TREVIJANO cuenta como JUAN CARLOS TRAICIONÓ a su padre
Transcripción
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que los que hemos vivido la historia no tenemos que interpretar el pasado con arreglo a los valores del presente, defecto de todos los historiadores, sino que yo cuento lo que pasó cuando yo era más joven, por qué lo viví. Entonces, por ejemplo, en los primeros días de julio del 1969, en los primeros días de julio, El banquero, que era vicepresidente del Banco Popular, Luis Baltaverner, me pidió que, como yo hablaba muy bien de mí, el coronel, que era el director general de la seguridad de la policía, Eduardo Blanco, porque sabía mis comportamientos, conocía... Y el ministro Camilo Alonso Vega también, yo no lo conocía, pero Luis Valls me aseguraba que tenía un concepto muy bueno de mí, como si yo fuera, él pensaba que no era partidario del régimen, pero que yo era un patriota. Entonces me pidió Luis Valls que me invitara a comer yo a Camilo en mi casa. porque él lo haría, él haría la invitación, la crucería, con su mujer, Doña Ramona, porque mi mujer francesa, Francine, tenía fama, como había estado en Estoril, porque yo me voy a Estoril en los veranos, alquilaba un chalet para estar cerca del conde de Barcelona y poder asesorarlo, y el conde de Barcelona sabía que cuando mi mujer hacía una cocina era extraordinaria. pues eso lo sabía Luis Valls, y dice, ofrece, dile a Francín, él conocía a mi mujer, dile de mi parte que haga una comida a ella, lo que quiera, pues una desperdicia, algo así, que ella conoce como nadie, y invitamos a, y bueno, se lo dije a mi mujer, y bueno, encantado, y yo no lo conocía, y fuimos a la comida, y cuando estábamos en el segundo plato de la comida, yo le digo a don Camilo, Le digo, no entiendo por qué el ejército y usted general y tantos generales están de acuerdo y quieren que Franco nombre sucesor a Juan Carlos. Y eso es un error. Y Arizquiel dice, pero ¿cómo es un error? El caudillo, dice el caudillo, no se equivoca. Bueno, si usted tiene de darle una impresión la más alta que se puede tener de un semejante, de un mortal, desde luego, para mí es como Dios. Entonces, ¿por qué si es como Dios? ¿Le permiten, le toleran que cometa la debilidad de nombrar un sucesor? ¿Y si sale mal? Eso, Franco, porque usted debe de proteger que no nombre, para que, Franco, su memoria no sea manchada por el sucesor. Si no, digo, porque haga lo contrario de él, que sea un fracaso. Bueno, empleé muchos argumentos y lo convencí, ante mi asombro. Entonces estábamos en el segundo plato y iba el tercero y dijo, perdonarme, me voy ahora mismo al Pardo, era la una al muerto. No recuerdo el día, era de los primeros días de julio, el día 3, 4, 5 de julio por ahí, o en San Fermín, pero muy cercano ya al 18 de julio. Y él, si me voy al Pardo, esperarme, no vaya ahí a su mujer, no te vaya, sigue, continúa el convento, que es bueno porque ahora estoy yo preocupado de que nombre a Juan, voy a ver si lo convento. Y se fue. Y estuvimos esperando, Luis Balso, mujer a mujer, doña Ramona, mi mujer y yo esperando que regresara y tardó mucho. Y yo cuando tardaba mucho tenía cierta esperanza, digo, a lo mejor no es un hombre. Cuando llegó, llegó triste, diciendo, he llegado tarde, el nombramiento usted ya ha acordado. Entonces eso me sirvió a mí para que aquella noche llamé al conde de Barcelona que no sabía y le dije, ya está el nombramiento, ya está seguro. No lo sabía, en aquel momento no lo sabía nadie. Digo, no, no, ya le conté que era Camilo Alonso Vigal que me había dicho. Y que se anunciaría el 18 de julio. Entonces don Juan me dijo, bien, esto ya te avisaré cuando tenga noticias. Y el día 16, que era el día de la Virgen del Carmen, yo estaba en mi casa nuestra, en la Plaza de Cristo Rey, Mi mujer se había ido ya a comillas con los niños y yo estaba preparado, estaba solo, ni servicio ni nada, y yo estaba preparando la maleta en el coche para irme, y estaba solo en la casa, para irme a comillas con mi mujer. Y yo en el teléfono lo cojo, yo no tenía nadie, y era don Juan al teléfono, que nunca me llamaba él, siempre me llamaba el secretario o algo, era él directamente. Pero don Antonio, que lo peor ya ha tenido lugar, que me ha escrito el número uno. Puedes venir, digo, mira, viva ahora mismo a comillas, pero salgo ahora mismo para Estoril. Y me llamé a mi mujer, digo, mira, algo que pasa, me voy para Estoril ahora mismo. Bien, Estoril. estaba solo, él tomaría la precaución de que no hubiera ningún testigo, no había ningún criado, ningún secretario, nadie ni de su familia, estaban solos, me abrió la puerta del chalet de Estoril, de Villa Giralda, él. me subió a su despacho, me leí la carta, la leí yo, la de Franco, había recibido la carta de Franco, donde decía, mi querido infante, tengo la satisfacción tal, tal, tal, de informarle de que he tenido a bien nombrar sucesor a título de rey a su Alteza, hijo de tal don Juan Carlos de Román Galea. Y me preguntó qué hay que hacer. Digo, pues es un asunto histórico, no tiene más remedio que responder. Esto va a estar en la historia. Y dice, ¿no te importa redactarme la carta que crees que debo de enviar? Digo, no. Y entonces bajó conmigo al piso primero, me entregó una máquina de escribir, me puse el papel en blanco, yo no sabía dónde había nada. Sin papel de calco, yo no lo pedí para que viera que yo no iba a coger ninguna copia. Y le escribí una contestación. La leyó. Él subió, dice, cuando termine me lo sube a su despacho, porque él tenía el despacho en el piso primero. Subía a su despacho, leyó la carta y me dijo, correcto, como estaba ya limpio, la firmo ahora mismo. Y delante de mí la firmó. Delante de mí sacó un lacre, por cierto, enorme, largo, le puso, tenía un aparato ya que encendía la llama, del lacre para caer gotas de verdad chorro, y le hizo los cerró, pero de una manera que me quedé asombrado, porque no es el sello del lacre normal, sino que puso lacre en sobre por todos lados. Y me dijo, mañana a las 10 de la mañana vendrá el embajador de España en Portugal, Jiménez Arnau. Bueno, el padre de este chico que sale en la televisión, su padre, Jiménez Arnau, yo se la entraré ya acercada, muy bien, y dice, como he citado para mañana, que no sabe nadie que estás tú aquí, porque yo no quería que nadie lo supiera para que no nos interfirieran, ni nadie iba a saber lo de la carta. he citado ya a don Pedro San Rodríguez y a Reiza. Don Pedro San Rodríguez, como la gente que lo conoce, fue ministro con Franco, el primer ministro de Educación, por cierto, que introdujo en España un bachiller extraordinariamente inteligente, en el que yo estudié. Y luego, a Reiza era el secretario general de la causa monárquica del Consejo. Dice, como no saben, ni quiero que lo sepan, pues si vienen ellos a las 10, porque el embajador llegará a nueve y media de menos cuarto, pues tú vienes a las once, y como si llegaras de Madrid, digo, muy bien, y me fui al hotel, y él sabía el hotel donde estaba, y por la noche a las nueve, o las ocho y media, me llama al hotel, y me dice, Antonio, hay una novedad, y es que he regido la carta, otra carta de mi hijo. Y también entonces me gustaría que tú vinieras aquí a las nueve de la mañana o antes. Dijo, no, no, a las nueve es bastante. Dice, para que no coincidiera con las visitas de Raíza y de Pedro San Rodríguez. Fui y era la carta de su hijo, querido Pablo, pues nada, diciendo que para salvar la monarquía que Franco le había ofrecido, no, le había nombrado, nada le había ofrecido, le había nombrado, y que él, para salvar la monarquía, había aceptado el nombramiento de un asesor a título de rey. Entonces, ahí me vuelve a decir lo mismo, quiere hacer como ayer, y me dio papel, ya sabía, pero me dio papel, me lo sacó, me puse y esperó. Escribí la carta y yo recuerdo muy bien esa carta porque la otra era muy protocolaria, sin yo a propósito escribir algo que no asomara por ningún lado ningún sentimiento, sino nada más que le decía que no aceptaba, la carta de Franco le decía nada más que no aceptaba el nombramiento y que él, como jefe del Estado, no tenía poderes para alterar el orden de sucesión dinástico en una monarquía, tanto que no lo aceptaba ni reconocía la legitimidad de ese nombramiento. En cambio, el de su hijo era más libre. Y ya le pregunté, ¿quiere? Dice, no, no, no. Y le pregunté yo, ¿quiere un enfoque? Me lo dice y me dice, no, no, no. Como conoce el tema a la perfección, lo que tú le harías, sabiendo que yo como a mí lo que no sé, pues lo que tú... Entonces hice una carta también breve, pero en esa carta lo suficientemente expresiva para decirle a su hijo que no aceptaba, que no estaba de acuerdo, que rechazaba. la aceptación que él había hecho ante Franco porque lo que pretende es salvar esa monarquía sería una monarquía sin honor y una monarquía sin honor no puede durar porque equivale yo recordé sin decirlo porque equivale a lo que los republicanos confían en la virtud que es la idea de Montesquieu pero yo no la puse pero dije si el honor por un monárquico es como la virtud para un republicano si renuncia al honor no tienes nada en la monarquía Más o menos esa fue la idea que le dije. Y lo demás, redactado corrientemente, a lo que correspondía a su altura intelectual y de clase social, de un rey a su hijo, pero puse régimen franquista. Entonces cuando lo leyó, aceptó todo, pero dice, pero régimen franquista no, pon general Franco. Entonces bajé, me tuve que volver a escribirlo para corregir esa palabra. Me corrigió que no pusiera regreso y puse que no era franco. Subí, se lo di y me fui. Pero como era muy cerca, me fui a dar una vuelta paseando allí por el Estoril, por el montecillo donde estaba su chalet, que era el antiguo club, la casa central de un club de campo, de golf. Y cuando llegué ya me dice que estaba Areviza y Don Pedro. Eso, con eso he respondido a cómo fue nombrado Juan Carlos, pero no porque hubo una elección de Franco, sino que estaba decidido antemano porque Franco lo había educado. Todos los profesores que había tenido Juan Carlos eran personas muy franquistas del Opus Dei, algunos como López Amo, otros, todos habían sido, habían sido educados para traicionar a su padre y consumó la traición.