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REFORMA Y

El pan nuestro de cada día no es otro que reforma, por un lado, y ruptura por el otro. La alternativa inmovilista ha desaparecido de los papeles. Hemos escogido a Alfonso Osorio, eje importante del Gobierno actual, como símbolo del reformismo serio. En la otra orilla se encuentra el rupturista García-Trevijano con su peso específico dentro de la « Platajunta», que actualmente pone tan nervioso al Gabinete como el pasaporte de Carrillo.

ALFONSO OSORIO

Pasado y presente

En este santanderino de 53 años. casado con una hija del ex ministro lturmendi y padre de tres hijos, hay tres etapas muy claras. Cuando no era ministro, cuando llegó a ministro con Arias Navarro y cuando ha seguido de ministro con Adolfo Suárez. Antes de la muerte de Franco y después de su muerte. «Yo he ocupado cargos de responsabilidad bajo el régimen del general Franco y nadie me obligó a ellos ni fui conducido por una pareja de la Guardia Civil». Ciertamente que no hacía falta. Osorio fue subsecretario de Comercio con Faustino Garcia Moneó, presidente de Renfe, procurador en Cortes y consejero del Reino.

Pero al poder máximo no llegaría hasta la Monarquía: «He sido monárquico desde mi uso de razón política, y como, es lógico, después de su instauración por Franco lo sigo siendo». Además de Monárquico es demócrata cristiano sin homologar. Fundador del grupo «Tácito», se salió a principios del 75 junto con Reguera Guajardo, entre otros, para constituirse en asociación política con Silva Muñoz. Al final no acabó de nacer del todo la UDE dentro del Movimiento. Visión de futuro.

Su monarquismo antes recogido data del año 71. Por aquella época confesó también considerarse «claramente conservador en el mantenimiento de las instituciones». Cuatro años después y unos meses antes de ser elegido ministro de la Presidencia por Arias Navarro en el primer Gabinete del Rey ya había evolucionado algo más: «Creo que el primer Gobierno del Rey debe abordar seriamente la reforma de la Constitución». «¿Quién crees que va a ser el primer presidente del Gobierno de S.M.?», le preguntó Cortés Cavanillas. «A corto plazo lo será Arias Navarro». «¿Y a plazo medio?» Osorio dixit: «El más inteligente de los leales». Y a la vuelta de la esquina se encontró con que Arias (al que Osorio calificó como «la energía inteligente, en la madurez responsable y serena, para la Gobernación» cuando don Carlos era ministro de Carrero) le hizo su brazo derecho.

Se nos antoja que los seis meses de ministro de la Presidencia con Arias son los más grises de este político de gustos tan refinados (admira a Antonio Ordóñez, Buero Vallejo, Beethoven y Goya). A este período pertenecen decla.-aciones como: «Yo nunca he entendido el significado de la palabra amnistia. Y además creo que no la acabaré de entender nunca, porque si amnistia supone borrón y cuenta nueva, eso a mi juicio, en la vida política de los pueblos, es prácticamente imposible». Mas, más: «Yo creo en una democracia no parlamentaria. España, como todos los países serios, necesita gobiernos que gobiernen y parlamentos que parlamenten, pero que sean independientes los unos de los otros».

Hay quien actualmente considera a Osorio como el hombre fuerte de Adolfo Suárez. Lo que no cabe duda es que su capacidad política ha ido acrecentándose con el tiempo. De propiciar la triple alianza frustrada -Areilza-Fraga-Silva a formar Gobierno con los dos primeros y a quedarse solo, va un trecho. Ahora ya no tiene reparos en afirmar que «estamos en una Constitución abierta, que es la adecuada para un pueblo en desarrollo como el nuestro».

Estamos ante un reformista con deseos de reformar de verdad.

«La única vía política adecuada para nuestro país, aquí y ahora, (12-2-76) es la seriamente reformista, sin condicionamientos ni cautelas».

¿Seguirá Osorio pensando en lo que dijo en Octubre del año pasado? Si. lo de que «yo eliminaría del juego democrático nada más que aquellos que adopten posturas violentas». Habrá que esperar los hechos. Entre otras cosas. porque «este Gobierno ha tomado firmemente una decisión, y es hablar con hechos, mucho; y con palabras, poco».

RUPTURA, VIS AVIS

ANTONIO GARCIA-TREVIJANO

Sólo futuro

«Nunca he sido monárquico, pero he sido amigo del Rey actual, es decir, don Juan Carlos. El podría desenmascarar toda la situación..» Son palabras de Antonio García Trevijano y Forte, antifranquista pese a haber nacido un «18 de julio» hace 49 años en Alhama (Granada). Precisamente de Franco ha dicho que fue «un soldado con mentalidad de cuartel y un buen representante del oportunismo de la clase media española habituada a confundir sus valores privados con el Estado.»

García Trevijano, ciertamente, conoció a Juan Carlos en Zaragoza el año 55. «Allí salíamos juntos - éramos muy jóvenes y nos íbamos en mi coche los fines de semana -, y luego, más adelante conocí a su padre, el conde de Barcelona (...) Sé que don Juan ha sufrido mucho por mi detención y pienso que al actual Rey también tuvo que dolerle, simplemente recordando las situaciones que hemos vivido juntos, mientras él estaba en el trono y yo en la cárcel, pero en el fondo creo que si él hubiera querido ponerme en libertad no habría podido...»

De su experiencia de 76 días en prisión ha sacado consecuencias como: «A partir de ahora la palabra amnistía no significará para mí una bella abstracción, ni tampoco una sola exigencia neutral de la convivencia política entre los españoles, sino la concreta felicidad de miles de familias que sufren sin razón la sinrazón de la política.»

Siempre ha sido un personaje intrépido. Capaz, por ejemplo, de meterse en una jaula de leones en el antiguo Circo Price de Madrid cuando pidieron voluntarios en una función. Y capaz de aliar a su amigo Calvo Serer con el mismísimo Santiago Carrillo. O aún más: de ser el «cerebro» no sólo de la Junta Democrática de España, sino de lograr la fusión entre aquella y la Plataforma en el organismo denominado Coordinación Democrática

Abogado del dinamitado diario «Madrid» y catalogado como «conspirador galdosiano» por su enemigo Emilio Romero. «Soy un conspirador porque la Dictadura te convierte, quiera o no, en un conspirador. Yo estoy en la conspiración si quien conspira es el pueblo español». Capaz, muy capaz el amigo «Tono». «Uno de los mayores honores de mi vida es el haber sido un poco el ginecólogo de la independencia de Guinea», confiesa quien redactó la Constitución de aquel país.

Su lema es la ruptura pactada. Ruptura - y no pactada - la de

EL LEGADO

Hipotecado por su vinculación a Arias Navarro si no demasiado en el terreno ideológico, si en el efectivo - , Alfonso Osorio pasó con más pena que gloria en su primera etapa de ministro. No pudo - ni quizá, quiso - lucir al mismo nivel que las «estrellas» Areilza, Fraga y Garrigues. Ahora, ascendido a vicepresidente segundo por Suárez, y probablemente uno de los ejes de la composición del Gabinete, Osorio se ha convertido en un reformista que intenta tomarse en serio la reforma. De ahí que haya pasada esa facturilla de «aquí hechos y no palabras». Osorio, por tanto, personifica el Poder que aun no ha surgido de la voluntad popular. En cambio, Garcia Trevijano es la expresión máxima de la Oposición. Hasta ahora ha sido más temido que escuchado. Desde ahora, posiblemente, Suárez y los suyos, habrán de escucharlo más, aunque no dejen totalmente de temerlo.

Una vez más, Reforma y Ruptura vis a vis. La trayectoria de Osorio se inserta entre la lealtad a un Régimen que no pareció entusiasmarle nunca («respetemos el legado de Franco una temporada» dijo en una cena del Club Siglo XXI el pasado mes de junio). Pero Osorio sabe que ciertos legados pertenecen nada mas que a la historia pasada.

Trevijano, en cambio, no tiene nada que ver con tal legado. Es más, claramente ha luchado y lucha por romper - no reformar - todo lo que contenga ese saborcillo. El reloj marcará la hora y la báscula se inclinará hacia donde el pueblo tenga más peso. ANGEL SANGHEZ.

unas cuantas costillas de su moreno cuerpo a cargo de «comandos incontrolados» de la extrema derecha el pasado otoño, en el despacho del abogado Muñoz Salvadores. Estuvo fuera de la circulación varios meses, pero volvió a la carga política, consciente de ctue «se me tolera menos, se me persigue más que incluso a los partidos marxistas.» ¿Por qué? Quizá porque «hoy el problema no está en el socialismo. Por eso el Gobierno se encuentra encantado de que haya partidos, de que se celebren congresos socialistas; el problema actual de España no es el socialismo: es la libertad».

Después de dejar Carabanchel bajo fianza de medio millón de pesetas (procesado junto a Camacho, Aguado y Dorronsoro como presunto autor de «un delito contra la forma de Gobierno»), continúa dedicando sus muchos ingresos de su bufete de abogados de Castellana, 106 a unir a la oposición; «Todo lo que ingreso lo gasto en vivir y en la política; es decir, no hago inversiones para tener rentas». Dejó los negocios el año 69 y ha creado el «Grupo de los Demócratas Independientes». Optimista. Ambicioso. Así de ambicioso: «Mi ambición es la de elevarme yo mismo a condición de que sea el pueblo español quien también lo haga. Con la elevación del pueblo yo aceptaré la mía. De otra forma, no».