El Burladero

HUYE LA HORA

Por Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO

E N una hermosa novela corta -«El duelo»- cuenta Joseph Conrad la retirada del llamado «batallón sagrado», cuando el fracaso de Napoleón en Rusia. Son tres páginas épicas, que describen a coroneles sin regimiento en funciones de sargentos, a generales que capitaneaban compañías, y todos ellos bajo el mando de un mariscal de Francia, príncipe del Imperio.

encuentro tres actos de mucha convocatoria.

Me vino a la memoria la otra noche, en la presentación del libro «El poder y la palabra», de

Luis González Seara

Luis González Seara. Fue Seara ministro ucedeo, y el entonces presidente Adolfo Suárez uno de los cuatro padrinos presentadores del acto (con Luis María Anson, Camilo José Cela y Raúl Morodo). Y estaba la gran sala del Casino de Madrid llena de gente y, entre ella, no sé cuántos ministros y prohombres ucedeos: generales sin división, coroneles sin regimiento, capitanes sin barco.... Allí, Calvo-Sotelo, Landetino Lavilla. García Añoveros, Alberto Oliart, Juan Antonio Ortega, Carmela García Moreno, Jiménez Blanco, Salvador Sánchez Terán, García Diez y supongo que más, tal vez antes no vistos que olvidados. no

No es que Suárez sea Napoleón, aunque lleve ei exilio interior con dignidad ciertamente imperial. Pero en su momento supo ser el hombre de! destino y encarnar el espíritu del tiempo. Porque ahí quería llegar yo. Aficionado como soy a estos saraos, donde la danza y la música la ponen las palabras, hago recuento del curso que termina y

ABC (Madrid) - 28/06/1995, Página 28

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Cuaderno de notas

EN TORNO A LA VICEPRESIDENCIA

Por Lorenzo CONTRERAS

mero? Felipe González, con el respaldo de su socio catalán, ha conseguido que la vida política española se haya convertido en

N' OS tienen desconcertados. Felipe González y Jordi Pujol juegan las mismas cartas y con idéntico cinismo. Estábamos todos los que nos dedicamos a observar profesionalmente lo que pasa en actitud de espera ante un presunto final del matrimonio de conveniencia que tienen contraído. Vinieron luego los hechos con su desmentido. Se restableció la coyunda política y ahora dicen los pujolistas que han sido mal interpretados por

pura trivialidad y patética diversión. En el fondo, un chiste sin gracia.

Sólo un nombramiento posible daría que pensar: el de la persona que haya de sustituir a Narciso Serra, si es que de verdad abandona la vicepresidencia del Gobierno. El brumoso González ha conseguido convertir en un enigma su pro-

los felipistas. Creen que pueden pasarse de listos mediante el engaño fácil y no se percatan del daño que hacen a su propia imagen, como ya pudo comprobar el presidente de la Generalidad con los resultados de las elecciones municipales catalanas.

En este momento, con la ayuda de la Prensa y los medios de comunicación más adictos, tratan de establecer una nueva expectación, consistente en una remodelación del Gobierno central para los días próximos. ¿Nos lo creemos? Parece lógico que si dos miembros del Gobierno, Serra y García Vargas, han visto aceptadas sus respectivas dimisiones, estas vacantes se cubran pronto, con lo cual ia remodelación sería un hecho. La adivinanza que se nos propone es si el cambio ministerial va a ser simplemente dual o afectará a más carteras. A estas alturas, la verdad, toda una irrelevancia. ¿Qué importa el nú-

A saber: la presentación del «Don Juan» de Anson, «El discurso de la República» de Antonio García-Trevijano y el acto del pasado lunes. Y en los tres hallo un aire común: la pesarosa nostalgia de lo que no ha ocurrido. Pues eso es lo terrible de la historia patria: nos duele lo que nos falta y que nunca tuvimos. Ni siquiera somos como el mutilado que siente el dolor del miembro ausente. Añoramos el tiempo que no pasó, la esperanza nunca cumplida. Vivimos el drama enorme de no ser nuestros propios contemporáneos.

Y cuando Adolfo Suárez hablaba de las desviaciones posibles de la democracia, y cuando era aplaudido, a solicitud de Anson, primero, y por sus propias palabras, después, ¿qué se aplaudía? Sin duda, la buena voluntad de quienes quisieron acertar en lo principal, aunque -Suárez dijo- «es muy posible también que incurriéramos en errores». se en

Entre tanta gente presente, me saludó Jorge de Esteban, viejo compañero en la Facultad de Políticas. Tan presente ella en el libro de Seara, y allí representada por las figuras proceres de Luis Diez del Corral y Antonio Truyol. Y me dijo Jorge:

«¿Tú crees, Víctor, que dentro de quince años será imaginable un acto así con Felipe González?»

Siempre digo que a veces, para salvar el futuro, hay que saber perder el presente. Pero tampoco sabemos ser contemporáneos de! mañana.

pia sucesión al frente del partido o del liderazgo. Un vicepresidente del Gobierno llamado Solana invitaría a creer que tan limitado y gris personaje es el «delfín» elegido o preconizado. Si la preferencia de González recayese en Joan Lerma, presidente saliente de la Generalidad valenciana, la sospecha cambiaría de signo. Nada se diga si se produjera la sorpresa de un ascenso de Belloch, el ex juez «independiente», a la vacante anunciada, tras sus tortuosos comportamientos, sus errores lamentables y, en suma, los perjuicios políticos que ha acarreado al jefe de filas. Increíble. Ahora, el antiguo simpatizante del mundo «abertzale», chuleado por ETA, comprueba cómo la banda terrorista vuelve a las andadas y le coloca el problema en Madrid, con el clásico goteo de muertes «secundarias», preludio de un atentado de grandes dimensiones y con víctima principal. víctima con principal

-Vuelvo muy satisfecho de esta cumbre de la Unión Europea, porque he conseguido para España que la dirección de ese hotel de Cannes me cambiase la colcha de la cama de mi habitación.

Es curioso. De repente, desaparece de las «quinielas» el nombre de José Borrell. Las apuestas ya son muy tímidas, en cualquier caso, cuando a su persona se refieren. Y todo porque ha terminado chocando con Jordi Pujol en el asunto de la Ley de Costas. Cuanto roce el campo de los intereses que Pujol acota da la impresión de estar condenado a la postergación. Lo cual, a los efectos prácticos de este instante político, favorece el ascenso a la vicepresidencia de un hombre sin pretensiones: Alfredo Pérez Rubalcaba. A Pujo! no le inquietaría.