Reencuentro con Vargas Llosa

OrweII, Kravchenko, Ciliga, Souvarine, muchos más, a los que se unieron, a la hora del café, los disi­ dentes del «socialismo real», Hanel, Shalamov y, claro, Solzhenitsyn. Mario recordó también la polémica de Rosa Luxemburgo contra Lenin, cuando ella veía ya el totalitarismo incipiente en la victoria de la «revo­ lución proletaria» de 1917. se

Para proseguir con dos de los tej mas preferidos de Mario, en sus escritos políticos: el nacionalismo, que condena, y el liberalismo, que defiende, le digo que no estoy se­ guro de compartir su admiración por Margaret Thatcher, porque en ciertos aspectos me parecía más conservadora que liberal,

ElPPyAznar

-Desde luego. En todo lo que concieme a la vida privada, familiar, la moral y las tradiciones, es conser­ vadora. Yo no comparto esas ideas. -. Me parece importantísima, en cam­ bio, su acción en el terreno políticoeconómico. Tomemos un solo ejemplo: cuando privatizó una serie de empresas -el teléfono, los trans­ portes, etcétera-, no se limitó a ven­ der esas empresas a grupos capita­ listas, sino que impuso que las ac­ ciones fueran compradas en prioridad por los trabajadores de di­ chas empresas, creando así un «ca­ pitalismo popular» que ha resultado ser muy dinámico. Porque la propie­ dad privada no sólo es un aliciente en economía a nivel general, tam» bien lo es a nivel personal. La gente cree, o finge creerse, que cuando hablamos de mercado libre lo que proponemos es la ley de la jungla. Es todo lo contrario. El mercado li­ bre es una «legalidad», no puede existir sin unas reglas del juego que permitan el desarrollo de la compe­ tencia, que abarate los precios en beneficio de los consumidores. Y una justicia ¡independiente! que vi­ gile y que sancione, cuando las re­ glas del juego se violan en beneficio de intereses particulares y en detri­ mento de los demás.

-¿Tiene razón Jean-Frangois Re­ vé! cuando califica al PP de partido liberal?

-Eso quisiera Revel -Mario son.ríe.

-¿Y no es así?

-Bueno, yo creo que existe en el PP una corriente cada vez más fuerte que es realmente liberal, tal y como yo concibo el término, en todo caso. Son mujeres y hom­ bres, muy jóvenes, convencidos de que hay que acabar con la inflación burocrática del Estado y reducir considerablemente su papel en la vida social y económica.

-¿Y José Mana Aznar?

-Bueno, yo no lo conozco mu­ cho, sólo lo vi un par de veces, pero me da la impresión de que es

«HABRÍA que evitar dar la impresión de qiie los intelectuales son siempre víctimas de la represión, que todos han luchado por la democracia. Es falso. Muchos, ayer, adularon a Stalin y fueron cómplices del totalitarismo. Y hoy, infinidad de escritores ensalzan a Castro, que también es un tirano»

un hombre muy preparado, muy ca­ paz y desde luego de «franquista» ¡nada! De todas formas, todo ello se verificará pronto, porque estoy convencido de que el PP va a ganar las próximas elecciones, ¿no?

(Silencio)

-¿No cree que el PP va a ganar las próximas elecciones? Yo creo que sí. Fíjese en las europeas.

-No digo que no vaya a ganar, digo que aún no es seguro que gane.

Seguimos hablando de España y Mario dice que ha notado última­ mente una crispación nueva, un tono de violencia inhabitual, en el discurso político y en la Prensa. ¿Por qué será? Tal vez, le digo, porque todos los que giran en torno al poder, al Gobierno y al PSOE, se han dado cuenta, de pronto, de que sus cargos, sus pe­ sebres, sus privilegios, podían no ser vitalicios. Mientras que, en la oposición, también los hay que se impacientan, considerando que la «broma» está durando demasiado, que ya es hora de cambiar. en al

-Pues es una lástima, porque, para muchos, España ha sido un modelo de transición pacífica a la democracia. Hace quince años, por ejemplo, nadie se hubiera atre­ vido a asegurar que la Monarquía recibiría tan amplio consenso. Claro, la actitud del Rey ese fa­ moso 23-F ha desempeñado un papel fundamental, a mi entender, en ese consenso casi general. Hay muy pocas voces disconformes, como la de García-Trevijano última­ mente. Y, por cierto, ¿quién es ese García-Trevijano?

Le explico a Mario que es un «guineano». No por el color de su piel, lo cual sería perfectamente respetable, sino por el de su di­ nero, lo cual lo es mucho menos.

Nuestro último encuentro se ce­ lebró de noche, a las once, en el propio Hotel Ritz. Deprisa y co­ rriendo, porque tiene que tomar un avión de regreso a Londres -antes de Brasil, Miami...- a primeras ho­ ras de la tarde. Pero con tanta charia sobre lo divino y lo humano se me habían quedado varias pre­ guntas en el tintero. La primera:

-¿Qué puede representar ser miembro de la Real Academia? -Que te pagan el entierro.

-¿Qué?

Cultural (Madrid) - 13/01/1995, Página 18

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(Soltamos una carcajada)

-No es ninguna broma. La Aca­ demia se encarga del entierro de los académicos. Después de todo, no está mal, ¿no? Además, los ce­ menterios madrileños son muy bo­ nitos. Aparte de eso, y aunque puede ser que la Academia conserwe ciertos ritos arcaicos, la de­ fensa de la lengua es una causa noble.

Le pregunto cuáles son sus lec­ turas más recientes y si se ha «ena­ morado» últimamente de algún li­ bro.

-Tengo que reconocer que mis últimas lecturas son esencialmente «interesadas». No leo prácticamente más que libros relacionados con mi trabajo, sobre los problemas del in­ digenismo en América Latina, o so­ bre la vida y obra de Flora Tristán, por ejemplo. Pero bueno, no hay que exagerar, también leo novelas sin relación alguna con estos temas. En este sentido, tengo la impresión de que, si hace veinte o incluso treinta años la literatura iberoameri­ cana demostraba más vitalidad que la española, hoy creo que ocurre exactamente lo contrario, que entre los noveles hay más autores intere­ santes en España.

Las cosas de Fi\jiinori

-¿Cuáles?

-Hay varios. Almudena Grandes me encanta,- es muy entretenida. Antonio Muñoz Molina me parece muy interesante. La primera novela de Landero me gustó, no he leído la segunda. Javier Marías es más desigual, pero tiene cosas buenas, y otros, claro.

Saltando de un tema a otro, por­ que hay que tener en cuenta los horarios, le pregunto qué va a pa­ sar en Perú.

-Nada, por ahora desgraciada­ mente nada. Fujimori tiene las co­ sas atadas y bien atadas. Es un ré­ gimen autoritario, pero que ha ob­ tenido ciertos éxitos en economía...

-¿Aplicando vuestro programa?

-No, no, sólo muy parcialmente; pero, bueno, algo ha logrado contra la inflación, por ejemplo. También ha obtenido éxitos en la lucha con­ tra el terrorismo empleando méto­ dos bestiales, desde luego, que yo jamás hubiera empleado. Y como ha realizado su golpe para cambiar la Constitución y poder ser reele­ gido, lo más probable es que lo sea, y que se mantenga en el poder aún cuatro, ocho o doce años. El caso del Perú también es intere­ sante porque se dan situaciones en parte semejantes en otros países. Quiero decir que se dan casos de regímenes autoritarios, dictatoriales, sin libertades políticas, pero con ciertos aspectos liberales en eco­ nomía. Por ejemplo, en China, donde sigue la dictadura férrea del partido único, pero en donde han introducido inyecciones de capita­ lismo en importantes sectores de la economía. Es un sistema absoluta­ mente monstruoso, pero que puede funcionar cierto tiempo. Des­ graciadamente, la democracia no constituye una exigencia vital para todo el mundo. En Vietnam ocurre algo parecido. Y es lo que intentan hacer ahora en Cuba.

Todo ha cambiado desde 1989

(Cuando habla de política, y so­ bre todo de política en el Perú, Ma­ rio se transfomia. No sé cómo defi­ nir esa transformación. Es casi im­ perceptible. No es, o no es solamente por lo menos, la amar­ gura de la derrota en las presiden­ ciales, no es solamente la indigna­ ción ante las tropelías a la demo­ cracia de Fujimori, es otra cosa. ¿La pasión política? ¿La certeza de que su destino en ese terreno no ha concluido? No sé, sólo sé que se transforma.) no es

Cuando nos levantamos para ir en busca de nuestros impermea­ bles desaparecidos, le hago una última pregunta:

-En nuestras anteriores conver­ saciones, me ha parecido algo escéptico e incluso abrumado por la situación en Rusia ¿No le parece importantísima «en sí» la implosión del totalitarismo soviético?

-¡Pero cómo, Caries, claro que sí! Es algo fundamental, es una de las fechas más importantes de este siglo, uno de los acontecimientos cruciales de nuestra Historia. Todo ha cambiado desde 1989. Ahora bien, tampoco se puede descartar un golpe militar, por ejemplo, que instaure una nueva dictadura. O algo por el estilo. No seria el comu­ nismo, pero tampoco sería la de­ mocracia, ¿no le parece? 0

-No se puede descartar nada, en efecto, ni siquiera un golpe mili­ tar, pero yo apostaría más bien por la continuación, a trancas y barran­ cas, de la marcha hacia la demo­ cracia. ..

Salimos. Cielo gris. A los pies de su señora. Mil y una preguntas siempre en el tintero. Mario iba a Londres y a mí no me ha gustado nada el café que sirven en el Ritz.

Carlos SEMPRÚN MAURA