Gregorio y el mar: recuerdos de Hemingway
El pescador que inspiró al premio Nobel «El viejo y el mar» habla del «norteamericano que más amó Cuba»
Roma. Alejandro Pistolesi gorio habla, a sus 96 años, «del norteamericano que más amó Cuba», sentado siempre en la misma mesa del restaurante desde la que el premio Nobel no perdía de vista a su bella «Pilar», el barco de pesca que «el viejo» patroneó.
Gregorio Fuentes, el pescador que inspiró a Ernest Hemingway «El viejo y el mar», ha sido el invitado de honor a la reapertura del Museo Hemingway de La Habana. Cuando se cumple el 95 aniversario del nacimiento del escritor, Gre-
Gregorio Fuentes
Desde hace treinta años, Gregorio Fuentes come dos veces al día en «La Terraza», huésped del Gobierno de La Habana, porque con sus recuerdos es un monumento viviente a la memoria de Hemingway. Allí le ha encontrado el enviado especial del «Corriere della sera», Maurizio Chierici, que le ha entrevistado hilvanando con sus recuerdos una bella historia que parece haber salido de las páginas de «El viejo y el mar».
Con su gorro de béisbol y la camiseta con la cara del escritor estampada en el pecho, el viejo pescador se sienta siempre en la misma mesa, entre dos ventanas asomadas al puerto de Cojimar, desde las que «papá», como él llama a Hemingway, no perdía de vista a «Pilar», su barco de pesca. Gregorio tiene el rostro curtido por el sol y el viento del mar y los ojos azules que recuerdan los de Spencer Tracy en la película «El viejo y el mar», de 1958.
La gran amistad entre ellos nació en 1928, cuando Gregorio tenía 30 años y Hemingway 29. Gregorio mandaba una carraca maltrecha con la que transportaba madera a Florida, volviendo de allí con otras «cosas». Un buen día le sorprendió a medio camino un huracanan tropical que estuvo a punto de borrarle del mapa.
Gregorio Fuentes decidió refugiarse en la bahía de una isla diminuta: Dry Tortuga. Y lo que es el destino: Hemingway, que estaba navegando con el barquito que tenía en aquel entonces, había tenido la misma idea y le había precedido unas horas, de forma que pudo asistir a la compleja maniobra que se vio obligado a hacer Gregorio para recalar en la bahía.
«Cuando vio cómo me las había arreglado a pesar del huracán, subió a bordo para conocerme y me pidió cebollas. Tenía ganas de comer cebollas. Yo le di también una botella de ron. No era en aquel entonces el papá de barbas blancas. Parecía un atleta, fuerte, simpático. Llevaba bigotito y le gustaba hablar y hablar durante horas. Cuando le di la botella de ron me dijo: «No tengo dinero en el bolsillo para pagártela, pero en cuanto vuelva a Key West y luego vaya a La Habana, ya verás»...
Aquel día en Dry Tortuga, papá estaba preocupado porque no tenía radio y quería avisar a su casa que no había naufragado. «Tampoco yo la tenía y le dije que podía ir a Key West, porque por allí pasa el cable que une el faro con la isla. Me pidió que le acompañara. Temía que no le iban a dar el permiso para usar el teléfono. «Queda tranquilo, le dije, porque en tu país reina la ley seca y no se puede beber, pero yo, siempre que paso por la Tortuga le regalo una botella de coñac al guardián del faro».
Pero luego no resultó fácil volver a encontrarse. «Siempre que yo regresaba a La Habana -cuenta Gregorio- los del puerto me decían: "Ha venido un americano con bigotito que te quería hablar. Volverá, porque dice que
Ernest Hemingway
tiene que darte una botella- de ron". Pero papá llegaba siempre cuando ya me había ido».
«En aquella época -continúa-, él navegaba por allí con un contrabandista de licores. Y fue entonces cuando descubrió "Floridita", a dos pasos de la catedral y del hotel "Ambos mundos", donde vivió un tiempo con su tercera mujer, Martha Gellhorn. Yo le volví a ver en el hotel en 1938. Me había dejado mensajes por doquier. Subí al último piso a la derecha del ascensor. Es una habitación sin número, pero ya no están los muebles que tenía papá y para enseñártela ahora te hacen pagar un dólar».
«¿Cómo titulamos nuestro libro?»
Los recuerdos de Gregorio se amontonan, algo desordenados, mezclados unos con otros como los naipes de una baraja... Son auténticas páginas de novela, como cuando Hemingway le encargó que patroneara su embarcación, la bella «Pilar», limpia y eficiente.
«Te daré el sueldo de un capitán de transatlántico: 400 pesos al mes. Y un uniforme estupendo, ya verás, y navegaremos y pescaremos juntos», recuerda Gregorio que le dijo Hemingway. Los del puerto no se lo acababan de creer y le decían a Gregorio que eso no podía durar. Pero se equivocaron, porque duró veintidós años.
El recuerdo que el propio Gregorio considera más importante es el que le relaciona con la obra maestra de Hemingway: «El viejo y el mar».
«Me enteré de que yo era el protagonista de la novela cuando papá lo terminó -señala-. Vino a mi casa al atardecer: «"Tengo que decirte una cosa... Estoy pensando en un título para nuestro libro". Él decía nuestro porque insistía en que sólo había tomado nota de lo que yo le enseñaba y le contaba. "¿Cómo le llamarías, tú que has nacido en el mar?"»
Entonces le dije: «¿Te acuerdas, papa, cuando en Cayo Paraíso vimos desde lejos una barca grande con un viejo que empuñana el timón? y tú decías: Mira ese viejo sólo en el mar. Pero cuando nos acercamos descubrimos que a su lado había también un niño. ¿Por qué no titulas el libro "Un niño, el viejo y el mar"? Papa se quedó pensativo y repitió mis palabras a media voz. "Podría ser, pero como título es largo". Luego vació el vaso que tenía delante y salió de la habitación diciéndome: "Gracias, Gregorio"»
Bioy Casares, Grass y Fernán Gómez, en los cursos del Escorial
El Escorial. Natividad Pulido
Los homenajes centran la penúltima semana de los cursos del Escorial. El escritor argentino Adolfo Bioy Casares será el centro de un curso que se dedicará a su figura y a su obra. Otro escritor, esta vez germano, será homenajeado el próximo jueves, fecha en que tendrá lugar un encuentro con Günter Grass. Pero el gran protagonista será, sin duda, el actor Fernando Fernán Gómez, que recibirá el viernes, en un solemne acto,'la Medalla de Oro de los cursos. la
La escritora Vlady Kociancich dirige un curso dedicado a la figura del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, que intervendrá como conferenciante extraordinario. Entre los escritores, críticos y catedráticos que analizarán su obra, se encuentran Francisco Ayala, Justo Navarro y Joaquín Marco.
El escritor alemán Günter Grass será también homenajeado en un encuentro que tendrá lugar el próximo jueves, dirigido por el traductor Miguel Sáenz y por el periodista Ricardo Bada. Un día antes, el diseñador Paco Rabanne recibirá un homenaje, en el que intervendrán Lola Gavarrón, Lourdes Fernández, Rocío García y el redactor de Blanco y Negro Pedro Narváez.
El viernes, los cursos de verano dedicarán un acto de homenaje a Femando Fernán Gómez. El actor hablará de «Las adaptaciones literarias en mi experiencia profesional», tras lo cual tendrá lugar una mesa redonda en la que intervendrán José Sacristán, Emma Cohén, Jaime de Armiñán, Enrique Brasó y Jesús García de Dueñas.
Este homenaje se incluye dentro del curso «Cine y literatura: amistades peligrosas», que dirige Juan Tebar. Los directores de cine José Luis García Sánchez y Fernando Méndez Leite hablarán hoy de «Mis adaptaciones de Valle-lnclán» y «La Regenta en imágenes», respectivamente.
El miércoles tendrá lugar la presentación de la película «The Dead», de John Houston, basada en el relato de James Joyce, cuyo guionista, Tony Houston, hablará al día siguiente.
La ministra de Asuntos Sociales inaugura hoy el curso dedicado a la «Responsabilidad solidaria de la Universidad. Función de las ONGS» y hoy da comienzo también el encuentro «¿Crisis de la conciencia española?», en el que participarán, entre otros, Antonio García Trevijano, Pedro J. Ramírez, Emilio Romero y Juan Velarde Fuertes. las
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