CARTA DE PARÍS. JOSÉ LUIS DE VILALLONGA
García Trevijano
T engo en Madrid un par de informadores -uno de ellos es un ex agente del Mossad- que nunca me han fallado. El primero me predijo con muchos meses de antelación la caída del Banesto y de su presidente. El segundo me anunció los futuros amores políticos de Felipe González y de Belloch cuando éstos apenas si se conocían. Ahora mis dos informadores me revelan la existencia de una confabulación que pretende desestabilizar al Gobierno, provocar la abdicación del Rey y proclamar una república de la cual sería presidente el ex notario y hombre de negocios Anto- nio García Trevijano. Según mis informa- _ dores, los protagonistas de esta operación serían el susodicho García Trevijano, un conocido medio de comunicación poco dado a los escrúpulos éticos y que cuando lo cree conveniente roza abiertamente el amarillismo, un personaje allegado a Alfonso Guerra cuyo nombre me reservo por medidas de seguridad y un ex banquero que financia regularmente las campañas antigubernamentales emprendidas por el citado medio. Todo esto suena a broma pero no lo es. Me dicen que Luis María Ansón, entre otros, se lo toma muy en serio.
La operación se llevaría a cabo por etapas. Primero se desestabilizaría al Gobierno atacando sin tregua a Felipe González en sus horas más bajas. Esta vez los ataques serían de carácter más personal que político. Se atacaría simultáneamente a Narcís Serra, aprovechando su actual vulnerabilidad y desamparo. Paralelamente se haría una fuerte campaña en favor de Aznar, "un hombre que durará el tiempo que queramos que dure", según palabras de uno de los conjurados. Con cuidada sincronía se irían filtrando pequeñas y breves noticias en detrimento de la figura del Rey, para acabar publicando un dossier que comprometiera gravemente al Monarca en algún escándalo irreparable. Todos los historia de España? Yo sólo conozco bien al ex notario. Del hombre que financia la operación sólo sé que siendo un especulador metido a banquero consiguió cargarse en poco tiempo uno de los grandes bancos españoles, propinándole de paso una puñalada trapera a la poca credibilidad que estaba recuperando España en el mundo. En cuanto a la persona que dirige el medio de comunicación encargado de orquestar la campaña, suele contestar a los que le advierten del daño que la operación le puede causar al país: "A mí sólo me interesa vender papel, la monarquía me es indiferente y para cargarme al Gobierno
comitancia con el franquismo. "Hay semilla de tirano en este hombre", me decía Tristán la Rosa, periodista catalán de talante liberal y comedido. Despótico y altanero, íntimamente convencido de tener siempre razón, García Trevijano nunca supo evitar herir con su orgullo el orgullo de los demás. "Este hombre no sabe mandar, sólo sabe ordenar", me dijo un día Tierno Galván al salir de una borrascosa reunión con el coordinador.
Este implacable Saint-Just, frustradas sus ambiciones políticas, se convirtió en el abogado y valedor de los grandes evasores de capitales en
periodistas sabemos lo fácilmente que se monta un falso dossier en el cual se involucra a la persona que se pretende destrozar. Según los estrategas de la operación, el Rey, harto de tanta basura, acabaría por abdicar en su hijo don Felipe, el cual, dada su juventud y su inexperiencia política, sería más fácil de manejar, facilitando sin oponer resistencia el paso de la monarquía a una república presidida por el inefable García Trevijano. No parece que ninguno de los conjurados conozca bien ni al Rey ni al Príncipe, porque de lo contrario no se las prometerían tan felices.
¿Pero quiénes son estos señores que pretenden desviar en beneficio propio el curso de la la época del derrumbe del Banco Coca. No sólo ayudándoles a sacar dinero de España, sino que también aconsejándoles en sus inversiones en el extranjero. De las correrías de García Trevijano por Brasil, en compañía del señor Miñarro y de uno de los hermanos Camuñas, se podría escribir un libro.
Actualmente Trevijano hace grandes alardes de republicanismo. Pero no nos engañemos, el republicanismo del ex notario nada tiene que ver con el de una Pilar Rahola. Trevijano es republicano por despecho. Cuando don Juan Carlos era todavía Príncipe de España, Trevijano pretendió trabajar en la Zarzuela. Allí, para quitárselo de encima, le explicaron que podría ser más útil "desde fuera". Ni corto ni perezoso, Trevijano viajó a Portugal y ofreció en Estoril los servicios que habían rechazado en la Zarzuela. Pero don Juan tampoco tragó el anzuelo. Buenos son los Borbones para no calar a primera vista las ambiciones de un arribista. Entonces, sin el consentimiento del conde de Barcelona, Trevijano organizó oscuras conjuraciones con algunos generales que estaban en desacuerdo con el franquismo, sin que nunca se llegara a nada concreto.
estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario".
De Antonio García Trevijano, ex notario en no recuerdo qué lugar de las Alpujarras -amigo íntimo del sangriento Macías y autor de la Constitución guineana que tanto ayudó a perjudicar los intereses españoles en aquel país-, tengo mucho que decir y lo haré un día con más espacio y más tiempo.
Trevijano fue el coordinador, en París, de la Junta Democrática de la cual tuve el honor de ser el portavoz. Rupturista radical -cosa que no éramos ninguno de los demás miembros de la Junta-, Trevijano condenaba sin apelación a todo aquel que hubiese tenido una mínima con-
MESEGUER Hombre de muchas lecturas y poseedor de una formidable memoria, Trevijano es, sin embargo, el hombre que más se ha equivocado en sus vaticinios políticos.Su viejo odio hacia el PSOE y su odio actual hacia la monarquía es un odio obsesivo que le resta todo valor a sus razonamientos. Que don Juan Carlos haya reinado durante años en natural consonancia con un Gobierno socialista, siempre ha exasperado a Trevijano. Tengo entendido que dentro de poco publicará un libro en el que nos explicará el tremendo error que hemos cometido los españoles al no contar con él. Será un libro-ladrillo, como todos los suyos. Pero en el medio de comunicación antes citado la crítica será seguramente excelente.»
Luces y sombras de Berlusconi
LLUIS FOIX
U n analista económico tendría que dar un aprobado alto a Silvio Berlusconi cuando han transcurrido poco más de cien días de su Gobierno. Italia salió del sistema monetario europeo dejando la lira devaluarse más allá de lo permitido por lo que entonces eran las rígidas franjas del sistema financiero europeo. La devaluación libre permitió a Italia -mucho más que a Gran Bretaña y a España- conquistar mercados en el mundo entero reequilibrando espectacularmente su balanza comercial.
Una lira débil fomentó las exportaciones de forma considerable y el crecimiento empezó a dispararse. En el mes de junio la producción industrial aumentó más de un cinco por ciento y el crecimiento económico del primer semestre se sitúa en un 2,6 por ciento. Paradójicamente, la devaluación' de la lira no ha tenido consecuencias sobre los precios hasta el punto que la inflación se sitúa hoy en un 3,7 por ciento, sólo un poco por encima de la media europea aunque un punto por debajo de la española.
Pero hay más. En plena crisis política y de régimen el comporta- miento de los agentes sociales italianos ha sido inexplicablemente positiva. El crecimiento salarial para este año se sitúa en la mitad de la inflación. La otra manera de hacer las cosas que anunció Berlusconi cuando se hizo cargo del Gobierno tiene efectos positivos. Aunque, bien es cierto, heredó una economía que estaba en proceso de recuperación sostenido. Hace un año Berlusconi era sólo un empresario con éxito. En cinco meses preparó su propia formación y en marzo de este año, tras su victoria electoral, formó una coalición con otros dos partidos con los que sólo tenía en común un programa de liberalización económica.
Y aquí vienen los problemas. Uno de ellos es la prometida reducción de impuestos. Mientras los de la Liga Norte están de acuerdo en eliminar hasta donde sea posible la burocracia del Estado y el gasto público, los neofascistas, que recuerdan con nostalgia la política de Mussolini, quieren mantener y aumentar la vertiente social del gobierno. Y si el ministro de Hacienda anuncia una política de austeridad,' el de Transportes quiere preservar en su totalidad el gasto social. Algo parecido ocurre con las privatizaciones. Se equivocarían de quienes pensaran que el buen funcionamiento de Italia se debe medir por los resultados positivos que arroje la economía. El prestigio de un país tiene muchas otras variantes que, finalmente, van a incidir también en la situación económica. Berlusconi es un hombre que no ofrece confianza como político. No porque no lo sea sino porque tiene
AUNQUE LOS
datos económicos son positivos no podrá
mantener unida la coalición de Gobierno
que explicar demasiadas cosas para que su credibilidad sea aceptada sin reparos. Un primer ministro que sea propietario de un gran imperio industrial tiene dificultades para separar sus intereses personajes y públicos.
Un hombre que ha admitido que sus empresas sobornaron a funcionarios de Hacienda no goza de muchos argumentos para exigir que los italianos cumplan con sus debe- res fiscales. Si, además, tiene un hermano que, colaborando con él, es acusado de prácticas de corrupción, tampoco es positivo. Acusar a la prensa y a los jueces de querer destruirle es un argumento que puede tener fundamento pero que no es admisible en las sutiles complicidades de un Estado moderno.
Siendo todo esto grave para que un primer ministro pueda soportarlo sin estar sometido a fuertes erosiones políticas, lo que sitúa a Berlusconi en una posición que puede llegar a ser insostenible es la extraña alianza con dos partidos que cada uno tira por su cuenta. Las debilidades del Gobierno italiano no las ha inventado Berlusconi. Se remontan al parlamentarismo de la primera República en la que, tal como ahora, el jefe de gobierno tiene un poder bien limitado. A eso hay que añadir la tensión entre sus socios de coalición. Si se acerca demasiado a la Liga, puede romper con los neofascistas. Y al revés. Unas elecciones anticipadas no resolverían el problema porque ni la izquierda ni los residuos de la vieja Democracia Cristiana están en condiciones de convencer al electorado para el relevo. La agonía del viejo régimen empieza a solaparse con la del nuevo. ·
Invitación a Antonio Gala
EULALIA SOLÉ
C uántos años hace que Antonio Gala no ha estado en Barcelona? No cabe duda de que son muchos, de lo contrario no presupondría que el estreno aquí de su última comedia sólo estaría destinado a los inmigrantes, a quienes, según él, se les llama "charnegos". Es evidente que Gala no se ha enterado de que la avalancha de inmigrantes se acabó tiempo ha, y de que los barceloneses forman un todo; bilingüe, eso sí, pero homogéneo. Por otro lado, tampoco tiene en cuenta que el calificativo "charnego" sólo puede interpretarse a partir de un análisis clasista.
Barcelona ha abierto los brazos a los de afuera desde tiempo inmemorial, igual que lo ha hecho España. Inmigrantes ricos y pobres han encontrado puerta franca en todas las regiones, pero los desafortunados epítetos de "charnego", o el más reciente de "sudaca", sólo han sido aplicados a las capas bajas (y no por parte de todos los autóctonos, es de justicia reconocer). Sabido es que a los inmigrantes cualificados, por ejemplo a los directivos de grandes empresas, jamás se les ha llamado ni "charnegos" ni "sucadas".
Por suerte, las condiciones económicas que durante lustros expulsaron de su tierra a millares de españoles, dando lugar a grandes corrientes migratorias internas, ya no se dan. Así pues, de igual forma que las nuevas generaciones de barceloneses desconocen la palabra "charnego", difícilmente el teatro de Gala obtendría un público compuesto sólo de inmigrantes, puesto que no existen.
Otra curiosa idea apuntada por el dramaturgo se refiere a la posibilidad de traducir la obra de marras, "Los bellos durmientes", al catalán. No parece posible que Gala pase por alto el hecho de que ninguna traducción puede emular al original, y de que nadie desea una transcripción cuando es capaz de entender la lengua del autor, trátese del castellano o de cualquier otro idioma.
T
Alguna entidad catalana debería invitar a Antonio Gala a visitar Barcelona y otros lugares de Cataluña. Conociendo la realidad podría desintoxicarse de las patrañas que increíblemente han hecho mella en un hombre de su categoría. Quizá contemplando algo tan sencillo como el baile de la sardana comprobaría que en esta danza las manos se unen s.m discriminación de sexo, edad, lengua ni pericia, que se separan y vuelven a unir para recibir a nuevos integrantes tantas veces como éstos lo deseen, y que forman un corro que se va haciendo más y más grande. No cabe duda de que el contacto con la sociedad catalana le induciría a modificar algunas de sus opiniones. Al fin y al cabo, rectificar siempre ha sido cosa de sabios. ·
EULALIA SOLÉ, sociólogo y escritora
LA VANGUARDIA
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