"Es falso que la reina no interviniera en política", dice Tusell

Viene de la página anterior de su testimonio es que es falso que fuera nombrado por Fernández Miranda, o de rebote, como se ha hecho correr. A Suárez le nombra claramente el Rey, y ello porque le conoce desde hace tiempo y porque ha seguido su trayectoria. Suárez era de los que tuteaban a don Juan Carlos cuando era príncipe.

-¿Qué es lo más llamativo en la evolución de su biografiado?

-En don Juan Carlos desde su adolescencia se ve una gran llaneza en el trato; también una aguda visión de lo que es importante, pero sin grandes preocupaciones en términos de cultura. Y también está el hecho de ser un gran intuitivo: todo esto lo mantiene. En cambio hay otras cosas en las que ha cambiado. Por ejemplo: era muy tímido y dejó de serlo. O como su simpatía: en parte es una virtud natural, y en parte algo buscado y adquirido.

-¿Su trabajo abordará la vida privada del Rey?

-No, porque es una biografía política y porque acaba en 1975. Pero sí hay que decir que la Reina da a don Juan Carlos seguridad. La idea de que doña Sofía no ha intervenido en política no es cierta, ella ha estado muy cerca de él en momentos importantes y siempre le ha ayudado a ponderar situaciones, a ver lo que hay que hacer, o cómo hay que tratar a cierta gente.

-La pugna entre distintas "familias" políticas del franquismo por colocar a sus peones en el entorno del entonces príncipe, ¿cómo la vivió don Juan Carlos?

-Sirvió para enseñarle que la monarquía no es de nadie.

-¿Con qué "familia" se sentía él más a gusto?

-Yo creo que con el tipo de persona que se ha sentido más a gusto es

Don Juan Carlos, con doña Sofía y Alfonso de Borbón en 1968

con los monárquicos de verdad, es decir, con los que no le explican al Rey lo que tiene que hacer, sino que están dispuestos a servirle porque de esa manera sirven al país, sin exhibirse demasiado. De la política franquista, los tres personajes de quienes el Rey puede sentirse más deudor son López Rodó, López Bravo y Torcuato Fernández Miranda.

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-¿Cómo valora la predilección de don Juan Carlos por políticos muy pragmáticos frente a otros más "ideológicos"?

-A él durante la transición le interesaba contar con gente nueva, incluso desconocida, para que no tuvieran enemigos. Y porque además no podían considerar que ellos eran "la" monarquía. Una de las cosas que satisfizo a los militares, y que los mantuvo en su sitio, fue constatar que la monarquía no pertenecía a un grupo, ni al de Fraga, ni al de López Rodó ni al de nadie. En eso también hay perfecta continuidad entre don Juan y don Juan Carlos. Nunca han enfeudado la monarquía. Quien diga que es el único amigo del Rey o la opción preferencial del Rey no dice la verdad.

-¿Hay muchos casos de gente que diga eso?

-Yo creo que en España hay muchos más cortesanos fallidos que republicanos convencidos. Antonio García Trevijano, por ejemplo, se declara republicano. Pero es que don Juan Carlos, cuando era príncipe, tuvo que pedirle a don Juan que no hiciera caso a García Trevijano, quien le instaba a hacer unas declaraciones en "Le Monde" que le perjudicarían a él, a Juan Carlos. Al final lógicamente don Juan atendió a su hijo, funcionó el tándem y no hicieron caso a García Trevijano. que

-En la biografía de Fernández Campo se pinta a don Juan muy resentido con los colaboradores del hijo, por no tratarle bien.

-Eso se refiere a cosas menores, como si la abdicación de don Juan se hizo con la solemnidad suficiente. El responsable de problematizarla fue Sainz Rodríguez, que le insistía a Don Juan en que había que hacerla con pompa. ¿Por qué se hizo finalmente de una forma sencilla? Pues porque se siguió la tesis de Fernández Miranda de ir de la ley a la ley: si la abdicación se producía de forma solemne, don Juan se convertía en Juan III y el esquema no funcionaba. Pero el propio Suárez me ha explicado que don Juan ayudó mucho en ese periodo.

-¿Por qué se detiene su libro en 1975?

-Porque habrá una segunda parte. Mi idea es que Juan Carlos I desempeña un papel decisivo en dos hazañas históricas. Una, la restauración de una monarquía que en el año 38, cuando él nace, parece perdida. Y la segunda es la conquista de la democracia, en la que el rey no es sólo rey sino gobernante. El segundo tomo se llamará: "Juan Carlos I: la conquista de la democracia".

-¿Y cuándo piensa publicarlo?

-Depende de las fuentes que resulten accesibles. Yo no hago reportaje periodístico ni trabajo únicamente con fuentes orales: mi libro está empedrado de citas, de cartas, que en su mayor parte no se han utilizado nunca. El plazo bueno para hacer historia contemporánea es de 20 años, porque te permite acumular suficiente documentación de primera mano.» de

Un libro analiza con humor el carácter mallorquín

JUAN BUFILL

BARCELONA. - "Se habla a menudo de que Mallorca fue un paraíso que está desapareciendo poco a poco. Pues bien, una de las partes del paraíso que sigue en pie es precisamente esa manera de ser, exasperantemente flemática, del mallorquín." Este párrafo del libro "Queridos mallorquines", editado por R. y J. J. de Olañeta, es representativo de lo que hay de homenaje en este ameno y también satírico retrato de un posible "carácter mallorquín", en esta guía poética, cómica y práctica que revela las claves, los códigos sutiles que presiden las relaciones personales en lo que fue la Isla de la Calma y lo es aún en los lugares no frecuentados por el turismo masivo.

A partir de anécdotas y opiniones aportadas por más de cien participantes en una serie de tertulias que tuvieron lugar a lo largo de un año, Guy de Forestier -pseudónimo del arquitecto catalán residente en Mallorca Carlos García-Delgado- ha elaborado este ensayo ligero que, ilustrado por Pere Joan, en tres meses ha alcanzado ya la quinta edición antes de ser distribuido fuera de Mallorca.

Al hablar de identidades colectivas, se incurre necesariamente en generalizaciones y en tópicos. Pero si es cierto que no todos los italianos mienten ni todos los suizos obedecen, también lo es que en Mallorca "tener prisa no es una actitud socialmente aceptada, como tampoco lo es hacer una pregunta directa, y mucho menos contestarla". Según el libro, el mallorquín es enemigo de la

Ilustración de Pere Joan

prisa porque sabe que los urbanitas "ignorantes, queriendo ganar tiempo, lo que consiguen es perder el 'tempo', es decir, el ritmo adecuado para que las cosas verdaderas puedan ocurrir".

Naturalmente, no todo es edénico en el comportamiento del mallorquín. Junto al saber vivir, la tolerancia, la discreción, la elegancia y ese fatalismo que garantiza la calma, está también una aversión al compromiso y una desconfianza excesivas. Sin embargo, algo de paraíso terrenal tiene esta isla donde, en una barbería cerrada, se puede leer el siguiente cartel: "El barber és a nadar". Y donde todos comprenden que el motivo del cierre, a media tarde de junio, está totalmente justi- ficado.»

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