No puedes castigar a un partido

2018-08-17 Libertad Constituyente TV 2:28 YouTube ↗
No puedes castigar a un partido

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Ese argumento de que hay que votar para que los buenos estén presentes, que no solamente estén los malos, es ridículo, porque si votamos, no elegimos a los mejores, elegimos a un partido. ¿Y por qué ese partido es mejor que cuál? ¿Que otro? Como tú dices, porque votamos en contra, pero si es que estáis confundidos. Antes, cuando no se elegía un partido, sino en el régimen parlamentario anterior, durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, antes de la República de Weimar, cuando se votaba a individuos y no a partidos, sistema de mayoría. de un candidato uninominal, la doctrina se llamaba de la reacción anticipada, que si un candidato, un diputado se porta mal, a los cuatro años no lo eliges, por eso es reacción anticipada. Eso no existe, esa posibilidad no existe ahora, por eso no conviene, ni es una tomadura de pelo que nos digan, pues dentro de cuatro años, si se equivocan, no va a tener partido. Ah, es que creéis que los partidos son como las personas, que se inventan y se sustituyen cada cuatro años. Eso es imposible. Por tanto, no existe ningún castigo, ninguna posibilidad que tenga el elector de castigar a un partido de mal comportamiento no eligiéndolo dentro de cuatro años. Eso no es verdad. Y a más cuatro años es un plazo tremendo. Pero es que aunque fuera de un mes. Cada partido tiene una mochila. Porque el partido lo que produce es una identificación de las masas con el partido. Donde lo que rige no es el principio de representación, sino identidad. Y la identidad no puede dejar de operar a los 4, ni a los 15, ni a los 20, ni a los 30 años. Hay un sector importante de centro indeciso, pero la mayoría, el núcleo de cada partido no cambia nunca. Y da lo mismo que los partidos roben. que asesinen, que haya crímenes de Estado. Da lo mismo. Cuando Felipe González sale del gobierno porque la lista de partidos no le permite continuar, sin embargo, sus listas, las listas de Felipe González, se llevan en la mochila, como hoy se dice, nueve millones de votos. Lo cual es una locura que indica que no es verdad que exista ninguna posibilidad de defensa del elector contra la corrupción de partidos.