La corrupción política: Introducción (Lágrimas en la Lluvia 20 Enero 2013)
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Desconocido
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Locutor 00
Muy buenas tardes a todos, bienvenidos a esta 99ª entrega de Lágrimas en la Lluvia, el programa que aspira a marcar la diferencia en complicidad con un público diferente. A nadie se le escapa que la corrupción se ha convertido en una gangrena en perpetua expansión que amenaza con provocar una grave crisis institucional. No transcurre una semana sin que nos sobresalte un nuevo caso de corrupción política. O dicho de forma menos tópica, como los casos de corrupción se han hecho endémicos, consustanciales a la política española, nuestra capacidad de sobresalto ha ido creando callo y ya se sabe que donde hay callo se pierde sensibilidad hasta que la pérdida completa degenera en hartazgo y desapego. Así es como cualquier observador neutral contempla el espectáculo de la corrupción. con una suerte de hartazgo que amenaza con corroer los cimientos mismos de su confianza en las instituciones públicas y en los representantes de la llamada voluntad popular, que hoy más que nunca es una voluntad alicaída y asqueada, y a quienes la representan se les percibe como delincuentes que se la han arrogado. Pero para combatir con eficacia una enfermedad hace falta primero determinar su causa. Ya no basta con la mera depuración de responsabilidades o con sentencias judiciales más o menos rigurosas, que por cierto siempre llegan tarde, mal o nunca. Hace falta una regeneración moral en toda regla. Se nos dice, pero ¿en qué consiste una regeneración moral? En la recuperación de los valores democráticos, nos respondería un moderno, pero ya se sabe que los valores son expresiones cambiantes de la conveniencia. En la restauración de las virtudes públicas, nos respondería un clásico, pero la virtud cuando se convierte en mera disciplina, esto es cuando le falta un principio que le dé sustento y sentido, engendra tedio, como ocurre siempre, que dejamos... de sentirnos obligados por un mandato supremo que califica la naturaleza moral de nuestras acciones independientemente de sus consecuencias. En nuestra época la naturaleza moral de las acciones la determina el hombre y para formar su juicio se guía por un criterio puramente pragmático. Una acción reprobable es la que causa un daño tangible y cuando ese daño deja de ser tangible la acción deja de ser reprobable. Al corrupto le ocurre que no ve daño tangible en su acción. Y el daño no tangible que tal acción pueda causar al cuerpo social es demasiado brumoso o abstracto, tanto que ni siquiera puede verse. Y ojos que no ven, corazón que no siente. El problema de la corrupción, como por lo demás casi todos los problemas que sacudan a nuestra época, tiene un aspecto poliédrico, pero un fondo de naturaleza moral, en efecto. Y ese fondo es la ausencia del sentido de lo sacro que invade la política. Mientras seamos incapaces de restaurar nuestros bienes eternos, alguien seguirá llevándose nuestros bienes temporales y lo hará además convencido de que su conducta no merece reprobación, puesto que no causa daño tangible. Nuestra época ha consagrado por atrofia de lo sacro una moral naturalista, puritana y palabrera que confía en sus propias fuerzas y cree que a la virtud se llega a través de la disciplina. Pero olvida que la disciplina de la virtud, desarraigada de su principio, engendra tedio. Y así, por puro tedio de la virtud, seguiremos padeciendo corrupción política. Quizá lo más pavoroso de este fenómeno creciente es que no nos habla tan solo de la degeneración de nuestra clase política, sino también de algo infinitamente más grave. Pues a fin de cuentas, la ciénaga política no es otra cosa sino el reflejo del envilecimiento moral de nuestra sociedad. sobre la corrupción política, sobre sus causas últimas, sobre el peligro de que tal corrupción se torne finalmente institucional o sistémica, sobre la curiosa paradoja de su creciente expansión en una sociedad democrática. Y sobre otras cuestiones conexas hablaremos hoy en compañía de Antonio García Trevijano, Arturo Beltrán, José Luis González Quirós y Miguel Ayuso. Les prometo un coloquio formidable, pero antes, como siempre, María Cárcava les anticipa la película que lo ilustrará.
Locutor 01
Muy buenas tardes Juan Manuel y muy buenas tardes a todos ustedes. Esta tarde les proponemos que se queden con nosotros para ver una curiosísima cinta italiana que data de 1963 y se titula Las manos sobre la ciudad. Su director el napolitano Francesco Rossi, máximo representante del cine de denuncia política y autor de obras tan celebradas como Salvatore Giuliano, Cristo se paró en Éboli, Lucky Luciano o Excelentísimos cadáveres, obtuvo con ella el León de Oro en el Festival de Venecia. Rossi se ocupó también de guionizar este trabajo en clave de mordaz y ácida denuncia junto con Rafael de la Capria. El prolífico compositor Piero Piccioni musicalizó a ritmo del más puro cine negro esta cinta que fotografió Gianni Di Benancho. El reparto de las manos sobre la ciudad estará encabezado por el norteamericano Rod Steiger, quien alcanzará la gloria en su profesión gracias a su participación en títulos como La ley del silencio, En el calor de la noche, El león del desierto o Más dura será la caída, entre otras. Stiger dará vida a Eduardo Nótola, un corrupto promotor inmobiliario y a la vez concejal, a quien acompañarán actores habituales del cine italiano de la época como Guido Alberti, Ángelo de Alessandro, Salvo Randone y un destacado Carlo Fermariello, que interpreta magníficamente a De Vita, un íntegro concejal comunista infatigable en su denuncia de la corrupción. En esta historia, no exenta de ciertos maniqueísmos y tendenciosidades ideológicas, asistiremos a un oscuro entramado de corrupción política y especulación urbanística que, aunque ambientado en la Italia de los años 60, guarda inquietantes similitudes con el latrocinio que hemos padecido en España durante las últimas décadas. Así que con las manos sobre la ciudad les dejamos. Esperamos que ustedes la disfruten.