COLOQUIO CON TREVIJANO EN VALENCIA (III): LA VERDAD SOBRE GUINEA ECUATORIAL
Transcripción
Locutor 01
Me llamo Delfín Mugache Mazoco, ciudadano de la República de Guinea Ecuatorial.
Locutor 00
¡Uy, qué bien! ¡Qué maravilla!
Locutor 01
Yo he leído su libro, su ensayo, mi intervención en Guinea Ecuatorial. He leído también las novelas, los libros de Donato y demás autores de Guinea Ecuatorial. Y a usted se le acusa como el estratega, la mano derecha de Macías. Y además la constitución de 1973 que escribió Macías y cortó al pueblo una constitución dictatorial fue obra suya. Usted financió, se le acusa igual, igualmente que financió a todos, a Macías, a su cúpula y a Macías. Me alegro. ¿Que no qué?
Locutor 00
Bien, ¿puedo ya hablar yo?
Locutor 01
Ah, bien, siga.
Locutor 00
No, no termine. Siga hasta mañana.
Locutor 01
¿Por algo será? Yo tengo 29 años, la única historia de Guinea que conozco, mis compañeros, y el 80% de la juventud de Guinea Ecuatorial es de la que nos ha escrito los escritores guineanos. Y lo único que están pidiendo es, y le están preguntando a usted, yo le pregunto, si desde que murió Macías ha ido usted a Guinea Ecuatorial para ver lo que el gobierno español ha establecido ahí y su política con Macías también.
Locutor 00
Respondo. Todo lo que usted ha dicho es una absoluta falsedad, mentira, de la A a la Z, falso. Primero, yo no hice la constitución que entró en vigor en Guinea, sino Castilla, Franco, Herrero Tejedor, Herrero de Miñón. La mía no estuvo en vigor. Macías llega al poder en virtud de la constitución que le da España. Segundo... Macías me invita en la independencia para ponerme en la primera condecoración de Guinea. Y yo no voy. Y digo que no voy a Guinea porque no estoy de acuerdo con Macías, con él. Porque nombró al gobierno nada menos que a dos traidores mentirosos como Atanasio Endongo y Saturnino Ibongo. Esos fueron a la ONU pagados por Castilla. junto con Balboa, le nombren todos los nombres que a usted le suena porque usted es muy pequeño. Pero le hablo, le hablo de todos. Se fueron pagados por el gobierno español para que me difamaran ante el comité de los 24 en la ONU. Y Atanasio Endongo y Saturnino Mongos dijo que habían estado en mi... Yo no los conocí nunca, ni les vi la cara. Que habían estado en mi despacho en la castellana 102 y le había dado un millón de pesetas a cada uno. Ni los vi en mi vida. Y no fui a Guinea cuando Macías me llamó y mandó a su secretario general, Pedro Elá, a Madrid para que fuera. Y me ponía, me pagaba un avión americano y dije, no voy. ¿Por qué? Porque Macías nombró. Ministros, a vos traidores desleales que me habían difamado a mí. Y digo, yo no voy mientras esos señores estén en el gobierno. Y por escrito le dije que no iba por ello y que además que él lo lamentaría porque esos señores le darían un golpe de Estado a él. Está escrito en una carta vacía y no fui. Bien, ¿qué pasó? Eso fue en octubre, que en vez de marzo hubo un golpe de Estado. ¿De quién? Castilla, con la cañonera Hernán Cortés, el buque, y la Guardia Civil Española. ¿Quién eran los que presidían el golpe de Estado en Guinea? Atanasio Endongo y Saturnino Ibongo. ¿Cómo lo hicieron? Asaltaron el palacio a las 3 de la mañana, apoyados por esas puertas, con un reducido grupo de partidarios armados. Toman el palacio a las 3 de la mañana. Se sienta en la mesa presidencial Atanasio y dicta un telegrama a Castilla diciendo que ha tomado el poder del palacio, misión cumplida. Ese telegrama lo tengo yo. Y el mayordomo del palacio de Macías le pide a Atanasio que le traiga un vaso de agua. El mayordomo sale a por el vaso de agua y no vuelve. Va y le avisa a Macías que estaba durmiendo en su casa en un chalé para decirle lo que ha pasado. Atanasio, cuando no vio a Macías en el palacio, ordenó a esos policías que cercaran el chalé de Macías y que había una persona parecida a Macías que se había apoderado de la casa y que prendería ahí y que lo mataran. Que cuando saliera con el coche, que mataran a todos sus ocupantes y apostaron para disparar sobre el coche. El mayordomo le dice a Macías, que era muy nervioso, que era habiendo un golpe de estado de Atanasio, Y cogió una pistolita y se fue andando. Claro, al andar de su coche. Diciendo, ¿dónde está el traidor? La policía lo reconoció y se puso detrás de él. Y los que iban a matarlo se pusieron detrás de él. Entraron en el palacio y mataron a Atanasio Endongo sentado en la mesa. Y Saturnino Endongo se tira por la ventana. Se rompe una pierna. Le tiran, lo hieren además. Lo meten en la cárcel y le murió a los tres días en la cárcel. ¿Cómo? ¿Cómo que dice? No señor, no sabe usted lo que está diciendo. Usted no sabe nada, nada. De eso no sabe nada, nada. Cállese, cállese. Usted no sabe los libros, pero es que en los libros no miente. ¿Pero qué dice usted? Pero que le estoy diciendo que es mentira. A Atanasio lo matan y el que salta por la ventana es Saturnino. Pero bueno, vamos, con usted no puedo hablar. Imposible. Pero si soy yo testigo, pero ¿qué me está hablando a mí de libros? ¿Qué libros? ¿Quiénes son? ¿Quieren callarse? O se callan o le digo que lo echen de aquí. Usted ha hablado libremente. Escuche ahora, por mucho que le fastidie, que usted está equivocado sobre mi persona. No, bien, cállese. Esos fueron, Atanasio matado allí, que saltó por la mañana Saturnino. Bien, pero ahí no termina, ahí empieza la historia. La historia es que Macías, eso fue en el mes de marzo, Macías en el mes de mayo, no, entonces corre pánico en Guinea. El embajador Durán, español, recorre todo Guinea para pedirle a los inversores, a los dueños del cacao, el café y la madera, que están en peligro, que se vayan a España. Y a las monjas de los hospitales las asustan hasta tal punto que las monjas sacan a la calle colchones y sábanas y los queman para que no caigan en poder de los guineanos, del gobierno guineano. Y ese Durán, ese pobre hombre, nefasto y tan peligroso, consigue que los productores, los dueños del cacao se vayan y en España encuentran a Manuel Jiménez de Parga, que fue ministro, alumno mío en la universidad, lo conozco de sobra. Ese constituyó una asociación de perjudicados en Guinea. Macías corría detrás de ellos para que no se fueran porque no perseguía a nadie, ni hizo ningún decreto de expropiación. Pero en España, con la ayuda de Jiménez de Parga, los dueños del cacao fueron indemnizados por el Estado español y siguen allí porque nadie la ha expulsado. Ese empieza ya ahí. ¿Y quiénes eran ellos? Mis enemigos. Los colonialistas, esos eran los amigos de Carrero, amigos de Franco, generales, mis enemigos. Esa fue la asociación que fueron indemnizados por el Estado español cuando ni siquiera habían sido expropiados. Macías me manda un recado que vaya a Guinea, suplicando que sea equivocado. Y yo no voy. Hasta que me llega la noticia de que no hay ni medicinas para los hospitales. Ni medicinas. Y entonces me da pena, piedad, piedad por su pueblo, no por Macías, piedad por los que estaban sufriendo. Y me voy a Guinea. Voy a Guinea en la independencia, segunda, primera vez, 12 de octubre, del primer aniversario al año siguiente. Voy, saco un billete de avión, me voy al aeropuerto y me voy a embarcar y me echan. No me admiten en el avión, porque Fraga... Y Villar Palací, dos ministros van a la fiesta, van, claro, y sabían quién era yo, y fíjate cómo se frotan las manos, Trevigano en tierra. Llama Macías, por teléfono desde el aeropuerto, le digo, me acaba de pasar esto, y me dice Macías, váyase usted ahora mismo a París. y coger el avión de la línea que va a Douala, Camerún. Y yo mandaré un helicóptero de los que están buscando petróleo, que no habían encontrado todavía americanos, para que lo traigan. Me fui a París, me fui a Douala, y cuando llegó, llegué yo, llegué a la tribuna de la fiesta de la independencia, llegué antes que los ministros españoles. Figuraron la cara que pusieron cuando me dejaron tirado, y me vieron allí presidiendo el desfile. Con eso le quiero decir que ni yo he hecho ninguna constitución. Segundo, ahí termino. Macías, en ese viaje yo hice, primero, romper el aislamiento que tenía Guinea. ¿Qué hice yo de memoria? Sin ningún libro. Hice un contrato de buena vecindad, un tratado de amistad con Nigeria, otro con Gabón, otro con Camerún, con los tres vecinos, para que no atacaran a Macías por los lados. no me gasto con eso, y le dije a Macías, aquí hay, yo no había estado en Guinea, no conocía bien, conocía muy bien África, en la teoría, pero en la práctica no, pero aquí hay religión católica, sí, sí, hay obispos, sí, sí, hay un obispo, muy bien, vamos a hacer otro tratado, un concordato con el Vaticano, pero cómo es posible, hice un contrato con el Vaticano, un concordato, para que por lo menos tuviera Macías la protección de la religión católica, y tuvo éxito, pero ahí no terminó. Porque dice, ahora, ¿qué hago? No tengo moneda, no tengo ecuales, no tengo medicina, no puedo vender el cacao, estoy cercado por España, no puedo hacer nada. Digo, nombre una comisión, yo me voy a Madrid, que vengan tres y los llevaré y les abriré los mercados a Guinea. Me fui a Nesle, a Suiza, todo pagado por mí. Viajes de avión y viajes, todo pagado por mí. Yo no acepté jamás un céntimo de Guinea. Yo pagaba todos los gastos. Llevé a esa comisión a la casa Nestle, que es la que más consumía cacao. Hice un contrato de suministro directo. Luego fui a Londres con ellos. ...y con el presidente de la bolsa... ...les presenté a todos... ...para cacao, café, madera... ...y ahí empezó un comercio... ...que también abrí yo... ...y formó... ...creé una... ...una empresa que después no sé si iría bien o mal... ...Infoge... ...para que fuera el Estado... ...el que realizara todas esas importaciones y exportaciones... ...¿de qué me acusa usted? ...de que luego yo... ...apoyaba a un dictador... ...es verdad... ...usted nos ha oído campanas y no sabe dónde... ...y yo las voy a decir... ...hubo un momento... ...en que Macías... se desvió hacia la dictadura. Y yo no estaba allí, ni sabía nada. Entonces vino a verme el embajador de España, de Guinea en España, Esteban Onsué, con una señora que le estaba financiando, a pedirme, a decirme, mientras usted esté presente, es imposible que podamos derribar a Macías. Y viene a verme en nombre de la oposición para que yo dé un golpe de Estado contra Macías. Y le digo, pero tú te has confundido por completo. Y este fue un buen amigo. Se portó muy bien durante la independencia. Le digo, tú te has confundido. Yo me ocupé de la independencia de Guinea mientras pertenecía a España. Lo hice como español. Pero para mí los asuntos guineanos son extraños a mí. ¿Yo cómo voy a intervenir en un golpe de Estado? Yo no intervengo en la política interna. Y me negué. Entonces Esteban González convenció. de que mientras yo estuviera al frente de la oposición española, porque yo era el jefe de toda la plataforma, de los partidos todos, menos del PSOE, porque no estaba después, también entró. que mientras yo estuviera, era imposible derribar a Macías, porque presuponía que yo lo apoyaba, cuando yo hacía ya dos años que no iba ni a Guinea, yo fui a Guinea tres veces, la primera vez una semana, la segunda, otra semana, y si en toda mi vida he estado tres semanas. Y se me acusa, bueno, digo, Esteban González. Esteban González coge un papelito del Ministerio de Asuntos Exteriores, con el membrete, no sé cómo lo sacó, de la embajada, sin firmar por nadie, ni una firma. Y pone, el señor Trevigano es dueño del cacao, el café y la madera de Guinea. Segundo, es dueño de todo el comercio al pormenor en Santa Isabel, en Malabo, lo que es hoy Malabo. Tercero, redacta las sentencias de muerte que dicta Macías. Cuarto, ¿Quieres que sigáis? Lo mismo todo. ¿Cómo? Pero si se estaba acusando Macías que mataba a su enemigo sin sentencia de muerte. ¿Cómo yo voy a derrotar sentencia si no hay una sola sentencia de muerte dictada por Macías? ¿Pero dónde? ¿Yo dueño de Guiná? ¿Dónde están las propiedades mías? ¿Cómo? Si no he sacado una peseta en mi vida ni he tenido nada aquí. Y esas falsedades lleguen. Pero hay un señor. que luego el que era jefe de la oposición en España, que vivía en España, que era enemigo mío. Y escribió en los periódicos diciendo que me veía un señor tan elegante, tan vestido de blanco, tan distante. Lo veíamos inalcanzable. Teníamos una mezcla de admiración y odio. Porque creíamos que ese señor estaba financiando y pagando a toda Guinea. No me acuerdo ahora su nombre. ¿Lo recordaréis? ¿Cómo? Severo Motto. Sí, señor. Severo Motto. Entonces, de repente, escribe Severo Motto. Un artículo. en el diario El Mundo, diciendo exactamente lo contrario que usted acaba de decir. Es falso todo. Yo le tenía odio a Trevijano. Lo veía como un dios inalcanzable para nosotros. Y todo lo que se ha dicho de él es falso. Nunca intervino, nunca en un céntimo. Jamás apoyó a Macías. Simplemente fue cuando el pueblo estaba necesitado de esa ayuda y lo hizo. Y todo eso está escrito en el periódico El Mundo. Basta que usted lo lea para que sepa quién es Trevijano. Y desde aquí en adelante, usted cuando me nombre, tenga respeto por una persona Que hasta en las selvas de su país, mujeres parturientas pusieron el nombre de trevijano a algunos de sus hijos porque me llamaban atón. Y si usted sabe lo que eso significa, basta. No me ofenda más sin conocer la verdad. Porque quien a mí en mi cara me ofende, recibe mi réplica en el acto. Y le digo, usted es un embustero y difamador.