ENTREVISTA A ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO
LA VERDAD DE MURCIA. 6 MARZO 1976
PEDRO SOLER. FOTOS TOMAS
La conferencia de don Antonio García Trevijano, ayer, en Murcia, iba a versar sobro “Teoría del Estado”. Dar un resumen, nos dijo, le parecía un tanto arriesgado, porque las palabras que, durante una conferencia, puedan salir de su boca, están un tanto improvisadas sobre la marcha, atendiendo al número y a la condición de sus oyentes. Ha dado cuatro, últimamente, sin escribir nada. Las ideas, las tiene; el modo de exponerlas es otro cantar.
El señor García Trevijano esperaba puntual, a las doce, en la librería Diógenes. Y metidos en la danza de la conversación, pareció faltarte tiempo para, decir esto:
—Lo que ahora tengo en la cabeza y me preocupa y ha sido una dura conmoción para el país es lo acaecido en Vitoria. Es motivo profundo para que todos reaccionemos, pero, principalmente, el Gobierno. Me hago plenamente solidario con las notas del Ayuntamiento de Vitoria, la Diputación Foral de Álava, los consejos de Trabajadores y Empresarios.
— ¿Reformamos o no?
—Estamos viviendo de una reforma de ilusiones, pero no de realidades. Por esto digo que hay que finalizar con esta ilusión de reforma.
—¿Y quién es y a quién representa García-Trevijano?
—Soy solamente un demócrata de España y representante, de la Junta Democrática de España. No pertenezco a ningún partido político, porque considero que todavía no estamos en el momento de los partidos. Antes que ellos, debe formarse una verdadera democracia, debe existir una libertad auténtica. Cuando esto se produzca, veremos las condiciones que ofrecen los partidos. De los actuales, ninguno se plantea seriamente la cuestión del Estado, que es lo importante y lo que me preocupa. No tienen un criterio objetivo frente al Estado. Mi lucha personal es precisamente para que los partidos tengan una conciencia del Estado.
—¿Estamos en un momento de confusión política?
—Por supuesto; esto que le digo es un síntoma. Las causas son múltiples. La oposición no tiene fuerza ni medios para expresarse, para lanzar sus programas. No disponen de televisión, ni de prensa... Ahora mismo yo te estoy diciendo una serie de cosas, de las que no sé cuantas podrán ver la luz. Sí, la oposición está cohibida. Estamos en el principio de la gran ofuscación por parte del Gobierno y en el principio de la clarificación por parte de la oposición. Esta ha creado las condiciones de una alternativa política, pero no una alternativa real ante el Estado.
—A su Juicio, ¿cuál debe ser la labor de la oposición?
—Ni es ni debe ser la oposición al Gobierno, ni disputarle el poder del Estado, es tan solo transformar el Estado actual en democrático. No queremos apoderarnos de él, sino sólo transformarlo.
—¿Y no existe ofuscación también en la oposición?
—Sí, pero menor, no tan precipitada. Está, obligando, luchando, haciendo cosas.
—Por qué decía usted que la oposición no pretende conseguir el poder? ¿No cree que, en política, lo de participar es muy romántico, pero lo que importa, en realidad, es ganar, mandar?
—Hoy estamos en condiciones de conseguir la democracia, pero no por un golpe de estado.
—Digo que si hubiera buenas elecciones y se ganaran... pues ¡a mandar!
—No esperamos que hayan esas elecciones democráticas. Lo que se va a votar es secundario y ornamental: concejales, procuradores en Cortes... A la oposición le queda tan sólo seguir luchando (cuidado, por favor, con la palabra), para conseguir que la mayoría comprenda que hay que ir a la ruptura pacífica. Confiamos en el apoyo de la población, para llegar a la reforma, con una representación, de todos los partidos políticos.
Se necesita la presencia de todos los españoles. Yo siempre hablo del hombre de España y defiendo al Estado español. Estoy en contra de federalismos y cantonalismos, que, entiéndase bien, cohartan el poder del Estado central. Después de cuarenta años, en los que se nos ha dicho que la política es algo nefasto, nos encontrarnos con un gravísimo drama; tenemos un Estado fuerte y una Sociedad, también fuerte, pero que no se entienden.
Ha hablado- también don Antonio García-Trevijano de las dos posibilidades de democracia, en España, que dependerá del neocapitalismo, o el neosocialismo. Del modo con que jueguen cada uno dependerá el tipo de democracia. Afirma que no se queda ni con Felipe González, ni Ruíz Jiménez, ni con Areilza.
—Yo no soy líder ni gregario, sino un hombre que lleva 25 años luchando por la libertad de mi país. Soy un independiente que no quiere formar partido alguno, pero que no se inhibe de la política.
Y se habla del desaparecido diario Madrid.
—Confiamos en que la sentencia del Supremo sea favorable y el periódico reaparezca. Sobre el diario se han dicho muchos disparates. El fundamental fue que se mostró el “caso” cono si hubiera habido incumplimiento de una norma legal. Lo que sucedió fue que el entonces ministro de Información y Turismo, Sánchez Bella, pidió a Calvo Serer la dimisión del director, Antonio Fontán, para poner a Alfaro. Ahí, empezó todo.
—Esto, ¿hubiera sucedido ahora?
—No. Hemos adelantado en los procedimientos.
—Y Calvo Serer, desde su exilio en Paris, ¿piensa en el retorno?
—Quiere volver y espera que se aclare esto. No sea que tenga que pasar antes por la cárcel. Por supuesto, sigue perteneciendo al Opus Dei.