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La «Revolución de los claveles» en Portugal supuso una conmoción en Espa.ña. Temiendo que el teniente general Díez Alegría capitaneara, por su talante liberal, un movimiento semejante, fue cesado como jefe del Alto Estado Mayor.

KRevolucián de los daMeles» en Portu^al y a^ironazo» en Fs^a^

Un hecho que agita a la oposición española en el interior y en el exterior de España sucede el 2« de abril en Portugal. Se produce un golpe militar dirigido por el general Spínola y derriba al Gobierno de Marcelo Caetano, que estaba desarroIlando una apertura política controlada. La oposición en España piensa que Arias está haciendo lo mismo que Caetano, cl «bunker» teme que lo sucedido en Portugal -los soldados, con claveles en la boca de sus fusiles, conviven revolucionariamente con el pueblo, que secunda el golpe- puede acaecer en España y cierra filas contra las reformas de Arias. Los hechos de Portugal tienen, para muchos, la posibiGdad de reflejo en España. Los comunistas portugueses aparecen como principales beneficiarios del golpe de Spínola. En ciertos sectores de la oposición española se despertaron grandes esperanzas; en los leales al régimen, temor y el sueño inquieto de un horizonte marxista. Franco hace este comentario ante los sucesos portugueses: «^,Qué se puede esperar de un país en el que la revolución militar viene dirigida por la intendencia?»

En cambio, cuenta Laureano López Rodó, la Condesa de Barceluna envió a su hijo don Juan Carlos I^is declaraciones de don Juan en Portugal mostrándose amigo y admiridur de Spínola y diciendo que lo que el general había hecho en su país er^ lo que él siempre había propugnado para España. Las declaraciones las recibió el Príncipe con una tarjeta de su madre en la que le decía: «Estuy aterrada.»

EI «bunker» toma al teniente general Manuel Díez Alegría, jefe del Alto Estado Mayor, como posible réplica española del general t^ortul:ués, debido al talante liberal ^^ue Díez Alegría tiene. Como conseruencia de esa apreciación, el teniente general comenzó a recibir cumo regalo monóculos, porque esta arcaica lente era usada por Spínola. E·:I 20de.junio, con el pretextode una cntrevista celebrada en Bucarest con el Presidente del Gobierno rumano, Nicolás Ceaucescu, el teniente eener.tl Díez Alegría fue cesado como .jcfe del Alto Estado Mayor. Franco no puso níngún reparo cu^ndo le Ilevó el cese Cados Arias. EI espectá ^ ulo político nacional

E/ teniente genera/ Dfez A/egrla fue cesado. Su reciente visita a Ceaucescu, presidente de Rumania, había levantado no pocas sospechas.

en aquella primavera de 1974 no podía ser más deprimente. Hay un gran alboroto entre los inmovilistas porque el 22 de abril el ministro de [nfotmación y Turismo, Pío CabaniIlas, pronuncia en Barcelona el pregón del Día del Libro tocado con la clásica barretina catalana. En cambio, la prensa no oficial saluda el discurso del ministro y su gesto como aperturista. Otra noticia inquietante para el «bunker» es el conocer que el presidente del Gobierno vasco en el exilio, Leizaola, visita clandestinamente Vasconía. No se puede esperar más y hay que actuar contra los «traidores» del Gobierno. Y se produce lo que fue denominado como «gironazo».

El ministro secretario general del Movimiento, Utrera Molina, había ido a la sierra de Alcubierre, en tierras aragonesas, a conmemorar el sacrificio heroico de unos g^u;^os falangistas durante la guerra civil y pronunció un discurso exaltando la gesta de aquellas miGcias de Falange. Ese mismo día, en el periódico falangista «Arriba» se publica un detonante artículo firmado por José Antonio Girón, presidente de la Hermandad Nacional de Excombatientes. He aquí algunos párrafos del artículo:

«Lo que se pretende en nombre de no sé qué extraña Gbertad es dvidar el compromiso sagrado que contrajimos con el pueblo español quienes un día nos vimos en el deber inexcusable de empuñar las artnas y vimos morir a nuestros mejores camaradas para que España siguiese viviendo. Olvidar esto, olvidar que miles de hombres jóvenes hicieron de su muerte un acto de servicio, constituiría en nosotros una traición y en quienes nos incitan con sus ados a ello un crimen que no perdonaremos.»

«En esta hora de graves responsabilidades por la que atraviesa el mundo y por la que atraviesa España, queremos reafirrnarnos en los valores permanentes de nuestra doctrina y de nuestro estilo; queremos reafirmar nuestra insobornable lealtad a Francisco Franco, Caudillo de España, jefe nacio^a! de la Revolución Española, bajo cuya capitanía encontró nuestro pueblo la dignidad de la patria, la alegría del pan y la tranquilidad de la justicia; queremos reafirmar que lucharemos hasta la extenuación de nuestras fuerzas humanas por el cumplimiento de los principios revducionarios que justifican la existencia del Estado español y que no hemos de

La aRevolucibn de los clave%s.v causb una conmocibn en España. Se temía que aquf pudiera pasar algo semejante. La propia familia real entraba en la desconfianza de los KuhrasN por la simpatfa que con don Juan vio el movimiento portugués.

consentir ni la frustración de ese Estado en vida de quien lo fundó y lo encarna, ni que ese Estado se frustre cuando sea Ilamada a la tarea de continuar la obra alcanzada la persona designada para la sucesión; que no consentiremos que se cerque impunemente al hombre que, tras una ejecutoria de servicio intachable, encarna hoy la Presidencia del Gobierno.»

«Proclamamos el derecho de esgrimir, frente a las banderas rojas, las banderas de la esperanza y realidades que izamos el 18 de julio de 1936 aunque a ello se opongan falsos liberales infiltrados en la Administración o en las esferas del poder, quienes sueñan con que suene vergonzante la campanilla para la Gquidación en almoneda ctel régimen de Francisco Franco y quieren tapar el legítimo derecho del pueblo español de ser cada día más Gbre y más dueño de su destino.'

De bomba política cotrtra la apertura que proyectaba Arias fue calificado este artículo de José Antonio Girón. YA, en un editoríal, calificaba el artículo como «una explosión sentimental, un arrebato temperamental y hasta un engaño de la imaginación, pero de ninguna manera vemos ese examen objetivo de los hechos para adoptar una línea de conducta que es la política».

Mientras esto sucede en España, el secretario gene_al del Partido Comunista, Santiago Carrillo, logra atraer hacía una Ilamada Junta Democrática que él ha creado para el momento de la transición española a Rafael Calvo Serer, miembro del Consejo Privado de don luan, y al conocido abogado Antonio García Trevijano. Mienttas, también, pasa una noticia desapercibida y que tendrá trascendental importancia para el futuro democrático de España: En la ciudad francesa de Suresnes se ha reunido en congreso el Partido Socialista Obrero Español y ha elegido como secretario general a un joven sevillano llamado FeGpe González Márquez. En Madríd en el mes de julio, un grupo de políticos aperturistas se reúnen a cenar y hablar del futuro en la casa que tiene en Aravaca Joaquín Garrigues Walker. Muchos de los asistentes serán ministros después de la muerte de Franco.

La primera e^dermedad de Franco

1 9 de julio España y el mundo se sorprenden: Franco padece una flebitis y es internado en la Ciudad Sanitaria que lleva su nombre, en Madrid. la oposición se prepara porque presagia que será el final de Franco; los leales del régimen se sobresaltan, porque si el Caudillo muere, no hay nada previsto para hacer frente a la avalancha de los que desean un giro total en el curso de España. Son días de miedo político.

A los dos días de estar internado en la clínica, Franco, que hasta ahora no había padecido nunca una enfermedad grave, llama al Príncipe de España y le explica que había ordenado preparar el decreto para encargarle interinamente de las funciones de Jefe de Estado, de acuerdo con el artículo 11 de la ley Orgánica del Estado.

El Príncipe se resiste a que se publique ese decreto, y le responde: «Usted, mi general, conserva sus plenas facultades mentales. Yo no quisiera dar la impresión de que tengo prisa. Cuando sea el momento espéro sucederle como Rey y que usted lo vea.»

EI Príncipe logró convencer a Franco y el decreto no se publicó, por el momento. Después, don Juan Carlos explicaría a Carlos Arias y al presidente de las Cortes, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, que él no deseaba interinidades, sino suceder a Franco como Rey cuando él renunciara.

La enfermedad de Franco padeció diversos altibajos. El 18 de julio el Príncipe presidió en los jardines del palacio de La Granja la tradicional recepción a las autoridades nacionales y aa CLerpo Diplomático en conmemoración del Alzamiento Nacional. Antonio Gala había preparado un espectáculo de luz y sonido, titulado «Anónimo en La Granja», por encargo de Pío Cabanillas. En la recepción, el tema de conversaciones y comentarios era la enfermedad de Franco y su ausencia, por vez pnimera, en esie acto.