Pero yo temo que bastantes de los «ae creen tener ideas claras y se manifiestan ctfmo partidarios de un s i s t e m a n otro, no hayan avanzado en su estudio más alia de las brillantes -y terriblemente simplificadoras- páginas de Mauriee Duverger, y que la información de otras personas se reduzca a los folletos que pueden repartir las embajadas sobre el sistema electoral de sus respectivos países.

Hay que estudiar bien la realidad de España, que es un caso singular por razones de estructura y de coyuntura. Aquí bay que atender, junto a las dimensiones ideológicas y políticas del pluralismo, a la dimensión regional, que para casi un tercio de los españoles prima sobre las otras. Por todo lo que he dicho creo muy probable que la primera ley electoral, aun en el caso óptimo de que obtenga un mínimo de consenso de t o d o s los partidos, adolezca de improvisación.

Preveo que iremos, para empezar, a una especie de sistema mixto, y que después, con la experiencia de las primeras elecciones, se abra un verdadero debate público, cuyas conclusiones habrán de ser tenidas en cuenta por el propio parlamento que elabore la segunda ley electoral. Porque, aunque todas las eosas vayan bien, ese primer parlamento democrático no dejará de ser, en cierto sentido, predemocrático, y estará sometido a la presión extraparlamentaria de los partidos y de la opinión pública. También en Alemania y en Italia, bajo las nuevas democracias, se cambió la ley electoral en torno al año cincuenta. Y las franceses suelen hacerlo al mudar el número de su república.

Q LA PRENSA Y LA TRANSICIÓN

Diría que la Prensa de la transición también se caracterizará por la fluidez, incluso aunque los partidos no cometan el error de crear una Prensa propia.

Hay que deregar la ley de Prensa, que responde a los conceptos del Estado autoritario.

La Prensa como actividad industrial, como profesión y como expresión pública, debe estar regulada por las leyes generales y los códigos penales, mercantil, civil, etc. No debe ser concebida como una concesión administrativa, ni parecerse a ella.

Actualmente asistimos a una inflación política en la Prensa, pero será efímera si la vida pública se normaliza por la' vía democrática.

m ALGUNOS NOMBRES

Me pregunta por a l g u n a s personas con las que he tenido y tengo más estrechas relaciones profesionales o políticas de carácter público. No querría incurrir en juegos de ingenio o preguntas definiciones brillantemente elaboradas. Enunciaré hechos.

Antonio García Trevijano ha sido el abogado del «Madrid» en sus pleitos con la Administración; y, por cierto, un buen abogado, como prueban las últimas noticias. Es evidente que nos asistía la razón, pero es igualmente cierto que nuestro caso estuvo muy bien defendido jurídicamente por el abogado. En el orden personal somos amigos desde hace más de veinticinco años, lo cual proclama la estimación que tengo por él. Es público y notorio que nos movemos en direcciones políticas bastante diversas. Pero entre él y yo eso ha ocurrido siempre, incluso cuando íbamos profesionaímente juntos, él como abogado de la empresa del «Madrid» y yo como director del periódico.

He colaborado estrechamente con Rafael Calvo Serer en el «Madrid» desde 1966 a 1971. En años anteriores solíamos trabajar de vez en cuando juntos en actividades políticas y culturales. Siempre he admirado su integridad moral, su lealtad a las personas y su apertura al diálogo, así como la energía v dedicación con que se entrega a lo que en cada momento considera que es su deber. Creo que sustancialmente compartimos unos mismos principios ideológicos y que nuestros respectivos objetivos políticos se parecen mucho. El también po-

La pregunta ¿CuÆl es el balance de la anterior etapa dei «Madrid»? ¿C mo serÆ ei peri dico en

diario la hora de su reaparici n?

La experiencia del «Madrid» fue muy positiva. Se demostró que es posible y que lo era ya hace diez años- crear un iu#ar de encuentro para periodistas, escritores y políticas de orientación democrática y de Ideologías diversas. Nuestro diario influyó decisivamente en el proceso de ensanchamiento de los antes reducidísimos márgenes de la libertad de información.

Fuimos los primeros en hablar de cosas que parecían tabús, y en emplear un lenguaje que ahora usa todo el mundo, incluso algunos que entonces nos amenazaban, multaban o cerraban por hacerlo. Creo que también fue una buena escuela profesional, como demuestra la posterior carrera de los que fueron nuestros más jóvenes redactores.

El nuevo «Madrid» tendrá que ponerse a la hora de España. No puede salir igual que era cuando lo destruyó la Administración pública de entonces. Tiene que volver a ser un d i a r i o independiente y muy profesional, es decir, no de partido, lugar de encuentro otra vez de las derechas liberales y las izquierdas democráticas.

dría definirse, igual que yo, como monárquico, demócrata y liberal. Es cierto que en los años de su exilio, aunque le visité con frecuencia, ni yo le he acompañado en sus dos iniciativas políticas, ni él ha tomado parte en las mías. En la nueva y soñad> época del diaria «Madrid» nos volveremos a encontrar. Para ello no hará falta que militemos en el mismo partido, porque la Prensa independiente, como el «Madrid» fue y volverá a ser, tiene que estar al margen de las opciones de partido y por encima de ellas.

Aunque Joaquín Garri g u e s iValker sea diez años más joven que yo, nuestra amistad personal y nuestro buen entendimiento tiene t a m b i é n una larga historia, que por ambas partes se remonta una generación. Desde 1974 y en unión de otras gentes, afortunadamente más numerosas cada día, nos ocupamos de organizar e implantar un partido político. Garrigues tiene la preparación, el talento, la experiencia y las cualidades humanas necesarias para una eficaz acción política.

Perfil

Hace poco más de dos años, en la plaza de La Scaia de Mil á n , I n d r o Montanelli logró convencerme, tras señalar repetidamente la estatua de Leonardo, de que un historiador como él podía muy bien dirigir un diario.

En su libro «Humanismo Romano». Antonio Fontán recoge una s e r i e de semblanzas de destacados hombres de ciencia y de letras que a lo largo de la Historia han hecho compatible su actividad especulativa con tareas mucho más contingentes e inmediatas. «Es la búsqueda de esa e s p e c i e de equilibrio humano «ue te permite vivir en el presente, pero sin perder la perspectiva histórica», me explica. «Quien se dedica sólo a la política o al periodismo corre el riesgo de sobrestimar su capacidad de influencia en la evolución de las cosas.»

Emergiendo entre las anotaciones que prepara al texto de

Tito Livio, su prólogo a la edición restringida de la obra de Watteau, los papeles de la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, ls. cuenta de ingresos y gastos de Publicidad Cid, esa lista de una veintena de tesis por dirigir y la ilusión puesta en la reaparición del diario «MADRID», Ant o n i o Fontán se muestra ante todo como una atractiva t r a m p a permanentemente interpue s t a en el camino de cualquier persona ansiosa de magisterio.

Lo que de hecho genera su fantástica capacidad de diversificación no son sino múltiplos de un mismo denominador común: la d o c e n c i a . Antonio Fontán es y ha sido toda su vida nada más y nada menos que un profesor.

Su cátedra de Latín estuvo primero instalada en Granada, Navarra... y ahora recala en la Complutense; la de periodismo -que, dicen, en la ciudad, muy pronto puede volver a quedar abierta- p a s ó fecundamente por medios como «La Actualidad Española» y, sobre todo, el diario «MADRID»; la de política liberal imparte, por último, con intensidad sus enseñanzas en el partido de Joaquín Garrigues Walker.

«Señoritas, s e ñ o r e s . . . Les aseguro que quienes asistan a clase van a aprender mucho», anuncia todos ios años Antonio Fontán, cuando el curso comienza en cualquiera de sus cátedras. «Porque yo soy bastante buen profesor. Necesitaré, eso sí, ayuda de algunos de ustedes para poner las notas y resolver ese tipo de cosas...»

Trayectoria personal

  • Ha sido catedrático de Filología Latina en las Universidades de Gra n a d a < 1950 > , Navarra (1956). Autónoma de Madrid (1972>. En la actualidad es titular de dicha cátedra en la Complutense. Fue director del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra.
  • Director de la revista «La Acutalidad Española» < 16521 y del diario « M a d r i d » (19661971», Es miembro del Comité E j e c u t i v o del International Fress Institute y presidente del Comité Español de dicha organización.
  • Dirige la colección de libros políticos «Cuadernos Libra», publicada bajo los auspicios de la Sociedad de Estudios Libra y de la Federación de Partidos Democráticos y Liberales.
  • Está muy vinculado a la Sociedad Española de Radiodifusión v es presidente de Publicidad Cid.
  • Vicepresidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

Texto:

Pedro J. RAMÍREZ

Fotos:

Luis RAMÍREZ.

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