El Burladero

DOS ELOGIOS

Por Víctor MÁRQUEZ REVIRIEGO

L os populares tendrían que empezar a preocuparse por los recientes elogios socialistas. Algo están haciendo mal, y to­ davía no andan en el poder.

Primero fue Narcís Serra, al que le parece muy bien que su tocayo y protegido Eduardo Se­ rra pueda ser ministro de De­ fensa. Con malicia podría pen­ sarse que acaso sea el primer Serra (Narcís) el antiguo benefi­ ciado del segundo (Eduardo) y no al revés, según ingenuamente apuntamos antes... Pero estas cosas carecen de importancia.

Benegas

pues son gratitudes personales, en todo caso, que honran a dado­ res y receptores.

Lo peor ha sido el elogio de José María Benegas. Habla nuestro hombre del pacto entre nacionalistas y populares, y ad­ mite que será bueno para los vas­ cos (deduzco que, por lo tanto, también lo será para los españo­

les), y luego Uega el elo­ gio sublime. Porque, según él, tal pacto enca­ mina a España hacia im tipo estatal un «poco caótico».

Durante años, duran­ te siglos, hemos oído a los apóstoles del males­ tar nacional hablar de España como un caos to­ tal, de nuestra conti­ nuada y permanente de­ cadencia, toda eUa como un crónico morir en pro­ pia vida. Y ahora sale el señor Benegas y nos ani­ ma de verdad de la bue­ na para el futuro. Por­ que a partir del pacto va­ mos a ser nada más que un poco caóticos. Así que pasar del mucho al poco es, cierta y conta­ blemente, un sorpreur dente progreso. Allá por los muy lejanos tiempos de Carlos ÍI, corría una copla que decía así:

«¿En qué se parece España a sí misma?

En nada.»

No es necesario ser Jorge Luis Borges para saber del horror profundo de los espejos. Pero lo de esta copla es mucho peor. Pues en ella España se mira y no se reconoce, que eso sí que es un problema de identidad. (Hay otro terror en los espejos, que ni si­ quiera Borges apuntaba. Y es el que, de pronto, aparezca junto a la nuestra la imagen de los que antes se vieron en su luna. En España se les llamaba, en otro tiempo, los viejos demonios fami­ liares. Yo conocí a un procer que cuando, viajaba fuera de casa lle­ vaba siempre su propio espejo, uno en el que no se había mirado nadie más que él. Así no sufría con el temor de las apariciones)...

Pero, en fin, volvamos a Bene­ gas, que no es viejo aunque sea procer. Repito que no hay elogio mayor al pacto popular y peneuvista. Dice que es bueno para el País Vasco, en tantas cosas alca­ loide de lo español según se sabe. Y, además, nos deja en un poco caóticos. Lo cual es casi acer­ carse a la felicidad suprema, tan caóticos como siempre fiúmos. Es algo así como condenar al ham­ briento total, que nunca come, a quedarse sin postre de natillas... Después de comerse la sopa, el pescado y la carne. Felipe Gon­ zález tendría que empezar a preo­ cuparse, también él, por estos pe­ ligrosos elogios al enemigo malo; que es, naturalmente, el que le ha quitado el poder. Serra los salva en lo personal y Benegas los su­ blima en lo histórico.

E L 1 de mayo, cargado de amenazante retórica sin­ dical, ha sido este año un epi­ sodio para la historia uni­

/%ñ, versal de la decep­ ción. Y es que a veces cabe la de­ cepción hasta cuan­ do las esperanzas están excluidas. Se ha notado de­ masiado la false­ dad del estilo. Sólo faltaba que Aznar se convirtiera en símbolo del cre­ púsculo social y González, o el felipismo, en la proX mesa de un futuro a

Cuaderno de notas

ROLDAN PIDE CONFESIÓN

Por Lorenzo CONTRERAS

en los últimos años, ha de­ mostrado que confesar ante el juez es la puerta de la libertad o por lo menos del «tercer

amanecer. De nuevo el mal menor. Lo que se dice de au­ rora boreal.

Hay que acostumbrarse a la sorpresa, salvo que se as­ pire al diploma de ingenuo. Por ejemplo, no vale expre­ sarla por el hecho de que Luis Roldan, ex director ge­ neral de la Guardia Civil, haya decidido «tirar de la manta». No es que tire de ella para llevársela, como temía Antonio García-Trevijano en el caso de ciertos delatores de la época franquista. Roldan ya se llevó lo suyo, en el me­ jor y en el peor de los senti­ dos. Pero ahora quiere confe­ sarse, igual que tantos otros. Como algunos etarras. Con­ fesarse en el aspecto terrenal o judicial de la palabra ha po­ dido tener en el pasado un significado de alivio psicoló­ gico. La etapa democrática.

grado». Casi la ab­ solución, o una mo­ dalidad de ella, en el tribunal de la penitencia.

Luis Roldan difí­ cilmente aspirará a que su gesto de «t i r a m a n t a s » pueda entenderse como colaboración con la Justicia. Lo suyo -siete horas de confesión con el juez Garzón, que luego se lo pasa al juez Gómez de Liaño- re­ cuerda bastante un elemental ejercicio de picaresca. Por ahora, la verdad, no ha dicho nada que no se sepa o no se intuya. Incluso cuando pro­ mete «vaciarse» no hace otra cosa que bordear un concepto escatológico. La única nove­ dad ha sido introducir en es­ cena a un personaje secunda­ rio llamado Juan de Dios González, que ofrece el as­ pecto de ser una primera y so­ pesada «entrega». La pica­ resca opera por grados. Rol­ dan tantea al magistrado, lo erotiza y va ganando metros de favor. re-

¿Por qué ahora? ¿Por qué el ex director general de la Guardia Civil, nuestro hom­ bre en Laos, vendido por el traficante Paesa al siniestro Belloch, ha pedido confesión en este preciso momento? Ahí

-Suenas para dirigir esa empresa pública que tú tanto pedías que se privatizase. ¿Qué les vas a decir si te la ofrecen?

productos que se contrate de acuerdo con las condiciones existentes.

está el busilis. Man­ da la condición hu­ mana. Roldan com­ prueba cómo su ca­ so empeora mientras Felipe González abandona la Moncloa sin problemas, sin brindar soluciones a quienes quedan em­ pantanados, y, por la secreta escala dis­ frazada, se va al in­ mortal seguro, sin ser notado, estando ya su casa sosegada.

Dicen que al m^istrado Móner, instruc­ tor de la causa de los GAL, se le ha puesto cara de inverosímil. Y, mientras tanto, en la Audiencia Nacio­ nal, ante tanta pro­ mesa de revelacio­ nes. Garzón y Gómez de Liaño están ca­ chondos perdidos.