A sangre y fuego. Por Oriol Pérez Treviño

Jose

julio 17, 2020

Audio / Música, Entre clásicos, Videos

Sábado, 18 de julio de 2020

Aunque nos cueste de aceptar, o seamos incapaces de verlo, nuestro país está adoptando, cada momento que pasa, forma de ruina. Y digo país para referirme al principado, a la comunidad autónoma, a la región o a la futura república, me da igual. Me refiero a Catalunya. Catalunya, hoy por hoy, es un verdadero país en descomposición. Es un inmenso «Sálvese quien pueda» que arranca con la inacceptación infantiloide que, en la supuesta batalla épica del 1 de octubre, se perdió. Porque allí, por no haber, no hubo ni guerra. El Estado español no es tan idiota como algunos pensaban. Como mucho, pasados los meses, todo aquello me parece que queda más cerca de una tensión similar e idéntica a la que yo viví, en los años de BUP, cuando una troupe de bienaventurados y majaderos decidió hacer estallar un petardo manipulado en los lavabos de la escuela donde estudiaba. No piense en una versión catalanesca del Bowling for Columbine donde, como mostró el famoso film de Michael Moore, los estudiantes que atacaron a tiros a todo bicho viviente que se movía dentro de aquel instituto de Colorado, también tenían preparados explosivos suficientes para dinamitar el centro. Nada de eso. Todo era muy naïf e inocente. Lo del petardo fue una gamberrada de protesta en contra del director que tuvo resultados inesperados como fueron, primero, que la taza de un váter volara por los aires y, segundo, que los exámenes quedaran suspendidos para poder investigar quien había puesto el petardo. El caso es que, poco a poco, todo se puso en su lugar: se hizo la vista gorda con los aspirantes a pirotécnicos, se reanudaron los exámenes y, finalmente, tal día hará un año.

No será ahora el momento de adentrarme en la comparativa, para muchos imagino que muy desafortunada, de este capítulo de la gamberrada con «eso», casi sagrado, del 1 de octubre. Y no lo haré por profundo respeto por aquellos que, con independencia de nuestra ideología, más han sufrido y sufren aquella «épica» ya sea en forma de prisión o haber tenido que marchar para no tener que ingresar en ella.

Siempre pienso que en una democracia de verdad, debe poderse hablar de todo y sino que se lo expliquen a Canadá o a Escocia que se han hecho referéndums de autodeterminación y que, para más INRI para los que somos independentistas, siempre se han perdido. Pero aquello, con el paso del tiempo, me parece que pecó demasiado de autocomplacencia, naïfismo y narcisismo a partes iguales que, sin embargo, explica también el asentamiento, ahora, de una ineptocracia tan indimitible como incapaz para la gobernanza y gestión real de problemas como una pandemia. Y esto lo están haciendo, no lo olvidemos, los que aseguran ser los continuadores del «mandato del 1 de octubre». Mandato que, por otra parte, no tiene ningún reconocimiento internacional ni siquiera los observadores internacionales que se desplazaron a Catalunya y vieron, en vivo y en directo, algo parecido a una versión sadomasoquista, evidentemente por las hostias de las FSE , de aquella vieja canción de La Trinca titulada «Per primer cop» que, para quienes no la conozcan, es la explicación de la primera vez que un ciudadano ejerce su derecho a voto como si fuera la primera vez que mantiene una relación sexual. Pero también se pudo encontrar algo de aquella otra canción trincaire que se titulat «Un gran dia» donde se parodia una canción del nacionalcatolicismo que exaltaba la celebración de la primera comunión con la asistencia a una primera manifestación y donde, evidentemente, se recibía una primera hostia … .

Reflexiones sarcasmáticas al margen, hoy, es 18 de julio, el día que, en la España de 1936, se produjo el alzamiento fascista que desencadenó una guerra civil, el asiento posterior de una dictadura militar y que llevó, con los años, a otro régimen autodenominado democrático, en realidad según García Trevijano, una oligarquía de partidos que explica donde hemos llegado y donde estamos. No sé a ustedes, pero a mí la caída libre por corrupción de aquel que fue jefe del estado, entre 1975 y 2014, Juan Carlos I de España o la demanda de la Audiencia Nacional de sentar la toda Familia Pujol por organización criminal, me hace dar cuenta cómo, se va corroborando, el fin de un mundo que está agonizante para morir definitivamente.

Bueno me parece que para el nacimiento y crecimiento del nuevo mundo, nacimiento que tendremos que contribuir todos de una u otra forma, reflexionáramos, un 18 de julio, que fue todo aquello de la Guerra civil. Y sobre todo que supuso. Lejos de las exaltaciones épicas, aún vigentes, de los dos bandos, pocas veces hemos sido capaces de hacer una reflexión serena de aquella catástrofe, en buena parte, porque siguen existiendo las dos Españas, los dos bandos, el Duelo a garrotazos de Goya.

Y eso que de libros y reflexiones no han faltado. Pocos, sin embargo, a la altura de una de las obras que el firmante cree como indispensable y clásica para contribuir a dicha reflexión: A Sangre y Fuego. Héroes, bestias y mártires de España del escritor y periodista Manuel Chaves Nogales (1897-1944). Escribir sobre Chaves Nogales es hacerlo sobre uno de los más grandes escritores españoles de la primera mitad del siglo XX que ha tenido, sin embargo, la poca fortuna de no ser reivindicado por ninguno de los dos bandos. Fiel al servicio de la República, el escritor al darse cuenta de lo que venía encima decidió exiliarse en Francia porque, ciertamente, lo hubieran fusilado unos y otros. Unos por republicano y otros por condenar las mamarrachadas de la Revolución. Publicado, en Chile en 1937, Sánchez Nogales escribe un libro de 9 relatos donde explica las brutalidades de la guerra, incluidas las de «los suyos»: los republicanos.

No esperéis encontrar en la lectura o relectura de la obra de Chaves Nogales aquellas excelentes escrituras, algo edulcoradas, de un conocido y premiadísimo escritor, afincado en Girona, a quien le interesan fascistas, quinquis y corruptos golpistas y donde, cada día que pasa, provoca la necesidad de tener que encontrar la definición exacta del género literario para aquel famoso libro titulado Anatomía del instante donde, según éste, dicho corrupto jefe del estado fue el gran defensor del régimen democrático y no sabía nada de nada del intento del golpe de estado del 23-F. Como imagino tampoco sabrá nada de los tiros que, ayer, recibió su ex amante. Nada de eso. Leer Chaves Nogales es, ante todo, leer unos relatos que fueron publicados, antes de ser recopilados en un volumen a dicha edición chilena, en diferentes revistas internacionales para explicar la barbarie.

«Cada uno de sus episodios ha sido extraído fielmente de un hecho verídico; cada uno de sus héroes tiene una existencia real y una personalidad auténtica» afirma en el prólogo. Al ver como el Gobierno de la

República se trasladaba a Valencia, vio como aquello no podía ir más que a peor, por lo que decidió escaparse para pensar y escribir. Y escribir cosas como «la crueldad y la estupidez se enseñoreaba entonces de toda España» debido a dos pestes bubónicas: el comunismo y el fascismo a partes iguales. La razón de todo aquel desastre era el miedo en los dos bandos al hombre libre e independiente que había querido permitirse un lujo: «el de no tener ninguna solidaridad con los asesinos: para un español quiz sea eso un lujo excesivo». Demócrata convencido se estableció en Paris donde colaboró en muchísimos periódicos hispanoamericanos y franceses. Fue en el país vecino donde pudo dejar constancia de la tragedia que le venía encima con la invasión nazi y el establecimiento del llamado régimen de Vichy. Lo dejó escrito en La agonía de Francia . Como era de prever, terminó formando parte de las listas de la Gestapo y tuvo que emigrar hacia Londres donde tampoco dejó de escribir como periodista al frente de The Atlantic Pacific Press Agency. Tuvo que vivir sus últimos cuatro años de vida absolutament solo donde murió con tan sólo 46 años. Enterrado en el North Sheen Cementery de Richmon en una tumba sin lápida, como ya apuntó Sergio Vila Sanjuán, quizá sea la ausencia de lápida la imagen más precisa de lo que son algunas figuras de la literatura hispánica en referencia al estado de conocimiento de un escritor antológico y clásico como Chaves Nogales donde su obra A sangre y fuego no sólo nos permite explicar un poco mejor la tragedia de la Guerra Civil española sino también un poco nuestro presente y, en el fondo, la clase de la «gentecilla» que somos o podemos llegar a ser todos.

Oriol Pérez Treviño

@Oriol67638017