El abstencionario es el único presente en las votaciones
Transcripción
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Se sabe que el concepto de representación, que es lo que se persigue, se desea, el ideal de toda votación en las urnas, es para que lo que salga de las urnas represente al que ha votado. En España no. La representación consiste... en traer al presente, a la vista, lo que está ausente, lo que está fuera. Eso es válido desde una obra de teatro al representante, por ejemplo, de un pleitista, de una persona que pleitea. Lo mismo pasa con todos los poderes de la banca. ¿Quién no está acostumbrado a hacer una hipoteca con un crédito que lo firman unos apoderados? sostienen poderes del Consejo de Administración de la banca para que representen al banco en cualquier acto jurídico de apoderamiento donde el apoderado firme en lugar del banco. ¿Y qué es lo que hace? Pues ese apoderado trae al presente que está firmando al ausente que es la entidad o la personalidad jurídica del banco. Como el presente, que es el votante, Vota. Y el elegido es un partido, una lista, ese no representa al que vota, luego el que vota permanece ausente. No hay representación. ¿Cómo es esto? Claro que el que vota está más lejano del resultado de la urna que nosotros. ¿Nosotros quiénes son? Los que estamos presentes activamente en el acto de votar para decir no votáis, no votáis. ¿Qué paradoja? Estamos más presentes nosotros con la abstención activa. en el acto donde se produce la teórica representación que es la votación en listas de partido, donde el que vota está ausente durante todo el tiempo que dure, los cuatro años que dura luego, la teórica representación, no del que vota, sino del jefe del partido que hace las listas y el que sale elegido repartiéndose los poderes del Estado. Es decir, es una traición al concepto de representación. Porque el que vota se cree que es el más tonto de la película. De todos los actores hay uno que es tonto integral, el que vota. Porque cree que va a estar representado y no lo está de ninguna manera. En cambio nosotros somos listos. Decimos, ¿para qué vamos a votar? Si nuestro voto no sirve de nada. Es nada más que ratificar a unos señores jefes de partido que se van a repartir el poder del Estado en proporción al número de diputados que saquen de las listas. Cuanto más números sacan de diputados, más poder tienen. Se reparten como una tarta, un pastel, se lo reparten. Nosotros no. Nosotros somos activos. Y al estar presentes hoy y mañana hasta el día de la votación, Estamos diciendo, aquí lo único representado somos nosotros. ¿Y en qué sentido somos representados? Pues que la abstención activa es la única que dice la verdad sobre la ausencia de representantes en la participación electoral. No hay representantes. Esos no salen de ahí. ¿Es mi opinión? ¿Cómo que es mi opinión? Es la opinión de toda la filosofía política germánica y de toda la doctrina jurídica del tribunal de Bonn. Su presidente, Gerard Leipold, ya lo dice. Dice, en el sistema proporcional de listas de partidos han desaparecido por completo cualquier elemento o residuo de la representación política. Y en su lugar aparece el nuevo fenómeno de la integración directa de las masas en el Estado.