Historias secretas de la clandestinidail (2)

LA «CONSPIRACIÓN» lOANISTA OOE 010 EL TRONO A RON IRÁN CARLRS

F RANCO no teníü ninguno prisa en designar sticesot. De si^uerdo con las Leyes Fundamentales que ha­ bía ido promulgando If^nta' mente a lo largo de los trein­ ta y tres años que en 1S69 lle­ vaba ya en el poder, d Estado se perfilaba, caáa vez con nra yor concreclónn en forma de monarquía, pero respecto a fa persona que en so momento debería ser Ray. todas Jas le­ yes dejaban nioohos cabos sueltos que en la práctica per mitían a Franco un amplio margen de maniobra para ope­ rar con gran libertad.

En 1969. sin embargo, una serie de circunstancias coinoidenfeSn en buena parte pro­ vocadas por una sola mano, presionaron de tal modo a Franco que, a pesar de la supuesta Independencia que siempre apárenlo en la toma da s u 5 decisiones, no tuvo otro remedio que nombrar a Don Juan Carfos sucesor en !a Jefatura del Esudo a lituio de Rey. que toma

¿POR QUE RESTABLECIÓ FRANCO LA MONARQUÍA?

Antes de responder a una pregjnta así hay que aclarar otra cuestión: ¿Franco era mo­ nárquico? Yo creo que. por onC-ma de lodo, Franco era un convencido franquista, Es de­ cir. quB no sólo ora astuto y canto, sino que. como buftn gal lago, únicamente se fiaba de sí mismo, Pero Franco tefi\v. además, según puede des prenderse de cuanto hizo y dijo. senlimienios tradiconales y conservadores, comunes a ios de la inmensa mayoría de los hombres que en aquellas años defendían la ¡dea monár­ quica una un a

Por otro lado, su carrera mi­ litar progresó con tanta rapi­ dez gj-acias a la protección de

Tras b publicación, la semana pasada^ del «Contubernio de Munich», en el presente número oírccemos nuevos datos so­ bre la historia del régimen anterior, con el tema de la llamada «conspiracióm juanista. Tema que completaccmos en una ter­ cera entrega con el capitulo referido a los generales «malditos» del franquismo. de datos 50una ter- por primera vez, monárquicos, católicos

Participaron juntos, y comunistas

Por Vicente Alejandro GUILLAMON

El punto dD arranque dfi la ofensiva luán isla fuá el bautizo del Principa Felip«. el B d« lebrero de 19GD.

Alfonso Xlll. que convirtió los ascensos por mérilos de gue­ rra duranle el larga y penoso conflicto marroquí en un ins­ trumento de favoritismos y compensaciones a lealtades personales que» aparte de los móriiDs y capacidad persona­ les, aprovecharon OAtraordinariamante a Franco. Esie, pues, no podía por menos que sen­ tirse agradecido con la irsih tución monárquica, aunque 'a gratitud no suele ser la prin cipal virtud de los poderosos insY prin-

El Alz^nJlenío o sublevación militar def 36 no se hizo, sin embargo, con el declarado piopósito de restablecer la Mo narquía. Fue un hecho extre­ madamente complejo y vario­ pinto, en cuyos protagonistas dominaba, por encima de cual­ quier otro sHntJmienlo u obje­ tivo, el espíritu BHH respecto a Ja situación a la que había desembocado la República con el triunfo del Frente Po­ pular.

Todos ios campromeiidos y cuantos se unieron al llamado bando nacional estaban p^rffíclamenle de acuerdo sobre fa que no querían, pero en cuanto hubo necesidad de ad­ ministrar la victoria y definir el futuro del nueuo Eslado apa reciernn las discordias y oomeníaron las mingas y ompu¡ones de unos grupos a otros. que le veno a Franí:Q como ani­ llo al dedo para convertirse en arbitro, Cífií^r fi] franquismo y consolidar Su mando personal. Una situación mejor no se la hubjera podido imagmar peren co-

En su condición de arbitro. Franco fue definiendo en cada momento los caracteres del nuevo Estado SEgún los vienros dominantes, pero sin pa­ sarse, sin mojarse demas^ido, deíandtJ sjemprn puertas abiertas a otras salidas, aunque dentro de un senilda discJplJruado, de mando único, jepa

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A propiwsli do Fnnco, |u Conca aprobaron el nombramiento de Don Juan Cahos como aucctor en la jcTalum del Eslado-

rárqulco y ordenancista, pro­ pio de un militar como él.

A tenor de eslas caracterís­ ticas, era muy improbable que el régimen de Franco no des­ embocara, al final, en algún tJpo de monarquía, en lo qje tiene esta forma de estado tradicional y de mando o po­ der arbitral de uno solo, cuya autoridad, por su carácter he­ reditario e Institucional, no puede ponerse en tela de jul' CÍO. Por eso, Ea monarquía ideada por el franquismo se deíjnta como tradicional, coíólica. coclal y representativa. estado no

Pero en ningún memento quiso ligarse a ninguna perso na concreta ni reconocer de­ rechos exclusivos de nadie hasta qjo llegó la fecha histé­ rica de! 22 do julic de 19G9, en que las Cortes aprobaron la propuesta de Franco de nom­ brar a Don Juan Caries sucocccor en iñ Jeioiura del Esta­ do a titulo de Roy. deIa

No obstante, si Franco hu­ hu- biese tardado algún tiempo más en designar sucesor, tal vez el nombramiento no hu­ biese recafdo en el actual Rey, sino en su primo Alfonso de Borbán-Dampierre, pero la bo­ da de Éste con la nieta del Ge­ neralísimo Negó demasiado tarde^ hu-

^OPERACIÓN SAL.MON-

La promoción de Don Juan Caries fue una obra laborío sa, cíimplicfld-T y mafiiirfl, íii> le la cual el observador dos apasionado, cualesquiera soan sus preferencias políticas, no tiene mds remedio que descu­ brirse. Fue planificada y ejecurada con la meticulosidad y precisión de una gran bata­ lla militar. ¿Quiénes fueron sus artífices?

Laureano Lópeí Rodó, emi­ nencia gris del almirante Ca­ rrero Blanco, ñus da cterlas claves en su volunUnoau libro

La /arga marcha hacia Ja Mo­ narquía, que hay que saber leer muy entre líneas, porque tiene mucha dinamila dentro.

El auior dice ya en la prime­ ra págma de texto: -La vuel­ ta de la Monarqura ha sido q u i z L^ la operación política más deficada, m;^s inlrincada y más laboriosa que ha cono­ cido la hisioría coniomporünea, no sótc de España, sino tal ver incljso de todo el mun­ do occidental», V cuando Ló­ pez Rodó lo dice, por algo se­ rá, ya quo. como brazo dere­ cho de Carrero, padrino de la -operación salmón», f u e el ejecutor material de la misrmi. sIno el

Lo da a entender paginas más adebnte con oste oira confesión; -La larca funda­ mental que me propuse reali­ zar at hacerme cargo de la Secretaría General Tt^cnJca da la Presidencia del Gobierno (en 1956, Iras los prjmeros disturbios estudianlllosl [ue contribuir a la construcción de otra de Ia Juc un Estado social de derecho y luchar por el restablecimiento de la Monarquía-. Piíro no una Monarquía cjatqulera, podría­ mos oñadir ahora nosotros, si­ no una Monarquía muy concre­ ta y particular que el asesina^ to de Carrero echó por los sueles, los

Dfl todos modos, no hay Mo­ narquía sin Monarca, y ello planteaba múltiples proble­ mas, porque surgieron^ como ocurre siempre en estos ca­ sos, muchos aspirantes a la plaia, Ibíiñez Marim. en un r^pEo de fervor franquista, lle­ gó a proponerle al Jefe del Esfado que se coronase Rey- pe­ ro Franco, al que nunca le fal­ tó e! sentido común, rechazó con buen criterio la sugeren­ cia alegando que la Monar­ quía, como los buenos vinos, requiere solera caJa Un

Quedaban otras muchas op­ ciones. ocTo desde que Don Juan conslnllo. t-n IIWB, que sus hijos estudiasen en Espa-

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ña, el panorama sucesorio ad­ quiría un cariz muy definido.

A despejar este panorama, inequívocamente a favor de Don Juan Carlos, se dedicó López Rodó con las bendicio­ nes de Carrero y la colabora­ ción de no pocas personas del Régimen, introducidas como tentáculos en todos sus meca­ nismos, menos en la Organi­ zación Sindica!, hasta que en la crisis ministerial del 69, provocada por ei caso Matesa, López Rodó colocó los Sindi­ catos bajo el mando de uno de sus sacristanes: García Ramal. de uno

Al plan para sacar adelante la candidatura de Don Juan Carlos se le llamó operación salmón, «por la tenacidad y paciencia que requería», se­ gún palabras del propio López Rodó, quien confiesa en su 'li­ bro de referencia que empleó con el Generalísimo la estra­ tegia que aprendió precisa­ mente en Galicia, donde le contaron que si se quiere me­ ter a un cerdo en la cochique­ ra no hay que empujarle ha­ cia dentro, pues entonces se para, sino tirarle del rabo ha­ cia fuera, y de esta manera entra flechado. Y sele ha-

Los principales hechos, do­ cumentos, vicisitudes y alti­ bajos de semejante operación, con sus problemas y dificul­ tades, han sido registrados por el ex ministro de Franco en dicho libro con la escrupu­ losidad minuciosa del perfec­ to covachuelista, por eso nos sentimos liberadas de repro­ ducir lo que está al alcance de cualquier lector curioso, sólo que Lóp_ez Rodó sabe, con toda seguridad, muchas más cosas de las que cuenta en su obra, porque, según evidencia a lo largo de las setecientas páginas de la misma, el almi­ rante Carrero y él tuvieron en todo momento la más comple­ ta información de cuanto ha­ cían y preparaban todos los adversarios de sus planes. Por esta causa, cuando los demás pensaban ir hacia algún sitio, el tándem Carrero-López Rodó estaba ya de vuelta. ¿Quién les podía impedir, por tanto, provocar ciertos aconteci­ mientos y maniobrar para con­ fundir a sus adversarios y re­ blandecer la tenaz resistencia de Franco? El cúmulo de solu­ ciones y pretendientes que aparecieron entre 1967 y 1969, ¿fue totalmente espontáneo o en parte auspiciado por manos ocultas para impresionar a Franco? Quizá algunas perso­ nas que manejaron diversos acontecimientos de aquellos anos estarían en condiciones de aclararnos muchas dudas altilos re0

La "operación salmón" desbarató los planes de tos juanistas

si se decidieran a hablar con claridad, pero mientras no lo hagan, las sospechas y suspi­ cacias subsistirán. Motivos no faltan.

LA CONSPIRACIÓN JUANISTA

Lo que llamo conspiración ¡uanista, ¿puede inscribirse dentro de esa clase de ma­ niobras que parecen perseguir un objetivo y a la postre favo­ recen exactamente lo contra­ rio? Por mi parte, no quiero anticipar valoraciones, sino que voy a exponer los hechos y que el lector juzgue. ma-

Como consta ya en numero­ sos libros, las relaciones en­ tre Don Juan de Borbón y Franco, aunque nunca estuvie­ ron rotas del todo, fueron siempre difíciles, reticentes y sólo mantenidas por la fuerza de las necesidades. Ambas personalidades emitían en muy diferentes ondas y, por ello mismo, difícilmente po­ dían sintonizar. enY en por po-

Apenas concluida la guerra, Don Juan, o sus partidarios, trataron de empujar a Franco para que dejase su lugar al heredero al Trono de Alfon­ so XIII, pero, como indica el cuento del cerdo, achucharon mucho, si bien nunca supieron tirarle del rabo. La verdad es que Don Juan jamás quiso de­ berle la Corona a Franco, y és­ te, por su parte, no consentía que nadie tratara de echarle del sillón. Ello explica que sus relaciones fueron casi siem­ pre tan complicadas y equí­ vocas. al el

De todas las maniobras jua­ nistas para echar a Franco, ninguna tan espectacular y ruidosa como la de 1968-69; quizá por eso también fue la última. Las líneas generales de esta operación me las ha relatado Antonio García Trevijano, aunque, como en el caso de López Rodó, pienso que sa­ be 'bastante m á s de lo que cuenta. Y ha

García Trevijano no había aparecido hasta entonces en los círculos de la oposición. Al menos yo, como secretario general de unos sindicatos clandestinos que se estaban gestando en aquella época, no tuve noticias de él con ante­ rioridad. Apareció, si no es­ toy equivocado, de la mano de en es-

Calvo Serer y Antonio Fontán, que entonces jugaban a la con­ tra, como presidente del Con­ sejo de Administración y di­ rector, respectivamente, d e 1 diario Madrid. di -

Según su versión, que ha te­ nido la bondad de facilitarme ahora, Franco sufrió una lipo­ timia en septiembre de 1967 en el curso de una cacería en la sierra de Cazorla. La infor­ mación llegó rápidamente a oídos del Conde de Barcelona a través de un marino inglés, amigo común de Don Juan y de Carrero, de quien procedía 'la especie. y

«En aquella época -explica García Trevijano- yo colabo­ raba en la organización de Co­ misiones Obreras, a las que facilité un local abandonado en la plaza de Castilla, de Ma­ drid, perteneciente a medias Vilma, en el que se celebra­ ron unas reuniones en el mes. de julio para preparar el con­ greso de ce. 00. de octubre próximo, que había de ser el inicio de una serie de movili­ zaciones obreras para minar los cimientos del régimen.» el

En efecto, durante el indica­ do mes de octubre se intenta­ ron diversas movilizaciones y acciones laborales en distin­ tos puntos de España, pero su alcance fue más bien escaso. Y

El relativo fracaso de estas acciones lo expliqué pocos meses después en e! übro Es­ paña, perspectiva 1969, edita­ do por Guadiana, de los her­ manos Camuña, que escribi­ mos, por temas, Areiiza, Luis Ángel Rojo, Antonio Tovar, Juan Luis Cebrián, Rafael Con­ té, Miret Magdalena, Guiller­ mo Medina y yo.

Decía entonces: «A pesar del malestar reinante (debido a una cierta crisis económica y a la falta de libertad sindi­ cal), el mundo obrero ha de­ mostrado en 1968 una capaci­ dad de reacción y de acome­ tividad inferior a la de los dos años anteriores». Luego me extendía en los problemas de la clandestinidad, que explica­ ban, en buena medida, el des­ censo en el nivel de com­ batividad. «La clandestinidad -decía- resulta muy cara y, hoy por hoy, sólo existen en España uno o dos grupos de cuantos se mueven al margen de la legalidad vigente que disponen de una economía ca­ me comen de paz de mantener el tipo con alguna resonancia. Los demás grupos arrastran una existen­ cia llena de sacrificios y pena­ lidades para sostener a duras penas la llama de los ideales que les animan. Parece, por consiguiente, que el problema de ciertos grupos de oposición extra-legal no es tanto de ideas o de hombres, sino de costos.» de

En realidad, los únicos que tenían medios abundantes para seguir adelante eran los coCO-

Franco y el Conde de Barcelona, en el bautizo de la Infanta Elena.

munistas y los monárquicos juanistas, a la sazón aliados, junto con los demócratas cris­ tianos de Ruiz Giménez, siem­ pre atento a las indicaciones de Benélli; los miembros de las Vanguardias Obreras y del Movimiento Católico de Em­ pleados, dependientes ambos de los jesuítas, y otros católi­ cos de origen diverso. de Em-

PREPARATIVOS

En los meses de marzo y abril de 1968 se realizaron im­ portantes preparativos para zarandear al régimen. En nom­ bre de Ja Federación Sindical de Trabajadores participé en diversas reuniones en los só­ tanos del Hogar del Trabajo, sede de las Vanguardias Obre­ ras, a las que asistían, entre otros, Marcelino Camacho y Julián Ariza en nombre de Co­ misiones Obreras, ya en pro­ ceso de organización; Ceferino Maeztú, en representación de un grupo sindical que tam­ bién estaba organizando por entonces; Manuel Traba, Amancio Cabrero y Luis Royo, en nombre de la Asociación en Y

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Afgunas BntrBviflUí áa Doa Jusn pusIsrOTí neivlosc a Franco.

Áretta era j«fe áal ucretaiiada político ú& E>on Juan.

Sindical de Trabajadores, fi­ lial de las citadas Vanguardias Jesuítas y antecedente de la actual Organización Revolucio­ naria de Trabajadores, de ca­ rácter maoísta. fi-

Estas reuniones tenían por objeto lanzar una gran acción do masas con motivo del Primerít de MiSyo próximo. Yo me di cuenta en seguida que la acción tenfa más relación con los entusiasmos oposicionis­ tas asumidos de pronto por ciertos jóvenes de buenas fa­ milias que con tos intereses estrictos de la clase obrera. por

El grupo sindical al que per­ tenecía no vimos nada claro a qué venia todo aquello ni qué finalidad tenía. Tampoco estábamos dispuestos a em­ barcar a [os trabajadores en claro nI eMen una aventura tan dudosa^ por eso me atreví a preguntar, en una de las reuniones, que dónde estaban los tanques y los aviones, pero Camacho se salió, como es iiabltual en ét, por los cerros de Ubeda, em­ pleando grandes palabras y conceptos más que sobados. que Y

En resum^^rr. los de ia F. S. T. llegamos a Ut conclu­ sión que el resultado de tanto esfuerzo apenas podría ser otro que el de llevar a unos cuantos trabajadores a la car­ es!, y que si ello era lo que buscaba el P. C. para prose­ guir en CarabancliBl su labor de catequests y proselitísmo, nosotros na reñíamos astómago para fabricar victimas en beneficio de Intereses extraríos ni teníamos recursos de la ser unos que en

_ . . III - para scsicnerlas. Cuestión de medios, como ya ho dicbo antee dlcho

KL BAtTIZO DEL PRINCIPE ÍÍXIPE

El punto de arranque de la ofensiva juanista fue el bau­ tizo del Príncipe Don Felipe, celebrado el dia 3 de febrero de 19Ü8. Actuaron dd padrinos la Reina Victoria Eugenlai es­ posa de Alfonso XIII, que no había vuelto a España desde no 85- del JBIH del Estada, y eJ se­ gundo había pedido permiso a Franco Los otros irEs íueron por su cuanta y riesgo, y ello incómodo ^1 Caudillo, que no había autorizado la asistencia de don Camilo, aunque éste deseaba viva­ mente dar la bienvenida a la Reina madre Hay qje hacer constar que don Camilo lúe un puntal decisivo, dada su catrecha amistad con Franco, en la ··peraclón salmón». vlvaen

Durante la estancia de Don Juan en Madrid ocurrieron mu-

Ij poslbiirdfld (Je que AHonso de Borbón tutta nomtiraiío sucesor r^egó urda. Su boda can ung nkta de Franco lúa podfirior al nombramlEnlo da u primo Juan CirIo« <¡t Borb6n.

que su marido d€jó el Trono en 1931. y su hí\o. el Conde de Barcefona, depositario de los derechos de la Corona, de

Aunque el Gobierno tomó algunas precauciones para elu­ dir situaciones embarazosas, no pudo evitar que una gran masa de monárquicos acudie­ ra ai aeropuerto de Barajas para recibir, a fas cuatro de \a tarde del dia 7, a Doi^a Victo­ ria Eugenia. Allí se encontra­ ba también, fregado desde Estoril. Don Juan. Los enfeA'orizados monárquicos dieron repetidos vivas el Rey. Según cuenta López Rodó, -fue reafmente una apoteosis monár­ quica como nunca se había visto de cerc3 en cuarenta años*. tomó había

Fue tanta la aglomeración y el barullo que ta luna de la sala do honor del aeropuerto saltó hecha añfcos. Cinco mi­ nistros acudieron a este reci­ bimiento: Lacalle ÍAJre), OrJof [Justicia), Casliella (Exteríoresj. Espinosa íl+aciendaj y Lora tEducacJún]. El primero ostentaba la representación chas cosas, la mayoría de ellas omitidas, pienso que de­ liberadamente > por López Rodó en su tan repetido libro. de

Se formaron largas colas ante el palacio de Dría» resídencia de los duques de Alba,^ que aojaron a la Reina ma­ dre, adonde acudían sus leafes a rendirle pleitesía. Don Juan, por su parte, recibió a sus seguidores en el domici­ lio de los duques de Albur' querque. colas mDon Albur-

Franco y su esposa asistie­ ron al bautizo, celebrado en el palacio de la Zarzuofa, pero no mantuvo ninguna conversacldn privada con Don Juan, con el que ya no quena sa­ ber nada. Decía que eí Conde de Barcefona erg del úftjmo que le habfaba. En cambio, cuenta López Rodó. Franco hizo un apartB con Doña Vic­ toria Eugenia, a la que con­ fesó que se Indi naba a favor de su nieto, Don Juan Carlos La Rema, -al parecer, le dijo qua aceptaba de Antemano su decisión sobre ef fioiribramíen' to de sucesor», pero yo dudo en 5acon-

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de esta versión, dado que a! Jlegsr a[ aeropjsrto hlio a Don Juan. Sü hijo, la reverenda que es protooolaria al Jefe de la Casa Reel. luego mal puade cornpaginarsG un dalo con oiro. y niucho menos con la flrmcía que Dor^a Viciorla Eu­ genia maniuvo durante toda su vida para evitar selldas de tono de ningún hijo a nieto frente a los derechos dinásti­ cos del Conde de Barcelona. con Ia toda nleto

García Trevijano refiere asi los principales acontecimien­ tos da aquellos días:

-Arelka< como jefe deJ se­ cretariado político de Oon Juan, se encargó de los ectos protocofaríos, pero el Conde de Barcelona me pidió a mí que le organizase ios contac­ tos políMcos que estimara oportunos, y en la propia Zar­ zuela monté recepciones con representantes do diversos grupos de la oposición. De todas maneras, la entrevista que suscitó mayor preocupa­ ción en el Pardo fue la que se celebró en secreto en mj casa con el teniente general Ma­ nuel Olez Alegrfan ¡eiñ del Alto Estado Mayor. íbamos en cu­ che, acompañados de la co­ rrespondiente escofia pollcialn del palacio de los duques de Aiburquerque al de la Zarzuela, Al llegar a mJ casa, frente a b clínica de Fa Concepción, de­ tuvimos ef coche, y sin dar cuenta a nadie, subimos al piso Don Juan, el duque y yo. Én casa se hallaba ya el gene­ ral Díe^ Alegría. La sorpresa de los policías de Id escolta fue mayúscula, porque de pronto advirtieron que se tes habla perdido el -pájaro*. Em­ pezaron a dar la alarma y a bloquear los teléfonos, creyen­ do que nos habíamos metida en la clínica da la Concepción, tal vez a visitar a algún en­ fermo, Al cabo de un tiempo más o menos largo, averigua­ ron que i^on Jusn se hallaba en mi casa reunido con -unos militares», entre fes que se contaba Incluso a Carrero, pero nunca pudieron saber ni quiénes ni cuántos, y ello puso muy nervioso a Franco. Tal vez fue una do las causas que indujeron a ésiB a nom­ brar sucesor, antes de que los militares la obligaran a reconocftr lo^ dftr^r^hos dinásticos que encarnaba el Conde de Barcelona. Conste que es la primera vez que hablo de esta entrevista. Antes, ni yo ni na­ die la dio a la pubticidad-. mí con De codeal de Y 50 Tal recoentrevlsta. Antes nl Yo ni nadie la dlo a la publicidad

· En junio de 1969 -conti­ núa explicando García TrevlJano- habifi con don Camilo sobre ta necesidad de restau­ rar la Monarquía, y el minis­ tro de la Gobernación me con­ testó que la visita de Don Juan había decidido ^n ei áni' minis Don mo de Franco la designacjón de Oon Juan Carlos.-

CLIÍVIA DE REVUELTA

Er\ el segundo semestre de 1968 ocurrieron una serte de acontecimientos que vinie­ ron a incrementar el estada de incerlldumbre que SB respira­ ba en el pais.

Aunque en los medios labo­ rales la anormalidad fue esca­ sa, como ya he dicho, aún se registró en la minerb astu­ riana una cadena de protestas, sanciones y paros que se pro longaron desde el mes de sep tiembre al de enero del ano siguiente. astu-

Do todas maneras, los des­ órdenes mayores tuvieron lu­ gar en los medios universita­ rios, como reflejo del famoso mayo francés, al Igual que ocurrió en otras muchas uni­ versidades de Europa occiden­ tal y Norteamérica. Recuérde­ se, entre otras, las revueltas de Bekerley ÍCalifornia) y el asalto y ocupación de la Uni­ versidad de floma. uniel Y

Aquí jos hechos también ad­ quirieron cierta gravedad Cabe destacar, por ejemplo, el incendio inienclonado que destruyó \a techumbre de (a vieja Universidad de ia calle de San Bernardo, de Madrid. la noche del 29 de noviembre, y el intento de defenestración, el 17 de enero siguiente, del rector de la Universidad de Barcelona, profesor AlbadateJD. por un grupo de estudianíes que invadieron el recto­ rado. la del de recto-

El año I95B también fue pródigo en sanciones de pren­ sa y suspensión de periódicos. Néstor Lujan, director de Des­ tino, suirió una multa de cin­ cuenta mil pesetas aparte de quedar Inhabilitado para al ejercicio de ia profesión. Al cura VJcior Manuel Arbeloa, actual presidente de la Dipu­ tación Foral de Kavarra, en nombre del PSOE, también le procesaron por un articulo pu­ blicado en Signo, semanario de la Juventud de Acción Ca­ tólica. Otro tanto le ocurrió a Juan Fernández Flgueroa, di­ rector de índice, aparte de los expedientes y sanciones me­ nores que padecieron diversos periodistas más. fue AI en perlodlstas

El diario Madrid, de Calvo Serer y Pontón, sufrió dos suspensiones seguidas de dos meses cada una. ID segunda dos motivada por un articulo del primero r "9 se publicó en el numero di- 30 de mayo, titu­ lado -Retirarse a tiempo, no al general De Cauile-, que, en realidad, se refería a Franco

Finalmente, el 23 de sep­ tiembre fue suspendido Bí Alc3zar. que podríamos llamar liberal, editado por hombres vinculados al Opus y a la cau­ sa monúrquica. Pocos dias después reaparecía editado por la l-lermandad de Nuestra Señora Santa Waria del Alcá­ zar de Toledo, en la linea que más o menos tiene hoy. El dias 0

de 1959, por un periodo de tres meses. de

Después de algunas deten­ ciones, particularmente de co­ munistas, y de interrogar a numerosos miembros de la oposición, como -aviso para navegantes-, el estado de excepciún se levantó el dia 22 de marzo, un mes antes de lo previsto. El Gobierno, aunque muy dividido entro sí, preten­ día dar la sensación, con tal medida, de que dominaba por completo ia situación. En de­ finitiva todo iba a servir, inCluldíi (a agitación y nervlotal In-

Oon Juífí, conviíraando con Guillermo Luca ú& T^nii. nctor da -A B C-. acium di-

Fraga, en aquel entonces como ministro de información y Turismo, no daba abasto sanclonador.

Por otro lado, en las Navida­ des de ese año fueron expul­ sados de España por extranje­ ros -que intervenían en los asuntos interinos del país- el pretendiente carlista GarlosHugo, su padre y sus herma­ nas. el

Al mismo tiempo que ocu­ rría todo fo anterior se dio vJa libre a las primeras aso­ ciaciones de estudiantes, que resultaron un fracaso, y empe­ gaba a discutirse en el Con­ sejo Nactonal del Movimiento et asociaclonlsmo pofítico den­ tro del propio Movlmlcnlo, aunque todavia tardaría años en adquirir íorma. sÉ dlo

Toda esta serie de aconte­ cimientos, de los que apenas hemos dado un pálido reflejo, crearon un clima habitual de pclÉmica y tensión, lo que in­ dujo at Gobierno a declarar el estado de excepción en toda £spa<\a, el 24 de enero en

¿Empujó alguien a Don Juan con intención de hacerle fracasar?

sismo *del año anterior, para el asalto final que preparaban Carrero y López Rodópara

ULTIMOS ACONTECIMIENTOS

por si fallaba algo para re­ ducir ia resistencia de Franco a nombrar sucesor, ahi esta­ ban los juanistas, que en el primer semestre de 1969 se mostraron particularmente ac­ tivos, haciendo continuos via­ jes a Estorll. En uno de estos estuvieron juntos Serrano Súñer (cuñado de Franco y hom­ bre fuerte en los primeros mo­ mentos del régimen, hasta que fue desplazado por Carreroj y Areliía, Al saberlon Franco comentó: -Dios los cria V ellos se juntan-. Te en el se hasta Calos

Cuando ya estaba a punto de producirse el anuncio de nnmbramlenío de sucesor se reunieron en Estorll, los dias 14 y 15 de lulio, ios miembros del Secretariado Político de Don Juan, ninguno de los cua­ les tenía la menor noticia de que en fecha inmediata iban a producirse grandes aconte­ cimientos, tai era el secreto y la cautela con que se movían ios impulsores de la -opera­ ción salmónde se dc ban

Los miembros del Secreta­ riado Político, entre ellos ef 0|

Franco eia favorable a la Monarquía^ debido a la protección d« Alfomo XML

Laureano López Rodó deipejú el EJ Prindpe Den Juan Carlos^ despldlíndoae del almirante Carrero panorama r^ favor del Príncipe^ BJAnco |ra$ un acto celebrado un 1973.

Don Juan, su «posa y su hija, la InranU Margarila, en Esloril. centro de reunJon de los monárqulcol-

productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.

cünde dtí Moiitiirco, Yangu^a Mesías y SaJnz Rodríguez, asetjiírsion ri Don Juan qu» no iba a ocurj-jr riada. Sólo Luis Ma­ ría Anson mostró jna oplníún conirana. aseguj-Bíido que ha­ bía muchas posibllrdades de que -el CítudillQ de3fgr& suce­ sor..., ya que López Jbor y oirás peraonaa lo dan por cierto'^ y sjs motivos teitdránMade {bor Y ten-

Sainí Rodríguez le atajo extlamando: -[Faniaalas de psrlodistal-.

Al día siguiente de esia re­ unión IB llegíiron dos cartas a Don Juan. Una, de Franco^ entregada por el embajador es­ pañol en Lisboa, y otra, ma­ nuscrita, de su hijo, que llevó en mano el marques de Mond&]sr. en las que le daban cuentti, cada uno desde su poslciónn que Franco habi^ de­ cidido nombrar sucesor a Don Juan Carlos, La suerte estaba echadadaban su

Don Juan llamó en seguida por teléfono a c3£a de García TrevJ|anD, a quien le dijo: -Lo que temíamos ba pasado. El número uno me ha escrito. Venga ^ verme-.

García Trevjjsno tomó el pri­ mer aviún que salía hacia Lisboa y se r'esentó inmediata­ mente en £storil, Al día si­ guiente lo hicieron Areilza y Saini Rodríguez, 51-

-Tuvimos una reunión -re­ fiere el primero de los Iresen la que se vio que no exis­ tia ningún plan de actuación para hacer trente a una evenlu^iídad semejante. También me di cuenta de qus nc esta­ ban dispuestos a luchar A partir de ese momento aban­ done la idea de la restauraclon de Don Juan y empecé a trabajar por la unidad de la ·posición desde la base, para la ruptura con el franquismo. Ese trabajo cuajo en fa Junta Democrática.*

Don Juan se sintió agravia­ da, pero, al íjn. se dio cuenta de que tenia la partida perdi­ da y que era mejor transigir, en bien de la institución moniirquica, que unfreniarae a su hÍ)o. Asi terminaron las as­ piraciones de un Rey sin co­ rona. 0 cO-

¿Actuaron los juanJStaa de fuerza de choque en íavor de sus adversarios? tOulsieron empujar lanío al cerdo, con perdón. Que López Rodo y Ca­ rrero no tuvieron más que ISrflí suavemente del rabo para meterlo en su cochiquera? Abi están ios hechos y datos que me ha -sjdo posible reunir. Jujt|UH cada lector por SÍ. con

V- A. G.