Revolución ética por la Libertad Política Colectiva
Transcripción
Locutor 01
¿Desde Murcia?
Locutor 00
Sí.
Locutor 01
Muy bien.
Locutor 00
Pregunta a don Antonio. Sí, don Antonio, buenas noches. Buenas noches. A usted y a don Alberto. Yo soy Pascual de Murcia, compañero de Vicente y estuve con usted y con todos los repúblicos.
Locutor 01
Sí, quiero recordarte. Adelante, Pascual.
Locutor 00
Sí. Bueno, mi pregunta es que... Yo desde hace un tiempo estoy pensando y quería compartir esta pregunta y que usted me diera la opinión. Es que yo creo que desde hace tiempo ya, pero bueno, ya a partir de ahora, si no es el momento de, aparte de la labor que hacen y que es de muy agradecer a todos nuestros compañeros, la labor divulgativa y todo, es el momento de iniciar unas marchas o... a nivel de calle o como yo les digo aquí, de iniciar el camino hacia Madrid, porque yo creo que todo el problema que tenemos en esta nación está en Madrid y esa es mi transmitirles. Y sobre todo pensando en el domingo en el que le acompañamos en el desayuno y usted nos transmitió sus sentimientos de toda su vida. Y más que nada en eso, en que yo pienso que las revoluciones y los cambios a veces necesitan también algunas acciones más de fuerza, más de calle.
Locutor 01
Muy bien, Pascual. Buenas noches, Pascual. No solamente lo necesitan. Es que no puede haber ningún cambio sustancial, ninguna revolución, porque la palabra revolución no quiere decir, como hasta ahora se emplea, revolución comunista, revolución socialista, yo no sé, revolución liberal, yo no sé. La palabra revolución es un cambio drástico del sentido de la marcha.
Locutor 02
Porque la palabra revolución procede de la astronomía.
Locutor 01
Y es claro, cuando un astro recorre su órbita y vuelve al punto original, ha hecho una revolución completa. Se empleó por primera vez la Revolución Francesa. Cuando le comunicaron a Luis XVI en la cama, lo despertaron para comunicarle que la Bastilla había sido asaltada.
Locutor 02
Y dijo Luis XVI, hay una revuelta.
Locutor 01
El cantiller aristócrata que estaba de guardia en su cual dice, no, sire, es una revolución. Esa fue la primera vez que se empleó la palabra revolución para aplicarla a un acontecimiento político. España necesita una revolución, pero no solo cultural, porque la palabra revolución cultural, la única que conocemos es la china, escondía unas transformaciones muy graves del poder, como sucedió. No, no. Una revolución cultural implica una remoción de los fundamentos últimos en que descansa la cultura. Y el último fundamento donde descansa la cultura política se llama libertad. Es la libertad. La libertad o es colectiva, la libertad política, o es colectiva o no hay libertad. Es mentira. Es que acaso en España, lo que tenemos en España, o acaso lo que tenemos en Europa continental, es resultado de un movimiento de la libertad colectiva. Jamás, ni un solo día, se debe a ese triunfo de la libertad política colectiva. ¿Por qué abandonar esa meta? Si sabemos que la libertad solamente la puede conquistar aquellas masas urbanas, ciudadanos, dirigidos con inteligencia por el camino de la libertad. Ese encontrar la libertad. Por otros caminos no va a encontrar nunca la meta de la libertad colectiva. Y eso es lo que hacemos ahora, proponiendo una acción. Claro que proponemos una acción. Por eso la acción política hay que distinguir entre la acción de conquista del poder político, que no la emprenderemos, porque no estamos preparados para conquistar el poder político, ya que ese poder político está en el Estado. Y no tenemos potencia, masa. Suficiente para emprender sin aventura un movimiento profundo de conquista del poder en el Estado y en el gobierno. Eso sería soñar, eso sería ser como todo, un aventurero. Y aventura ninguna en la política. La política no es aventura si trabajamos sobre los sustratos, sin esperar la recompensa inmediata ni a la vista. Y es lo que estamos haciendo en el MCRC. Lleva años trabajando los sustratos de la sociedad. El yacimiento social es donde estamos nosotros, en esas capas. Y ahora repitan y nos copian el vocabulario. También han empezado a copiarnos conceptos. No importa, da igual. No importa que no nos citen. Si ellos no tienen pensamiento, no saben a qué obedecen los cambios de vocabulario.
Locutor 02
Ellos no tienen más que conceptos de propaganda. ¿Ves bien?
Locutor 01
Dentro de las acciones corresponderán muchísimas acciones en la calle. Tiene que ser pacífica. Voy a recordar, por ejemplo, una escena que yo vi cuando era en mi juventud de una película de Buñuel que desarrollaba hechos históricos que han sido en Bélgica, en Bruselas, durante los años 30, antes del fascismo, cuando estaba a punto de enterarse del fascismo. No me acuerdo el año exacto. Pero la película recoge una manifestación de hombres, no había mujeres, de paisanos, una masa en la calle, andando en silencio, sin una pancarta, sin un letrero, sin una voz, silencio total, una marcha de hombres en silencio total. Nunca he visto nada más impresionante. Nada que impresione más al espectador que una marcha de hombres decididos, en este caso también mujeres, hacia fines que no necesitan ser explicados.
Locutor 02
Por ejemplo, contra la corrupción. Eso es lo de menos. Es contra la falsedad.
Locutor 01
¿Por qué aceptar que en España todo sea falso? ¿Por qué aceptar que el diputado no representa a quien vota en los distritos electorales? ¿Por qué aceptar que los partidos sean los representantes verdaderos de la sociedad en el Estado? ¿Por qué aceptar que los partidos sean estatales y financiados por el Estado? ¿Por qué aceptar tanta y tantísima mentira desde la A a la Z en la Constitución española y europea? Pues no, yo no lo acepto. Y el MCRC tampoco lo acepta. Y hay un camino para las marchas. Descubrir las mentiras, una a una, pero en todas las ciudades. Pues claro que sí. Te agradezco la idea y a mí lo que he contado es suficiente para saber la impresión que puede producir si el MCRC tiene la potencia de organizar marchas como las que Manuel puso en aquella famosa penitencia.