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El "New York Times" tiene una larga historia de patinazos politices. Y hasta casi resulta Inverosímil. A un periódico de esas proporciones, que es uno de los j^ndes dinosaurios de la 'Prensa mundial, |iay que su­ ponerle, y hasta exigirle, un p-an aparato documental, y puntual, de información propia, tanto para uso privado del equ po. directivo, como para pqnorlo al servicio de los lectoras. Resulta decepcionante muchas veces su ligereza, mientras que algunas de sus profecías h i ^'í do de aurora boreal, la más representativa fue la de su cé­ lebre columnista Matthews que presentó en sociedad a Fidel de

Ahora el periódica de Nueva taaBaiaaaaaBapBaBBaaíaaavaaaBaai Castro como el gran liberal de Cuba, una especie de Jefterson del Caribe, que a poco ánimo y ayuda que recibiera de los Es­ tados Unidos implahtaría todos los derechos de las constitucio­ nes liberales. El chasco fu% ma­ yúsculo. Fidel instauró el istema comunista; la poesía e< re sentativa híe la de Nicolás Gui llén, antiyankf, -^nno de los más grandes poetas de Améri­ ca- y todo lo demás se lo aho­ rró a ló« lectores. Conocí a Matthews en Madrid, cuando antes de Fidel, y me pintó al lí­ der cubano como un Ruiz - GiXa(sat% con bptas de montaña. El despiste era colosal. de Jos

se la lengua; los amcvicanos, no. La Europa liberal, demócra­ ta y socialista, aguarda sus for­ mas de despego con España, y, simultáneamente, muchos de sus políticos nos dicen por na­ jo: "¡Cuidado con imitar a Por­ tugal! ¡Hagan ustedes algo que pueda ser presentable! Un so­ cialismo a la Ibérica, o una de­ mocracia cristiana a la italiana sería BBás intranquilizd'lov pa­ ra Europa que lo que titn?ri».

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York califica de imprudente la visita de:l presidente Ford a Ma drld porque piensa que "hala­ gando Washington a Franco puede ofender a los demócra­ tas para el futuro». La '^«Tctrina es original. Si las visitas ofi­ ciales de los Jefes de Estado han dfc tener en cuenta quienes han de s:>r go>ernaiiícs del i'uturo y operar con éstas precau­ ciones, parece que lo aconseja­ ble es montar organismos de predicación, de adivinación, con ministros cabalistas como en los pueblos antiguos. en

La cosa, sin embargo, es mu­ cho más simple. Las Azores son menos que Rota, y Portugal ahora es m^nos de fiar xiuc Es­ paña para, la Alianza Atlántica. Europa, al fin y al cabo, con sus condicionamientos pouticos · terños, sabe todo esto muv cla­ ramente, pero tiene que i. fmer-

Los problemas son de ahora y no de pasado mañana. Nunca han venido románticamente los presidentes americanos a Ma­ drid. Pero pocas veces los Jefes de Estado hacen viajes román­ ticos a ninguna parte. Esto JO dijo uü día escandalosamente De GauUe, mientras el venda­ val de la literatura polííica de Marcuse para las columnas jó­ venes se instalaba en Manterrc. Jo

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La ansiosa, in^otable bús­ queda de una recomendación eficaz consume todos los años un elevado-porcentaje de las energías nacionales. En esta España nuestra, del Desarrollo y la Productividad, los técnicos, sociólogos y especialistas, han despreciado el estudio del te­ ma, excluyéndolo sin más de sus "Avances de prospectiva operacional", tal vez porque no han sabido calibrar la magnitud del problema. Cuesta trabajo admitir que una costumbre tan profundamente arraigada en la idiosincrasia del esi>añoI, prac­ ticada con dedicación intensa y aceptada sin la más leve opo­ sición, pueda hacerle perder al país muchos mUes de diuros, día a día, sin interrupción a lo largo del año. tede la al lo

Los españoles ejercemos la "Recomendación» con ^a misma naturalidad empleada en respi­ rar o mover los brazas. Es un valor convenido que ue,jcansa en las más sólidas regÍon<^s de la i)ersonaHdad hispana. Y por ello es una fuerza inconmovi­ ble, capaz de resistir a los muy escasos recalcitrantes que pre·"idieron, alguna vez en su vi­ da, oponerse al manejo de la recomendación. Ninguna barre ra parece suficiente para dete"T la fuerza arrolladora de es­ ta auténtica y bien cimentida costumbre nacional. A sus en­ cantos seductores ceden las la un la es - lavaBBBaBBBBBBaai

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No hubo «pfi^». Los periodistas políticos teníamos puesto el termómetro en las procesio- · nes del Corpus -t-<ya es rizar el rizo- para averi­ guar el grado de enfriamiento de las relacio­ nes Iglesia - Estado, pero esta vez falló el pun­ to de mira. No os qtie las autoridades religiosas, civiles y militáivés íecorrieran las caillec y las I>i!'azas de España cogidas del brazo, pero tam­ poco se dieron niaterialmente la espalda. En Toledo, incluso, el ministro de Jus'Hcla presadlo el brillante cottejo. Las notas amargas estuvie­ ron en Pamplonaj donde la dedslón civil dci no participar fue áiprobada en un Pleno municipal, y en Las Palmus, por las difereñ«das de crite­ rios ííúé todo ^'paíig conoce. Nó húbó «pulso», pero tanipoco sé pueden poner tes campanas s repicar. Como los periodistas no {ñventamOs los estados de opinión, hay que certificar que por prixnera vez, se plantearon dudas a nivel nacio­ nal de si gobernadores y alcaldes debían presi­ dir una celebración religiosa. Ya es algo. Y también eñ este, caso hubo unas procesiones externas y otras, ótiiizá las auténticas, que, como sabj nuestro pueblo, «van por dentro». las En por

Con el presidente Ford ya en la sala de espe­ ra y con el paréntesis festivo, parece como si la política entrara en marcha lenta, con más puntos de auscultación que disparaderos. Natu­ ralmente, eso no impide que en los periódicos no falte i)a noticia d¡e una mesa redonda siuspendida, ni que los grados de tensión hayan vuelto al Sahara, escenario de deseixlones indígen'as y secuestros. La opinión pública española, que si­ gue él tema con justificada pasión, todavía no logra comprender que hay en el reverso de las noticias. Lo que si queda claro es el respaldo a la decisión oficial de acelerar la transn^sión de poderes. Frente a las reticencias de los sec­ tores más «intégristas» del ^stema, el generail Salas Lazárrabal sentencia; más no Ias

«Cuanto menos tiempo estemos allí, niejor». Es te opinión miUtar.

Pero que no decaiga. El profesor Tamames, iiViimiiiiniiniiiNiitíMuiiíiiiHiiiiiiiiiiiiiiinítniíiiiiniiiiii iiiiiiimnmiiiintnmiinmiiitin! iittnniíiniiin

(c) Del documento, los autores. Digitalización realizada por la ULPGC. Biblioteca Universitaria.

don Ramón, ha dado a luz 150 páginas ttuladas «Un proyecto de democracia para el futuro de Fspaña». ¿Un nuevo nombre en la lista de adictos al cambio? Ni más ni menos. Y con el aval de centenar y medio de páginas de razona­ miento, continuación de otro tanto que apare­ ció hace seis meses. Tamames trazó un pro­ grama político intenso, donde se vota por )a autonomía regional, por las reformas a todos los niveles, por los partidos políticos, por toda clase de libertades, jHyr el sufragio universal... ttula de el proJa todos

Frente a iDiez-Alegría, por ejemplo, que abo­ ga por una reforma frente a la disyuntiva «todo onada», Tamames escribe con todas las letras: «Esto o la democracia».

El Intento es válido y clarificador. Los resulta'dois, algo Improvisados, como lo puede demos­ trar el hecho de que toda te obra tuvo una ges­ tación de menos de once meses. La fórmula so­ cial, aunque Tamames se revista de una túnica izquieridsta, le lleva irrefrénabiémente a la de­ recha: al neocapltaHsmo y a un genuino tipo de reforma fiscal que beneficiaría también -eso se pretende- a la clase dominante. deeso

Los fundamentos políticos, dudosos. Tamanfes arreniete contra los Principios Fundamen­ tales y dice textualmente que son «antitéticos con formulaciones del tipo del sufragio univer­ sal, separación de poderes, libertad de partidos, etc. La santa verdad que en toda la Ley de Prin­ cipios, sólo hay uno restrictivo: El VIII, cuando dice que «toda organización polítícia de cualquier índqle, al margen de este Sistema rápresentativo, será oonslredada Hegal». Y aún asi -lo sa­ ben mejor quienes consideraron <^emasiado ancho» el Estatuto- fueron posibles las asocia­ ciones. Éa Informe de T^nannes no parte dei hecho de que hay una COTístitución aprovecha­ ble. Al contrario: vuelve a perfilar cruelmente la imagen política de dos ESpáñas.

Fernando ONEGA

laaBBBaBaaaaaaBBaBaavBaBaaaBBi más altas dignidades. Catedrá­ ticos, funcionarios incorrupti­ bles, altos cargos políticos, caen apabullados ante el arrojo de un ejército de "recomendados» que batalla con entusiasmo en campo abierto y sin f/onteras. Afincada en el context-j socio económico del país, la "Reco­ mendación" adquiere carta de naturaleza, y se extiende pro­ gresivamente a diversos terre nos, como el de las proíesiones, la política, la cultura :. el arte y en ocasiones, hasta el sagrado recinto de las amistadas o la familia. de en de la

Conscientes del enorme po­ der aparejado a cualquier reco­ mendación bien «afinada', los españoles, tan negligentes en otros detalles, procedemos en­ tonces a un planteamiento se­ rio y meditado de las opera­ ciones. Algunas, por su especial delicadeza, requieren un trato polos en ense

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La América, o la Europa, u el Oriente de los intere-ses, pasan por encima de las rosas rte Ca­ lifornia, de los daveis'j (le Pcrtugal o de los.capullos de caal- . quier parte. ¡Bueno, una ex­ presión floral de la igualdad, de la democracia, del socialismo, o del amor es bonito! y el futuro será de quien sea. el

«New York Times" dice que el futuro político de España es de los demócratas. Pero esto es como si dijera que os brague­ ros están especialmente indica­ dos contra la hernia. :Purs cla­ ro! Pero como el país no tiene más que un mago privado, que es Rafael de la Fuente, y toda­ vía no ha sido instalado al lado del ministro Garro, no se sabe oficialmente quiénes van a sel­ los demócratas del futuro. ¿Tie­ ne ésta noticia, y la lista, (A pe­ riódico neoyorquino? Esto aquí es cla - exquisito. Los móvimíento'3 de­ ben estar calculados hasta sus más leves matices. De lo con­ trario una recomendación rival bien orientada, puede acabar con la estrategia mejor monta­ da. El auténtico valor personal, las facultades propias de los in­ dividuos, o la posible justicia de los asuntos "Recomendados», quedan sin efecto y ocupan un lugar muy secundario. Prácti­ camente nulo, si hemos de ser un poco sinceros. Priva aquí el grado, o la índole del compro­ miso con la persona que pre­ senta la recomendación Muy escasa, ninguna importancia, tiene el coineter atropellos. Causar daños, a veces irrepara­ bles, a terceras personas con mayores derechos y menores recomendaciones. Actuamos ce­ gados por la fidelidad a un va­ lor en el aue todos creemos de un modo tan ciego como irres­ ponsable, inconsciente. Al servisuS un con Muy

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no se lo imagina ni Apustúa, qiie ya se ha inscrito entre ellos. Ahora ihay una carrera hacia Vlos demócratas del futuro", qua por velocidad, van a llegar an­ tes de los que estaban, los r.ue vos demócratas pierden de vista a los viejos. Un» vez hace mu­ chos años, aspiraba un ciuda­ dano ai honor de ser miembro de la Vieja Guardia. Cuando se le pidieron los testimonios de su alistamiento con (osé Anto­ nio, contestó. "¡Anda, si yo soy de Primo de Rivera padre!». ¡Los demócratas del futuro! ¿De qué pasado vendrán? de

Por lo pronto habrá que de­ sear para "New York Times» que no incurra, para sus pre­ dicciones, en iei asunto dé Iat-<. thews. En cualquier caso, y per la gracia que Se dispensa a este pais, y por lo halagadora que es la visita de Ford, nuestro chapó al aire. de- cío de la "Recomendación», quedan sacrificados . enormes esfuerzos, cientos de horas per­ didas en doblegar las más fir­ mes voluntades^. -

Y tal vez no sea el hecho más grave -con serlo macho- la existencia generalizada de esta viciosa actitud. Lo que resulta asombroso, visto con friablad, es el grado de cinismo desarro­ llado al admirar, como si de grandes héroes se tratara, a los expertos consagrados en el arte 'le la recomendación. Como si todas sus habilidades, hazañas, cabildeos y alcaldadas na fue­ ran más que un triste, doloro­ so, reconocimiento de un oscu­ ro complejo de inferioridad. Evidencia a gritos, te expresión de su derrota iunparada en el dicho que, con cierto aire filosó­ fico, se refleja en el "Yo soy yo. y mi Recomendación». sI

"El Eco de Canarias"

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>····!··········!····!···«··············'···""··"··"!·········*""·"'>···· sólo los «si'lvistas» de la DDE, que van a las ur­ nas bajo palio, tienen, prácticamente ¿n el bota las listas. Se supone que «<1 listón de los 25.000 seri salvado también Umi>iamiente por «Unión del Pueblo Esi>añol», en cuanto comparezca. Valentonadas aparte, no se como va Cantarero, pero los demás marchan -con perdón- «aco­ llonados» que diría Ansón.

LA COLMENA n iBBaaaBBaBBavaaBBBBBBBaaaBBaBaBBBaBBBaaaai !····· ················ ··············--'···········<·····"·····"<····!·>·>· í

Entonces, salta a la arena -rtal como se avi­ só aquí- Manolo Funes. Es el «guerrero sofitario», el «Robín Hood» del asoctedoídsmo, inanque páerdia. Me dice que, por ló pronto, 13.000 telegrafistas -(a los que él defendió- están dispuestos a firmar. Y es que el «ifumesismo» ha hecho pública una especie de homilía econó­ mico-política apocalíptica, pero de lectura obli' gatoria. Resulta esto: la devaluación vuelve a enseñar Ja pata por debajo de la puerta. Loa sectores y los grupos de presión económicos en crisis amagan. Y en este país la facturas de las estabilizaciones y lag devaluaciones tes han pa­ gado siempre «los sociales». Bueno, entonces, Funes que wavega en esa órbita, coge la pluma y lanza estc- enorme trueno: «Hoy, a la vista Je un buen año turístico, y con una posición en el mundo en tomo al lugar 12, vemos cómo ban­ queros Ugados a te exportación... ¡logran con­ tagiar!... preparase de este modo el clima para dar la puntilla al régimen y a la paz, mediante un plan de devaluación y estábUlzación qué permita que las nñnorías que temen te tran­ sición, se pongan a salvo mediante una gigan­ tesca evasión de capitales». Log de para que tran -

Manolo, ¡mashasho!... lo que pasfa es que los economistas politizados son como los trompe­ teros de Jericó. Con una «envío» en él prólogo, que encajó humildemente, Ramón Tamames acaba de ungir las cabelleras democráticas con el óleo de un libro de cabecera para quienes as­ piren ai cambio. Con toda pasión, el gran ta­ lento económico de Ramón Tamames, se ha es­ trellado en una especie de «BlMla demócrata pronto uso» contra los procelosos acantilados de la política. Que es otra cosa... con es -

Una vez avisó «La Colmena» -y el que lavisa no es traidor- qu^ una colección de fascículos, ilegales, apócrifos y a mul­ ticopista, iba a turbar la paz de la clase política. Eran una especie de «esta es su vida», de «who is who» de te oposición, puesta a pa­ rir. El número uno describía la» aventuras de García Trevijano. La misteriosa mano negra, como Jack el destrlpador, ha cobrado su se­ gunda víctima y acaba de distribuir, para ge­ neral conocimiento, un retrato biOgráflco-político de mi estimado Joaquín Garrigues Walker 9. de negra , sege-

Pedro RODRÍGUEZ

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1 Con la misma emoción con la que Pepe Isbert Se asomaba al balcón del Ayunta­ miento de Villar del Río, el alcaide Gar­ cía Lomas ha sacado el bando para in­ vitar a los madrileños al Júbilo, a la hospitali­ dad y al trémolo o.k. pero, ¿cuál es el argu­ mento tras la cortina del protocolo? Parece que Ford -Gerald- quiere fijarse no sólo en la Es­ paña oficial, sino en la España real y hasta en la España cañí. Se supone que el presidente ÜS\ es consciente de un montón de cosas: de que, intemaclonalmente, a la gran nación an»ericaiia le ha abandonado su desodorante en la media tarde de Vietnam. De que los Césares de Washington tienen patas de gallo en sus rostros de atletas de la negociación. De aquí, como en medio mundo, verá en las aceras, una Juventud, que en buena parte canta más cerca de Víctor Jara qUe de Sinatra. La palabra norteamericana en -Madrid será «humildad». inen de de que

Lo que no quiere decir que, al margen d«;l protocolo, el séquito de Ford no dispense algún «surprise party» En el primer nivel, el pro­ grama de la visita creo que incluye -no ofi­ cialmente- tres «apartenids», es decir, tres con­ versaciones privadas con eíl Jefe del Estado, el Príncipe de España y el presidente Arias. Co­ mo supongo que el comunicado Oficial será opaco como ejs de rigor en todos los comuni­ cados Oficiales, me atrevería a apostar que -con toda humildad- Washington propondría a este viejo país -y se daría con un canto en los dientes- un nuevo «estado de cosas», a ni­ vel de bases militares. O sea: «desactivar» -en el argot americano- las bases de Torrejón y Morón. Es decir, «limpiarlas de toda cabeza atómica y todo riesgo bélico y nuclear. Dos ae­ ropuertos, y poco más. A cambio, libre circula­ ción por eil cielo azul espiañol -procurando no ensuciarlo- y aposentarse en Rota; que pasaría a ser el gran «bunker USA» en Europa. del el proofi e) Coserá que en ae-

Porque no sólo de «bunkers» interiores viv* el hombre... vivp

Igual que Jardiel Poncela se preguntaba «¿Pero hubo alguna vez once mil vírge­ nes?», los Jeíes de fila asoclacionistas so empiezan a preguntar si, en este país, hay ZS.OM españoles que tengan la misma idea. Están sudando la gota gorda, y alguna caplacidad de convocatoria -que se decía hace cinco años- no pasa del «cocktail» o la cena unifica­ da. Parece que era mucho más fácil armar un Ejército contra el turco que reunir «las veinti­ cinco mil» y presentarse en ventanilla al inolvidíiMe grito de «estos son mis poderes». 2

Salvo que Cruyff -y en Barcelona- decida formar una asociación, aquí -de momento-- imiiiimniifiiMiiif«««""i»"'"«->">"«i«Mi"»«»nM«.

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