1994.0500.ENTREVISTA AGT AJOBLANCO 63
DOSSIER: POR QUE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA Desde la política
Antonio García-Trevijano
Pudo ser Presidente de la III República Española. Fue abogado del diario Madrid cuando Fraga y el tardofranquismo lo cerraron. Y consiguió que dinamitaran el edificio ante todas las televisiones del mundo. Fundó la Junta Democrática, de la que se apeó cuando, en vez de Ruptura, las fuerzas políticas de oposición al franquismo pactaron la Transición. Frente al turbulento momento presente es tajante: "España no es una Democracia" .
Por José Ribas.
En 1982, cuando se cruzaba con según quién por la calle, producía pánico a la gente, “les daba miedo decir que me conocían. Como si estuviéramos en el franquismo. Algo horrible, pero ya pasó. Ha tenido que pasar todo el fracaso de la transición, el fracaso de las autonomías, la corrupción, para que me escuchen y les parezca novedad cosas que son elementales. Rechazo a casi todos los intelectuales españoles porque analizan la realidad a través de la forma, no van al fondo."
-Desde tu experiencia del diario Madrid, pionero en dar contenido a la apertura que supuso la Ley de Prensa de Fraga, y con la perspectiva de estos años, ¿cómo ves aquel momento en relación a lo que hoy ocurre en la Prensa?
-Nos situamos en el año 69, 70. Fue la época del Mayo del 68, esperanza de la juventud por una renovación de la vida política en los países democráticos. En España, contestación juvenil en la Universidad al Régimen franquista.
El periódico Madrid intenta, a través de Rafael Calvo Serer, que es quien lo controla, una reforma. El periódico no nace con ninguna idea rupturista del Régimen. Se trata de aprovechar la Ley de Prensa de Fraga al máximo de sus posibilidades. El Madrid era un proyecto exclusivamente cultural de carácter liberal, que choca inmediatamente con las estructuras de poder. Fraga se convierte en enemigo de su propia reforma y pone en evidencia su falsa apertura. Enseguida empieza la persecución del diario. Lo suspenden cuatro meses para arruinarlo, pues había que mantener la plantilla durante este tiempo. Tuve una entrevista con Fraga en casa de Luis Valls, con Rafael Calvo. Fui como abogado del periódico. Había ganado los autos de la suspensión en los tribunales, ya se iba abrir, pero Fraga dijo literalmente: “Me importan muy poco los jueces, aquí el que manda soy yo y se hace lo que yo diga, y si no cambia la línea lo vuelvo a suspender”.
Ponen a Sánchez Bella de ministro y la persecución se vuelve insostenible.
Luis Valls, director del Banco Popular que era el propietario, me pidió como abogado que eliminara la presión que tenía del gobierno, cediendo las acciones de verdad, no falsamente, a unos accionistas. Y ahí es donde yo le propuse que le diera un crédito a Rafael Calvo, para que él colocara las acciones entre los amigos que apoyaban su postura. Yo no entraba en esta operación porque nunca he sido partidario de la Reforma. Yo siempre creí en la Ruptura del Régimen franquista. Empezó el traspaso de las acciones del Banco Popular a Calvo Serer y éste a su vez a la gente que le apoyaba, pero a las dos transmisiones, un grupo dirigido por Serrat, Solís... falangistas, sindicalistas y oficialistas empezaron a querellarse contra los nuevos accionistas sosteniendo que ellos tenían un derecho preferente de suscripción, y ahí empezaron los pleitos. De estos pleitos hubo dieciocho sentencias y las dieciocho las gané yo como abogado. Al final, Luis Valls también se enfrenta con Rafael porque, una vez superados los pleitos, pretendía recuperar el periódico. Entonces hubo un pleito interno que se sometió al arbitraje de Faustino García Moneo. También se ganó el arbitraje, pero el árbitro cedió y tuvimos que acudir al Supremo, donde también ganamos. Todo esto eran batallas entre hombres del Opus y falangistas. Cuando Rafael Calvo gana, Sánchez Bella cierra el periódico.
-¿Cómo ves la evolución de la Prensa durante la Democracia?
-En primer lugar no admito que digas Democracia, porque aquí no la hay ni la ha habido. El Régimen actual es una Oligarquía de partidos. La Prensa en este Régimen ha funcionado peor que en los últimos meses del franquismo, porque entonces la Prensa estaba informando y opinando a favor de la Democracia. Tan pronto como se produjo el pacto entre las fuerzas clandestinas de la oposición democrática y el Régimen franquista, la Prensa se dedicó a ensalzar el consenso, la Oligarquía de partidos y la Constitución. Otra cosa es que, al aparecer los partidos, una Prensa se haya volcado más hacia uno u otro partido, pero tampoco con muchos matices.
La hegemonía la ha tendido el diario El País porque no tenía antecedentes franquistas como La Vanguardia, ABC y demás, que durante 40 años habían estado defendiendo la Dictadura. El País se puede permitir hablar de libertades y defender una apariencia de Democracia, por esto es el principal responsable de la incultura política española, él es el foco, no las televisiones. Porque las televisiones no tienen nunca la misión de crear ideología ni de mantener hegemonías culturales. La televisión es un órgano tan rápido de emisión, de difusión y de ocultación de la noticia anterior que no da tiempo a la reflexión. Por esto en la televisión nunca hay emisiones permanentes de creación de ideas, son exclusivamente portavoces, difusores de tópicos e ideas creadas por la Prensa. Como en España no hay Universidad y la política de las editoriales también ha sido una prolongación de los éxitos políticos momentáneos, toda posibilidad de creación o de imagen cultural de las libertades la ha tenido el diario El País. Esta hegemonía la está perdiendo ahora. Y la está perdiendo porque las fuerzas de la Oligarquía se están desmoronando, pero no están saliendo todavía unas fuerzas democráticas que puedan conquistar la hegemonía cultural de las ideas democráticas.
Mi opinión de la Prensa diaria no es buena. Tengo que señalar que el diario El Independiente fue un revulsivo democrático, aunque era un diario dirigido a minorías, y hoy El Mundo está siendo una experiencia muy exitosa desde el punto de vista comercial y editorial, pero desde el punto de vista ideológico es difícil que pueda arrebatarle la hegemonía a El País mientras el director siga manteniendo, sin ningún tipo de equilibrio, toda clase de opiniones. La mayoría son defensores del Régimen, unos del PSOE, otros del PP, otros de IU. Yo, que represento dentro de El Mundo la línea de ruptura con la situación actual, denunciando los hechos como son y a favor de la Democracia, pues sí, me encuentro arropado por algunas firmas de mucho calado, como puede ser la de Albiac, pero él escribe más bien desde la izquierda y no está tan preocupado como yo por la Democracia formal de las instituciones. Las columnas de Javier Ortiz y de Pablo Sebastián son muy útiles. El propio Pedro J. en sus artículos firmados está cada vez más próximo a las posiciones que yo defiendo. Y es que antes de que nos encontremos como en Italia, con el Régimen hundido, la corrupción cegándolo todo y teniendo que acudir a un Berlusconi, hay que dar alternativas, pero no a los partidos; hay que dar una alternativa al régimen, con una reforma de la Ley Electoral y una reforma profunda de la Constitución.
-Antes has dicho que en España no hay Universidad.
-No hay espíritu universitario. Los estudiantes, cuando llegan a primer curso, supongo que esperan encontrarse con las ideas que circulan por el mundo y fuera de las órbitas provincianas donde han estudiado, fuera de libros académicos que hay que memorizar. ¿Qué es lo que se encuentran? Capillas de profesores sin conocimientos, sin buenas publicaciones. La Universidad es una fábrica de títulos, pero no es Universidad porque no ayuda a la formación de la mente, no desarrolla la personalidad, no enseña a pensar, no enseña a mirar el mundo.
-¿Piensas que en Francia, en Estados Unidos, en Inglaterra hay Universidad?
-En Estados Unidos más. Ha podido tener épocas más brillantes, otras más oscuras. Pero el sistema de enseñanza anglosajón es muy superior al continental por la libertad que supone la contratación de profesores, los prestigios, la adscripción... Es verdad que los males que achaco a España no son típicos españoles; aquí los males están más exagerados porque la incultura es mayor. Pero también los veo en Italia, en Francia, en Alemania, en todos los países donde el fascismo fue derrotado por los americanos en una guerra y dejó un solar, antes ocupado por Hitler, Mussolini, Pétain y compañía, que luego ocuparon los partidos políticos para hacer unas Constituciones con las que sustituir a los dictadores pero sin modificar el sistema y la naturaleza del poder. Los partidos se apoderaron del Estado y lo que salió después de la Guerra Mundial se llama Estado de partidos, pero no Democracia.
Y en España se ha imitado este modelo. A la muerte de Franco ya se sabía que este modelo había fracasado, que estábamos en el final de la Guerra Fría, y que el modelo se había sostenido por una colosal campaña contra el comunismo, pero que esto no era la Democracia. Aquí, donde en el año 1977 podíamos haber aspirado a tener un régimen democrático, los partidos copiaron lo que había en Europa y fueron financiados por ellos, y esa homologación es lo que introdujo la Oligarquía de Estado de partidos.
-¿Qué quiere decir oligarquía de Estado de Partidos?
-Hay libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de palabra... están todas menos una: la libertad política. Me dirás, ¿cómo que no hay libertad política? Veamos. ¿En qué se define la libertad política? La libertad de los ciudadanos para que puedan elegir y deponer a sus gobernantes. La política son las disputas por el poder. Pues no hay libertad política porque los españoles no pueden, no tienen camino constitucional, les está prohibido por la Constitución que puedan elegir a sus gobernantes o echarlos.
-¿Por qué no pueden?
-Pues porque la Ley Electoral, el sistema de listas, hace que el ciudadano no pueda elegir nada, sino solamente plebiscitar las listas que hacen desde las cúpulas los jefes de los partidos. Los diputados elegidos no representan a los electores ni a los ciudadanos, tampoco representan a sus partidos, sólo a los jefes que las imponen. Luego para echar a un mal gobernante no existe procedimiento ninguno. Solamente los jefes de los clanes de cada partidillo, si se ponen de acuerdo quizá puedan provocar una moción de censura, pero no hay ningún procedimiento. Por ejemplo las elecciones primarias en Estados Unidos son un procedimiento para elegir qué candidato representara a tal partido, y el impeachment hace que una denuncia de la Prensa ponga en marcha un mecanismo y se vaya Nixon. Aquí todo depende de los cuatro oligarcas que dominan el Parlamento.
-Cuando dices que el sistema de partidos está en crisis, ¿también, lo está en Estados Unidos?
-Una cosa es la sociedad política y otra cosa es la sociedad civil. La sociedad política en Estados Unidos no está en crisis. Lo que está en crisis es, como en el mundo, el que después de vivir la batalla con el comunismo no saben a qué idea acogerse. Pero hay Democracia formal, las reglas de juego son democráticas. Ahora, si una sociedad es imperialista aplica las reglas democráticas en favor de un Presidente que haga guerras exteriores; pero es lo que quiere la sociedad. En Inglaterra las reglas también son democráticas. Donde hay elecciones uninominales hay representatividad. Donde hay separación de poderes hay Democracia. Otra cosa es que la política carezca de ideas buenas, que haya una crisis cultural.
La única posibilidad en España, en Italia o en Francia sería, indirectamente, si en aquéllos que tienen el monopolio de la acción política, que son los partidos, los jefes fueran elegidos democráticamente. Entonces podrías decir: ¡Hombre, no existe Democracia formal pero los partidos son democráticos! Pero desde Mosca, desde 1911, se sabe que todo partido, en cuanto pasa de un número pequeño de afiliados y se convierte en una organización nacional, es oligárquico por su naturaleza íntima, y aunque quisiera no puede ser democrático.
A mí no me importa que los partidos no sean democráticos porque su afiliación es voluntaria. Si tú quieres estar en una organización fascista, allá tú, apúntate. Si quieres ser socialista o comunista y no democrático, ése es tu problema. Pero deja de ser su problema cuando la Constitución, a esos partidos que son voluntarios, los coloca en la cúspide del Estado, les entrega el poder del Estado y les da el monopolio de la acción política. En este momento, lo que pasa en el partido no es sólo una cuestión que afecte a los militantes, nos afecta ya a todos los ciudadanos porque son los únicos agentes de la voluntad política.
-¿Crees que se puede decir que el franquismo se ha reproducido en cada uno de los partidos?
-Absolutamente. No hay nada más parecido a Franco que Felipe González. Jordi Pujol también participa de esta concepción del poder, pero la diferencia entre Pujol y González es una diferencia de cultura y de inteligencia. Si hay que estar gobernado por déspotas, prefiero los ilustrados.
-¿El Sr. Jordi Pujol, un ilustrado? Pienso que se mueve entre grandes contradicciones. Por una parte dice ser nacionalista y sin embargo ha potenciado aquello de “Cataluña: portaviones para la inversión extranjera en España”, con lo que apenas queda tejido productivo catalán. Y por otra ha permitido y potenciado la destrucción del paisaje al urbanizarlo en plan baratija. Si un nacionalista se carga el tejido productivo y se carga el paisaje, no me parece ejemplo de cultura.
-Esta contradicción la tiene todo nacionalista. El nacionalismo brota en aquellas comunidades que por razones históricas, culturales y lingüísticas tienen un sentimiento de superioridad sobre sus vecinos y sin embargo consideran que son tratados sin reconocimiento a esta superioridad y que por tanto se produce una injusticia. La gran contradicción del nacionalismo es que nace de un sentimiento diferencial pero superior y su aspiración cuando triunfa es ser igual a aquello a lo que antes ha despreciado, un Estado. Durante 200 años se ha creído que el nacionalismo era un sentimiento espontáneo a través del cual los pueblos, oprimidos o dominados por alguna potencia extranjera o central de su país, buscaban una identidad, una seguridad de sí mismos a través de reconocerse como diferentes. Y se ha demostrado que no es verdad. Yo soy un demócrata partidario de llevar hasta el extremo máximo posible la Autonomía de Cataluña o del País Vasco, pero estoy hablando de ideas. La idea nacionalista es fantástica, como motor movilizador de la ciudadanía, es como los partidos de fútbol. Y los líderes que aspiran al poder saben que tienen a su disposición una idea apasionada, una idea sentimental, no racional que puede movilizar muchísimas voluntades para acceder al poder. El nacionalismo es una forma como otra cualquiera para que una determinada elite llegue al poder.
En la historiografía moderna, sobre todo la inglesa, que ha hecho estudios comparados de todos estos movimientos desde que empezaron, las conclusiones son obvias: son movimientos voluntarios, no espontáneos, dirigidos por una elite. La prueba es que siempre empieza con unos cuantos dirigentes. Se conocen muy bien los orígenes en Cataluña, en el País Vasco. La elite sienta unas bases culturales que luego se van transformando. Para ser coherente consigo mismo, el nacionalismo potente, basado en una superioridad, tiene que ser imperialista, pues ha de imponer su superioridad a los inferiores. Será Hitler o será Reagan y el “destino manifiesto” de los americanos. Y si no es potente es un recurso demagógico para disfrutar del poder. Después de 40 años de Franco, en regiones, en provincias, en Madrid existían unas elites retenidas que tenían que colocarse. Como no había puestos suficientes para tanta gente, se ha metido, por razones políticas, a centenares de miles de personas a vivir del Estado. Para esto se inventaron las Autonomías. La Autonomía del País Vasco y la de Cataluña han sido utilizadas del mismo modo, para dar satisfacción y canalización a esas colocaciones personales.
-Si piensas que la Constitución no es Democracia formal, que los partidos son Oligarquías y que las Autonomías están fracasando, ¿cómo se puede evitar un desmoronamiento como el de Italia?
-La tesis que vengo defendiendo es que en España el desmoronamiento puede ser peor que el de Italia porque la cultura política española es muy inferior a la italiana, que tampoco es buena. Los intelectuales italianos, por poner un ejemplo, han fracaso completamente porque se han mostrado impotentes para comprender y analizar la crisis del Estado italiano; tanto los marxistas como los no marxistas no dicen más que bobadas y simplezas. En España la corrupción, la incompetencia, la ineficacia, la crisis de las pensiones... todo esto está provocando una toma de conciencia de la ciudadanía. A los obreros de Santana, sin hacer nada, la policía los maltrata como en la época de Franco. Así es cómo está germinando una nueva conciencia política.
-¿Cómo se puede aglutinar esta nueva conciencia política de la ciudadanía para construir un régimen democrático?
-Desde luego no a través de un nuevo partido. No hay que hacer lo de Italia para evitar que aparezca un Berlusconi. Es el momento de lanzar ideas democráticas en los periódicos, en conferencias, en la Universidad, por todos los medios. Basta utilizar la libertad política y no hay peligro de guerra civil ni ninguna razón para que no haya Democracia formal en España. Como la crisis del sistema es inevitable, si estas ideas están planteadas harán que cualquier circunstancia pequeña provoque una cristalización, precipite los acontecimientos y aparezca un movimiento de reforma constitucional. Sea un juez, como en Italia, sea una noticia en un periódico, o sea simplemente una cifra de paro insoportable. El equilibrio de este sistema de partidos es tan inestable que basta un soplo exterior, por pequeño que sea, para derribarlo y tener que sustituirlo. Si ha aguantado durante 40 años es por la artificialidad de la Guerra Fría.
-¿Cuál puede ser el papel de los partidos en una Democracia formal?
-Los partidos tienen que tener sus libertades en el seno de la sociedad civil, y ellos formarán la sociedad política llevando las aspiraciones de la sociedad civil a la sociedad política, al Estado, pero nunca desde el Estado o la Autonomía. Un partido político que sea financiado por el Estado ya está acabado. Unos sindicatos financiados por el Estado ya no sirven. Yo lo que no admito es que los partidos vivan del Estado, me da lo mismo que se llame Falange Española, Partido Popular, Izquierda Unida o Partido Socialista. Los partidos, como los sindicatos, pertenecen a quien los paga. Hay que recuperar la independencia y la libertad de los partidos para que puedan tener prestigio.
-Sin embargo, Democracia no es sinónimo de armonía, que es como la concibieron los griegos, sino de libertad de mercado.
-El mercado pertenece a la sociedad civil. La Democracia pertenece a la sociedad política. Son dos cosas diferentes.
-En este momento el mercado pertenece a las multinacionales.
-Las multinacionales son sociedad civil. La sociedad civil es la sociedad productiva excluida la familia y la Iglesia. Yo, siguiendo a Gramsci, quiero moverme en el campo de la sociedad civil y crear ideología democrática.
-La palabra ideología está en crisis, al menos en los medios de comunicación convencionales.
-En el sentido marxista, claro. Es cierto que la ideología es una pantalla para disfrazar como idea general intereses particulares. Por ejemplo, la ideología liberal es una idea general para defender los intereses particulares de los profesionales y de la industria. La socialista, de la clase obrera. El anarquismo, de los artesanos. Cada ideología ha reflejado, como si fuese una idea universal, los intereses particulares de una categoría determinada. Esto es verdad y participo de esta crítica. Yo nunca utilizo esta palabra en mis escritos positivos o constructivos. En los negativos sí, porque considero a la ideología como algo negativo. Prefiero ideales a ideología. Cuando antes he dicho ideología democrática me refería a algo muy simple: representatividad de los electores y separación de poderes. Para que esto sea así se ha de crear ideología democrática, algo que no tiene que ver con dogmas. El papel del político y el del intelectual honesto es ir descubriendo los matices oscuros con que la ideología disfraza los intereses particulares.
En la actualidad es imprevisible la causa que ponga en marcha el mecanismo del hundimiento de partidos estatales que son Oligarquía pura y dura. Pongamos un ejemplo concreto. Existe una gran discusión entre los comerciantes por las grandes superficies. Los liberales, en nombre de la libertad de comercio, defienden los intereses privados de los grandes negocios de comercio (Corte Inglés, etc.). Pero hay medio millón de comerciantes que se sienten perjudicados al no poder competir en días festivos. Si hubiera reglas de juego democráticas, es evidente que estos quinientos mil comerciantes, a través de sus diputados, lo harían imposible porque lo que están defendiendo las grandes superficies no es la libertad de comercio en un solo mercado, que es lo democrático, sino la libertad de mercado, es decir que se creen mercados paralelos: el mercado normal, el nocturno, el festivo... Y esto es antidemocrático porque niega la igualdad de oportunidades. Los pequeños comerciantes empiezan a comprenderlo y ya quieren federarse. La reacción de los obreros de Santana es otro ejemplo. Los partidos están nerviosos porque creen que cualquier alteración del orden público afecta a su situación de poder. Tienen razón porque una oligarquía de partidos, como una Dictadura, sólo se justifica por el orden público, por la aparente tranquilidad o boyantez. En una auténtica Democracia no es así, porque si va bien o va mal es gracias a la colectividad, no a la sociedad política.
-¿Cuál es el remedio?
-Periodistas, intelectuales, políticos, en vez de estar preocupados por alcanzar el poder deberían estar ocupados en la conquista por la hegemonía en la idea democrática y en difundirla. Deberían sentir vergüenza al sostener al Régimen actual. El objetivo es conquistar la hegemonía cultural a favor de la Democracia demostrando, y que todo el mundo sepa, que aquí no hay Democracia. Y luego, al calor de este movimiento popular si triunfa, por sí solos surgirán los líderes políticos, los partidos, o se transformarán los existentes. Pero lo importante es difundir lo que es una Democracia formal, sin meterse en derechas o izquierdas, porque es lo previo, y luego definirse sobre todos los graves problemas que España no ha resuelto.
-¿No crees inevitable montar un Frente Democrático?
-No tenemos más remedio. Los acontecimientos lo hacen inevitable. Ya no depende de nuestra voluntad. Solamente por la corrupción está justificado. La corrupción no es una degeneración del sistema, es su forma de gobernar. Tal como están las cosas, creo que en algún momento se producirá la ruptura entre Pujol y González por las situaciones de tensión que se van a producir. La imagen de Cataluña en el resto de España cada vez es peor, y esto es preocupante, injusto y horrible. En primer lugar, ¿qué tiene que ver Cataluña con la clase política dirigente? Pero no hay peligro de guerra civil, los españoles no están armados, no hay un bando, el ejército no está dividido. Existe también la posibilidad de que el caso Filesa, por el juez Barbero, pueda llegar a tomar unas dimensiones en la opinión pública gravísimas. Pero esto son causas internas. La mayor dificultad proviene de las causas externas, es decir, del paro. España se puede encontrar de repente bloqueada. Hay síntomas cada vez más claros de que las instituciones están bloqueadas.
-¿Pero dónde está el tejido productivo? ¿No crees que las decisiones económicas ya no están en nuestro territorio?
-No. Una cosa es que España haya perdido la potencia industrial capaz de defender sus intereses frente a las multinacionales, y otra cosa es que en España haya una actividad productiva en el sector servicios, en la agricultura, que aunque no hegemónica, requiere, eso sí, normalización democrática. Estoy viendo a grupos de empresarios jóvenes que se están asociando, creando pequeñas empresas, y esto va a ser imparable. Y las plantas productivas que dejan las multinacionales al irse tendrán que ser cogidas otra vez por grupos españoles para ponerlas en marcha. El mundo empresarial puede movilizarse antes de lo que la gente cree, y más que el mundo obrero, que está anclado por los sindicatos, en ideas pasadas. La crisis de puestos de trabajo obliga a que surjan individuos en busca de producción que, aunque sea autónoma, no tiene por qué recurrir a la artesanía.
-¿No es el PP el que puede aglutinar todo esto sin Democracia formal y crisis institucional?
-No lo creo, porque el PP no puede comunicar una esperanza de Democracia, lo único que transmite es un cambio de personas. Sí es cierto que amplios sectores se mueven creyendo que va a representar un cambio, pero a los tres meses se verá que no hay nada. Yo pido que el PP esté cuanto antes en el poder porque creo que la Transición necesita agotar sus posibilidades. El sector franquista que estaba más abierto, el de Suárez, ya tuvo su experiencia de gobierno. Luego llegó el Partido Socialista, y ahora queda el sector franquista que todavía no ha gobernado con las libertades. Tras esta experiencia, que también fracasará, a ningún español le quedará duda de que hay que cambiar de Régimen. El que tenemos es una organización involuntaria heredada, compuesto de un cuerpo inmenso de funcionarios y técnicos, burócratas, dirigidos por un cuerpo extraño, que son los dirigentes políticos que se han incorporado a las empresas públicas del Estado. Es evidente que, en una Oligarquía, el funcionario no puede incorporar, por propia definición, los métodos democráticos. El Régimen de Oligarquía de partidos es una organización simbiótica entre funcionarios de Estado y clase política.
-Este gigantesco Estado de funcionarios, ¿no crees que puede provocar la insumisión de impuestos?
-Insumisión de impuestos no lo sé. Pero lo que sí creo es que la objeción de conciencia puede trasladarse del campo militar al campo político mediante una abstención masiva. La gente está harta de plebiscitos y lo que quiere es elegir de verdad a sus gobernantes. Esta es mi acción. Aprovecharé todos los medios posibles, conferencias, mítines, artículos, entrevistas, para pedir la abstención. La abstención se ha convertido en una arma política porque, si supera el 50%, en dos meses hay otra Constitución y otra Ley Electoral. Un país mediterráneo no aguanta una abstención así.
-No sé. En Cataluña llegó al 46% en las últimas elecciones y no pasa nada.
-Yo hablo de las elecciones estatales. Y además la influencia y la potencia que tenía Cataluña como ejemplo la ha perdido. Hace 15 años prometía mucho, pero...
-Tú que compartiste tantas platajuntas con aquellos inquietos progres antifranquistas que prometían el jardín de las Hespérides, ¿cómo te explicas que se hayan vuelto neofranquistas?
-Socialmente, por oportunismo. Personalmente, los que no se han corrompido de verdad, por un falso concepto de la realidad. Han creído que esto era lo único posible para evitar una guerra. Yo les digo que si fuera verdad que en 1977 no había posibilidad de Democracia formal y de ruptura, como ya ha pasado el peligro, ¿por qué ahora no lo cuentan, no cuentan que lo que tenemos no es Democracia? ■