Ernst Jünger: «El siglo XXI será titánico»

£1 escritor alemán será investido hoy doctor «honoris causa» por la Universidad Complutense e inaugurará sus cursos de verano

El Escorial. Natividad Pulido

La naturaleza, a menudo, hace caprichosas excepciones. Y, con Ernst Jünger, ha hecho una de ellas. Es como si los relojes de arena que colecciona en su casa hubiesen detenido el tiempo para él. El blanco de su cabello con-

Su vitalidad sorprendió a algunos; su lucidez para esquivar preguntas molestas, a muchos; pero, cuando cogió un cigarrillo entre sus manos y empezó a fumar, tras lo cual brindó con cava, logró sorprender a todos los invitados que asistieron a una cena que, en su honor, celebró anoche en El Escorial la Universidad Complutense.

Jünger habló de filosofía, de política, de poesía, de Alemania, de Hitler, de Hornero, de Nietzsche, siempre de Nietzsche... Pero, ante todo, habló de la vida. Su amor por España es tan grande que, aunque confiesa que a su edad lo más adecuado sería «moverse de la mesa de trabajo al jardín y de éste a la mesa de trabajo no pude resistir la tentación de venir a España, de donde guardo recuerdos muy gratos». Entre esos recuerdos, aparece Picasso, de quien destaca su «irradiación mágica». tan

«El Quijote», que junto con «Robinson Crusoe» es una de sus primeras lecturas, constituye, para él, «una novela a cuya sombra se acercan otras muchas, donde los héroes, los caballeros, luchan contra las astas del molino». A la pregunta de si se había sentido alguna vez quijote luchando contra esos molinos, señaló que «un fracaso lo puede tener cualquiera, pero al final uno es capaz de enmendar sus errores. Creo que el desastre general de Alemania me afectó más que mis propias heridas personales».

Cicatrices

La herida que aún no ha terminado de cicatrizar en su piel es, como apuntó, la pérdida de sus hijos. Pero, raramente deja traslucir sus sentimientos personales en sus «Diarios». ¿Por qué? «No hay que acudir a otras puertas cuando llama el dolor a la tuya. Uno tiene que enfrentarlo consigo mismo. Pero el dolor puede ser el comienzo de una época de gran fecundidad».

trasta con su tez morena, donde resaltan aún más unos profundos ojos azules que, a pesar de haber contemplado ya un siglo -«uno de los más espantosos de la Historia»- siguen llenos de vitalidad. Cien años de historia, de literatura, de vida en suma, avalan el quehacer de Jünger.

dor. Pero me quedo con el trabajador que se configura cada vez más como tipo. Para mí, el trabajador no es el proletario». También vuelve la mirada a Nietzsche en su obra «Los acantilados de mármol», para retomar la idea de que la belleza, al enfrentarse a la fuerza, la vence. «Hace falta vivir en tiempos de gran cultura para que esto sea posible -puntualizaporqué hay tiempos en los que se impone lo feo».

nes genéticas... No estamos preparados para todo ello». Entre esos cambios, Jünger vaticina que «se van a formar élites que hoy desconocemos. Por ejemplo, el saber del mundo de los ordenadores dará un enorme poder de dominio».

Mondo de titanes

Pero también recurrió a la filosofía moderna: a Spengler, a Schopenhauer, a Heidegger, con quien reconoce tener algunas similitudes pero sin llegar a identificarse; a Hólderlin, que hablaba del tiempo de los férreos; y, en muchas ocasiones, a Nietzsche, quien, en su opinión, ya predijo «el mundo titánico que habría de llegar en el siglo XXI. Y yo creo que el siglo XXI va a ser una época titánica, con una gran afluencia de energía, con numerosas mutacio-

Ernst Jünger

La filosofía dio paso a la realidad. Jünger habló de un «estado mundial», en el que «las naciones están arraigadas profundamente, pero donde hay casos, como en la antigua Yugoslavia, en que se quedaron rezagados». Respecto al papel de Europa, recordó que ya en su libro «La Paz» (1942) hablaba de la unificación de Europa. "Lo predije como algo deseable apunta-. Se han hecho progresos como en las relaciones entre Alemania y Francia, que ahora son muy cordiales. Los conflictos Este-Oeste están muy debilitados. Estamos en una época de buenas esperanzas». En cuanto a las relaciones Norte-Sur, no ve tampoco una gran amenaza: «Hay poco que temer del Islam». Jünger aporta un cariz económico a los brotes xenófobos que azotan

Semana grande

Hoy comienzan los cursos de verano en El Escorial con una atractiva selección de ofertas. Jünger recibe esta semana un homenaje de escritores, críticos y profesores, que empieza hoy, bajo el título «La conciencia de un siglo», dirigido por Andrés Sánchez Pascual, traductor y amigo personal de Jünger.

Pero, aunque ciertamente el escritor alemán será el protagonista indiscutible de la primera semana escurialense, no es menos cierto que también se darán cita en El Escorial destacadas personalidades de la sociedad no sólo española sino también internacional.

Acudió en más de una ocasión a Platón y Nietzsche para expresar sus ideas. Por ejemplo, se confiesa neoplatónico y toma del maestro griego su punto de vista sobre los trabajadores. Para ello recurre al mito de Prometeo. Considera que el trabajador, que da título a uno de sus libros, es «el protagonista del siglo, el domina- hablará sobre «La Prensa como institución democrática». Tras su intervención tomará la palabra el director de «El Mundo», Pedro J. Ramírez, quien disertará sobre «La función de la Prensa como contrapoder». Ya por la tarde, habrá una mesa redonda en la que intervendrán José Rivas, Lorenzo Abadía y el redactor de ABC Romualdo Maestre.

Así, el ex presidente de la República de Francia, Valery Giscard D'Estaing, participará hoy en un curso sobre «La Monarquía española hoy», que dirige Alfonso de Zunzunegui, y en el que también intervendrán en la primera sesión Jaime García Añoveros y los académicos de la Historia Gonzalo Anes y Carmen Iglesias. «¿Crisis de régimen?» es la pregunta que Antonio García Trevijano propone en el curso que dirige esta semana y que hoy tratará el tema de la Prensa ante la crisis. Abrirá la sesión el director de ABC, Luis María Anson, que productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.

La oferta se completa con un interesante curso sobre las grandes orquestas, dirigido por el crítico musical de ABC Antonio Iglesias; un homenaje al mítico fotógrafo de guerra Robert Capa; y cursos dedicados al papel de las bibliotecas -hoy interviene el presidente de la Biblioteca Pública de Nueva York-, el futuro de Gibraltar, la Bolsa, la oncología médica o los robots inteligentes. El Gobierno desembarca ya desde el primer día en El Escorial con la presencia de la ministra de Sanidad, Ángeles Amador, que hablará sobre la gestión de los poderes públicos.

RNE será la emisora que comience hoy el ciclo «La radio en directo», desde El Escorial. Gustavo Villapalos será hoy el personaje invitado en los desayunos de Radio 1.

Europa, pero cree que la xenofobia «está presente en las grandes urbes industriales. Los alemanes no somos especialmente xenófobos, sino que los hay como en todo el mundo». Como testigo excepcional del siglo, vuelve la mirada atrás, muy atrás, hacia finales de 1900: «Había un absoluto optimismo, tanto en el Kaiser como en los trabajadores. Fue una época brillante. Pero en 1914 se tornó en desastre. Éste ha sido uno de los siglos más espantosos de la Historia». Un siglo que ha aportado grandes demonios: Hitler, Stalin... Jünger piensa que no son tan «endemoniados», porque «fueron posibles gracias al aplauso de las masas. Ese sentimiento yacía adormecido en el pueblo». Tampoco cree que haya hoy mitos: «Nos hemos apartado de ellos, aunque quedan personas a las que se interpreta desde un punto de vista mítico».

Rosas y espinas

Jünger tintó con habilidad algunas preguntas, pero en ningún momento eludió responder a asuntos tan espinosos como su opinión de Céline, del que dijo que «no era santo de mi devoción». También se le ha achacado, en ocasiones, su crudeza al describir, por ejemplo, la ejecución de un desertor: «Es más excitante y más impactante para los seres humanos describirlo que decir simplemente qué triste estoy por ello». Asimismo, habló de su polémico libro «Tempestades de acero», que escribió con 19 años. «Ese libro lo escribió un joven al que hoy daría una palmadita en la espalda -bromea-. Es un punto de mi vida que he superado. Hoy no me gusta ni el título. Pensaba titularlo, en homenaje a Stendhal, "Rojo y gris". Cuando Borges leyó el libro sufrió una erupción volcánica». a

Su fina ironía, moldeada año a año, durante cien de ellos, le hace respoder a la pregunta de si cree que ha sido mal interpretado que «si Alemania hubiera ganado las dos guerras mundiales hoy sería una figura mundial». A pesar de no haberlas ganado, lo ha sido.