CAFÉ DE REDACCION CON ANTONIO GARCIA TREVIJANO
LA PROVINCIA, 18 MAYO 1975
Durante toda esta semana. Antonio García Trevijano ha sido actualidad en Canarias. Sus viajes, contactos y reuniones en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife constituyeron una nueva oportunidad para quienes presenciamos con interés y responsable apasionamiento el acontecer político español, la transformación de esquemas mentales y estructuras ideológicas, la aparición o reafirmación de quienes, hoy fuera del sistema, han mantenido y mantienen posiciones democráticas inequívocas y habrán de participar protagonísticamente en la vida nacional.
Un incidente en La Laguna, rápidamente aclarado, añadió mordiente periodístico al paso de García Trevijano por la región. Notario en excedencia y abogado en ejercicio, milita en las filas de una burguesía española que se manifiesta contraria a los esquemas autoritarios del poder y que, por ello, está llamada a desempeñar un papel importante en el inmediato futuro. Nuestro interlocutor no se ha definido en un plano de militancia, si bien su ideología queda perfectamente clara en la conversación. Hemos dialogado hace pocas semanas con otro calificado miembro de la burguesía progresista española, Joaquín Garrigues Wálker, ubicado en las filas de una derecha democrática también perfectamente delimitada. Hoy nos toca hacerlo con alguien que, situado en un plano que por los síntomas habría que definir de centro-izquierda. Juega papel principal en el desarrollo de una plataforma democrática que se presenta como alternativa para el cambio.
En nuestro afán de recoger honestamente la mayor cantidad y calidad posible de opciones, sin trasponer los límites de la legalidad pero utilizándolos con la mayor amplitud que consienten las circunstancias, ofrecemos a los lectores los puntos de vista de García Trevijano.
Sus primeras palabras son un caluroso tributo de amistad a Canarias y a sus amigos en Canarias:
LO PRIMERO: LA DEMOCRACIA
—Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz como hoy. Estoy en Canarias, tras seis años de ausencia, y estoy con dos de mis mejores amigos: uno el P. Maury, compañero de colegio desde los doce años y al que estimo entrañablemente como a un hermano; y el otro, José Joaquín Díaz de Aguilar, con el que tengo una intima amistad desde hace 13 o 14 años. El solo hecho de estar en Canarias con ellos quiere decir que soy más abordable que nunca.
—Pues al abordaje. El undécimo: definirse. ¿Cuál es la ubicación política de Antonio García Trevijano?
—Aunque no es gran mérito de mi parte, sino más bien un motivo de grandes preocupaciones, no necesito ubicarme porque soy de los pocos españoles políticos que desde hace más de 25 años no han cambiado de posición. Desde mis 18 consideré que un régimen autoritario es irreformable, invariante desde dentro. Por tanto, como pertenezco a una familia liberal y tuve la suerte de ser educado en el respeto a la libertad y la democracia, defendí siempre que la sociedad española no tendrá la democracia hasta que la conquiste. Insisto en que no ha sido una suerte para mi, ya que por decir lo que hoy dicen los ministros del Gobierno he ganado enemistades, persecuciones, multas, procesamientos, etc.
—El buque sigue inexpugnable. Salen a relucir armas y dientes para ver si se produce la definición.
—Todo el mundo conoce mi posición democrática, si me piden que defina en que grupo, partido u organización estoy, tendré que repetir lo que durante muchos años dije: el día en que todos los españoles, sin riesgo ni temor, puedan decir públicamente en qué partido militan o cuál es su ideología, yo diré la mía. Repito ahora que lo que quiero es la democracia, porque es lo único que me importa. El día en que ésta se instaure, declararé con la misma nitidez si soy de derecha, de centro o de izquierda, socialista, socialdemócrata, conservador o progresista.
— Es una actitud. Se impone el rodeo. En opinión del notario García Trevijano ¿han cambiado en España las condiciones objetivas para una vivencia práctica, real, de la democracia?
Esa es la cuestión. Hasta hace cinco años no existían esas condiciones objetivas y los que subjetivamente defendíamos la democracia éramos incomprendidos y tachados de peligrosos y subversivos. Hoy, como es la sociedad española la que desea la democracia, la subversión estarla de parte de quienes la impidan y somos nosotros, los demócratas, los hombres responsables y de garantía para la sociedad.
80 - 85 POR 100 DE LOS ESPAÑOLES
— “Nosotros”. ¿Cuántos españoles, qué proporción de la sociedad española abarca este sugerente pronombre personal, primera persona del plural?
—Enorme. Es difícil contestar esta pregunta. Sería muy fácil si el Gobierno quisiera hacer una consulta popular sobre la democracia. Estoy seguro de que se alcanzaría una cifra gigantesca, superior al 80 o el 85 por 100 de la población adulta. Al decir “nosotros” me refiero exactamente a esta parte de la sociedad y del pueblo español.
—Eso supone, señor notario, que el espíritu democrático no se reduce a capas o estamentos de tal o cual composición social, sino que está extendido a todos...
—La libertad y el deseo de una convivencia democrática no desaparecen nunca de las capas populares. Ni siquiera regímenes autoritarios prolongados pueden borrar el deseo natural e innato del hombre de vivir en libertad. Por tanto, si hay sectores donde no se manifiesta hoy con evidencia el deseo de vivir en libertad, es por temor a represalias. Todos los movimientos, reacciones de privación de la libertad han partido siempre de minorías privilegiadas que se creen guías de la sociedad y quieren imponer por la fuerza el concepto que ellos tienen de la felicidad de los demás. Naturalmente, en España contra la democracia y la libertad están algunas capas minoritarias que disfrutan del poder.
ELECCIONES AUN NO
—Ese 80 u 85 por 100 de españoles de pensamiento democrático que García Trevijano contabiliza ¿andan cada uno por un lado? ¿Existen bases de acuerdo o condiciones suficientes de pacto entre las diferentes fuerzas democráticas?
—Esta es una pregunta muy pertinente. Las condiciones objetivas para el pacto existen; pero fallan las condiciones subjetivas. Voy a decir por qué. Las tendencias democráticas cristianas y el socialismo obrero, durante el tiempo en que la sociedad española no reunía las condiciones objetivas para la democracia han tenido que sobrevivir —y es un gran mérito que nosotros les agradecemos— manteniendo una acción política en círculos estrechos, intelectuales, de grupo, pero que ha permitido, sin duda alguna, que la antorcha no se apagara. Otras tendencias han podido organizarse en la clandestinidad y luchando efectivamente por educar las masas obreras y hacerlas participar en la conquista de la libertad. Es natural que esos años anteriores, de distinta táctica y acción, influyan en la actual estrategia de los dirigentes. Los dirigentes demócrata-cristianos y socialistas no se han percatado aún de que no estamos ya en la democracia; que los partidos políticos son indispensables para administrar la democracia ya establecida, pero que ellos solos nunca han podido conquistar la libertad en un país de sistema autoritario. Simplemente esta observación justifica que para construir la democracia en España los partidos políticos son insuficientes. Hay que crear plataformas para que puedan participar los millones de españoles que lo desean y que sin embargo no desean, por razones respetables, estar hoy encuadrados en un concreto partido político, aunque lo estarán mañana. Me parece un poco extraño que en los partidos políticos clandestinos o ilegales en algunos prevalezcan hoy las preocupaciones electoralistas, como si estuviéramos a la vista de unas elecciones, cuando lo que hay que hacer es trabajar para que haya elecciones. En este sentido me parece que tanto el socialismo obrero como algunos de los grupos democristianos se están repartiendo la piel del oso antes de cazarlo. Mi preocupación personal es hacer que participe todo el pueblo español, a sabiendas del papel preponderante y hegemónico que luego tendrán los partidos políticos.
Todo esto lo digo, sin embargo, con el mayor respeto por los dirigentes socialistas obreros y de la democracia cristiana. Entre estos últimos, Joaquín Ruiz-Giménez piensa poco más o menos como yo .
LAS PLATAFORMAS
—Plataformas como vía hacia la democracia. El objetivo es único pero los medios parecen no serlo. Hay una plataforma conocida pero se anuncia otra. ¿Van a colisionar o son posibles en cuanto caminos paralelos hacia la misma meta?
—Desde que apareció públicamente la primera plataforma, el socialismo obrero quiso agrupar a su alrededor las fuerzas políticas no integradas en aquélla, para formar una especie de alianza democrática integrada exclusivamente por los partidos políticos convencionales o tradicionales. Últimamente también consideran como posible aliado en este proyecto a una reciente formación no tradicional ni convencional, llamada USDE. Digo que esto es un simple proyecto que produce más bien el deseo subjetivo que la posibilidad objetiva de su realización. No me parece posible que se pueda construir una alternativa democrática o una plataforma de acción política general con exclusión de las fuerzas populares. Por tanto considero que este proyecto no se pondrá nunca en pie.
—¿Y cómo, es concebible que un socialismo obrero piense en constituir una plataforma con exclusión de las fuerzas populares? Esto no se cohonesta con la historia
—En la historia hay que tener en cuenta la experiencia de Largo Caballero, que aceptó la participación en la dictadura de Primo de Rivera. Los tiempos han cambiado mucho y hay que pensar que en aquel momento el movimiento obrero, las grandes fuerzas de masas eran anarquistas, mientras que hoy el papel preponderante dentro del movimiento obrero corresponde a un partido y una comisiones integradas en la plataforma de que hablo. Así que el socialismo obrero está haciendo una mimesis histórica al valorar exactamente en su justo sentido la enorme diferencia social de la época de Primo de Rivera a la actual. De todas formas, conozco personalmente a muchos socialistas que aprueban la participación en la plataforma citada antes.
—En definitiva, no es posible la coexistencia de dos plataformas en la vía a la democracia.
De dos plataformas no, pero sí creo posible la unidad en la acción política, aunque no se dé la integración formal. En primer lugar, las dos plataformas no existen. Sólo existe una, puesto que la otra no ha sido creada.
Algunos de los grupos no integrados han dirigido conjuntamente una invitación, para reunirse en torno a una mesa, a dicha plataforma y otras organizaciones. A esta invitación han contestado que no. Yo sé el por qué de ese no: la plataforma democrática no es ni alianza de partidos ni un pacto entre dirigentes políticos. Es una alternativa democrática, que busca, mediante la participación de todos los grupos y del pueblo español, constituirse en un poder político para transformar el país. Está dispuesta, según creo, a reunirse con todas esas agrupaciones para discutir el concepto que ellas puedan tener sobre la alternativa, pero no para crear la confusión. No hay ninguna posibilidad de crear un comité o un enlace político con otras fuerzas que no están en ella porque sería ir contra su propia naturaleza..
LA HEGEMONIA NO EXISTE
—Sin embargo se habló de conversaciones bilaterales con varios partidos con vistas a integrar una plataforma democrática de composición más amplia.
—Quien diga eso no está bien informado y mi deber es decir que no es cierto. Nadie mantuvo, que yo sepa, conversaciones con ese fin; ha habido tres reuniones bilaterales con el socialismo obrero y la final y última, a nivel de dirigentes, ha dado como resultado decir que se han terminado las conversaciones y que todo lo que se haga de ahora en adelante tendrá que ser a través del conjunto puesto que sólo se discute la estrategia por la democracia.
COMPORTAMIENTO ELECTORAL
Hablando de elecciones, y poniéndonos en situación de futuro a partir del inmediato pasado portugués, ¿podría trasplantarse mecánicamente a España el comportamiento electoral de los portugueses?
-Mecánicamente no, porque ésta es una palabra que no existe en política. Ahora bien: si lo que se trata de saber es si el proceso portugués es válido para España, yo diría que no, porque el movimiento democratizador de la sociedad española es mucho más profundo y lejano. En Portugal ha sido un despertar del pueblo a la libertad pero el despertador no estaba en el pueblo, sino en las Fuerzas Armadas. Por otra parte, las elecciones portuguesas se han hecho después de las nacionalizaciones. En tercer lugar, estas nacionalizaciones se hicieron como respuesta al fracaso del golpe de Spinola.
En un Gobierno donde el poder ejecutivo está en manos de un ejército claramente socialista, en un momento en que se ha producido una gran transformación de la economía y cuando el pueblo despierta sin una tradición de participación clandestina en la conquista de la democracia, es normal que la tendencia que triunfe sea la socialista. En España las condiciones son completamente distintas. En primer lugar existe un sector de la población mucho más ilustrado que el portugués, en cuyo seno una minoría ínfima detentaba la cultura y el poder económico. Entre nosotros sigue siendo una minoría, aunque mayor que la portuguesa, la que detenta el poder económico; en cambio es una, mayoría la que tiene ya el poder cultural y el poder de consumo, con un nivel de vida mucho más alto. Desde esta perspectiva, un proceso electoral en España se situaría entre Portugal y Francia y tendría mucha más importancia una posición centrista.
Estando entonces las fuerzas tan diferenciadas, ¿cuál habría de ser el papel, cualitativamente considerado, de los partidos de la izquierda en un proceso electoral español?
—En política me gusta hablar siempre en términos reales y no conforme a esquemas intelectuales o referencias tópicas. Así como hoy vemos a los partidos y a las personalidades y a los grupos que de verdad luchan por la democracia, que no coinciden con los que pretendidamente deberían tener ese papel, igual pasa con la unidad de la izquierda. No es la etiqueta la que define a los partidos de derecha o de izquierda. Por ejemplo, a USDE, socialdemócrata, yo lo considero de centro-derecha. Los partidos socialistas se llaman así y teóricamente son de izquierda pero, según las circunstancias, pueden tomar posiciones de derecha. Es prematuro hablar hoy de cuál será la posición política dentro de la libertad. Mi gran preocupación, asisto, es luchar por la conquista de esa libertad. Igual que hoy la posición ante la democracia se define por la actitud de ruptura democrática, mañana la unidad de la izquierda se definirá por la voluntad de transformación de las estructuras económicas. Es decir: más que las etiquetas veremos las definiciones. Por eso ahora es imposible predecir actitudes. Será la base la que señale las actitudes a tomar. No podemos extrapolar cuestiones que no son extrapolables.
MECANISMOS DEL CAMBIO
—García Trevijano rechaza los vaticinios. Hasta hace un año, poco más o menos, era política-ficción hablar de los mecanismos del cambio. Hoy parecen haber evolucionado las cosas. ¿Cuál es su juicio sobre esa concreta circunstancia?
—Hay grupos que por ser de masas y estar organizados como tales permiten adivinar su actitud en el futuro: sería más o menos como la actual, la transformación que experimentarían sería escasa al pasar de la clandestinidad a la legalidad. Aumentarían sus efectivos en una proporción pequeña en comparación con otras formaciones que hoy son muy reducidas y en esa circunstancia sufrirían un auténtico “boom”. Por ello es difícil predecir las actitudes frente a la política de unidad de la izquierda que se va a plantear con toda seguridad. Las aptitudes políticas dependen del temperamento individual y de las incitaciones colectivas en las que estamos inmersos. No son nunca conceptos estáticos y por eso los hombres políticos debemos estar habituados a pensar en términos dinámicos, de proceso. Como la decisión más profunda de los militares pienso yo que es no enfrentarse entre ellos, es decir en el seno de las Fuerzas Armadas, ni enfrentarse con el pueblo, el día en que vean que solamente cabe la posibilidad de reprimir por la fuerza al pueblo español o aceptar una democracia, en mi opinión la aceptarán. O sea que estarán dispuestos al cambio y a pactar con el poder político que surja de la sociedad para evitar m nuevo enfrentamiento.
—Vamos a la economía, que será, como García Trevijano, el crisol en que hayan de definirse las actitudes de los partidos. ¿Cuál es el esquema que estima necesario para la transformación de la estructura económica?
—Es un problema posterior, no el problema urgente que hoy tiene la sociedad española, que estriba en la transformación del Estado. No se debe acometer ninguna transformación profunda de la estructura económica sin previa consulta al pueblo español, sin previa formación de un gobierno democrático (para evitar el peligro del contragolpe o que las transformaciones sean discutidas en su legitimidad. Por ello insisto en que no me preocupo hoy más que de la transformación del Estado a partir de la Sociedad. Pero no me niego a responder la pregunta. Hay en España una enorme contradicción interna en el sistema económico: la coetaneidad entre dos sistemas de producción incompatibles. El ultramoderno neocapitalista de las empresas controladas por el Estado y de los grandes industriales y la banca frente al resto del sistema de producción arcaico, primitivo, con técnicas que imposibilitan la competencia y causan grave daño a la economía española. Esta contradicción habrá de ser resuelta dentro del poder político.
EVOLUCION Y APERTURISMO
—Bueno. Volviendo al tema de la política y su estrategia, hay fuerzas del sistema que con esa imagen neocapitalista propenden al cambio democrático, que podría cristalizar oportunamente cuando se cumplan las previsiones sucesorias tomando de las democracias europeas determinados elementos económicos y sindicales que configuran una vida democrática a partir de ciertas libertades... ¿O no?
—Esta es una situación real, no imaginaria. No hay que olvidar que la derecha, por ser sobre todo económica, se guía por razones de interés, mientras que la izquierda se mueve por ideales. Esta es una de las explicaciones profundas de la mayor unidad de la derecha. Si hoy un gran sector de la derecha económica, el más moderno, está interesado en el cambio político no es porque le guste más, sino porque la situación actual no favorece el desarrollo y porque en el cambio espera ganar una nueva etapa de desarrollo neocapitalista. O sea que son razones de interés. Pero las ven solamente algunos dirigentes económicos privilegiados por su talento o previsión. La gran mayoría de la derecha económica no ve con claridad que sus intereses serán, mejor protegidos en un Estado democrático. La otra está deseando que las promesas del Gobierno sobre apertura, evolución y cambio se lleven a la práctica. Como tiene una cultura superior al resto del país, sabe que es muy difícil pero hará todo lo que pueda, si se le da una oportunidad, para asegurar ese cambio que postula el sistema. Lo que sucede es que, objetivamente, esa evolución no es posible por tratarse de algo ahistórico. Me refiero a la operación de construir la democracia desde el Estado y poco a poco. Pero eso no quiere decir que el Estado no pueda introducir reformas democráticas: puede introducir mayor libertad de prensa, puede autorizar la huelga procedente, puede haber una apertura en sectores sindicales e incluso permitir algunos partidos políticos. Pero si lo hiciera —yo me alegraría muchísimo, porque nunca hay que coger la política a lo peor— entraría toda una corriente democrática y rompería completamente el aparato.
—¿Ha terminado el aperturismo? ¿Qué etapas le quedan?
—Yo creo que sí. Hoy la palabra es "evolución" y no hay más que dos proyectos o grandes polos: el Gobierno y la plataforma democrática. En medio queda Fraga de un lado y de otro los grupos no integrados en la plataforma, que están satelizados e irán a un sitio o a otro. Esos dos polos son: evolución política o revolución política. Evolución es lo que postula el Gobierno y los grupos que no están en el Gobierno pero lo apoyan, como es el caso de Silva, Fraga y Areilza. Pero incluso éstos, en lugar de hablar de evolución ya dicen reforma constitucional.
LOS OTROS PROBLEMAS
—Hay temas, sin embargo, que están al margen de esa superestructura bipolar de que habla García Trevijano y que requieren un análisis concreto: Universidad. País Vasco, Sahara.-
—Hasta ahora hemos hablado del problema español, no de los problemas españoles. El problema es el proceso constituyente de la democracia, pero no resuelve por sí solo los graves problemas que tiene en su seno la sociedad española. Antes de los enumerados yo situaría el económico. No es justo atacar a la oposición diciendo que en sus programas no desarrolla el tema económico. ¿Qué otra cosa puede hacer que denunciar la crisis si no tiene medios para paliarla?. El Gobierno lleva una política que creo conducirá a corto plazo a la depreciación de la moneda española. Este año la balanza de pagos acusará un déficit de 1.800 millones de dólares, de los que se van a cubrir mil con un endeudamiento exterior, del mismo modo, que se hizo el año pasado. Nos estamos endeudando con el exterior para aparentar que nuestras reservas no disminuyen, pero aun así habrá una disminución de reservas de ochocientos millones de dólares. La inflación no está siendo combatida. Las medidas del Gobierno creo, son superficiales, no aseguran el pleno empleo. La tasa de evolución del paro es impresionante. Pese a que las estadísticas españolas suelen ser científicamente mediocres y manipuladas desde el plano político, puedo asegurar que hoy el nivel de paro es superior al 3 por 100 y que en octubre o noviembre llegará al 5 por 100; o sea, unos ochocientos mil; parados. Estas son cifras extraordinarias para España. Otro índice de abandonismo es la entrega sin condiciones de España al Mercado Común. Ullastres, con tal de obtener una firma, está aceptando lo que el M.C. impuso coma postura de negociación para no firmar ningún acuerdo: entregar a Europa, desarmada, toda la industria española, sin ninguna compensación ni garantía para nuestras exportaciones agrícolas.
—Este es el problema fundamental para el notario, i Pero quedan los otros... I
—Todos ellos tienen el denominador común, en mi criterio, de que no pueden ser resueltos de una forma tecnocrática o autoritaria. El único que teóricamente podría ser resuelto del mismo modo por un Estado democrático o por un Estado autoritario sería el de Ceuta y Melilla y el de Sahara. Personalmente creo que solamente una España democrática defendería bien los intereses económicos del Sahara y los intereses económicos, políticos y sociales de las poblaciones españolas en Ceuta y Melilla así como la situación internacional en general. En Sahara los intereses son económicos y el problema de la autodeterminación, que no es nada simple, cae en la órbita de los afanes especulativos no sólo de España, sino de Marruecos, Argelia, Mauritania y Naciones Unidas, y aquí no valen las teorías ni los derechos adquiridos. La única pregunta es la siguiente: el Sahara ¿puede constituir una Nación y puede durar como Estado independiente? El político responsable debe formular una solución a estas preguntas y a partir de ella, orientar todo el asunto.
Yo me pregunto qué se está haciendo para preparar lo que un día puede ser un conflicto grave con Marruecos. Todo esto debe resolverse políticamente y a tiempo, sin esperar a que el tiempo lo haga. El tiempo lo único que hace es acumular los problemas. En este sentido pienso que España no mantiene una auténtica línea de diplomacia, porque el sistema se ha preocupado fundamentalmente de obtener el máximo número de países que lo reconozcan pero siempre de forma pasiva. El Régimen no desarrolla una política internacional, sólo la preocupación de ser tratado y reconocido. Cuando tuvo una política internacional activa, con López Bravo, fue para convertir el Ministerio de Asuntos Exteriores en vendedor de los productos españoles.
REGIONES
—Pues vamos ya al tema regional, que nos interesa esencialmente
La influencia del Jacobinismo, unida a la borbónica, determinó en España una especie de centralismo que al no ser ilustrado, como el francés, produjo una verdadera apoplejía en Madrid y una verdadera parálisis en la periferia. Contra los centrípetos siempre ha habido manifestaciones del deseo centrifugador del federalismo, del autonomismo, del separatismo y del independentismo. Afortunadamente para la convivencia y para la estructura de la Sociedad y del Estado español, hoy el problema regional, sin negar su historia, adquiere una nueva proyección a causa del desarrollo económico. Creo que así como hasta los años 50 hablar de región o de nacionalidad regional era expresar un concepto puramente político, hoy a ese concepto se añade el socioeconómico. La región tiene una voluntad política de autonomía, de encontrarse y constituirse como poder político y poder económico regional, no sólo como expresión de identidad sino como un medio indispensable para asegurar su desarrollo económico. Esta gran novedad permite el equilibrio español. Si Canarias, Baleares y Andalucía luchan y conquistan un poder canario, un poder balear, un poder andaluz político y económico autónomos están ayudando enormemente a que no se plantee la cuestión catalana o la cuestión vasca como se planteó durante la República. Son Canarias, Baleares y Andalucía, por citar los ejemplos más típicos del proceso actual de regionalización de la política, los que pueden dar más equilibrio y más sentido a una nueva estructura del Estado español. Porque nadie podrá acusar ni pensar que Andalucía, Canarias o Baleares, por querer tener un poder político y económico autónomos estén buscando la independencia o la separación del Estado español. Esto ayudará decisivamente a Cataluña, al País Vasco, a Galicia, a Valencia...
EUROPA
—¿Cómo contempla Europa el momento político español y la transformación democrática del país?
—Decir que Europa está expectante, es poco. Europa está apasionada sobre el futuro español. Muchos políticos italianos, franceses, belgas me han dicho que el día en que España llegue a la democracia plena será un día tan jubiloso para Europa como lo fue el de la liberación de sus propios países. Habrá manifestaciones de millones de personas en la calle. No se parecerá en nada a lo de Portugal. Europa tiene mala conciencia con respecto a España, se considera culpable de que no sea un país democrático debido a su política de no intervención. Por otra parte son los americanos quienes han regalado la libertad a los pueblos europeos, sin olvidar la participación de las minorías en la Resistencia. Cuando España se constituya en democracia todos sentirán la libertad española como propia y por eso España va a dar a Europa mucho más de lo que Europa pueda darnos a nosotros: la libertad propia adquirida por el pueblo, cosa que los europeos no han podido lograr desgraciadamente. Por eso Europa no puede encontrar una política de independencia frente a Norteamérica: el sentimiento de gratitud hacia quienes los liberaron les exige una política coherente. España encontrará sola su democracia y podrá marcar su independencia, dando con ello un impulso inmenso a la identidad de Europa.
El diálogo finaliza, Antonio García Trevijano ha hablado con seguridad, marcando cada palabra, cada expresión. Con independencia de la adhesión que nos merezcan sus ideas o de lo que en muchas de ellas pueda haber de discutible, se trata de un luchador de la democracia que, asumiendo riesgos y responsabilizándose de cada uno de sus actos, ha logrado en su ejecutoria política y humana una indestructible coherencia. En un trance de cambio y en el camino de la democratización española, es importante conocer a estos hombres y escucharlos.