Esta semana aparece en las librerías Pasos per-didos_ Confesiones en carne viva un libro del Juez Javier Gómez de Liaño en el que, junto a los recuerdos de su primer destino, plantea denun: cias -amargas en algún caso acerca del funciona miento del Consejo General del Poder Judicial pe netrantes reflexiones sobre la Audiencia Nacional y las batallas que en ella se libran, un balance de suS elaciones con Baltasar Garzón y los Ilamados fiscales rebeldes duras críticas a las asociac ,nes profesionales y consideraciones sobre el € extrajudicial que han alcanzado los casos cable-por el que ha sido acusado de prevarisuspendido en sus funciones-y Lasa y Zabua Por gentileza de la editorial Temas de Jublicamos fragmentos de un capítulo. Sog Hoy

un libro de Javier Gómez de Liaño

EL CASO SOGECABLE

A primera impresión que tuve del asunto es que se trataba de una cuostión de gran complejidad jurídica. La denuncia, la querella inicial y los documentos que se aportaban, sobre todo un informe técnico elaborado por expcrtos y del sc dijo que viamente lo conoció un secretario de Estado; relataban que la socicdad Canal Plus había usado los depósitos dc sus abonados para financiarse y repartir dividendos; a pesar de que la obliga ba a conservarlos. También se decía que el Gobierno concedió esa cadena de televisión al gruquc pre Icy

Había varias posturas . Unos, los querellados; consi deraban que los depósitos de los abonados se habían utilizado legítimamente; que no existía apropiación indebida, la no obliga a la inmovilización; y que Otras grandes empresas de servicios habían actuado de manera semejante. Otros, los querellantes; entendían que era necesario investigar si, gracias a un irregular traspaso de activos y pasivo; la entidad Canal Plus evitó la ampliación de capital y así repartir beneficios: También pedían que se aclarase una presunta falsedad contable y cómo los directivos de Sogecable se habían apropiado de 23.000 millones de pesetas, propiedad de los abonados a la televisión de pago y que no se podían tocar. Alguno incluso acusaba al ex ministro Semprún de prevaricación por su intervención en la concesión. ley pues pudo

po de comunicación Prisa; cuyos propietarios eran amigos íntimos de uno de los ministros de ese Gobierno Más tarde a ese ministro lo nombraron miembro del consejo de administración de la empresa. Los empresarios eran Jesús de Polanco y Juan Luis Cebrián. El ministro; Jorge Semprún. Se denunciaba que ese ministro había hecho el favor y luego se le recompensó con un empleo.

Todos los puntos de vista me parecieron defendi bles. Por eso, lo procedente era investigar: Lo mismo los tribunales se dedicaban a estudiar la Ilamada niería financiera y el asunto no tenía bben aspecto. La en materia dc depósitos 0 fianzas dar lugar a interpretaciones distintas y contrapuestas; pero el fiscal habíamos tenido cientos de casos situados en esa Yrontera entre la irregularidad, el ilícito civil delito ingepodía ley y el y en todos se había investigado. No existían razones para hacer la excepción.

por la filtración de la sentencia del asunto Rumasa al liario El País , siendo él director. Por lo visto. Cebrián ompareció en el Supremo a declarar sobre los hechos 'n calidad de testigo.

He al parecer; mi crror; Resulta que los precedentes se referían a gente corriente, con abogados corrientes; y aquí, me con taban; se trataba de los hombres más poderosos del Hasta mi me lo dijo. Recuerdo una mañana de principios de marzo, ya iniciado el proceso. Me puso al tanto de quiénes eran los personajes. Me dijo que conocía a Cebrián de gún que otro episodio judicial . Concretamente, cuando el Tribunal Supremo abrió diligencias primer aquí, según padre país. al

Como era de esperar; una de las primeras cautelas ~ue tomaron los querellantes fue rodearse de una corte ue abogados de prestigio. A través de ellos, tardaron poco en enviarme el mensaje de que eran ciudadanos de primera clase: El emisario elegido fue Antonio Gonzá lez-Cuéllar; designado por Polanco y Cebrián debido a vión que el propio González-Cuéllar me dio el mismo día que lo nombraron. Quiso verme y le recibí. Deseaba darme la buena nueva. Me alegré por él y se lo dije. Nos conocíamos mucho, y hasta hacía apenas un año González-Cuéllar había pertenecido al bufete de Asesores en Derecho; una fira de abogados presidida por mi hermano Mariano; con quien mantenía una estrecha relación; mitad afecto. mitad gratitud, a partes iguales, lo mismo que con mi González-Cuéllar me explicó que su elección había sido cosa de Clemente Aucer, persona estrechamente vinculada a El País; a sus mo ya he dicho; respondía a las relaciones que existían entre él y yo. Añadió que Clemente Auger estaba muy preocupado por el asunto. Sobre la inquietud del presidente de la Audiencia Nacional no le hice ningún comentario. Me limité a indicarle que tenía la seguridad de que con su presencia el proceso sería mucho más fácil. Segundo error. De nuevo, los hechos se 'encargarían de demostrarme que estaba equivocado. Para él, como para sus mentores, las cosas son sencillas cuando se les explica así padre.

Jna corte de abogados de prestigio tardaron poco en enviarme el mensaje de que Polanco y (ebrián eran ciudadanos de primera clase

cierto que la silla estaba vieja, pero era lo que había. El edificio se encontraba en obras yel material de oficina era prácticamente de derribo: Luego supe que un funcionario; no sin malicia; le había contado a un procura dor que en esa silla. horas antes, por la mañana, se había sentado un gitano procesado por falsificación de moneda.

Cebrián jamás quiso que le interrogase Probablemente que yo no era nadie para pedirle explicaciones sobre algunas operaciones financieras . Sí admitía que otros pudieran hacerlo. Concretamente, Baltasar Garzón. Así debió hacérselo saber a él y a su amigo Clemente Auger. Lo contó el propio Garzón. pensó

complace, cuando obtienen el favor; no cuando se les el principio elemental, sin duda el más elemental de cuantos principios jurídicos existen: que ante la ley y la justicia todos somos iguales. Al parecer; era otra ingenuidad de las mías. aplica

El día que compareció en el juzgado para recibir la querella y ser instruido de sus derechos; Juan Luis Cebrián ya quiso transmitirme que él no era como los demás que habían podido pasar por mi despacho. Yo no iba a acusarle de nada. Se trataba de algo tan sen cillo como informarle de los hechos que se le imputa ban ! de los derechos que la ley le concedía, pero en el mismo instente que Cebrián entró en mi despacho detecté en él. lo mismo que en otros que pasaron a conti nuación una cierta resistencia -incluso para tomar asiento- a que se practicase la actuación de rigor. No encontraba explicación a tan ostensible muestra de incomodidad. Quizá aquella actitud se debió a que el agente judicial. siguiendo las normas establecidas por mí no había cambiado la silla en la que se sentaba la para declarar 0 para cualquier otra diligencia. Es primer gente

Esto que termino de contar lo dije el día de mi declaración en el Tribunal Supremo ante el magistrado señor Martín Canivell y debe figurar grabado en la correspondiente cinta de audio. Pero; pOr si acaso no lo repito quedó aquí.

sa con el asunto; que no querían que la investigación C tinuase y que lo primero que es que yo no reese declaración ni a Polanco ni a Cebrián. La natu dad con que Baltasar hablaba dába pie a la sospe. € pero la cosa no mereció más importancia por mi 9 es lo que sin duda él quería, a bocajarro añadió que Ic dos -Polanco y Cebrián - se conformaban con que fi ra él les tomase declaración. Sin el menor reque pidiera un permiso de tres días para poder hacerse cargo del juzgado y recibirles declaión. Era lo más grave que me habían dicho nunca. S 1o la prudencia y la educación me sujetaron para no e' narle del despacho con cajas destempladas: La cara d María Dolores expresaba una rabia civilizada y creo parecida a un adiós insultante, BaltaS:l Garzón se marchó. En ese mismo instante me conVencí de que Baltasar no era un compañero, tampoco UI) amigo y menos un juez. Podía ser cualquicr otra cotodo, menos juez. Era evidente que Pedro Rubira había acertado de Ileno cuando once meses antes pronosticó que en un año Baltasar me traicionaría. bien era claro que Baltasar Garzón estaba dispuesto a lo que fuese menester para sacar provecho personal del asunto pedían quien sugirió Tam -

Meses después oí el comentario de que ese fue el verdadero motivo de que Cebrián se negase a volver por mi despacho; Dos preguntas se me hicieron entonces. ; Quién era un funcionario normal , con vida y nómi na sencillas, dedicado a escribir aburridas sentencias y autos, para citar 9 un eminente ex director del principal periódico del país, banquero, editorialista de ilimitada capaci dad de influencia, hombre de agitada vida social y formidable posición económica? era ese juez que había consentido que pusieran una silla sucia y desvencijada a quién estaba destinado a sentarse en un si lión de la Real Academia Española en reconocimiento a su obra literaria? 'iQuién

Una mañana del mes de abril, en el des de María Dolores, que era donde habitualmente nos reuniamos , Baltasar dijo que la gente del grupo Prisa estaba muy ner pacho

))

En esas circunstancias. con tanto protector la posibilidad de hallar un juez a la medida, no era extrano que Cebrián no quisiese verme ni en pintura Me parecía lógico. ;Por qué, habiendo un juez presto a la complacencia; iba a soportar un interrogatorio minucioso, con el riesgo que eso tenía? Era comprensible que le repugnase dar cuenta de las cuentas de un negocio que tenía sombras de duda ante un juez y un fiscal dispuestos a hacer lo de siempre: cumplir con lo que la manda siguiendo las pautas comunes de la práctica judi cial. Era indiscutible que esa y otras personas preferían jueces y fiscales que cedieran a los halagos 0 a las ofertas_ Por eso Ignacio Gordillo y yo teníaníos que ser apartados del caso. Además, resultábamos arrogantes y poco tolerantes con las impunes arrogancias: Pronto me percaté de que éramos el objetivo; pero nunca pensé que Io lograrían Otro error; el quinto; por mi parte. Ignoraba amigo ley

Lo sabían .

que la gente del grupo Prisa conocía bien el débil talón de Baltasar: sus delirios de grandeza. Sabían que si acertaban en el punto G (G de Garzón y G de Gloria), él les haría cl trabajo.

  • csperas? qué
  • ~iJoder; pues que Polanco y Cebrián tenían que estar ya cn la cárcel!
  • te refieres? qué
  • ~;Calma, Baltasar! Primero habrá que saber ha pasado; qué

Este fue el diálogo que mantuvimos Baltasar Garzón y yo en el despacho de María Dolores Márquez de Prado, estando presente también Ignacio Gordillo; a las dos semanas de haberse iniciado el asunto Sogecable. María Dolores le preguntó a Baltasar que cómo sabía él los dueños de Canal Plus se habían quedado con los depósitos de los abonados. El respondió: que

  • ~;Coño! ;Qué va a haber pasado? Pues que se han qucdado con más de vcinte mil millones.

Porque lo sé. Bueno, haced lo que qucráis; pero una apropiación indebida de libro. Si me hubiera tocado a mí, a estas horas Polanco y Cebrián estaban en Alcalá-Meco. hay

~Déjalo ya; Baltasar, Vamos a tomar café.

Ignacio zanjó el asunto:

Cuando esto ocurría -primeros de marzo de 1997-, la instrucción de la causa había dado sus primeros pasos. Pese a lo que Garzón opinaba entonces, las actua ciones practicadas fueron las que consideré adecuadas: admitir la querella a trámite, decretar el secreto dc las actuaciones a instancias del fiscal, solicitar el listado de los abonados de Canal Plus para saber el númcro de posibles perjudicados, al Ministerio de Hacienda la designación de dos peritos, hacer lo propio a la Secretaría de Estado para la Seguridad a fin de que nombrara dos expertos en delincuencia económica, denegar la pedir prisión provisional de los querellados tal como se interesaba en la querella y únicamente exigir a cuatro de ellos -entre los que estaban Polanco y Cebrián que si tenían que salir del territorio na cional pidiesen autorización al juzgado.

suscripción (15.000 'setas) de abonado, con lo cual los juzgados compentes eran los de la plaza de Castilla de Madrid. Dos, la 'esentación por parte de los querellados de un docu iento de caución por importe de 150 millones de dóla(150.000.0008) que garantizaban las posibles res onsabilidades económicas derivadas del asunto. A eso unían los primeros datos que resultaban de la docu ientación intervenida en la sede central de la empresa nditora Arthur Andersen; sobre todo de unos ueltos denominados 'de trabajo' Pero, aún así, ni el scal ni yo consideramos que fuese procedente adoptar sspecto a los querellados medidas cautelares enérgi1s , por mucho que en esas fechas Baltasar Garzón ensasc lo contrario papeles

De momento, con los elementos aportados; eso era lo que procedía hacer. Lo normal en estos casos. Lo que siempre se ha hecho en un procedimiento de naturaleza económica Pero no más. Y eso a pesar de que los propios querellados habían tomado varias iniciativas ciertamente sospechosas_ Una la primera, recién incoado el procedi miento, fue plantear que la Audiencia Nacional no era el tribunal competente para conocer de los hechos, pues; a su juicio; no se trataba de un delito de apropiación indebida por importe de veintitrés mil millones de pesetas (23.000.000.00O) total de los depósitos de los suscriptores de Canal Plus. sino un millón quinientas mil (1.500.000) posible

Pese a lo moderado de las decisiones, eran arte en el proceso muy pronto iniciaron su campaña le descalificación dc mi trabajo y de mi persona A los uatro 0 cinco días de entrar el asunto en el juzgado. ilguien debió de dar la orden de que empezasen los in'ultos; el hostigamiento y la ridiculización más grose municación. se lanzaron contra mis resoluciones. 'ntra mi persona. contra mi familia y contra mi vida '"ivada. Estaban dispuestos a arrasar con todo lo mío: presente. el pasado el futuro. Aguanté sin rechistar primeras acometidas. Supuse que sería algo pasaje Volví a equivocarme_ Por el contrario, cada día era Hayor cl número de columnas y editoriales, el altavoz Ivisiva aumentaban Ya no tuve duda: eran pruebas Iequívocas de que estaban dispuestos a todo; Por eso, acudí al Consejo General del Poder Judicial en ción de amparo, pero no para mí, sino para la independencia de un juez. Nada. Siguiente error Uno detrás de otro El Consejo; ese órgano del que había sido miembro hasta año antes; mostró una pasividad inquiequienes peti un tante. la misma que después ha repetido cada vez que un juez ha tocado intereses sensibles y ha sido pateado hasta el cansancio

mayor sufrimiento me producía era la reacción de mis compañeros de la Audiencia; algunos de ellos amigos. Es más, hubo un momento en que tuve la impresión de que estaban contra mí. En esta ocasión, por primera vez. accrté. Hasta los más oblis por habcr sido destinatarios dc mis atenciones e incluso afectos guardaron silencio. Con su actitud callada me daban a entender quc lo mejor cra no adelante; que hiciera la vista y me limitara a hacer una faena de aliño y cerrar el asunto. Por el bien de todos. Alguien habló de que era mi gran oportunidad. Bastaba con dar el carpetazo a las actuaciones al cabo de un mes de tramitación. Una pequeña comedia y el tramo final de mi carrera estaría recado me Ilegó por vía de mi Nunca me dijo fue el mensajero; pero sí lo que él le contestó. Yo ratifico su respuesta: nunca serví a nadie y no lo iba a hacer en un asunto en el que se trataba de compla cer a grandes hombres; Nunca en los años de escalafón judicial fui útil a ningún ciudadano concreto. Sí aspiré a serlo a la sociedad y a los ciudadanos en plural. Jamás a ciudadanos de ciudadanos . gados seguir gorda padre. quién aquí

Siempre admití que, como cualquier otro profesional, juez cometer errores en su trabajo. En mi caso concreto; lo he dicho varias veces a lo largo de estas páginas. En el caso Sogecable es posible que los cometiera; lo mismo que en cualquiera de los muchos que me ha tocado lidiar; pero lo que no me parecía justificado era que en éste, según avanzaba, se impulsasen nuevos métodos de degradación personal . Eso me pareció intolerable: Sin embargo; la respuesta oficial del órgano de gobierno de los jueces siempre fue un lacónico acuse de recibo. No era mi situación personal lo que más me preocupaba. Claro que me dolía; sobre todo porque tenía la conciencia de estar haciendo lo que debía y con un Ministerio Fiscal que insta ba y apoyaba mis resoluciones. Loque puedc un

Fue precisamente siguiendo la sugerencia de mi padre cuando, a raíz de una de las columnas de Javier Pradera en El País en la que se entregaba al insulto abieno. visité a Javier Delgado; presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo y de quien tenía buen concepto desde los tiempos de Burgo . cuando yo era opositor y él magistrado de la Audiencia amigo de mi Por eso, porque me parecía un gran magistrado y una persona honesta; en su día le di mi voto para que fuera miembro del Tribunal Constitucional. padre.

En la reunión le puse al corriente de los ataques que estaba recibiendo por el caso Sogecable. La actitud del presidente fue de gran comprensión; me dijo que podía contar con su apoyo v me aconsejó que, ante lo difícil de la situación;, sería bueno hablase con Clemente Auger. que

Indudablemente; jamás sospeché que aquella frase insinuase algo anómalo 0 irregular. Conozco muy bien lo que es una recomendación . Había tenido una experiencia muy reciente con el sumario Lasa y Zabala y eso de dar largas a un caso me es familiar. Callar, silen ciar un proceso después de unas cuantas diligencias de puro trámite para rellenar bulto suele ser lo más cómodo y lo más correcto: Hasta lo más rentable; como lo puede haber sido para algunos. Pero nada de eso leí en las palabras de Javier Delgado_

Gracias , presidente. Muchas gra cias, Javier- le respondí.

Naturalmente, nunca hablé del asunto con el presidente de la Audiencia Nacional, con Clemente Auger. Haberlo hecho hubiese significado un compromiso para él. Me pareció que sería como una ofensa, pues interpretar que podía

Y

'e decía; más 0 menos, que ahí tenía las diligencias e h era con ellas lo que considerase oportuno: Por otra parte, me repugnaba la mera posibilidad de njcarme unas gotas de simpatía a costa de prestar a ición a quienes podían ver claro que el procedi n nto no debía seguir el mismo curso que todos los d 1ás, 0 sea, el marcado por la Seguro que me hub " ido estupendo y que a estas alturas gozaría de tod las bendiciones y parabienes de presidentes de bas es organismos y consejos de administración: La fe Ji dad absoluta. Pero me fue imposible. Entonces, i{ d hacerse cuando se aspira a vestir una toga de púrpuYa sé que magistrados que apetecen la amistad d OS poderosos. Han existido siempre. Pero también e sten jueces que no tienen ambiciones de riquezas, h dado la al y no dedican ni una micra d sU talento a contentar a los que mandan. Al revés que ales primeros, a éstos es a quienes siempre he tenido el niyor de los respetos. Así es como yo quería ser de nuyor. De niño ya pensaba que los otros no podían ser que fuente inagolable de desgracias humanas. ley. hay espalda poder

Entre los meses de abril y mayo de 1997 las caretas fueron cayendo De una parte; el grupo periodístico más importante del se planteó como uno de sus objetivos el aniquilamiento del juez y del fiscal del caso Sogecable y de sus allegados. A tal fin se aseSoró de expertos en ofender y, cuando la ocasión reclaquienes acreditaban mejores cualidades para la destrucción del rival y disponían de los métodos más sofisticados para su particular guerra sucia. Dicen -y lo declaró uno de los querellados, Gregorio Marañón, ante mí- que no tuvieron inconveniente en asesoramiento a magistrados; se supone que afines. Nada importaba y todo valía para hacernos daño: Eran ricos; poderosos y no iban a tolerar que un par de insensatos enprinci país pales pedir

treverados. obsesionados por eso de la sin miramientos, les estropease la realidad de un prestigio social adquirido, sus portavoces; a base de mucho esfuerzo y sacrificio. Habíamos cruzado la raya y hasta se inventaron una conspiración que daría lugar a una causa especial en el Tribunal Supremo, por el que desfilamos como imputados magistrados y fiscales. Esto ya lo he dicho en el capítulo dedicado a la pren sa, pero lo repito para que nadie lo olvi de. Todo iba sucediendo con arreglo al guión. Sus influencias en la magistratugrandes y algunos miembros de la carrera 'judicial les facilitaban la tarea. Al parecer, uno de ellos, don Enrique Bacigalupo Zapater, había Ilegado a pedir al fiscal Gordillo una copia de la querella para echarle un vistazo. Al cabo de unos días sentenció diciendo: "Ignacio, ahí no nada; eso es archivo: aplicar ley según hay un

Unos recortes de prensa que guardo en el cajón de la mesa de trabajo me recuerdan el peor episodio del asunto Sogecable; mi recusación a ins tancias de Juan Luis Cebrián.

El incidente se planteó cl 5 de julio de 1997 y como causas legales se invocaron "la enemistad manifiesta y el interés indirecto' Los argumentos; tres de vida 0 muerte. Primero, que allá por comienzos de los años ochenta, mi padre, a la sazón magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo; junto con otros cuatro magistrados, había dictado sentencia condenatoria contra el señor Cebrián. Segundo, que yo era enemigo declarado del diario El País, pues el periódi co se había metido mucho conmigo y con la fiscal Márquez de Prado; Tercero, que el denunciante de los hechos era Jaime Campmany; suegro de la hermana se comentaba, era mi compañera sentimental: según

Pero no fue así, sino todo lo contrario_ A primeros de septicmbre; después de un trámite en cl que se permitió el lujo de declarar inhábil el mes de agosto y abrirme una causa general en la que llegó a investigar los faxes puestos desde mi juzgado, Garzón se despachó con un auto en el que me acusaba -lo mismo que ala fiscal Márquez de Prado; al fiscal Gordillo; al magistrado Joaquín Navarro y al abogado Antonio García-Trevijano- de formar una trama para abrir el largo

A pesar de la inconsistencia de los motivos de recusación; lo que me hubiera permitido rechazarla de plano por fraude de y abuso de Derecho; me pare ció adecuado abrir el trámite; apartarme provisional mente del asunto y dejar que fuera Baltasar Garzón, mi sustituto legal, resolviera el incidente procesal. Estaba seguro de que la recusación no perar. La ley y la jurisprudencia eran claras y a las meras de cambio el fiscal pidió que se desestimase por infundada, se condenase en costas al recusante y se le impusiese una multa de 100.000 pesetas por temeridad y mala fe. quien podía prospri - cuando el recuerdo me ha apor tado muchos detalles y cuando muchas personas han opinado sobre el incidente (algunas de esas manifestaciones obran en folios que están archivados en el Tribunal Supremo) estoy convencido de que el día que Baltasar Garzón me comentó que Clemente Auger le había Ila mado para decirle que Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián se conformaban con que no hubiera medidas cautelarcs y yo le respondí con un expresivo silencio, la suerte estaba echada. Hoy.

caso Sogecable, mantenerlo artificial mente y perjudicar al grupo Prisa.

A los pocos días de haber comenza do a uamitar la recusación me di cuenta de que el objetivo de Baltasar era apar tarme de la instrucción. Según se descubrió posteriormente, él había urdido el incidente de recusación con personas como el ex ministro de Hacienda y con sejero de Prisa; Jaime García Añoveros, quien se prestó a comparecer en el inci -

Al menos una vez ~creo que cuando se dedicó a investigar las comunicaciones por fax de mi juzgadole pregunté qué pretendía. Me que el asunto no le era nada agradable y que no le hiciese hablar: De ese momento todavía tengo retratados sus ojos en mis retinas y grabadas sus palabras en mis oídos. La voz era temblorosa y la mirada ya delataba deslealtad mezclada con servidumbre. Poco a poco la voz se le fue apagando y los ojos cerrando. En cierto modo daba la impresión de que no quería entrar con ellos abiertos en el infierno de la ignominia. explicó

Jente en calidad de testigo para responder a una lista Je preguntas que llevaba en la cartera; Todo demos 'raba que Baltasar estaba comprometido en el asunto que cumplía sin rechistar el encargo encomendado. Era su juego. Pero también era el anuncio de su obse sión por sacrificarme. Hacía algún tiempo -me remito lo que ya tengo contado- que los gestos de Garzón pronosticaban intrigas, aunque nunca imaginar me que fuera capaz de tanto_ Yo no creer lo que estaba haciendo. Demasiada gangrena. Demasiado tiempo perdido. pude podía

Esa resolución de Baltasar Garzón. en la que me acusaba sin miramientos de prevaricador; fue aprobada por los en la Sala de Gobiemo de la Audien cia Nacional. Cuatro votos a favor y tres en contra Uno de éstos, firmado por el magistrado José Luis Requero, no sólo rechazaba frontalmente la decisión del juez Garzón. sino que proponía que se diese cuenta al Consejo General del Poder Judicial al entender que, con su auto, Baltasar Garzón había incurrido en una falta disciplinaria muy grave. El comentario que circuló por la Audiencia es que de ese resultado de la deliberación y votación debió recibir noticias antici padas Clemente Auger; había manifestado su intención de no participar en el debate para no com prometer su imparcialidad, habida cuenta de sus bue nas relaciones con el grupo Prisa y su amistad cop pelos quien

Cebrián y Pradera. Por lo visto, días antes de la reunión de la Sala, a Clemente Auger le Ilegó la voz de alarma que le avisaba de que, 0 asistía. 0 cl auto de Garzón se echaba para atrás. Naturalmente, Clemente Auger acudió a la cita y presidió el acto, como correspondía hacerlo. Yla balanza se inclinó en favor de la postura del señor presidente.

revocaban las mías , tanto habían dicho el señor García Añoveros y el señor Garzón de mis fóbicas inclinaciones hacia alguno de los querellados y tantos fuimos a los que se nos abrió una causa en el Tribunal Supremo aunque no quedaban probados ni la enemistad manifiesta ni el interés indirecto; sin embargo la extraordinaria repercusión que la causa había tenido en los medios de comunicación de algún modo en entredicho mi imparcialidad. Me faltó tiempo para acudir a mis cortas nociones sobre la lógica de la argumentación jurídica. El mismo que para comprobar que este magistrado acababa de abrir una de las vías más peligrosas para dejar en la cuneta a un juez incómodo. Menos necesité para pensar que el compañero Moreno había concedido a un ciudadano Ilamado Juan Luis Cebrián el derecho a elegir un juez a su capricho: que, ponía

El final de ese incidente fue la victo sumó el proyecto: En contra del dicta men del fiscal, el 24 de octubre del 1997 el juez Ismael Moreno estimó la pretensión del recusante Cebrián y decidió que yo estaba incurso en causa legal. In cluidos elogios a mi moralidad, gio, probidad y buen hacer; el auto eran: dieciséis folios quc retorcían el Derecho hasta extremos impensables. Un sok razonamiento justificaba las sospechas de mi posible parcialidad: tanto se había publicado contra mí, tanto se había hablado de las resoluciones de la Sala que presti -

En el otoño de 1998 el caso Sogecable se archivó. Unos opinan que ya era hora de acabar con una ins trucción amañada y errática que había durado dos cientos cincuenta días. Otros, que sobre él, como no podía ser menos, ha caído el agua bendita de la nidad. Los primcros se aferran a la idea de que el proceso abierto fue una operación de acoso contra la libertad y los derechos de un grupo de comunicación dirigida por un juez disparatado. Los segundos confiesan que sienten horror y repugnancia porque la justicia ha demostrado la desnudez de sus miserias y que nunca Ilegaron a pensar que en este alguien eludir el rendir cuentas ante un tribunal. de un lado muestran su alegría porque tres magistrados de la Audiencia Yacional pusiesen coto al abuso que hizo de su un juez prevaricador. Los del otro; que esa misma Audiencia, con Clemente Augèr a la cabeza. ha hecho la mayor exhibición de impudicia y alcanzado el punto más alto de la sordidez. impupodía país Los poder

Yo creo que todas estas posturas son exageradas, extremistas. Sí pienso que el asunto se cerró en falso.

con dos 0tres de ellos- y se dedicaron a labores de poyo a la difamación; sin regatear chismes y comentrios de lo más desagradable sobre el juez. Que el onsejo General del Poder Judicial abandonó a ese iez a las primeras de cambio. Quizá, también; que guien; a las pocas horas de empezar la instrucción uso un letrero con la leyenda de "prohibido tocar"

Que no se quiso llegar investigar a fondo como se procura hacer en cualotro caso de la misma naturaleza y características. Que debía habersc indahasta saber si Canal Plus fue 0 no un Que no interesó saber si los gestores de Canal Plus se dedicaron a confeccionar dobles contabilidades. Que se trató de frenar a un juez y a un fiscal que tenían razones sobradas para averiguar si los veintitrés mil millones dientes a los depósitos de los abonados se habían empleado en una autofinan ciación gratuita y habían hecho posible un reparto de dividendos. Que un rOso sistema de comunicación se encargó de deslegitimar cada actuación judi cial y que hasta los informes periciales se manipularon para convertirlos en argumentos exculpatorios de los responsables. Que, salvo unas cuantas excepciones, los medios de comunicación se alinearon con los querellados -sobre t0quier gado regalo. pode -

En todo caso; puesto a elegir opiniones; por la per'na y por la solemnidad del Iugar donde se expusien quizá las más importantes sean las que el fiscal neral del Estado dio en su comparecencia del 30 de Inio de 1998 en el Congreso de los Diputados. Allí onsideró que el achivo de las actuaciones por el caSogecable fue improcedente, que había motivos sobrados para investigar; que las medidas cautelares udoptadas respecto al querellado e imputado Polanco ueron oportunas y prudentes; que el procedimiento se paralizó en el momento en que fue recusado; que desde entonces nada se hizo y que el sobreseimiento e decretó sin tan siquiera practicar muchas diligen cias que estaban acordadas.

Crco que es cierto. Que ni siquiera se llcgó a la lad de la verdad, a poder exponer los hechos tal y cocapital, cual era la inminente Ilegada al procedi miento de una documentación existente en la Agencia Tributaria en la que aparecía toda la red de empresas de un grupo llamado Timón: Mi opinión es que por eso, por tanta obstrucción, siempre quedará Ia duda de si las operaciones y los comportamientos denunciados fueron 0 no delictivos. Me parece que ese es uno de los grandes errores de este asunto Ya sé que otros Unos los he descrito antes, como, por ejemplo; el haber intentado que la justicia siguiese siendo esa corriente que avanza hasta con empecinamiento; y más todavía cuando de frente se encuentra con un torrente desbordado de intereses y de Otros están por descubrir * mihay poder.