Trevijano - Memorias I
Transcripción
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Se me ocurre, la improviso, cuando el conde de Barcelona, don Juan de Borbón, se niega a realizar una entrevista a Le Monde. en el día anterior a su cumpleaños de 1974, el 23 de junio. Se había comprometido conmigo a hacer a Le Monde una declaración a través del periodista Marcel Niedergang, que estaba conmigo, se había trasladado para recogerla y se negó a última hora. Cuando había dicho que sí y estaba todo preparado, se negó. Yo había redactado 14 puntos para recogerlos literalmente Le Monde. y había preparado la entrevista en Le Monde. Cuando se negó, y a pesar de que Louis-Marie Anson cuenta en su libro sobre Don Juan, que cuando se negó yo me fui, diciendo que se había terminado mi colaboración con él, favorecer la instalación de la monarquía con la condición, pues yo era republicano, siempre he sido republicano y nunca engañé ni un solo segundo a don Juan el Conde de Barcelona. Pero llegamos a un acuerdo que yo lo apoyaba, porque fue muy temprano, para derribar a Franco. Y si no se podía, la muerte de Franco, si él se comprometía conmigo, de una manera con garantía, a que si era mi acción resultaba... como resultado de ello, resultado victorioso, su elevación al trono de España, aunque fuera provisional, que haría un referéndum para que el pueblo español libremente eligiera entre monarquía y república. Ese es el acuerdo básico que explica mi permanente colaboración con don Juan para conseguir ese objetivo. En el último momento, cuando ya está Franco muy mal y se ve el final, yo concibo que a don Juan le haga una declaración de 14 puntos. Pero cuando voy allí, he antes acordado en todas las fuerzas de oposición, salvo el Partido Socialista Obrero Español y salvo Gil Robles, sobre el Partido Socialista Español, el del interior, y la democracia cristiana de derecha, porque incluso Ruiz Jiménez estaba vacilando, pero lo hubiera aceptado, que era la democracia cristiana de izquierda. Habían aceptado que uno a uno, en el orden que yo fuera diciendo, irían haciendo declaraciones a la prensa extranjera y España donde se pudiera, apoyando todos los 14 puntos que don Juan había declarado en Le Monde. Al fallar don Juan, Me estaban esperando en el Hotel Lys de Lisboa, donde está Santiago Carrillo, en Portugal podía ir, Tierno Galván, Raúl Morodo, Alejandro Rojas Marcos, José Joaquín Díaz de Aguilar, muchos otros partidos liberales, bastantes partidos y personas de muchísimo relieve, Valentín Paz Andrade. que son personales de aquella época de mucha influencia. Me estaban esperando el resultado. Y cuando regreso y digo que no, que se ha negado, que el día siguiente no habrá declaraciones, claro, con desánimo, porque estaban todos los partidos, incluso el Partido Comunista, dispuestos a hacer cada uno por su lado, siendo antimonárquicos, cada uno, decir que apoyaban esas declaraciones, esos puntos de... Y entre esos puntos era esta, que sería apoyado en el trono y que allí convocaría uno, tras un periodo de libertad informativa suficiente, que incluso llegó a poner yo un año de información, se le haría ya un referéndum para aprobar alguna de las alternativas entre las que estaba la República. Y allí, por razones tácticas, no definí yo si la República era la de la segunda o una nueva, porque yo nunca fui partidario de la segunda, pero conociendo la presencia en esos partidos que iban a declarar, que muchos no concebían como hoy todavía. Muchos partidos que no conciben más tipos de república que la parlamentaria y no saben lo que es la república presidencialista, bueno, saben lo que es en Estados Unidos y ahora Francia algo parecido, pero no dominan el tema. Tuve la prudencia de no pronunciarme nada más que sobre la forma de gobierno y forma de Estado, pero ya era bastante distinguir y dentro de la forma de Estado, monarquía o república, pero sin definirla. Bien, entonces al llegar al Hotel Lys y ver la decepción, dije no, no, no, en el camino, yo iba con un coche en el camino y ya se me ha ocurrido. Y es que ¿para qué necesitamos una cadena de declaraciones sucesivas cada día o cada sí, cada día, un partido diciendo de acuerdo, de acuerdo, de acuerdo con Don Juan? Pues vamos a hacerlo en un solo documento y de una sola vez todos juntos y no necesitamos a nadie. Ese fue el origen de la Junta Democrática que lo propuse allí. fue aceptado con entusiasmo porque ya parecía que nos quedábamos sin acción. Y dijo, uy, qué maravilla, pues venga, vamos a París. Y ahí mismo fijé yo el día, un día previo en París para definirla, adaptarlo el tema a una junta democrática directamente por la República. y incluso se fijó que la declaración pública de Alain Cotillón la hiciéramos el día 25 de julio. Yo me fui a París, en el Hotel Loti, yo siempre he vivido en el Hotel Loti en París, y por eso lo preparé al lado, que está el Hotel Intercontinental, preparé una rueda de prensa para que Santiago Guerrillo y Rafael Calvo Serer presentaran en Europa la Junta Democrática, mientras yo corría el peligro, que siempre lo hice, de presentarle Madrid clandestinamente, en unos sótanos de la calle Checaray que se llama Sésamo, que era un bar. Ese fue el origen de la Junta Democrática. La Junta tiene unos triunfos sensacionales. En primer lugar, es muy bien acogida en el interior. Bueno, hubo primero una votación decisiva en el Hotel Loti. en una de las más importantes reuniones que se celebró de todos los miembros de la Junta en París, en el Hotel Loti, Santiago Guerrillo tomó la palabra y él mismo, yo no sabía nada de lo que iba a hablar, dijo que la Junta lo daba por hecho, que estaba constituida como una plataforma de notables partidos, personalidades, para tener una fuerza de unión de toda la oposición y negociar con el gobierno de Suárez por las libertades, y propuso que era una reforma, para reformar el régimen de Juan Carlos y de Suárez, que estaba en vigor. Y yo dije, ¿cómo es eso? Y yo le digo, no, no, no, y yo levanté. Me opuse, dije, no, no, yo he creado la Junta Democrática porque cuando ha entrado aquí el Partido Comunista fue el séptimo por orden y ya iba yo adquiriendo compromisos muy firmes con todos. Tú no puedes alterar ahora. No, eso no es la Junta. La finalidad de la Junta es una organización de partidos políticos, sindicatos y personalidades de influencia pública, puesto que no hay libertad de prensa, personalidades que tienen una notoriedad pública para... promover un movimiento pacífico en la sociedad civil española y provocar la ruptura del régimen de Franco y por tanto la ruptura del gobierno Suárez y por tanto la ruptura de la monarquía de Juan Carlos. Estaba tan seguro, esas fueron las dos posiciones, estaba tan seguro Santiago Carrillo de que todo lo que querían era lo que él pensaba porque es lo que están acostumbrados las clases políticas de todos los tiempos. Las clases políticas jamás piensan en nada que sea arriesgado Eso es propio de los revolucionarios, nada más. Pero ningún partido, ni en la clandestinidad, se arriesga a que después de una ruptura tiene miedo de cuál será su futuro. Y todos quieren amarrarse, agarrándose a una parte del presente que quieren reformar. Una ruptura, eso no lo quiere nada más que un revolucionario. Y como en España nunca ha habido libertad política colectiva, yo quería la ruptura porque lo que buscaba era la libertad política colectiva. Mientras que Santiago Carrillo no conocía más mundo político que el de la Segunda República y el de Europa después de la victoria de Estados Unidos y de Gran Bretaña sobre el nazismo y el fascismo. Es decir, un régimen o bien parlamentario a la antigua usanza Segunda República o bien el estado de partidos que hay hoy, que es lo que conocían en forma de república o en forma de monarquía como está en Bélgica o como está en las monarquías del norte. donde como yo pienso que en Europa no hay un solo país que sea democrático, pues para mí el modelo de Europa no me servía para nada. Yo quería crear en España una democracia que fuera por lo menos igual de libertades y de honradez que la de Estados Unidos. Y segundo, que además de ser la democracia, que además de eso no, que tenía que estar basada por tanto en dos pilares. Uno, un sistema verdaderamente representativo. Y yo sabía en aquella época que no había ni un solo país europeo, salvo Reino Unido, que fuera representativo. Porque allí los que son elegidos por distritos pequeños sí son representativos, aunque sean por mayoría simple. Y en Francia, después de la reforma de De Gaulle, yo sabía que la elección de diputados y del presidente a la República, la de diputados es también un sistema representativo a doble vuelta. Todo eso lo conocía yo a la perfección. Por eso, como lo conocía a la perfección, pues proponía para España esa separación de poderes, un doble la elección. Y le dije a Santiago Carrillo que no. Y entonces digo, pues los sometemos a votación. Y yo, muy bien. Y yo corría el riesgo de perderla, pero como había formado yo, había trabajado tantos años para llegar a esa conclusión de formar la Junta Democrática en la clandestinidad, que era prácticamente la unanimidad. Acepté el riesgo. Se hizo la votación. Los que habían con derecho a voto allí, no recuerdo el número, pero estaríamos aproximadamente, aunque está la taquigrafía, tengo tomado eso. Yo creo que eran unos 21 o 22 votos los que había. Y Santiago Garrillo... Sacó tres votos, el del Partido Comunista, el del SUC de Cataluña, presidido por Antonio Gutiérrez, y el de Comisiones Obreras. Pero todas las más votaron la tesis mía. Y ahí tengo que reconocer que Santiago Guerrillo se portó con una extraordinaria nobleza y lealtad. Y dijo literalmente, he sido puesto en minoría y ahora demostraré cómo el Partido Comunista sabe estar en minoría. Ahora doy la orden. a toda la organización del Partido Comunista en España, en el interior, para que se pongan al servicio del señor García Trevijano para constituir juntas democráticas populares por toda España, en universidades, fábricas, barrios, iglesias, como hice. Y es verdad que lo cumplieron. que los que hemos vivido la historia no tenemos que interpretar el pasado con arreglo a los valores del presente, defecto de todos los historiadores, sino que yo cuento lo que pasó cuando yo era más joven, por qué lo viví. Entonces, por ejemplo, en los primeros días de julio del 1969, en los primeros días de julio, El banquero, que era vicepresidente del Banco Popular, Luis Baltaverner, me pidió que, como yo hablaba muy bien de mí, el coronel, que era el director general de la seguridad de la policía, Eduardo Blanco, porque sabía mis comportamientos, conocía... Y el ministro Camilo Alonso Vega también, yo no lo conocía, pero Luis Valls me aseguraba que tenía un concepto muy bueno de mí, como si yo fuera, él pensaba que no era partidario del régimen, pero que yo era un patriota. Entonces me pidió Luis Valls que invitara a comer yo a Camilo en mi casa. porque él lo haría, él haría la invitación, la crucería, con su mujer, doña Ramona, porque mi mujer francesa, Francine, tenía fama, como había estado en Estoril, porque yo me voy a Estoril en los veranos, alquilaba un chalet para estar cerca del conde de Barcelona y poder asesorarlo, y el conde de Barcelona sabía que cuando mi mujer hacía una cocina era extraordinaria. Pues eso lo sabía Luis Valls y dice, ofrece, dile a Francine, él conocía a mi mujer, dile de mi parte que haga una comida ella, lo que quiera, pues una desperdicia, algo así, que ella conoce como nadie. Y invitamos a, bueno, se lo dije a mi mujer, me dijo, bueno, encantado. Y yo no lo conocía. Y fuimos a la comida y cuando estábamos en el segundo plato de la comida, yo le digo a don Camilo, Le digo, no entiendo por qué el ejército y usted general y tantos generales están de acuerdo y quieren que Franco nombre sucesor a Juan Carlos. Y eso es un error. Y Arizquiel dice, pero ¿cómo es un error? El caudillo, dice el caudillo, no se equivoca. Bueno, si usted tiene de él una impresión la más alta que se puede tener de un semejante, de un mortal. Desde luego, para mí es como Dios. Entonces, ¿por qué si es como Dios? ¿Le permiten, le toleran que cometa la debilidad de nombrar un sucesor? ¿Y si sale mal? Eso, Franco, porque usted debe de proteger que no nombre, para que, Franco, su memoria no sea manchada por el sucesor. No, digo, porque haga lo contrario de él, que sea un fracaso. Bueno, empleé muchos argumentos y lo convencí, ante mi asombro. Entonces estábamos en el segundo plato y va el tercero y dijo, perdonarme, me voy ahora mismo al Pardo, era la una al muerto. No recuerdo el día, era de los primeros días de julio, el día 3, 4, 5 de julio por ahí, o en San Fermín, pero muy cercano ya al 18 de julio. Y él, si me voy al Pardo, esperarme, no vaya ahí a su mujer, no te vayas, sigue, continúa el convento, que vuelo porque ahora estoy yo preocupado de que nombre a Juan, voy a ver si lo convento. Y se fue. Y estuvimos esperando, Luis Balso, mujer a mujer, doña Ramona, mi mujer y yo esperando que regresara y tardó mucho. Y yo cuando tardaba mucho tenía cierta esperanza, digo, a lo mejor no es un hombre. Cuando llegó, llegó triste, diciendo, he llegado tarde, el nombramiento usted ya ha acordado. Entonces eso me sirvió a mí para que aquella noche llamé al conde de Barcelona que no sabía y le dije, ya está el nombramiento, ya está seguro. No lo sabía, en aquel momento no lo sabía nadie. Digo, no, no, ya le conté que era Camilo Alonso Vigal que me había dicho. Y que se anunciaría el 18 de julio. Entonces don Juan me dijo, bien, esto ya te avisaré cuando tenga noticias. Y el día 16, que era el día de la Virgen del Carmen, yo estaba en mi casa nuestra, en la Plaza de Cristo Rey, Mi mujer se había ido ya a comillas con los niños y yo estaba preparado, estaba solo, ni servicio ni nada, y yo estaba preparando la maleta en el coche para irme, y estaba solo en la casa, para irme a comillas con mi mujer. Y yo en el teléfono lo cojo, yo no tenía nadie, y era don Juan al teléfono, que nunca me llamaba él, siempre me llamaba el secretario o algo, era él directamente. Perdón, Antonio, que lo peor ya ha tenido lugar, que me ha escrito el número uno. Puedes venir, digo, mira, viva ahora mismo a comillas, pero salgo ahora mismo para Estoril. Y me llamé a mi mujer, digo, mira, ¿qué pasa? Me voy para Estoril ahora mismo. Bien, Estoril. estaba solo, él tomaría la precaución de que no hubiera ningún testigo, no había ningún criado, ningún secretario, nadie ni de su familia, estaba solo, me abrió la puerta del chalé de Estoril, de Villa Giralda, él. me subió a su despacho, me leí la carta, la leí yo, la de Franco, había recibido la carta de Franco, donde decía, mi querido infante, tengo la satisfacción tal, tal, tal, de informarle de que he tenido a bien nombrar sucesor a título de rey a su Alteza, hijo de tal don Juan Carlos de Román. Y me preguntó qué hay que hacer. Digo, pues es un asunto histórico, no tiene más remedio que responder. Esto va a estar en la historia. Y dice, ¿no te importa redactarme la carta que crees que debo de enviar? Digo, no. Y entonces bajó conmigo al piso primero, me entregó una máquina de escribir, me puse el papel en blanco, yo no sabía dónde había nada. Sin papel de calco, yo no lo pedí para que viera que yo no iba a coger ninguna copia. Y le escribí una contestación. La leyó. Él subió, dice, cuando termine me lo sube a su despacho, porque él tenía despacho en el piso primero. Subía a su despacho, leyó la carta y me dijo, correcto, como estaba ya limpio, la firmo ahora mismo. Y delante de mí la firmó. Delante de mí sacó un lacre, por cierto, enorme, largo, le puso, tenía un aparato ya que encendía la llama, del lacre para que haya gotas de verdad de chorro, y le hizo, lo cerró, pero de una manera que me quedé asombrado, porque no es el sello del lacre normal, sino que puso lacre en sobre por todos lados. Y me dijo, mañana a las 10 de la mañana vendrá el embajador de España en Portugal, Jiménez Arnau. Bueno, el padre de este chico que sale en la televisión, su padre, Jiménez Arnau, yo se la entraré ya acercada, muy bien, y dice, como he citado para mañana, que no sabe nadie que estás tú aquí, porque yo no quería que nadie lo supiera para que no nos interfirieran, ni nadie iba a saber lo de la carta. he citado ya a don Pedro San Rodríguez y a Reilza. Don Pedro San Rodríguez, como la gente que lo conoce, fue ministro con Franco, el primer ministro de Educación, por cierto, que introdujo en España un bachiller extraordinariamente inteligente, en el que yo estudié. Y luego, Reilza era el secretario general de la causa monárquica del Consejo. Dice, como no saben, ni quiero que lo sepan, pues si vienen ellos a las diez, porque el embajador llegará a nueve y media de menos cuarto, pues tú vienes a las once y como si llegaras de Madrid. Digo, muy bien. Y me fui al hotel y él sabía el hotel donde estaba. Y por la noche a las nueve o las ocho y media me llama al hotel y me dice, Antonio, hay una novedad y es que he regido la carta, otra carta de mi hijo. Y también entonces me gustaría que tú vinieras aquí a las nueve de la mañana o antes. Dijo, no, no, las nueve es bastante, para que no coincidiera con las visitas de Raíza y de Pedro San Rodríguez. Fui y era la carta de su hijo, querido Pablo, pues nada, diciendo que para salvar la monarquía que Franco le había ofrecido, no, le había nombrado, nada le había ofrecido, le había nombrado y que él para salvar la monarquía había aceptado el nombramiento de su rey. Entonces ahí me vuelve a decir lo mismo, quiere hacer como ayer y me dio papel, ya lo sabía, pero me dio papel, me lo sacó, me puse y esperó. Escribí la carta, y yo recuerdo muy bien esa carta, porque la otra era muy protocolaria, sin yo a propósito escribir algo que no asomara por ningún lado ningún sentimiento, sino nada más que le decía que no aceptaba, la carta de Franco le decía nada más que no aceptaba el nombramiento y que él, como jefe del Estado, no tenía poderes para alterar el orden de sucesión dinástico en una monarquía, tanto que no lo aceptaba ni reconocía la legitimidad de ese nombramiento. En cambio, el de su hijo era más libre. Y ya le pregunté, ¿quiere? Dice, no, no, no. Y le pregunté yo, ¿quiere un enfoque? Me lo dice y me dice, no, no, no. Como conoce el tema a la perfección, lo que tú le harías, sabiendo que... Entonces hice una carta también breve, pero en esa carta lo suficientemente expresiva para decirle a su hijo que no aceptaba, que no estaba de acuerdo, que rechazaba. la aceptación que él había hecho ante Franco porque lo que pretende es salvar esa monarquía sería una monarquía sin honor y una monarquía sin honor no puede durar porque equivale yo recordé sin decirlo porque equivale a lo que los republicanos confían en la virtud que es la idea de Montesquieu pero yo no la puse pero dije si el honor para un monárquico es como la virtud para un republicano si renuncia al honor no tiene nada en la monarquía Más o menos esa fue la idea que le dije. Y lo demás, redactado corrientemente, a lo que correspondía a su altura intelectual y de clase social, de un rey a su hijo, pero puse régimen franquista. Entonces cuando lo leyó, aceptó todo, pero dice, pero régimen franquista no, pon general Franco. Entonces bajé, me tuve que volver a escribirlo para corregir esa palabra, que me corrigió que no pusiera regreso y puse que no era franco. Subí, se lo di y me fui. Pero como era muy cerca, me fui a dar una vuelta paseando allí por el Estoril, por el montecillo donde estaba su chalé, que era el antiguo club, la casa central de un club de campo, de golf. Y cuando llegué ya me dice que estaba Areviza y Don Pedro. Eso, con eso he respondido a cómo fue nombrado Juan Carlos, pero no porque hubo una elección de Franco, sino que estaba decidido antemano porque Franco lo había educado. Todos los profesores que había tenido Juan Carlos eran personas muy franquistas del Opus Dei, algunos como López Amo, otros, todos habían sido, habían sido educados para traicionar a su padre y consumó la traición. Por cierto, que la primera vez que su padre concibió, no la posibilidad, sino la realidad o probabilidad de ser traicionado por su hijo, también fue porque yo se lo advertí y se lo informé. Y fue cuando Juan Carlos, el rey Juan Carlos, tuvo a su hijo Felipe el bautizo, se celebró con gran boato, yo no asistí. aunque podía haber existido, pero no quise, porque yo tenía relaciones personales directas con Juan Carlos, aparte de con su padre y con toda la familia real, tenía relaciones directas porque lo había conocido en Estoril y había comido muchas veces invitado por ellos allí en Estoril, los conocía muy bien, pero yo no quise asistir al bautizo, aunque estaba invitado, como es natural, pero yo no fui, no quise ir, pero en cambio sí que acepté dirigir la estrategia y la táctica de la primera visita que hacía don Juan, padre de Juan Carlos, el conde de Barcelona, a Madrid, porque él estaba prohibido, él no podía venir a Madrid. Entonces Franco autorizó que viniera el conde de Barcelona al bautizo de su nieto, Felipe VI. y me pidió también a mí que fuera a preparar su presencia en Madrid. Me fui a extorir y sin que supiera nada, ni don Pedro ni Abelza, como siempre, preparé con él el plan que yo señalaba. Entonces se trataba de lo siguiente. Una operación yo había preparado desde hacía mucho tiempo antes, varios años antes, de acuerdo con don Eduardo Blanco, el director general de la Seguridad, Y varios militares de altísima, tenientes generales, las máximas autoridades del ejército. Yo había preparado un plan desde el mes de octubre del año 67, donde Franco en una cacería en Cazorla perdió el conocimiento. Y yo fui informado por un almirante inglés que había asistido a esa cacería. y don Juan me pidió que yo obrara como yo creía que debía obrar, a mi libre conciencia e inteligencia. Y yo actué con mucha discreción, pero con ese motivo conocí al director general de Seguridad, don Eduardo Blanco, este a su vez transmitió todos mis informes, mis informaciones al ministro Camilo Alonso, pero a su vez, antes de eso, Antes de esa fecha yo ya había entablado relaciones secretas, porque no eran clandestinas, pero tampoco eran públicas. Yo tenía relación directa con muchísimos generales, porque yo estaba obsesionado con cambiar el régimen de Franco. Y cuando yo actuaba así no había ni comisiones obreras siquiera. No había nada. La única forma que había de poder prescindir de Dona Iturria sería contando con los militares y con la monarquía, con Don Juan. Esa es la razón por la cual yo colaboré, porque contra Franco no había más posibilidad que sustituirlo con los militares, a quien yo había conocido algunos en casa de Juan Antonio Bravo, que era el presidente de Salto del Sil, que había sido el jefe del transporte de ferrocarriles del norte durante la guerra. consejero prominente del Banco Central, amigo íntimo de Ignacio Villalonga, presidente del Central. Y yo estaba en contacto directo con Villalonga, el Central. Y en casa, era soltero Juan Antonio Bravo y en su casa me invitaba a comer con generales de la más alta graduación. Ahí conocí desde los generales Aranda, Antonio Aranda, los antiguos, los héroes conocidos de la guerra civil, héroes militares del bando franquista, conocía cuatro o cinco. Y la verdad es que la relación era, primero yo guardaba silencio, cuando me preguntaban era tan joven que era muy discreto y causaba yo una buena imagen. Pero ya, aparte de esos contactos tan importantes, sobre todo con Ignacio Villalonga y el Banco Central, ya tuve luego contactos directos sin necesidad de ningún intermediario, de ningún banco. Conocí directamente a Manuel Díaz Alegría, porque era un poco intelectual, cuando era el director de la Escuela Superior del Ejército, que ya era general de... no teniente general, pero general de división. ...y ahí de verdad nuestro entendimiento fue tan grande... ...que él me dijo, me pidió... ...que debía de hablar con Muñoz Grande... ...que estaba de jefe del alto estado mayor... ...en frente de la escuela superior del ejército... ...y yo me quedé asombrado... ...porque yo no podía imaginar... ...que mis palabras... ...porque yo hablaba con muchísima libertad... ...delante de los militares, daba mi opinión... ...diciendo que Franco era una dictadura... ...y que eso iba a terminar... ...y más vale, que más valía terminarla bien... ...que no de una manera improvisada mal... O por un golpe o por... Bueno, prestaban muchos oídos a lo que yo decía y tenían mucho respeto a mi preparación intelectual y mi valor cívico. y que él le había hablado de mí a Muñoz Grande. Y Muñoz Grande le había pedido a Día de Alegría que quería conocerme. Me lo dijo y fui. Yo fui a lo del texto mayor y hablé con Muñoz Grande. Podéis figuraros que era el general condecorado por Hitler porque era el responsable dirigente de la División Azul. Pues yo estaba con él, escuchándome, proponiéndole un plan para sustituir a Franco. Esa osadía yo la tenía porque yo no tenía miedo y sabía hablar de una manera... que si era interrumpido o mal interpretado, yo tenía habilidad. Y la verdad es que Muñoz Grande estaba impresionado. Y le dijo a don Manuel de Alegría que mantuviera el contacto conmigo, que podía ser muy interesante para el futuro. Me lo dijo Manuel de Alegría, para mí eso era suficiente. Entonces le dije que quería conocer también a su hermano, Luis, que era director real de la Guardia Civil. Le hablo de todo esto para decir que mucho antes, de que Franco tuviera el ataque de, no sé lo que sería, sí, una lipotimia probablemente, que perdió el conocimiento en una cacería de cazorla. Yo tenía un contacto ya grande y estrecho con militares, entre otros el director general de la Guardia Civil, que era Luis Díaz Alegría, hermano de Manuel, y otros más, que no voy a hacer ridículo ahora contar. Y esto me sirvió para que cuando se acercó... el día de cazorla de la lipotimia, la enfermedad y el peligro de que Franco muriera, esos conocimientos me sirvieron para que el director general de seguridad, ninguno sabía mis contactos, ni yo se las conté, pero al darse cuenta de con qué seguridad hablaba yo, él transmitió una imagen de mí a Camilo Alonso Vega tan segura, que por eso Camilo Alonso Vega en su momento oportuno aceptó venir a comer a mi casa, cuando yo ya había dado pruebas y el director general de seguridad tenía conocimiento, nada menos, de que yo había ayudado a la creación y la fundación de comisiones obreras en España. A pesar de eso, yo seguía manteniendo el tipo bien y actuando. Y he contado de esa manera llegué a Camilo Alonso Vega y de esa manera se frustró la paralización del nombramiento de Juan Carlos y de eso lo he enlazado con la fundación de la Junta Democrática al negarse en el conde de Barcelona a publicar en Le Monde los 14 principios que luego fueron los principios fundamentales de la Junta Democrática. Digo, lo contaré también en mi memoria, si alguien me la escribe, porque yo no voy a perder el tiempo escribiéndola yo. Pero con esta precisión de hablar de mi contacto con Muñoz Grande, esa es la primera vez que lo hago. Aceptaron el nombramiento de Juan Carlos, clarísimo. Ahí obedecieron, después de muerto lo obedecieron. Y las mismas personas con las que yo había hablado, pues... Los mismos militares no se movieron después, incluso Díaz Alegría. Pero yo esto se lo he contado para poder transmitirle también el hecho extraordinario de que cuando viene al bautizo, que es lo que he interrumpido para contar el contacto previo, cuando viene don Juan al bautizo de su nieto y me pide que yo le presente de alguna manera, a ver qué se me podía ocurrir, para que él pueda conocer, pues yo grande había muerto, no me acuerdo, estaba fuera de juego, pero que quisiera conocer, por ejemplo, a Díaz Alegría, que era ya teniente general, era la máxima autoridad militar. Entonces, don Juan quería... No es que dudara de mi palabra, pero no es lo mismo que yo se lo transmita, que no que él tenga una conversación directa, en aquel caso con Manuel Díaz Alegría, y que Manuel Díaz Alegría le transmita exactamente mis palabras a él. Esa es la diferencia brutal, porque compromete al general mucho más que si soy yo el que lo digo. Y también me pasó... porque también me pidió que quería en secreto, clandestinamente, qué se me ocurriría para que él pudiera entrevistarse con Díaz de Alegría y con don Eduardo Blanco, el director general de la Seguridad Nacional. Porque para él sabía que eso era igual que si fuera con el ministro Camilo Alonso, eso lo sabía. Porque además yo le había contado... No, eso es anterior, anterior al nombramiento, el bautizo. Para mí es que ahí era una confusión de fecha. No. Entonces preparo, me lo pide que haga ese encuentro, clandestino, y eso parecía imposible. Y entonces allí mismo, sentado en su despacho, en el sofá, con un papel y un lápiz dibujando yo dibujo, que dibujo muy mal. Y él me dio su programa. Y elegí yo un día donde tenía que ir a visitar a Menéndez Pidal. La comitiva del conde de Barcelona iba a rendir homenaje a Menéndez Pidal. Y al regreso pasaba delante de mi casa, que estaba en Cristo Rey, no aquí. Y el camino de la zarzuela de su hijo, donde dormía, tenía que pasar por la plaza de Cristo Rey. No se desviaba el camino. Y eso entonces me ocurrió. Digo, pues vamos a ver. Voy a intentarlo. Si lo hace bien, lo hacemos. Era valiente don Juan, porque hay que ver que aceptó el diplomado, fíjate lo que se exponía. No es que lo viera, pero en fin, él era valiente. Le hice en un dibujo la plaza de Cristo Rey donde yo vivía. O sea, Bermúdez venía desde casa de... de Menéndez Pidal, plaza de Cristo Rey, y atravesada justo de frente, antes de seguir ya por la carretera de la Coruña, está la clínica de la Concepción. Entonces, en la clínica de la Concepción, le dibujé hasta donde estaban los semáforos de Isagás Perales, en la esquina, y la Cristo Rey, donde estaba mi casa, en la plaza redonda de la Cristo Rey. Le dibujé todo. Le digo, yo estaré aquí, y dibujé una columna. ...devante de la casa... ...y para poder estar tapado por la columna... ...que a mí no me vieran a la gente... ...porque yo sabía que iba a ir con motoristas... ...con policías, con todo el aparato... ...digo entonces vamos a despistarlos... ...entonces como está enfrente... ...al cruzar Cristo Rey... ...lo primero que está enfrente es... ...la clínica de la Concepción... ...su coche, que nadie sepa nada... ...ni siquiera el duque de Alburquerque... ...que ahora me dijo que él iba a acompañar... ...no diga nada a nadie... Y al llegar allí, este dibujo, que vas a ver dónde es, la plaza, tal, tal, allí dice, pare, y pare ahí, en los semáforos, el semáforo que está antes, ya por enlace de entrada en la clínica de la Concepción. Si eso lo hace, yo estaré allí. Si no hay ningún problema, me verá. Y si estoy allí, es que puede cruzar. Cruza, subimos a casa y yo tendré allí dos horas antes, vestido de paisano, al general de Alegría. Pero no los quiero, pero el director general de Seguridad probablemente no aceptará la unión de los dos, porque cada uno tendrá que hacer... Entonces eso lo haré aparte, dependiendo del resultado que dé esa entrevista. Y dejé la de Eduardo Blanco, como le he pedido también, la dejé. Hasta ver que si tenía, porque me pareció tan inverosímil que pudiera en plena dictadura con la policía y los motoristas de la policía franquista guiándolo, que tuvieron una entrevista secreta en mi casa, me parecía de tal osadía y tan difícil que no quise preparar dos. Digo yo una y ya veremos. Bien. Me estoy riendo porque es que verdaderamente hay que tener la edad que yo tenía. No, yo creo que hoy también lo hubiera hecho. Bueno, salió a la perfección. Yo estaba esperando allí, él se abrió y despistamos por completo a la policía. No se enteró y lo sé porque en aquel tiempo había muchos amigos que me lo contaron y hubo un incidente que pasó, una casualidad, que seguían los movimientos de la policía por las radios, las órdenes de la policía por radio eran captadas. Y en aquel día estaba enfermo de gripe Luis Ucía Gaitán, el conde de los Gaitanes. El conde de los Gaitanes, que yo lo había conocido porque fui abogado de una empresa suya, me lo pidió él, y su mujer estaba casada con una muñoseca, Rosario Muñoseca. Y su mujer, estando en plena entrevista, porque en mi casa no había nadie, estaba mi mujer, sí, porque mi mujer iba a recibir al duque de Alburquerque en el salón, mientras que la entrevista estaba preparada en una pequeña biblioteca, con la puerta del salón cerrada, donde estaría don Juan, Díaz Alegría y yo, Díaz Alegría y yo. Bien, cuando llevábamos tres cuartos de hora, por lo menos, de la entrevista, perfecta, llaman al timbre de mi puerta, y como no había nadie, yo estaba en el lugar y no había servicio, salgo yo, me levanto, voy a ver, y era Rosario Muñoz Seca, la mujer de Usía, del conde de Carlos Gaitanes, que su marido estaba con gripe, era amigo mío, me dice, mira, vengo tan lejos como estaba la morra leja donde yo vivía de mi casa de Cristo Rey. Por eso digo que había... Para decirme... que seguía a su marido desde la cama, los movimientos de don Juan, seguido por la policía, y que al principio creían que estaba ayer también, creían que había ido a visitar a alguien en la clínica de la Concepción, que tenía una agresión, pero que acababan de descubrir que no, que había subido a la casa del señor García Tribijano, que Luis Gaitanes había intentado llamarme, pero que habían cortado los teléfonos, y que por eso ya había venido... con un rapidísimo, para avisarme. Le dije, gracias, no hay problema ninguno. Pero ya dije yo el peligro que había, terminó la entrevista, porque ya habíamos hablado de todo, y don Juan la acompañé fuera, salió, se fue, no pasó nada, yo volví a subir y me quedé una hora más. con diez alegrías sin que saliera para que no fuera descubierto nada bien, esa fue la historia inverosímil de la visita clandestina rodeado por la policía como pude burlar a la policía y celebrar algo que cuando me lo pidió don Juan Me parecía algo inverosímil e imposible, pero lo realicé. Pero no se celebró la del director general de Seguridad por la interrupción que se produjo con la visita de la mujer del conde de los Gaitanes, Luis Urcía. En primer lugar, la Plata Junta se constituye por el éxito de la Junta Democrática, nada más. Y en realidad para frenar a la Junta. ¿Por qué tengo yo información de esto, siendo el artífice de toda la unión entre los partidos? Porque el éxito de la Junta fue extraordinario, no solo en el interior, porque permitió la extensión por toda España del Partido Comunista, sobre todo, porque era yo el que lo presentaba y bajaba a Puerto de España para constituir juntas democráticas locales en capitales de provincia y en pueblos importantes en todos lados. Yo llegué creo que a fundar más de 100 juntas democráticas, pero allí conté una anécdota en Gijón, donde fundé la junta democrática de Gijón, yendo para engañar a la policía, pues en un avión, en una monoplaza, un avión que alquilé en Getafe, y sin que el piloto lo supiera le dije, vamos, llena de gasolina, vamos a Gijón. Quiero decir que el éxito era grande en el interior, pero mucho más grande había sido en el exterior. En el exterior yo tenía muy buenas relaciones porque la había preparado y cultivado durante muchísimo tiempo. Yo era muy amigo, muy amigo de los comisarios de Bruselas, de Chesson, Claude Chesson, que luego fue ministro de Asuntos Exteriores, de abogados famosísimos que también han sido luego ministros como Dimas en el gobierno francés. Fui amigo de Spinelli, otro resistente italiano que también estaba en Bruselas y también conocía bastante a la comisión del Reino Unido, del duque de Shoan, el que estaba casado con una hija de Churchill. Tenían unas relaciones muy buenas, de muchísima confianza personal y política. Sabían quién era yo y lo que pretendía. Entonces Chesson me preparó en Estrasburgo, porque era de la Comisión. Entonces me preparó que diera yo un discurso presentando a la Junta Democrática en Estrasburgo, en el Parlamento Europeo. Y eso era algo tan impensable, figurar hoy lo que fue, lo que sería en España, franquista, sin presencia del PSOE ni de la democracia cristiana. La Junta Democrática presidida por mí, porque allí fue así presentado, como si yo fuera el presidente, yo no lo hice a propósito, pero Chesson me presentó como el artífice y presidente de la oposición a Franco, y me reciben como el jefe de toda la oposición. Y hoy hay un discurso muy importante, solemne y formal en el Parlamento de Estrasburgo, que produce un éxito extraordinario. Y Chesson me contesta luego, él, a ese discurso también en el Parlamento muy bien, diciendo que mi discurso había sido como una inyección, una piquillo, lo dije en francés, claro, una inyección de estímulo, porque yo en el discurso más o menos dije dos ideas. Uno, que merecía la pena el estudio de los sindicatos unitarios que estaba... trabajando comisiones obreras para ver si podía lograrse la pluralidad sindical dentro de una acción unitaria, o sea, que hubiera unidad en la acción y pluralidad en la organización, que era una idea nueva y como en eso se basaba la Comisión Obrera. pues teníamos esperanza y segunda que la libertad política que yo no pedía ayuda en nombre de la junta democrática yo no pedía ayuda ni dinero ni nada a Estrasburgo que lo que pedía es comprensión y apoyo moral sabiendo que si nosotros triunfamos sería la primera libertad política que un país europeo aporta a Europa porque la libertad política de la que los diputados de Estrasburgo disfrutaban había sido conquistada por el ejército de los Estados Unidos, en un lado, de la Unión Soviética del otro, y con la presencia, desde luego, algo más que simbólica, de General de Gaulle para Francia. Ese fue mi discurso. Entonces fue tan extraordinario que ahí ya corrió el... No digo la envidia, corrió la pólvora porque se quedaban fuera de juego el PSOE y Democracia Cristiana. Ese es el tema. Y entonces ellos habían constituido, a invitación nuestra, una plataforma de convergencia, pero que no era operativa, ni había hecho nada, nada. No había hecho un solo acto en España de nada, ni siquiera ruedas de prensa clandestinas, nada. Pero ante nuestro éxito, yo recibí una visita de Ruiz Jiménez, Joaquín Ruiz Jiménez, que era amigo mío desde hacía tiempo, era muy buena persona, era amigo. y me dijo que él creía que se podía hacer la fusión de la junta democrática con la plata junta, no, con la convergencia democrática que habían fundado el PSOE y la democracia cristiana junto con otros partidos como el movimiento comunista y la organización ORT del trabajo. Pero él, le dije yo, ¿qué programa? Y entre el programa que me dio unos principios figuraba, aceptado por la democracia cristiana y el PSOE, cuidado, el Estado Federal. Así, cuando ahora se está hablando del Estado Federal por parte del PSOE, hay que saber que en el año 76, ya en la convergencia democrática en el programa de unión, de acción teórica, porque tampoco era acción, son papeles que no actuaban. Pero ahí figuraba ya como dentro del programa del PSOE y de la democracia cristiana, tanto Gil Robles como Rui Jiménez, es decir, Gil Robles, estaban aceptando un Estado federal de España. Y eso no lo sabe nadie y lo tienen ocultado. ¿Y eso es por qué? Pues porque la democracia cristiana no tenía clientela. porque la clientela de la democracia cristiana la tenía Franco, era la Iglesia. Entonces, como estaban desesperados porque eran antifranquistas, sobre todo Gil Robles, porque Ruy Jiménez ha sido ministro con Franco, pero Gil Robles era indiscutiblemente antifranquista. Pero para que aceptara un Estado federal, porque no tenía más organización real la democracia cristiana en la clandestinidad que el PNV, en el País Vasco y Antón Cañella y la democracia cristiana en Cataluña. Esa es la razón que como tanto la Asamblea Catalana como el PNV, en aquella época, dentro de la democracia cristiana, pensaban que la seriedad era Estado federal, Gil Robles lo aceptó. Bien, con esos antecedentes Ruiz Jiménez me enseña el programa y digo imposible. Mientras yo no puse más pega, digo todo se puede arreglar. Se puede llegar a un acuerdo sin atentar los principios de la libertad. Pero esto es indegociable. España federal, no, por tanto no hay acuerdo. Pase lo que pase, no hay acuerdo, cero, imposible. Y se fue. Y al cabo de diez días me llama por teléfono Joaquín Ruiz Jiménez. Y me dijo, mira, yo creí que esto era imposible, pero con Gil Robles y tal, y los democráticos que tenemos presionados... me habló en plural, y el PSOE lo ha aceptado, que no figure la forma de Estado. Y esa fue una de las causas por las que en el referéndum sobre la reforma de Estado se habla de República y Monarquía, pero no... de la forma concreta del Estado republicano, sino que se decidieran. Por eso, porque bastaba con que ellos firmaban con no mencionar la forma del Estado ni de gobierno, porque ellos querían parlamentarismo y Estado federal, cosas que yo me oponía radicalmente. Y sabía que si eso lo expongo al Partido Comunista, dice que sí. Yo ni lo traslado, digo que no, que lo acepto, porque la responsabilidad era mía. Yo era el coordinador y director de la acción de la Junta Democrática. Y me llama por teléfono y me dice que eso es posible, que se puede subir el video. Ah, entonces sí. Pero antes, que yo digo que sí, y la cita en mi despacho todo, porque es a mi despacho donde viene el PSOE, la democracia cristiana, y soy yo el que redacto desde la A a la Z todo el compromiso durante dos días y noches trabajando para llegar a hacer el documento de unidad de lo que se llamó Plata Junta, la fusión de la Junta y la convergencia democrática. Pero entre actos, entre esos dos días, se produce un hecho extraordinario que modifica mi actitud en la medida en la que puedo, porque ya algunas cosas yo ya no podría variarlas. El hecho extraordinario es que me llama desde Bruselas Chesson, diciendo, Antonio, lo lamento mucho lo que te voy a decir, pero ha habido una reunión de Kissinger, secretario de Estado del gobierno americano, con Helmut Schmidt y con Bill Brown. Y han acordado eliminar de juego a la Junta Democrática por el peligro que implica la presencia en ella del Partido Comunista. Dice, no van contra ti. Pero creen que tú no podrás dominar al Partido Comunista y si no se interviene a tiempo para impedir que triunfe la Junta Democrática, creen que puede suceder igual que en Portugal, donde la revolución de los claveles, a los pocos meses, había terminado con el triunfo de Cuñal, secretario general del Partido Comunista, y con el almirante Coutinho. Y estas palabras, me dijo, has perdido la batalla, contra eso no podrás. De ahí que mi actitud cambie, porque yo ahora ya no quiero que la Junta entre, porque yo quiero atrasar lo máximo que pueda. la aniquilación de la acción unitaria contra Franco. Porque sabía ahora que el cambio de la táctica, que me llama Ruiz Jiménez, probablemente sin saberlo, era porque la socialdemocracia alemana le habría dado a Felipe González la instrucción de que había que eliminarme a mí, de apartarme a mí de la Junta Democrática, nada. Pero como estaba ya en marcha el proceso, Felipe González no podía dar marcha atrás sin hablar con los demócratas cristianos y esa confianza no existía en la clandestinidad. Así me encontré de repente con un peligro enorme y yo no tenía suficiente información si torpedear, favorecer, retrasar y decidí adelantar la junta. Suprimir entonces, hacerlo rápidamente todo para ver si la presencia en la plata junta, en la unión de los dos. de los nuevos partidos de izquierda que había algunos, como el Movimiento Comunista o la ORT, algunos movimientos extremistas, pudieran llevar una acción fuerte de protesta en la calle que pudiéramos contrarrestar el entreguismo del PSOE a las órdenes que recibiera de Kissinger a través de la socialdemocracia alemana. Entonces yo decidí acelerar el proceso. Por eso también voy a contar cosas que no he podido contar antes. Por ejemplo, se trata todo en mi despacho, pero yo ya sé que Felipe González entra ahí con la intención de impedir el triunfo de la Junta Democrática, que va para dinamitar aquello. Y sé que faltan unos días, que es cuestión de horas. Entonces acepto algo inaceptable para mí al día anterior y que nunca lo he podido explicar porque era un secreto y ni siquiera se lo he dicho a Alejandro Rojas Marcos. Y es que siendo Alejandro Rojas Marcos, no amigo, sino uno de los fundadores de la Junta Democrática, sin embargo, Felipe González puso el veto de que en la Plata Junta no podía entrar ni estar presente el Partido Socialista Andaluz. Y yo, que nunca he aceptado jamás una injusticia, ni política ni algo contra mis principios como es que un partido vete a otro en una lucha clandestina contra Franco o contra el régimen sin embargo lo acepté y no podía ni decir a mi íntimo amigo la razón porque aquel era un secreto enorme que me había confiado a mi Chesón y yo no podía decírselo a nadie yo sabía que el PSOE venía a hundir a la Junta Democrática eso no me lo dijo Chesón pero lo que me dijo era suficiente entonces acepté todo para terminar rápidamente con la esperanza de ir luego, que ya a la desesperada, sabiendo que estaba perdida la batalla, una vez una sola unidad en la Plata Junta, viajar o proponer a la Asamblea de Cataluña, Y a la PNV, bueno, el PNV estuvo al principio en la Junta, fue el primera persona, José María Lazarte, del PNV, fue el primero que entró en nombre del PNV en la Junta Democrática antes de ser Junta Democrática. Cuando propuse fue el primero que entró con la letra A. Bien, porque luego cada uno iba entrando en una letra y no sabían quién les precedía, porque yo ya tenía experiencia de saber que para que una oposición, una dictadura triunfe, tiene que hacerse secreto todo, hasta el punto que ni siquiera los que están dentro de una plataforma contra Franco sepan quiénes están hasta el momento decisivo. Esa es la originalidad de mi fundación de la Junta Democrática. Y triunfó, claro. Pero ahora ya no pude decir ni secreto, precipité la fusión y enseguida se convocó una reunión en la calle del Limón, en la sede del partido caldista, pero en una semana, enseguida, muy pronto, muy pronto. Pero no pudo celebrarse, porque yo esto en la Junta se funda el día 28, no, en la Plata Junta se funda, se firma el documento el 28 de marzo, y el día 29 me detiene la policía. Así que el plan era mucho más avanzado de lo que yo creía, porque el plan de Felipe González y de Fraga era que yo entrara en la cárcel. para poder pactar y que el PSOE entrara en la ventanilla de Carlos Arias, en el gobierno de Carlos Arias, anterior a la muerte de Franco, antes de Suárez. Pues estaba el pacto de Fraga y PSOE, que el PSOE apoyó las asociaciones de Carlos Arias, del franquismo puro y el que se oponía era yo. Entonces lo primero que hicieron El 29 es firmar la… y viene la policía, que es donde me detengo. Es que al día siguiente viene la policía porque tenemos que presentar la plata junta en mi despacho a la prensa. Viene la policía a las 5 de la tarde. Me llamó Ruy Jiménez para advertirme que él no iba a venir, que iba la policía, pero ya era tarde. Cuando él llamó, digo, si aquí está ya Raúl Morodo, estaba también Nazario Aguado, estaba también Javier Solana, el de la OTAN, estaba Javier Torronsoro, había del movimiento comunista. Y yo le dije, ya no, yo no puedo ahora, ¿qué voy a decir, que se vaya o no? Y no había colgado el teléfono y la policía entró. Y nos detuvo a todos. Bueno, pues, eso fue motivado porque en una reunión de Felipe González con Fraga, le dijo Felipe González a Fraga que mientras yo estuviera en la calle, literalmente, esa entrevista se celebró en la casa de los Arnedos, que eran los padres de la mujer de Miguel Boyer, en el Viso, detrás de mi despacho, muy cerca. de la castellana, y no dijo más. Yo no tengo más información que esa. Yo nunca he tenido información de que Felipe González pidiera a Fraga que me encarcelara. Esa no la tengo. Lo que sí tengo es que dijo literalmente, mientras esté en la calle, no podemos... hacer nada, porque todo lo que tenemos preparado llegamos a las reuniones con él y los destroza Trevijano, los destroza, los que asisten. Se acobardan o no sé lo que pasa, el hecho es que regresan del despacho de Trevijano sin haber conseguido lo que hemos acordado. Y eso motivó mi detención y cuatro meses en la cárcel. La reunión de Kissinger con la socialdemocracia alemana, donde dijeron, voy a terminar, los acuerdos que tomaron, de los que yo estaba informado perfectamente a través de mis amigos europeos, era uno, que Juan Carlos designara a un jefe de gobierno a la muerte de Franco de su misma generación, que no designara a otros mayores, eso lo sabía yo. Y después diré, ¿por qué? Porque cuando salgo de la cárcel, el día 13 de junio, ya ese mismo día, 13 de junio, es la crisis del gobierno Carlos Arias. Y Fraga ha dimitido, no, lo han expulsado, ha dimitido el gobierno. Y Fraga también. Y por eso yo salgo ese mismo día en la cárcel. Yo era prisionero de Fraga, de ningún juez ni de nada, era Fraga. que de acuerdo con Felipe González me tenían prisionero para que no hiciera nada en la calle. Bien, nada más que salir de la cárcel, convoco a la Junta Democrática. No se había hecho nada en mi despacho. Y he hecho de verdad una bronca, diciendo, ¿pero qué habéis hecho? En cuatro meses no ha habido ni una sola protesta, ni una manifestación, silencio total. Y entonces, ahí, en esa reunión, donde yo voy a convocar luego algo que nadie aprobó, unas manifestaciones en toda España pidiendo libertad, amnistía, ahí tengo la ironía de decir, al empezar, después de la carta, decir lectura del acta de la sesión anterior. Y en el acta de la señora le empiezan a leerla. Claro, el secretario de la reunión, que era uno de mis seguidores, que estaba en mi despacho, uno de los abogados, lee, Mújica queda para la sesión posterior, la entrada del PSOE... en la ventanilla de Carlos Arias, que había dimitido el gobierno de Carlos Arias, ya no había gobierno. Y yo, a sabienda, hice poner en ridículo al PSOE, diciendo, mira lo que queríais, y hasta afuera. Entonces, se ensarce una discusión de toda la Junta de quién va a nombrar. Y todos dijeron Areilza, otro dijo Torcuato Fernández Miranda, y no hubo más que esos dos nombres. Yo permanecí como casi siempre, en silencio, y hablaba el último. Y cuando hablé yo dije no. Van a nombrar a uno de la misma generación que Juan Carlos. No dije quién. Bueno, cuando nos reunimos en la Junta, la semana siguiente en la Junta otra vez, la Plata Junta ya, ya estaban a nombrar a Suárez. Yo no había dicho más que uno de la misma generación, Suárez. Entonces cuando se leyó, Porque cuando se leyó, la junta anterior fue, no en la reunión cuando yo salí de la cárcel, sino esta, la de la segunda semana. Y ahí, cuando se leyó lo de la plata jonte, era tan ridículo que el propio Múzica dijo, no hay peor que ser ciego, Santa Lucía, Santa Lucía no es peor que el que no quiere ver. Con eso he contado con mucha precisión, porque me acuerdo muy bien los días y los exactos. donde yo ya confiaba nada más que en ese momento, ya con Suárez, y es más, hubo declaraciones de todos los partidos, yo también en la prensa, ahí están en la prensa, y el único que dijo que Suárez, porque todos dijeron un falangista, falangista, falangista, como yo tenía mejor información que todos, dijo sí, sí, ministro de la falange, pero con unas relaciones extraordinarias con el Opus Dei y con Torcuato Fernández Miranda. Así que esto no es un retroceso, esto es una nueva generación que llega con nuevas ideas. Dije la palabra, y eso está en el periódico ya y en otros periódicos, que el que dude que fui el único que dijo, mientras que todas las partes dijeron, paso atrás, esto es una reacción, es la falange. Yo dije no, porque... tenía la información que me habían dado, el consejo que le habían dado al rey, que eligiera de primer ministro, de jefe de gobierno, a uno de su generación. En un momento clave, sí, claro. Entonces, para contrarrestar el movimiento, que ya lo veía venir yo, de la traición, yo no esperaba lo que pasó, pero sí esperaba que el PSOE En primer lugar, Santiago Carrillo se dio, como era más listo que los demás, no digo más inteligente, digo más listo, se dio cuenta por mis actitudes, mis actitudes quiero decir, mis palabras y mis negociaciones que se la transmitían, ...a Santiago Carrillo... ...en París... ...dedujo que yo estaba poniendo inconvenientes... ...claro, porque pertenecía a la primera etapa... ...que yo estaba poniendo obstáculos... ...porque no me fiaba del PSOE... ...y entonces es verdad... ...que él entonces me llamó... ...yo fui a París... ...y me dijo Antonio que nosotros... ...si no se use la... ...nosotros el Partido Comunista... ...si no se produce la fusión... ...de la Junta de Morete con la Plata Junta... ...nos vamos, abandonamos... Yo calibraba esas palabras, como he calibrado siempre, las palabras de los políticos en función de sus intereses. Yo sabía que eso no dependía de él, que el Partido Comunista no podía tirar por la borda lo que había conquistado de presencia en la sociedad española a través de la Junta. Pero era un peligro real que me estaba amenazando con irse si no facilitaba yo un acuerdo rápido. Cuando me... Chesón. Me dice prácticamente la postura de Kissinger, que estoy yo perdido, se juntan los dos temores. Uno, el de los americanos y dos, el de Santiago Carrillo, que ya no cuento con él con una lealtad total como hasta ahora había tenido. Esos dos temores me precipitan la acción. Entonces convoco una junta en la que antes te lo interrumpí, en la sede del partido carlista. en la calle del Limón, muy tarde, a las 12 de la noche, por ahí muy tarde, en el Viejo Madrid, ahí en la calle del Limón, para proponer nombrar a dos personas que vayan a Valencia, donde he preparado yo la reunión de catalanes y vascos que iban todos a acudir a Valencia, para que las plataformas regionales, donde estaban de oposición a Franco, se unieran en un solo organismo, que se llamaba Plataforma Opon, no me acuerdo el nombre, que no tengo el documento, y que ese documento también tenía un esbozo redactado por mí, pero yo no prejuzgaba la redacción final. Se celebra la Junta... donde asiste muchísima gente, asiste por lo menos, había 40 personas o más allí. Y yo anuncié el programa, dije lo que iba a ser Valencia y que yo renunciaba a ir de delegado, porque había que nombrar dos delegados para viajar a Valencia. Y yo anuncié, como presidía el acto en tanto que era el coordinador de la Plata Junta, anuncié que a mí no me votaran porque dijeron, vamos a elegir a dos. Digo, yo no me presento candidato. Muy bien, pero ¿por qué no? Pero ¿por qué lo hago? Porque ya sé yo que si yo me presento candidato es una provocación para el PSOE. Porque yo sé cómo están ya las... Es más, yo a algunos amigos se lo dije. En aquel tiempo... como aquella reunión de en Limón. ¿Qué tensión habría para que a las 3 de la mañana cuando termine la reunión y salgo yo me voy solo, a propósito, voy doblando la esquina y corro, porque yo tengo miedo que me haga un atentado el PSOE. Hasta ese punto estaba yo informado de que el enemigo de verdad de la libertad política en España y de la lucha de todos los partidos contra el franquismo era el PSOE, porque no quería de ninguna manera la ruptura, quería el pacto y el inconveniente era yo. Bien, hasta ese punto, hoy me parece ridículo, pero en aquel momento, ¿qué tensión habría? ¿Qué informes tendría yo para pensar que yo era ya un objetivo para el PSOE, pero de la vida? Si yo había estado en la cárcel para él, eso lo sabía yo. Para el siguiente paso, eliminarme físicamente. Allí, en esa reunión, a pesar de que yo digo que no voy, se celebra la votación y yo no intervengo en ella, ni digo nada, y resultado, con una gorra, me acuerdo, una... Gorra estas vascas con visera, se echan la papeleta y sale... Yo no voté, ni voy ni voté. Y la paleta sale un resultado horrible. Sacaron, había casi 30 personas, no llegaba, veintitantos con derecho a voto, que había más delegados de toda España. Y sacó Simón Sánchez Montero, 23 votos. El señor Trevijano, 26 votos y Mújica, 3 o 4 votos. En ese momento se levanta Mújica y a gritos, delante de todos los siete, dice, saca un papel en la mano gritando, el PSOE es incompatible moralmente con Trevijano. Mañana leer en los periódicos lo que vamos a publicar. Y se fue. Por eso yo tenía miedo, tal miedo tenía que cuando llego a mi casa a las 3 de la noche y mi mujer me estaba esperando, Le dije a mi mujer, menos mal, me acaban de perdonar la vida, porque el PSOE me va a difamar. Ha sacado un papel diciendo que leamos los periódicos. Y si me difaman es porque no piensan matarme, así que menos mal que me van a difamar, pero no me van a matar. Esa es la pura verdad de ese día. El papelito aquel era un papel anónimo. Eso hoy, cuando se dice hoy, no lo puede creer nadie. Pero ¿cómo? Que la disfamación del señor Trevijano, que millones de españoles todavía lo creen, que era un papel anónimo, sí, sin firmar, nadie lo firmó.