CABANILLAS
El hombre de Fraga en el exilio interior en
«Pero el Gabinete tenía otras dos personalidades de cuidado, como diría Romanones, especialmente dotados para el "sotío voce" y la cir cunvalación: Pío Cabanillas y Antonio Carro. El primero ha bía sido hasta ahora el hom bre de Fraga en el exilio in terior del político de Lugo, embajador en Londres del Go bierno Carrero; estaba agaza pado con astucia en las Cor tes Españolas, en el Consejo del Reino y en la Tabacalera. Ahora saltaba, desde el Con sejo del Reino, al Poder sobre la Información. Se pegó al presidente como una ostra del Grove. Fue el autor de la Ley de Prensa de 1966, que tan intensamente y sinceramente ayudamos a sacar adelante en las Cortes Torcuato Luca de Tena y yo. Antonio Carro era profesor de Derecho Político, y el presidente lo pondría a su lado, en el Ministerio de la Presidencia como un "neoLaureano". Gallego también. Ocupó la misma antesala pre sidencia! de López Rodó. El tenía de la cirY hominal tan en de era de neoCorLey
presidente del Gobierno me dijo en su casa del Plantío, en "La Chiripa", tres días an tes de constituir el Gobierno, que éste sería "fuerte". Efec tivamente, hizo un Gobierno fuerte; después observé que era fuerte solamente de per sonalidades. Fue una selec ción relevante, pero podría ocurrirle lo que al fútbol es pañol en Amberes, donde me dia docena de ellas harían vir tuosismo y juego individual. El presidente los mandó a to dos a la caseta antes de los dos años y realizó dos crisis parciales.» me Efecque selec podría esa tocrisis
Blanco y Negro (Madrid) - 24/07/1976, Página 28
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MORDAZ ROMERO
E MILIO Romero, periodista de alta cresta, ha escrito un libro -«Prólogo para un Rey», editado por Planeta-, en el que relata, en lenguaje vivo y sa broso, pasajes, inéditos en su mayoría, protagonizados por esa «fauna política» -como se ha dado en llamar la- a la que muchos españoles no prestaron atención. Nombres y hombres como Pío Cabanillas, Fraga Iribarne, Fernández da la Mora, Arias Navarro, Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez aparecen ahí retra tados, calificados o simplemente descritos con un es tilo al que vendría bien el adjetivo «descocado». por en IlamarFraga con un es-
Por cierto, que en estos días el presidente del Go bierno recibió a Emilio Romero Gómez, consejero nacio nal, en su despacho de Castellana, 3, seguramente para limar asperezas entre ambos, suscitadas tras el cese de EmiliD Romero como delegado nacional de Prensa del Movimiento. «Pero no -^ha dicho E. R. a ByN-. Al pre sidente no le importa que le siga mortificando con mi posición crítica. Más bien hablamos de política, del mo mento histórico. Que ¡más que un cambio de situación se trata de cambio de Estado. Y para esa tarea, le dije al señor Suárez, cuenta usted con un Gobierno muy débil.» Goel cese Al precon mi muy
Pero a lo que vamos, a lo que cuenta y dice Emilio Romero en este libro, del que entresacamos algunos párrafos y personajes. algunos
CALVO SERER
Del más feroz integrismo In telectual a la Junta Democrática in-
«Cuando Fernando Herrero Tejedor era Ministro Secre tario General del Movimiento, tras el cese de José Utrera, el Vicesecretario General Adolfo Suárez y yo acudimos a almorzar con Antonio Gar cía López y Dionisio Ridruejo, dirigentes de la Socialdemocracia, para invitar a esta organización de la oposición a que tomara parte en el pro ceso asociativo y pluralista del Régimen, ya que si su filosofía era socialista y de mocrática, no era marxísta o liquidadora de la libertad; así lo habían declarado. El Régi men en esos instantes esta ba dispuesto a tragar oposi ción en dosis iniciales pruden tes hacia una expansión gra dual. El parecido de la Socialdemocracia española venía a ser el de la Socialdemocracia alemana después de pur garse en el Congreso de Bag Godesberg. Dionisio Ri druejo nos dijo de entrada que el Régimen estaba muer te y con los muertos no se SecreGar a esta si su deestapurRi no se pactaba. «Hacerlo ahora -di jo- sería hipotecarse fatal mente para el futuro.» Por to do esto se obligaba ai Régi men a hacer una democracia intramuros. Algunas persona lidades del propio sistema, que habían ostentado funcio nes eminentes en la historia del Régimen y en la Admi nistración Pública, tampoco aceptaban el Estatuto del De recho de Asociación. La fa milia Garrigues salía a la su perficie política con ideolo gía democrática «a la ame ricana», y con una opción a tomar parte en los aconteci mientos futuros. Pero la opo sición extramuros fundaba dos pactos, uno de ellos de inspiración comunista en ese maridaje alucinante de Santia go Carrillo, dirigente máximo del P. C. y Rafael Calvo Serer, del Opus Dei y el más feroz integrista intelectual de los años 40 y 50. Se llamó !s «Junta Democrática» y el «engrasador de los ejes» -como dice esa canción ame ricana- era García - Trevijano. El otro pacto se ilamaba «Plataforma de Convergencia Democrática». fatalAdmiLa faSUideoloame2 ese Semás Y el