Anécdota de TREVIJANO con MONTORO sobre la doctrina de Keynes El Embajador mejicano
Transcripción
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Yo coincidí con Montoro en una conferencia que organizó, creo que fue el Colegio de Economistas, con una asistencia masiva de casi mil personas, a la semana siguiente del Tratado de Maastricht, de la aprobación, donde nos invitaron juntos al Embajador de México para que informara, o diera una conferencia sobre el Tratado con Estados Unidos, y a mí para que informara sobre Maastricht. El embajador mexicano habló todo el tiempo, el 99% de su intervención fueron los tomates, y en mi intervención la basé sobre todo en la doctrina de Keynes, diciendo que el tratado de Maastricht, al prohibir y al fijar y hacer los presupuestos fijos con los del 3%, era como un librito de escuela, que se daba a los gobernantes para que aplicaran en todas las circunstancias unas normas sin tener en cuenta la situación del mercado y la situación económica, que es la que determina las reacciones de la política. Y él, cuando terminé, como cité varias veces al Keynes, Montoro, una tribuna eran luego preguntas con el público, y Montoro, después de alabarme, como toda la costumbre de la... de los oradores y de los españoles y de los escritores, que empiezan diciendo la magnífica exposición de Trevijano. Cuando dijo esto, yo dije, uy, ya está, a ver por dónde me mete el cuchillo. Porque en España siempre para poder atacar a alguien, tienes que empezar alabándolo. Bien, pues en efecto, nada más que decir que era maravilloso lo que tal, dijo, pero claro, es muy delicado citar a Cáinez, Porque, sin ser economista, porque Cáines es el economista de lectura y de comprensión muy difícil de comprender. Y yo, como tenía el teléfono, le dije enseguida, será para ti. Pues ese Montoro, todas las intervenciones que le he oído, me parece completamente apartado del camino que debiera seguirse para afrontar la salida de la crisis, en España al menos. Yo había empezado mi conferencia... Bueno, por cierto, que mi conferencia fue luego el programa del Partido Comunista que lo tomó Anguita. Me la pidió, se la di, y pasó a ser su opinión sobre Maastricht fue basada en mi conferencia. Bien. Pero lo que voy a contar es más divertido todavía. El embajador de México tenía por visto que irse y yo, al minuto de comenzar a hablar, el presidente, que era Valentín Andrés, un economista, no me acuerdo bien el nombre, me pasó una nota diciendo, por favor, Trevejano, abrevié que el señor embajador tiene una cena. Entonces yo me quedé tan perplejo de que me pasaran esto en la presidencia, que me paré, dejé de hablar, y dije, señores, y delante de mil personas, 900, había 900 personas, y señores, me acaban de pasar esta nota, y la leí, y digo, creo que todos ustedes estarán de acuerdo conmigo en que tenemos que ser muy corteses con el embajador, y por tanto, dejo de hablar hasta que no se vaya. Y se fue. Podéis figurar lo que sucedió. Bueno, un silencio mortal, y como no se aguanta un silencio cuando hay una muchedumbre, terminó con un abucheo y diciendo fuera, fuera, fuera. Tan grande fue el escándalo que tuvo que el presidente de la mesa acompañarlo a la salida, porque allí los tomates iban a recibirlo el embajador tan experto en tomates.