MONÓLOGOS EN SOMOSAGUAS: CONFERENCIA EN VALENCIA Y ESPONTANEIDAD (LCTV 11-12-12)

2012-12-13 Libertad Constituyente TV 9:39 YouTube ↗
MONÓLOGOS EN SOMOSAGUAS: CONFERENCIA EN VALENCIA Y ESPONTANEIDAD (LCTV 11-12-12)

Transcripción

Desconocido

Gracias.

Locutor 01

Hola amigos, bienvenidos un día más a Monólogos en Somos Aguas. Hoy hablaremos sobre la conferencia... No, hoy hablará, porque es monólogo. Hablará Don Antonio, hoy hablará Don Antonio sobre la conferencia que va a dar usted mañana.

Locutor 00

Voy a pronunciar, impartir, porque yo recuerdo un artículo de Ortega que decía el terrible anuncio de dar una conferencia, porque parece que va a dar un pelotazo, que va a dar... Al dar, no se dan las conferencias, se pronuncian, se imparten las clases, no se dan. Pero es verdad que el uso de dar conferencia, dar una clase, está muy extendido y es correcto.

Locutor 01

Pues hoy hablará sobre esa conferencia, don Antonio, que será mañana, día 14, en la Universidad de Valencia, en la Facultad de Geografía e Historia, a las 6. Invitamos a todos los que quieran escuchar a don Antonio. Que vayan a esta conferencia. Don Antonio, ¿sobre qué va a hablar usted mañana en Valencia?

Locutor 00

Pues la verdad es que todos los que me conocen o ya me han oído en otras conferencias, es que no sé de qué voy a hablar. Pero no es que no lo sepa porque tengo tiempo todavía, es que no lo quiero saber. porque en una conversación no voy a impartir una clase, ni a pronunciar un discurso, sino que voy a dialogar con los asistentes, puesto que le doy más tiempo casi a las preguntas y respuestas que a la propia introducción al tema de mis palabras. Y nunca sé de lo que voy a hablar hasta que no estoy un segundo antes de empezar a hablar. Hasta entonces no lo sé. Pero cuando entro en la sala, según el número de asistentes, según que sean muy grandes o medianos o pequeños, según la edad de los que vea predominantes, si son mayores o menores, los sexos, si es femenino o masculino, todo eso me influye decisivamente para saber qué tema. Y empiezo con unas palabras generales. de que claro me conoce la gente siempre hay alguien que me presenta antes por educación pero no porque no me conozcan porque todo el que va a la conferencia me conoce de antemano, sabe quien soy pero siempre hay una formalidad agradable que otro te presenta y siempre el que te presenta dice algo con lo que yo o no estoy de acuerdo o quiero precisar. Y como no pongo entrecomillados, porque me horroriza emplear con diálogo, empiezo ya. diciendo algo crítico referente a las palabras que han dicho de elogio, siempre de mí, pero algo con lo que no estoy de acuerdo. Y según cómo reaccione la gente, yo lo veo en las caras enseguida. Yo no necesito ni que me aplauden ni el silencio, sino que a los dos minutos de estar hablando ya sé qué tipo de auditorio tengo. Si es crítico, si es entusiasta, si es escéptico, eso lo veo enseguida. Y eso me inspira ya. Empiezo a hablar, a hablar, a hablar, a hablar y el discurso, conforme voy hablando, voy conectando con el público y cuando veo que ya he conectado, hablo ya con total y absoluta sinceridad, sin cuidarme de la conveniencia de las formas. No me preocupa si consideran que soy demasiado valiente o demasiado aventurero. Eso no me preocupa. A mí me parecen tonterías. Voy derecho al grano y es la improvisación lo que me agrada. Por eso es imposible que yo repita en una ciudad. la conferencia, el discurso o la charla que haya tenido en otra ciudad. Es que yo mismo después no me acuerdo. Si me dediqué a hablar, no me acuerdo. Pues para eso están los televisores y está la radio que recogen mi... Pero yo improviso. Y en cada improvisación hay algo nuevo que no he dicho antes. Porque el acto de hablar para mí, como el de escribir, es un acto de pensar. En eso quizás consista la principal diferencia que encuentro entre mis charlas o mis discursos o mis conferencias con las de los demás. que los demás sí es verdad que los pensadores, sobre todo escritores profundos, escritores de cosas serias y reflexivos, pues saben que se piensa al escribir. Pero yo nunca antes de mí había conocido a nadie que pensara hablando. Y yo sí. Yo cuando me hablo, voy pensando. Y a veces pienso cosas nuevas, cosas que antes no había pensado. Por eso yo mismo me enriquezco muchísimo cuando hablo, no como dicen demagógicamente los muchos oradores y profesores de sus alumnos que aprenden dando clases porque aprenden de los demás, no, yo no aprendo de los demás, desgraciadamente, eso es lo que quisiera, lo que aprendo yo es que al tratar de explicar algo difícil a los demás, reflexiono y pienso y se me ocurren ideas que antes no había pensado. por eso yo cada charla avanzó en mi pensamiento y estoy me gusta me gusta y disfruto y pero no por el acto de mucho menos de ser aplaudido es que yo disfruto porque es noto que mi cerebro al hablar me obliga a una espontaneidad reflexiva porque la espontaneidad es algo bueno luego aunque muy difícil que los grandes filósofos alaben la espontaneidad hay dos Uno de ellos, nada menos que Leibniz, que hizo un elogio a la espontaneidad, pensándose en las mónadas y la comunicación, que era imposible entre ellas, sino a través de la mónada trascendente de Dios. Y otro es Granchi. En Granchi también hay una gran alabanza de la espontaneidad. Y yo también la alabo. Me gusta la espontaneidad. Porque la espontaneidad enseña muchísimo. Enseña, uno, a dominar al instante los instintos. El juego sonoro de la palabra me gusta, instante e instinto, no tienen nada que ver, pero es bonito utilizarla, porque tienen un sentido poético cuando se unen, porque es verdad que los instintos actúan al instante, si no los dominan. Bueno, pues la espontaneidad enseña... a dominar, domesticar, frenar lo que puede ser peligroso en la expresión por demasiado temerario, por demasiado tímido, pues al hablar te va enseñando y también te va educando a ti mismo en la expresión. Y esas reflexiones se traducen luego en el contenido del pensamiento, que es maravilloso cuando se basa en la espontaneidad. Luego, la espontaneidad implica que no hay hipocresía, que no tienes tiempo de estar calculando los efectos de tu palabra. Si vas a tener con ellas más parte, eso en un político es casi prohibido. Un político que hable espontáneamente estaba perdido, porque no tienen idea, no saben, no son pensadores. Y llevan todo preparado. Y cuando hablan con espontaneidad repiten malamente, de una manera torpe, los tópicos y las frases hechas que tienen aprendidas desde que empiezan en la política para su propaganda. La propaganda del partido o la suya propia. pero no reflexionan hablando, no reflexionan escribiendo cómo hacer hablando. Pero yo tengo, desde muy joven, desde muy pequeño, como me molesta muchísimo repetir cosas que oigo y que no me gustan, pues aprendí el arte de pensar hablando. Por eso no me preocupo de la retórica, ni de la fonética, ni de las cualidades del orador. que es verdad que la fonética y la articulación es fundamental. Yo voy muy deprisa, pero no como Fraga. En Fraga, su cerebro, como no piensa, dice cosas tópicos, va más deprisa su cerebro que su lengua, y por eso no se le entiende lo que dice. A mí sí se me entiende, pero también, como tengo que crear, voy creando, pues la articulación de la palabra, el idioma, tiene que estar al servicio de la creación, por eso puedo titubear y no me importa, o pronunciar mal una palabra y no me importa, al contrario me gusta, porque es espontáneo, porque eso me está ayudando a ir creando, pensando, reflexionando. Y creo, de verdad, que muy pocas veces en los libros clásicos de la retórica, en los que tenemos nada menos que la gloria en los españoles, de tener a Quintiliano, por ejemplo, que nació en Calatayut, en Calahorra. Pues ese arte se ha perdido. Y ahí es verdad que se enseña periodismo, pero en la escuela de periodismo no se enseña lo que es el arte de pensar cuando se escribe, ni el arte de pensar cuando se habla. Y eso yo lo he practico. Por eso no sé decir, no sé expresar hoy de qué voy a hablar en Valencia. Pues depende del público que venga allí. Según él, yo le voy a hablar a ese público. Y en otro sitio hablaría de manera diferente.