A pesar de la inicial simpatía que Don Juan mostraba ¿A por los sublevados del 18 de julio de 1936, el -*^ heredero no mantuvo nunca buenas relaciones con Francisco Franco. El dictador impuso a su antojo la sucesión ignorando la línea dinástica y postergó, hasta los últimos años de su vida, la instauración de la monarquía. En 1936, al estallar la guerra civil, Don Juan trató de participar en la contienda como combatiente en el bando franquista y volver del exilio, pero fue una orden directa del General la que abortó esas aspiraciones. Tras apartar el Caudillo a Don Juan de su derecho al trono, en 1947 tienen ambos una reunión, en la que el segundo es obligado a aceptar la imposición de Franco de que el único hijo varón de Don Juan sea enviado a España para ser educado bajo la tutela del Generalísimo. De esta forma Juan

Carlos se convierte en el heredero reconocido. La

'cúpula' fascista bautizó al futuro Rey como Juan Carlos 'El Breve'.

Franco Versus' Don |uan

Cuando la Junta Democrática tentó al conde de Barcelona en el exilio

I n la década de los 70 /España corría vertiginosa­ mente hacia una salida democrática y la enfermedad de Franco hacía tambalear al régimen. El 30 de julio de 1974, unas semanas antes de que Franco enfermara grave-mente y dieciséis meses antes de su muerte, Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, y Rafael Calvo Serer, un profesor y editor vincu­ lado al Opus Del, anunciaron en París la formación de la Junta Democrática, con el fin de tentar a Don Juan en el exilio para que volviera a España como Rey.

Se trataba de una alianza de fuer­ zas y personalidades políticas que se proponía actuar para provocar la caída del régimen. Y pretendían coronar la operación invitando a Don Juan de Borbón y Battenberg a que se pusiera a la cabeza de la oposición y lanzara un manifiesto tomando posición en contra de Francisco Franco, como lo había hecho en 1945.

GARCÍA TREVIjANO: LLAMADA DE ATENCIÓN

P or iniciativa de Calvo Serer y José Vidal Beneyto (Pepín Vidal), otro de los miembros desta­ cados de la Junta Democrática, el abogado Antonio García Trevijano, marchó a Estoril a transmitir la propuesta a don Juan. "El Conde de Barcelona se mostró conforme con la idea de lanzar un llamamiento a la opinión pública española, y se acordó que se le presentara un documento en una reunión que se celebraría en Montecarlo, en el mes de mayo", recuerda Trevijano. un

La reunión en cuestión tuvo lugar en el palacio del príncipe de

Don Juan, en una foto familiar, poco antes de que don Juan Carlos marchase a España para recibir educación bajo la tutela del General Franco.

Monaco, el 10 de mayo, coincidien­ do con las elecciones presidenciales francesas. En Portugal había estalla­ do, el 25 de abril, la revolución de los claveles.

En Montecarlo, Trevijano pre­ sentó a don Juan el documento de la Junta. Pero no aceptó la idea de lanzar un manifiesto contra Franco.

CALVO SERER: CONSPIRADORES EN LISBOA

L os conspiradores no cejaron en su empeño y se encontraron, a tas habían acordado plantear abier­ tamente el Conde de Barcelona la necesidad de que hiciera una decla­ ración a favor de la monarquía democrática. Ninguno creía que la de su hijo Juan Carlos, prevista por Franco, pudiese serlo nunca, como señalara poco más tarde Santiago Carrillo.

mediados de mayo, en el hotel Ritz de Lisboa. Con ellos estaban Gabriel Navarro Rincón, caracteri­ zado representante de la burguesía española; elementos cariistas, y dos representantes del Partido Naciona­ lista Vasco, a quienes el gobierno revolucionario portugués concedió un visado, por mediación de Calvo Serer y Mario Soares, a petición de Manuel de Irujo. Estaba también Raúl Morodo, del PSP. Y estaba, rigurosamente de incógnito, San­ tiago Carrillo.

La reunión se hizo, según Calvo Serer, "con una discreción asom­ brosa. Eran casi treinta personas del exilio y del interior de España que iban a comprometer al hijo de Alfonso XIll, a buscar un futuro jefe de Estado... ¡y la prensa no se enteró de ello! Es dudoso que la Policía española lo haya ignorado, aunque no tuvo consecuencias para quienes regresaron a España. Había peligro de represiones, multas, veja­ ciones...".

Los conspiradores antifranquis­

quica pero sí de aceptación de la monarquía democrática hasta que se hiciera el plebiscito", según Calvo.

A esa campaña. Carrillo sumaría miles de emigrantes que, días más tarde, el 23 de junio, iban a reunir­ se en Ginebra como lo habían hecho recientemente en París y en Toulouse. A Ginebra concurriría, como oradora de excepción, Dolo­ res Ibarruri, que residía en Moscú.

A la reunión con Juan de Bor­ bón sólo concurrieron Rafael Calvo Serer y Antonio García Tre­ vijano. Los demás aguardaron. No lo hicieron Carrillo, por razones obvias, ni los carlistas, que podían aducir motivos dinásticos, ni los demás miembros de la Junta.

Calvo Serer resumió así el episo­ dio: "Le propusimos a don Juan que hiciera una declaración a Le Monde. Nos dijo que hablaría con su hijo el 10 de junio y que volverí­ amos a reunimos en Lisboa, entre el 10 y el 24 de junio".

Cuando todo parecía listo para este último encuentro. García Trevijano recibió en su despacho de Madrid una llamada desde Alicante, del coronel José Lacour, ayudante de Juan de Borbón, quien le anunció que iba a visitarle. La cosa era urgente.

Lacour, en efecto, le comunicó que don Juan había dado marcha atrás y que anulaba su pronuncia­ miento. Era el 12 de junio.

LAS ESPERANZAS DE CARRILLO

U na vez lanzada la declaración de Juan de Borbón, pensaban, la Junta Democrática iniciaría en Lisboa una campaña "no monár-

LA ADVERTENCIA DEL PRINCIPE

P ero, no dándose por vencidos, los autores de la idea regresaron a Portugal. La primera reunión con Juan de Borbón la tuvieron en la casa del coronel Lacour, en Estoril. Los completados se manifestaron profundamente afectados por la negativa del conde de Barcelona. Los más afectados eran los monár-