LA DECLARACION DE GARCIA-TREVIJANO

PALACIO DE INJUSTICIA

JOAQUIN NAVARRO ESTEBAN

El día siguiente declaraba Antonio. No pude acompañarlo porque tenía juicios y era ponente de los mismos. Nada más entrar en la sala, Antonio se comportó con la dignidad propia de un tribuno de la democracia. Pese a que Joaquín Delgado lo invitó a sentarse en el banco de la defensa, para que así se pudiera realizar más fácilmente la grabación de sus declaraciones, Antonio exigió sentarse en la silla de los acusados. No quería el más mínimo privilegio, la más leve distinción, el menor asomo de un trato preferente. Puesto que había sido llamado como imputado, deseaba declarar en esa calidad. Mantuvo la misma dignidad ética que cuando presidió la Junta Democrática frente a la dictadura y los mil consensos repetidos que corrompieron y traicionaron la llamada transición.

Comenzó con una declaración impresionante de fuerza y de coraje democrático:

Primero: el sistema judicial español hace depender la justicia, en los asuntos que afecten a los grupos de poder, de la conveniencia y los intereses de los dirigentes de los partidos políticos.

Segundo: esta falta de independencia de la justicia proviene de una Constitución que somete el poder judicial a los jefes de los partidos.

Tercero: el proceso en el que comparezco como imputado ha sido abierto por exclusivas razones políticas, por la deferencia del Consejo del Poder Judicial a la pretensión de los responsables de Sogecable de no ser investigados por el juez a quien correspondió el asunto por turno de reparto, por la huida poncio-pilatesca del fiscal general del Estado ante el grave atentado cometido por Garzón y García Añoveros contra la independencia y la dignidad del juez Gómez de Liaño y por los estigmas políticos del presidente y la mayoría de los miembros de la Sala II del Tribunal Supremo.

Así sintetizó Antonio García-Trevijano la aplicación de su filosofía política a nuestra «causa especial». La comparto plenamente. Como comparto su asco ante los chismes y comadreos de Garzón y García Añoveros, su sensación de humillación por haber sido tan vilmente implicado y su enérgico rechazo de la mentira y la trapisonda que estaban en la base de aquel procedimiento. Concluyó manifestando su honor «por estar acompañado por personas tan nobles, tan honradas y tan íntegras en su profesión como Javier Gómez de Liaño, Joaquín Navarro, Ignacio Gordillo y María Dolores Márquez de Prado».