Ruiz-Gallardón: «El modelo electoral español está agotado»

El Escorial. N. P.

La reforma electoral, el debate entre listas abiertas o cerradas, centró ayer la primera jornada del curso «Los desafíos de la democracia», que dirige el secretario de Estudios y Programas del Partido Popular, José María Michavila. El presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, se refirió al sistema electoral español como «un modelo agotado. Fue un modelo válido para la transición, un modelo de listas cerradas y bloqueadas, que se justificaba en unos años en los que la imposibilidad de desarrollo democrático de los partidos en la época precedente justificó ese plus de responsabilidad que se le encargó a los partidos políticos, pero que, transcurridos ya muchos años, ha llegado el momento en conseguir el objetivo que perseguimos: acercar los electores a los elegidos, hacer de la política algo más cercano y más vinculado al elector». Para Ruiz Gallardón, el hecho de que actualmente los ciudadanos en España sólo puedan elegir sus formaciones políticas debe corregirse: «Nosotros pretendemos conseguir que se elijan también las personas que más se identifican con sus ideas y sus proyectos».

Gallardón propuso, para ello, dos soluciones: «Crear un sistema mayoritario de distritos uninominales -se muestra muy pesimista al respecto- o abrir las listas electorales. Ése es el mínimo. Se trata de un debate largo para toda España. Vamos a proponer que la Comunidad de Madrid sea pionera, lance este modelo y, si triunfa en las elecciones autonómicas, pueda incorporarse algún día a las demás comunidades autónomas y a toda la nación».

Pero Ruiz Gallardón insiste en la necesidad de un consenso para llegar a una reforma electoral: «Las leyes electorales deben crearse siempre con el consenso de todas las formaciones políticas. Aunque tenemos mayoría absoluta en la Comunidad para modificar la ley, no basta con una mayoría cualificada».

Por su parte, Joaquín Leguina se mostró partidario del sistema mayoritario, unipersonal, por distritos pequeños, como modo de acercar a electores y elegidos. Como ejemplo de ese modelo, citó el sistema inglés, que «no es de listas abiertas, sino mayoritario. Eso choca con la Constitución española, que constitucionalizó el sistema proporcional corregido». El ex presidente de la Comunidad de Madrid se mostró partidario de sacar, previamente, una ley de partidos, «a la cual se están oponiendo los mismos partidos. Sería una ley según la cual todos los partidos se vieran obligados a tener un sistema interno verdaderamente democrático e igual para todos».

El presidente de Unión Democrática de Cataluña, José Antonio Duran i Ueida, inauguró la jornada hablando de la reforma del régimen electoral español. Para él, «cualquier iniciativa de reforma o cambio del sistema electoral ha de fundamentarse en una exigencia social objetiva y consensuada». En su opinión, hay que asegurar dos cuestiones fundamentales: «que el Estado español sigue siendo todavía una sociedad segmentada y plural y que la proporcionalidad es la salvaguardia de la democracia». Respecto al sistema mayoritario, comenta que «si el pluralismo de una sociedad tiene una adscripción territorial clara, puede resultar beneficioso para las minorías y CiU podría verse favorecida. Pero si la segmentación no es territorial, entonces la crisis es inevitable con un sistema mayoritario».

Universidad Complutense

Carmen Alborch inauguró el curso sobre «Los puntos cardinales de la acción cultural»

Para la ministra, «debe disolverse el maniqueísmo entre subvención y mercado»

El Escorial. N. P.

La ministra de Cultura, Carmen Alborch, inauguró ayer un curso dedicado a analizar los «Puntos cardinales de la acción cultural en la España de nuestro tiempo», que dirige esta semana en El Escorial el subsecretario de Cultura, Enrique Linde. Alborch subrayó el carácter suprapartidarío del proyecto cultural en nuestro país, mientras que Linde abogó por una cultura del diálogo y la colaboración entre las distintas administraciones.

sarrollo de la política de derechos de autor y propiedad intelectual».

Enrique Linde, que insistió en la necesidad de convertir la cultura en una necesidad básica, justificó la existencia de un Ministerio de Cultura, «objetivo fundamental en un Estado autonómico». Linde habló de la importancia de «optimizar la gestión de los recursos que tenemos. Todo no depende del presupuesto. Hay que excitar la imaginación para conseguir que museos, bibliotecas, archivos y teatros funcionen al máximo de las posibilidades sin necesidad de más presupuesto».

Linde apuntó que las distintas Administraciones deben ponerse de acuerdo entre sí: «Deben instalarse en ellas la cultura del diálogo y la cultura de la cooperación para que no queden lagunas importantes, ni solapamientos».

Alborch comenzó hablando del carácter suprapartidario que debe tener, a su juicio, el proyecto cultural en nuestro país. «Nuestra cultura -comenta- es una cultura viva y con un gran potencial creativo, que tiene en su pluralidad una verdadera marca de calidad y de riqueza que estamos obligados a reforzar y rentabilizar tanto cuanto nos sea posible». Carmen Alborch se refirió a la no siempre fácil relación entre subvención y mercado: «Debe disolverse el maniqueo y estéril enfrentamiento entre subvención-mercado y entre alta cultura-cultura de masas. La subvención no implica necesariamente arbitrariedad o intervencionismo. El mercado tampoco implica necesariamente desprecio de los valores culturales y estéticos para obtener el favor de un público mayoritario».

Por último, manifestó, en cuanto a las catedrales, que se trata de una «compartición de responsabilidades. La mayor responsabilidad la tienen las Comunidades Autónomas, aunque a veces no lo parece. El Ministerio estará allí dentro del presupuesto que tenemos». Respecto a las quejas en la política de restauración de nuestro patrimonio, apunta que «se utiliza la demagogia. Desgraciadamente no están contribuyendo ni a la solución del problema ni a la asunción de responsabilidades que competen a quienes normalmente están vociferando más que otra cosa».

La ministra aludió a la necesidad de apoyar las industrias culturales: «Se trata de crear las condiciones para que el proceso de concentración e integración de las industrias culturales a nivel internacional no produzca el indeseado efecto de homogeneización cultural». Alborch citó dos documentos que va a presentar durante el semestre de la presidencia española de la Unión Europea: «Cultura en cifras» y «Cultura y desarrollo»: «Ambos -apunta- pretenden ser instrumentos complementarios para un# valorización del papel de la cultura y de su importante dimensión económica». Por último, quiso apostar por «la calidad y la competitividad, así como por el de-

Adela Cortina: «La política va comiéndose a la ciudadanía y ésta se siente inerme»

El Escorial. N. P.

La catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y colaboradora de ABC, Adela Cortina, participó ayer en el encuentro dedicado a «La Sociedad civil» para hablar de los valores que tiene ésta en la actualidad. Intervino también Antonio García Trevijano, quien expuso la dominación que sufre la sociedad civil en España a manos de la política.

nos hemos convertido en meros personajes pasivos».

En cuanto al futuro no es nada optimista, «porque la gente está desilusionada y sin proyectos. La sociedad civil debería agudizar más el ingenio, ser creativa -nadie propone proyectos alternativos-, solidaria -el individualismo nos está comiendo-, y tomar la iniciativa. Veo por parte de los políticos que no se creen que la moral valga para algo. No le dan importancia. La gente no se cree que una sociedad más ética es una sociedad más justa, más feliz y más humana. Lo inteligente es ser moral, porque a la larga es rentable».

Adela Cortina cree que «a veces pensamos que tenemos los políticos que nos merecemos. Por ello, la sociedad civil debería sacar un potencial de solidaridad para después exigir a los políticos que cumplan también sus funciones». «Siempre se ha creído que la política es el lugar de lo universal, de los grandes ideales -comenta-. En cambio, la sociedad civil se tomaba como el lugar de lo mezquino, de los egoísmos, del "sálvese quien pueda" y eso es lo que hay que cambiar. La gente está muy decepcionada con los políticos. Mi propuesta es un recorte de política y un aumento de sociedad civil».

«Sería bueno -añade Cortina- que los políticos se llevaran mal con la sociedad civil para que ésta fuera más activa y tomara su protagonismo. El ambiente es desolador. Es el momento de la ciudadanía y las responsabilidades. Los políticos son, en gran parte, los culpables de ello porque son los que han tenido mayor poder. La política va comiéndose a la ciudadanía y el ciudadano se siente inerme. El Estado de Bienestar nos ha acostumbrado a estar esperando a que nos resuelvan los problemas y productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.

Antonio García Trevijano cree que la sociedad política está dominando en estos momentos a la sociedad civil a través de la ley electoral. Esta medida, junto a otras como la división de poderes, la independencia judicial y una ley bien concebida para evitar los oligopolios en los medios de comunicación, harían, según García Trevijano, que «la sociedad civil recupere una autonomía que nunca ha tenido en España».