es lógico, muchas cosas. Cosas que se corresponden con los hechos de la propia realidad cotidiana. Les pondré un ejemplo para que me entiendan. Desde el año 2010, con la famosa manifestación del 7 de julio en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya, se ha dicho que se inició un

«proceso» que, según una parte de la ciudadanía de Catalunya, podría o debería desembocar en la construcción de una República catalana. Este proyecto político puede gustar más o menos, o directamente nada y estar radicalmente en contra, pero, al margen de estar a favor o en contra, me parece que bueno sería hacer, antes de todo, aquello que en los Ejercicios espirituales de San Ignacio se define como realización de «una composición de lugar». Y esta composición ya no sólo puede servir para encontrar argumentos a favor o en contra de la cuestión sino para una cuestión, llamémosla, más profunda y que posiblemente es la que nos pueda hacer comprender los porqués de la tragedia para unos y de la ilusión para otros. Vaya, para poder entender cosas. Y para ello es necesario, en primer lugar, recurrir a las voces disidentes que, sin ir más lejos, existen en el mismo Estado español que explican ya no sólo los porqués una parte de la ciudadanía haya mostrado su voluntad decidida a que su territorio quiera separarse, independizarse o emanciparse sino que ayudan a comprender un poco mejor la perplejidad de las noticias que, día sí día también, debemos conocer en referencia, por ejemplo, a la monarquía, a la existencia de los ignomiosos GAL, según la CIA impulsados por el mismo expresidente Felipe González Márquez o, si lo desean también, comprender la naturaleza de un estado que tiene a líderes políticos en la cárcel o, ya no digamos, a jóvenes encarcelados por una pelea en un bar de Alsasua.

'Yo no he cedido nunca en denunciar la falsedad del Régimen actual, la falsedad de la Monarquía; yo no he aceptado jamás que tengamos un designado por Franco. No acato la Monarquía, no acato a este no acato la Constitución; digo lo que siento; quieren meterme en los tribunales, que me metan, me da igual" Rey Rey y si

Antonio García-Trevijano

Escribir estas cuatro realidades como lo son una monarquía corrupta, el impulso de grupos paramilitares, presos políticos o injusticias para unos jóvenes son sólo una pequeña muestra que deberían hacernos preguntar que diablos está pasando, hace muchos años, en España. Y lo que ocurre es independiente de si uno es independentista o unionista sino que incumbe a aquel que quiere conocer un poco mejor el estado de las cosas. Valga de antemano que quien suscribe estas líneas no tenía más referencias del abogado Antonio García Trevijano-Forte (1927-2018) que la de haber escuchado, a menudo, que era un conspirador de taberna, a pesar de ser un prestigioso jurista en Derecho Mercantil . También del secuestro que sufrió por un comando de la extrema derecha donde lo malhirieron en la Casa de Campo de Madrid y poco más. No había leído, así, ninguno de sus libros hasta que, en los últimos días, he tenido ocasión de leer Frente a la gran mentira (Espasa Libros, 1996), la base del cual sirvió para que el pasado 20 de mayo saliese un documental homónimo firmado por Atanasio Noriega y donde se hace un repaso de las ideas, pensamiento y principios de García Trevijano, pero donde sobre todo se nos hace una «composición de lugar» que pone los pelos de punta. No voy a entrar ahora a hacer un spoiler, y aún menos a exponer las teorías jurídicas, de lo más bien fundamentadas en la filosofía y la historia del derecho, para el alcance de lo que él llama una democracia de verdad. No. Lo que más sorprende es la naturalidad como el jurista granadino expone que, en España, no hay democracia sino una oligarquía de partidos, un estado de partidos, una partitocracia. Debo confesar que escribo estas líneas con el impacto que me ha supuesto ver dicho documental y ver en él datos que aún dan más argumentos a la teoría que expuse en uno de mis escritos sobre los «partidoscártel». Les seré sinceros. Desde la lectura de las memorias de Lluís Maria Xirinacs (1932-2007) La traïció dels líders no había leído y visto nada tan inquietante como la corroboración de la chapuza de proporciones cósmicas que fue la conocida como «Transición española». Para García Trevijano, aquello no fue una transición sino una transacción que es muy diferente. Repúblico convencido, que no republicano, luchó en contra del régimen de Franco, pero también insistentemente en contra de la monarquía de Juan Carlos I impuesta por dicho dictador fascista. Impuesta, lo han leído bien. ¿Votaron o han votado algunos de ustedes si querían como rey a este personaje con una biografía, por sus esperpentos, cada día más parecida a la de uno de los emperadores romanos en plena decadencia donde me niego a escribir ni uno solo de sus episodios porque son conocidos de todos? Amigo personal de Don Juan de Borbón (1913-1993), esta figura que ha sido borrada tanto y tanto del imaginario público quizá por no corroborar el verso de Benedetti «el olvido está lleno de memoria» , lo cierto es que la visión del documental hay que realizarla ya no tanto como una lectura de la visión política del jurista sino, sobre todo, y esto es lo que asusta de verdad, en la búsqueda de rastros y signos para entender mejor los comportamientos de los miembros de la partitocracia, o sea los ineptócratas que, día sí día también, tanto y tanto nos sorprenden. A propósito de González Márquez. Ahora que se han dado credibilidad (porque la deben de tener) a los informes de la CIA que lo involucran en la guerra sucia contra ETA, bueno sería leer lo dicho también de Felipe González en aquellos años de «transacción». García Trevijano dice que Felipe González no sólo fue

una creación del franquismo, sino una creación de la misma CIA. Todos hemos oído hablar alguna vez de aquel apodo de Isidoro . Cuando Isidoro iba las manifestaciones, la policía avisaba por radio que a aquel hombre no se le podía tocar … . Leer a García Trevijano es, porque engañarnos, adentrarse en un espiral de contradicciones no por su discurso, perfectamente trabado, sino por cómo es capaz de hacernos tambalear los cimientos de lo que, algún momento, ya habíamos desestimado como increíble o imposible. Podemos desestimar sus argumentos donde habla abiertamente de la inexistencia de democracia, de justicia, de no haber ningún poder digno en España y donde sólo interesa el reparto de privilegios. Pero no es menos cierto que a través de esta mirada empiezan a encajarse muchas piezas del puzzle … . No será ahora el momento de querer realizar una interpretación de la realidad política del momento presente a partir de los presupuestos y fundamentos de esta visión del granadino, pero no es menos cierto que, en Catalunya, bueno sería que hubiera alguien que empezara a leerlo con atención porque da pistas muy valiosas, precisamente, para conocer un poco mejor quién está al otro lado. Vaya, en términos de separación sentimental, para saber quién es la pareja de la que nos queremos separar. O si creemos que el matrimonio ya funciona, tampoco nos irá mal conocer cómo es de verdad nuestra pareja. Mucho me parece, sin embargo, que el independentismo, hoy por hoy, es incapaz de hacer este ejercicio. ¿Por qué? En primer lugar, no hay que esconderlo, porque García Trevijano era un convencido de la unidad de España. Pero, por supuesto, de una España que nada tiene que ver con la actual. Y esto no conviene. El independentismo sigue siendo incapaz de construir discursos que vayan más allá de la propaganda política, de la apelación constante a los sentimientos y de forjar una construcción en base a la solidez de un discurso y de la razón. Desgraciadamente, mal que nos pese, estos discursos no tienen ninguna diferencia con los discursos políticos de la partitocracia española, de la que no lo olvidemos los mismos partidos llamados independentistas también forman parte. Quizás el día que se sea capaz de empezar a construir discursos que no se busquen ni adhesiones sentimentales, ni apelaciones a las cuestiones económicas sino a la necesidad real de construir un país nuevo de verdad, superador de la oligarquía de los partidos-cártel, que sepa integrar en esta construcción una superación de los actuales tiempos distópicos, también se habrá realizado, colectivamente, un paso de gigante. Con independencia de que seamos independentistas o unionistas. Mientras tanto, todo lo que no sea esto no será más que esta letrina de reproches de patio de colegio, de peleas cainitas, de naifismo, de todólogos, tertulias vacías, asociaciones, empresas y entidades que viven del proceso … . en definitiva: un gran e inmenso homenaje a Kafka quien nos legó, precisamente, su título: El proceso (1914). Es llegada la hora al independentismo de empezar a pensar en grande. Y para ello hay que superar y relevar a los que, hasta ahora, han liderado este proceso, ya sean políticos o líderes sociales y culturales. ¿Por qué? Por su mediocridad. Y como algún politólogo ya ha señalado la mediocridad siempre conlleva los recursos a la mentira, a la insensatez y la irresponsabilidad que, visto el documental Frente a la gran mentira , son lo que fundamentan y unifican de verdad el conjunto de la península ibérica. Y el principio de la naturaleza no engaña: el fuego no se apaga con fuego.

Mientras no lo hagamos, el independentismo no podrá hacer más que buscar y anhelar la libertad política cuando en realidad, según García Trevijano, es la libertad política la que nos busca a nosotros

Oriol Pérez Treviño

@Oriol67638017