SERVIDOR DEL ESTADO, SERVIDOR DE SÍ MISMO
MELCHOR MIRALLES
EL MUNDO. 09/10/1991. Página 6
Francisco Paesa es a la vez un agente del Gobierno, un servidor agradecido del Estado que en realidad sólo se sirve a sí mismo, un embaucador de ricas princesas en decadencia, un caballero español, un estafador aventajado, un banquero de segunda, un ambicioso, un millonario en apuros, un diplomático repudiado, un traficante de armas, un industrial desacreditado, un tipo simpático, un fugitivo de la Justicia, el mejor amigo de Francisco Paesa y un amante en la recta final. Se pueden decir muchas cosas de él; casi todas, excepto una: que sea un imbécil. Por ello, no se explica que un hombre inteligente como él se dejara sorprender en una calle madrileña, casualmente en la que se encuentra el Ministerio de Interior, por tres periodistas armados con unas peligrosísimas Nikon. No entra en cabeza humana. Es como si hubiera entregado al juez Baltasar Garzón una tarjeta de visita con el epígrafe «espía» escrito en letras mayúsculas bajo su nombre y apellidos. Nacido en Madrid el 11 de abril de 1936, a los 25 años se casó con una francesa, Françoise Dubois, con la que montó un piso en el barrio de Fuencarral, después de abrir una galería de arte en el centro de Madrid. Pero hasta 1968 no comenzó a crear su estela de interrogantes y misterio. Fue entonces cuando Antonio García Trevijano presentó a Paesa al sanguinario dictador guineano Francisco Macías. Su habilidad dialéctica y su simpatía arrolladora le permitieron obtener de Macías la adjudicación del Banco Central de la recién creada República de Guinea Ecuatorial. El tesoro nacional que aportó Paesa a los guineanos era, en realidad, una colección de periódicos viejos.
Con su equipaje notablemente revalorizado se instaló en Ginebra, a donde llegó convencido de poder engañar también a la poderosa banca suiza, pero terminó preso por una espectacular estafa en la que implicó a una dama ginebrina. En la casa de esta mujer fue donde conoció a la princesa Dewi Sukarno, que se rindió a sus encantos y a la que utilizó, incluso hasta el límite de proporcionarle mucho dinero. También en Ginebra, su segunda casa, conoció a dos hombres que han jugado un importante papel en su vida: el norteamericano Robert Vesco y el francés George Stasckmann, dos hombres muy introducidos en el mundo de la evasión de capitales, el dinero negro y el tráfico de armas, con los que Paesa efectuó jugosos negocios que, además, le complicaron la vida con la Justicia suiza. Llegó a realizar su sueño de banquero, fundó el Trust Development Bank en el Gran Caimán y adquirió el Krediet und Commerce Bank, al que luego llamó Alpha Bank. La aventura fue efímera y le llevó a presidio. Por último, al amparo del húngaro Gabor Kincses Deak, aristócrata que recorre el mundo del brazo de una sobrina del asesinado dictador dominicano Trujillo, se metió en una compañía de captación de fondos para la inversión, la New Trading Century (NCT), y acabó procesado por un juez de Ginebra. En España, a través de Francisco Laína y Julián San Cristóbal, se convirtió en un servidor del Estado en los desagües de la lucha antiterrorista. Junto al éxito de la «Operación Sokoa», el fracaso del «caso Revilla» y el batacazo del «caso GAL». Una mañana de domingo de octubre de 1988, cuando terminaba de condonar la deuda por un favor pendiente, fue sorprendido por tres periodistas a bordo de su lujoso Jaguar en la mismísima boca del lobo, a la puerta del Ministerio de Interior.
Le encargaron coaccionar a la testigo Blanca Balsategui, y bien que lo hizo. Fue claro en su exposición; no ocultó lo que le movía o sus sentimientos hacia José Amedo: «Si dices la verdad puede caer el Gobierno. Yo estoy haciendo un trabajo para un Ministerio. Tienes que mentir ante el juez. A José Amedo tenían que haberle metido seis tiros». Al verse sorprendido, huyó. Durante tres años ha vagado por el mundo, protegido por [os hombres para los que trabaja. Fue descubierto, mientras estaba en busca y captura, actuando como embajador de Santo Tomé ante Naciones Unidas en Ginebra. Ahora ha regresado. Los GAL no existen y él resolverá su penúltimo problema con la Justicia.