CARTA DE PARÍS. JOSÉ LUIS DE VILALLONGA
Entresijos
Y a empieza a amainar el enorme interés que ha despertado en el gran público la historia de la transición, contada en todos sus detalles por Victoria Prego en su estupendo serial que, por cierto, llevaba tres años olvidado en un cajón de Televisión Española. Pero más que las eruditas explicaciones, más que las interpretaciones de los historiadores, a mí siempre me han interesado los entresijos de los grandes acontecimientos políticos. Mi afición a meterme a veces en camisa de once varas me ha permitido, en varias ocasiones, vivir de cerca ciertos hechos que aclaran con nitidez algunos problemas que hasta ahora parecían pertenecer al mundo de los iniciados. ¿Qué hizo, por ejemplo, que Antonio García Trevijano, ex notario y coordinador de la Junta Democrática, en París, se declarara apasionadamente republicano después de haber asesorado -a mi parecer, equivocadamente- al conde de Barcelona, cuando éste no parecía haber aceptado todavía que su hijo don Juan Carlos asumiera, en su lugar, la Corona?
Noviembre de 1975, en la sede de la Junta Democrática de París. Franco lleva semanas agonizando y se espera que fallezca de un momento a otro. Desde hace ya días, Calvo Serer, García Trevijano, Vidal Beneyto, Carrillo y otros miembros de la junta, tratan en vano de tomar contacto con don Juan de Borbón. Desde su domicilio del bulevar Malesherbes, un secretario contesta una y otra vez que don Juan no está en casa y que no se sabe a qué hora volverá. Es evidente que el conde evita ponerse al teléfono. El que peor soporta la situación es García Trevijano. Está absolutamente empeñado en que don Juan se declare partidario, en la prensa francesa, de una drástica ruptura con el régimen franquista. En la junta, excepción hecha del ex notario, nadie -y menos que nadie Santiago Carrillo, el más inteligente de todos- cree en la necesidad de esa ruptura. Sobre todo desde que don Juan Carlos había hecho saber cuál era su posición: no a la ruptura inmediata, pero sí a la recuperación de las libertades. La ruptura, de haberla encabezado don Juan de Borbón, implicaba peligros incalculables, entre otros el rechazo, probablemente violento, por parte de las fuerzas armadas, que todavía creían que don Juan Carlos encarnaba el continuismo.
Tras varias horas intentando en vano conectar con don Juan, Carrillo me dice de pronto: "Llámale tú. A ti seguro que te recibirá". Y en efecto, el secretario del conde me dio cita a las cuatro de aquella misma tarde. Inmediatamente, Trevijano, sin ocultar su mal humor, comenzó a aleccionarme sobre lo que debía decir a don Juan. Trevijano siempre ha sido aficionado a soltar soporíferos rollos, preferentemente sobre las diferencias existentes entre la democracia y el liberalismo. Pero esta vez su mensaje es muy simple: la última oportunidad que tiene don Juan para recuperar la Corona se la brinda la Junta Democrática, a la
MESEGUER
EL CASTILLO DE
naipes que pretendía levantar
García Trevijano, enfrentando al padre contra el hijo,
acababa de desmoronarse que debía adherirse públicamente y sin pérdida de tiempo. Trevijano insiste una vez más en que sólo don Juan representa la democracia, en tanto que su hijo encarnaba la continuación pura y simple del franquismo. Carrillo escuchaba con aire escéptico sin decir nada.
Ya en el taxi que me llevaba a casa del marqués de Marianao, el anfitrión catalán del conde, repasé in mente el discurso de Trevijano que de repente me sonaba a pura paranoia. Hacía ya
España en el mundo
LLUIS FOIX
S ería una simplificación interpretar en clave española el nombramiento de Javier Solana como secretario general de la OTAN o el acuerdo firmado ayer en Madrid por el presidente Clinton y Felipe González en nombre de la Unión Europea. El análisis de cuanto ocurre en Occidente en general y en Europa en particular no puede olvidar que el contexto de estos finales de siglo es radicalmente distinto del que existía antes de 1989.
T
La guerra fría ha terminado. No hay adversario que amenace de forma inmediata las libertades democráticas en Europa. Los países que pertenecían al bloque del Este están llamando a la puerta de todas las instituciones políticas, militares y económicas europeas. La situación en Rusia es ciertamente inquietante. Pero no por los peligros que pueda significar para Europa sino por el desasosiego que una descomposición política y social en Moscú supondría para la estabilidad continental.
No sé cuáles habrán sido las cualidades que los dieciséis miembros de la Alianza Atlántica han encon- trado en Javier Solana para dirigir un organismo militar de tanta envergadura. No creo que haya pesado mucho la hipotética promesa de que España entre en la estructura militar de la Alianza. Puede que Washington haya filtrado esta insinuación para vender bien la candidatura de Solana a los congresistas que habían planteado el pasado ciertamente poco atlantista del ministro español.
Me cuesta creer que esta supuesta promesa de Solana haya sido decisiva para su nombramiento. Más bien me inclino a pensar que lo que se ha valorado más haya sido el papel de España como socio respetable y responsable en un club de países democráticos en el que están en juego no sólo intereses militares sino un planteamiento político global que todos tienen el máximo interés en defender. En menos de diez años España se ha incorporado como miembro de pleno derecho a todas las instituciones políticas, económicas y militares que forman el llamado mundo occidental. Y, desde Francisco Fernández Ordóñez hasta Javier Solana, lo ha hecho con un notable convencimiento y eficacia.
La participación española en la guerra del Golfo y el brillante papel desarrollado por nuestras fuerzas armadas en la ex Yugoslavia no han sido episodios pasajeros. Por primera vez en varios siglos España no se ha dejado llevar por la retórica y ha superado las lógicas y casi endémicas luchas fratricidas para incorporarse a una Europa que, a pesar de las constantes crisis nacionales, sigue siendo nuestra referencia más fiable.
mucho tiempo que el problema dinástico de los Borbones sólo interesaba a un grupo minoritario de monárquicos nostálgicos. Para los republicanos -es decir, para los que iban a apoyar la monarquía de don Juan Carlos- el tema se reducía a un problema de familia que nada tenía que verxon ellos. a
El conde de Barcelona me recibió en pijama, sentado frente a un televisor y con un vaso de whisky en la mano. Parecía estar allí desde hacía varias horas, esperando como todos nosotros, la noticia del fallecimiento del dictador. Tras intercambiar varias frases sin importancia, don Juan me preguntó: "Bueno, dime, ¿a qué has venido?". No lo dudé ni un instante. Decidí olvidar el mensaje de Trevijano y dije a don Juan: "Señor, en cuanto Franco haya muerto, los monárquicos tendremos que hacer frente a una situación muy difícil, porque nos vamos a encontrar con dos reyes: Vuestra Majestad en Estoril y el príncipe don Juan Carlos en Madrid. ¿Qué es lo que debemos de hacer?". Don Juan me contempló largamente en silencio. Se había puesto muy pálido y noté que de repente le temblaba la barbilla. Pareció hacer un gran esfuerzo para concentrarse en sí mismo y me contestó con voz sorda: "¡Al Príncipe tendréis que ayudarle con todas vuestras fuerzas!". Se acabaron los malabarismos. El conde de Barcelona acababa de poner fin con unas pocas palabras a un problema que nos preocupaba a todos. Me dije que si don Juan nos pedía que ayudáramos al Príncipe era porque él tenía la intención de hacer lo mismo. El castillo de naipes que pretendía levantar García Trevijano, enfrentando al padre contra el hijo, acababa de desmoronarse. Nos quedamos los dos callados unos instantes mientras desfilaban por el televisor los jugadores de un equipo de fútbol recién llegado a París. A punto ya de despedirme de don Juan, empecé a decir: "A propósito, señor, García Trevijano"... De un gesto el conde me paró en seco. "¡No, por favor, no me hables de ése! Dios sabe en qué nuevo lío querrá meterme!" Y para darme a entender que no había más que hablar, don Juan me abrió la puerta del salón y me despidió dándome una palmada en el hombro. y
Ya restaurada la monarquía de don Juan Carlos, Trevijano ofreció sus servicios en la Zarzuela, donde le contestaron cortésmente que les podía ser más útil "desde fuera". Ahora, Trevijano, cuando ya no lo hace nadie, rompe efímeras lanzas por la república. No conozco a ningún hombre tan "leído y escribido" que se haya equivocado tanto en política y en el conocimiento de sus semejantes.» la nar en el sentido de que, si conquista el poder, respetará todos los compromisos internacionales adquiridos.
Dos aspectos me interesa señalar
EL ACUERDO
entre las principales fuerzas políticas
españolas será preciso en el futuro
a este respecto. El primero es la declaración de Felipe González de que España "seguirá siendo fiel a todas las acciones de la Alianza con la máxima eficacia de que seamos capaces". Es indiferente que este posicionamiento español sea dentro de la estructura militar o fuera de ella. El segundo es la significativa declaración de José María Az-
Un entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas españolas, estén en el gobierno o en la oposición, será preciso en los próximos tiempos. No sólo para que la presencia de nuestro país en el mundo no sufra absurdos altibajos sino para otras cuestiones tan imprescindibles como cumplir los requisitos necesarios -el control del déficit público entre otros- para no quedar descolgados de un club del que sólo podemos cosechar beneficios, al margen de los esfuerzos que comporten.
En un marco más amplio está el acuerdo firmado ayer en Madrid entre los presidentes Clinton y González como máximo representante rotatorio de la Unión Europea. Es una renovación de los compromisos adquiridos en los casi últimos ci ncuenta años entre Estados Unidos y Europa. Puede que el futuro económico internacional se encuentre en la cuenca del Pacífico pero no es menos cierto que el eje atlántico será la columna vertebral de cuanto ocurra en el mundo en el ocaso de este siglo y en el umbral del siguiente.» y se
4 contra 1: confusión
BALTASAR PORCEL
I nteresantísimo el pacto 4 contra 1 por la luz agriamente realista que arroja sobre la política catalana, en la que siempre flota un alto grado de retórica o dogmática convencional, que podríamos resumir con el mandamiento aquel de "honrarás a Dios (a Cataluña) sobre todas las cosas". Pero luego, en la práctica, manda la "pela"... El primer ejemplo es el que afecta a los votantes habituales de CiU que en las últimas autonómicas escogieron a ERC por tres motivos: castigo medio vergonzante a Pujol por haber pactado con el "español" PSOE, impedir que el PP arrebatara a los independentistas el tercer puesto en la escala catalana -lo que encima ocurrió-, plantar cara a la derecha españolista que "invade" Cataluña. ¡Y ahí está Colom estrechando la mano de Vidal-Quadras contra Pujol y para abatir a Rigol!
Para el PP, sin embargo, es diferente: desacti var a ERC, y más debilitando de paso a Pujol, constituye uno de sus lógicos objetivos. Y, sobre todo, segando la hierba bajo los pies de Unió Democrática, el tábano que molesta a Aznar en la Internacional Democristiana, en Cataluña. Este verano el líder popular ya consiguió sembrar la confusión en CiU llevándose a Duran Lleida a coquetear por ahí. Divide y vencerás, claro... En cuanto a IC, ha penetrado en el mismo pantano que su hermana mayor IU en Andalucía: ya no hay legitimidad de izquierda ni entre el viejo comunismo obrero ni la vieja intelectualidad marxista catalanes, que se vendían como los últimos de Filipinas... Y los socialistas con el 4 contra 1 han continuado con su único norte político real: el acoso a Pujol. La existencia de Pujol encarna el fracaso del PSC, al que incongruentemente hasta molesta que CiU y PSOE hayan pactado en Madrid. El 4 contra 1 es para ellos una buenajugada.
A Unió el pacto la debilita mucho, muestra que su entidad es a la postre escasa. Y para Convergencia pone de manifiesto lo que se aseguraba: que el partido se ha burocratizado y que sus mayorías absolutas le han llevado a olvidarse de la oposición, que ha perdido no filosofía política, sino capacidad de gestión y vanguardia, que Pujol cuenta con un equipo escaso en fuelle o sofocado por la amplia personalidad del propio líder, que Miquel Roca -que era quien negociaba con el PSOEestá en verdad al pairo. Jordi Pujol puede jugarse el futuro si no pone en marcha un nuevo Govern fuerte. Porque el 4 contra 1 ha venido a echar mucha agua al vino de dos referencias políticas tradicionales: que por lógica doctrinal la oposición no se pondría globalmente de acuerdo, que los partidos no se comprometen antes de una cita electoral. ¿Cataluña es diferente? En una cosa, sí: su entusiasmo por la incoherencia.»
LA VANGUARDIA
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JAVIER GODO CONDE DE GODO Director General Antonio Pique Directores Generales Adjuntos Jaume francas y Csteban Silluc
Director Arca Económica Miguel A Burgos Dior Markctmg Publicidad Roldan Martínez Dtor de Planihc v ( ontrol Tráncese Tcixido Director de Distribución Joan Pons Director de Pcisonal lose Ramón Maun Directo! de ( ompras laumc Vilarrasa Director de Expansión Eduardo Alcalde Adjunto Dirección General Didac Soto Proyectos Industriales Nicolás Salom
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