Opinion de Don Antonio Garcia Trevijano ante las Disculpas del Rey Juan Carlos

2012-04-20 Kike Gallego 33:29 YouTube ↗
Opinion de Don Antonio Garcia Trevijano ante las Disculpas del Rey Juan Carlos

Transcripción

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Atención, voy a realizar un sermón renacentista bajo el título de Disolutio es monarquía. Acabada la dictadura de Primo de Rivera, el régimen monárquico, el de Alfonso XIII, nombró al gobierno Berenguer como prueba de que allí entonces, en España, no había pasado nada. Un 15 de noviembre de 1930, y con el título de El error Berenguer, el gran filósofo y hombre de cultura importante de España, el más conocido de su época, Ortega y Gasset, publicó en el diario El Sol un simplísimo análisis de la situación política de entonces, donde se mofaba de la falsa pretensión de afirmar que aquí no ha pasado nada. Nadie habría retenido aquel insulso artículo, se habría acordado de él, si su autor... que era un gran periodista, no lo hubiera terminado con el famoso de lenda es monarquía que tomó del de lenda es Cartago de Catón. Era evidente que el de lenda de Ortega no quería decir que la monarquía debería ser destruida, como sí quiso decir Cartago con su lema de lenda Escartago de Catón. Pero sí quiso decir Ortega que el error Berenguer, no el error de Berenguer, que el error Berenguer destruiría el régimen monárquico. Del mismo modo, trazándole un paralelismo con la ciudad de Dido, ...que fue aniquilada por los romanos... ...en la guerra... ...después de las guerras púnicas... ...en la guerra final de las guerras púnicas... ...la metáfora de Ortega sin embargo no era apropiada... ...fue sacada por los pelos... ...porque... ...la monarquía... ...mientras que la monarquía española... ...sucumbió... ...por causas internas... ...a los cinco meses... ...del error Berenguer... ...sin embargo... Cartago fue destruida por el factor romano 30 años después de la admonición de Catón. No obstante esa enorme diferencia y esa superficial analogía, sin embargo digo, la situación de la actual monarquía de Juan Carlos... Me ha traído a mí, por lo menos, a la memoria, el recuerdo de aquellos cinco meses anteriores al advenimiento de la Segunda República. El error Berenguer ahora está sustituido, en esta monarquía de Juan Carlos, por el error Juan Carlos. También digo, no el error de Juan Carlos, sino por el error Juan Carlos. ¿Quién? acaba de cometer además el hierro de forzada humildad que encierran sus palabras «Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir». Palabras que necesariamente implican la disolución total del lazo monárquico. Esto, a primera vista, el oyente dirá, ¿cómo? ¿Por qué esas palabras suponen que hay una disolución del lazo monárquico? Es decir, de la relación entre la institución monárquica y los ciudadanos, y los españoles. ¿Por qué? De esto se trata de explicar en este breve discurso. Hay, por tanto, acabo de decir que hay un error Juan Carlos y otro error de Juan Carlos, siguiendo la misma técnica que utilizó Ortega y Gasset para distinguir el error Berenguer como algo diferente de un error de Berenguer. Este doble error es un doble error monárquico, porque contiene el error Juan Carlos, su nombramiento, y la aceptación de él por la gran mayoría de la población española y un error de Juan Carlos el doble error del rey como sujeto activo y como objeto pasivo del error y la conjunción de estos dos errores es lo que ha disuelto nada menos que la causa monárquica que la razón de esta monarquía veamos primero El error Juan Carlos, el sustantivo, del que son responsables los sectores que acataron la orden sucesoria de Franco y los que aceptaron después la monarquía de los partidos, tenía que causar, en virtud del efecto Montesquieu, la ruina de la corona por concurrir en ese propio error, concurrir además... ese error con cualquier otro error personal que pudiera cometer Juan Carlos, que sería un error de Juan Carlos. El efecto Montesquieu dice, si una causa particular arruina un Estado, había una causa general que lo haría perecer por una sola causa personal. Esta maravillosa reflexión de Montesquieu, está imbricada ya en este factor individual porque tiene tal trascendencia el error personal, el factor individual tiene tal trascendencia para la monarquía que por sí solo ese error de Juan Carlos disuelve la causa ontológica de la monarquía es decir, su causa metafísica su causa mítica Si dice el rey, lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir, esas tres palabras son las mismas, con el mismo significado, y auguran igual que las tres palabras aparecidas en el festín del rey Baltasar, dibujadas en la pared por una mano invisible. Son las tres palabras correspondientes al Mane, Tezel, Fares. que el profesor Daniel interpretó con buen sentido, adivinatorio, como división y partición del reino. Pues en estos estamos ahora, en el significado de que lo siento no volverá a ocurrir, pues son palabras que anuncian o presagian males muy profundos, para la monarquía por supuesto, pero no es para España en un plazo inmediato. La causa franquista de la monarquía determinaría un día su ruina por un vicio personal de Juan Carlos, ese es el efecto Montesquieu, y ese día ha llegado ya. Ayer, día 18 de abril de 2012, Juan Carlos proclamó ante el mundo, Urbis et Orbe, que la causa de su monarquía se había disuelto. Vuelvo a decir atención, porque este es el argumento de la disolución ex monarquía. Dijo ayer Juan Carlos que lo sentía. ¿Qué es lo que sentía? Veamos, seamos sinceros, preguntémonos. ¿Qué ha dicho el que sentía? ¿Matar elefantes? ¿O divertirse con derroches de riqueza entre la miseria de sus súbditos? ¿Qué es lo que sentía? ¿Haberse ausentado de España sin dar conocimiento de ello al gobierno? No lo sabemos. Ha dicho que lo sentía. Lo que más se le afea, en realidad, si a eso tácitamente responde sus... su contestación de que lo siente lo que más se da fea es la matanza de elefantes no solo porque han descubierto los españoles de repente que estaba cazando elefantes en África del Sur en Guadalajara matando con una amiga sino que las fotografías que publican se dan cuenta que es de otra cacería por tanto ya no se trata que haya matado a un elefante sino que es ...un matador de elefantes... ...y en la fotografía además demuestra... ...que no tiene ninguna nobleza... ...en el trato con los animales... ...ya que no se comprende como un cazador... ...tan... ...habituado como él lleva tantos años cazando... ...continúe... ...con procedimientos infantiles e innobles... ...para tratar de una manera tan poco delicada... ...con tan poca nobleza... ...al cadáver del elefante... ...que lo mantiene casi medio erguido... doblando el cuello contra un árbol para que parezca que la pieza cobrada es más grande de lo que es. Eso es innoble, impropio de un cazador. El amor a los elefantes es ya muy grande porque tiene una larga tradición. Le pasa igual que a los caballos. Pero ese amor que nosotros creemos que deriva de su belleza, o de sus sentimientos, o de la tranquilidad que nos produce su contemplación. No, en realidad, el amor por los elefantes y por los caballos tiene un mismo origen, y es que fueron nuestros primeros grandes compañeros en las batallas militares. Los elefantes y los caballos, en las compañías de caballería, se sigue llamando incluso caballería a los... grupos o agrupaciones de elefantes para la guerra pues bien ahí en esa nobleza en esa entrega, en esa lealtad tan grande del caballo y del elefante a los soldados a los que les ayuda en la batalla ahí se fraguó la lealtad de esas hermosas cabalgaduras con los soldados, es decir con nosotros, con los hombres porque ellos nos ayudaban tenían enemigos comunes y luchaban contra los propios enemigos de las personas que los cuidaban. Se recuerda incluso el nombre del elefante cartaginés de la tropa del ejército de Aníbal, en la Segunda Guerra Púnica, cuando asateado, creo que fue en la batalla de Transimeno, asateado y lanceado por todas partes, con las armas que le lanzaban el ejército romano, que estaba dirigido por un tal Nepote, que no tiene nada que ver con el origen del nepotismo, que está en el papado, en el Vaticano, pues bien, ese elefante que tenía su nombre, Suro, cargó él solo, contra lo más grueso, lo más espeso de la tropa romana enemiga, y murió de tantas heridas como sufrió. Pero lo que cuenta... Se cuenta es, y se sabe su nombre, es porque el conductor, el que conducía, el que montaba, el que había cuidado, el cuidador de este elefante, no se se apartó de él, se acostó a su vera y murió de tristeza pegado a su piel. Ahí así murió la lealtad de uno con la lealtad de otro. Se unieron juntas en la muerte. Eso es en cuanto a la primera palabra. ¿De qué siente? Suponemos que siente... Suponemos que siente, no es verdad. Estoy seguro que no siente, sino que al contrario. Desea ansiosamente, le encanta, le sublima la pasión de matar elefantes. Porque no conoce la nobleza de ese animal. Supongo... ...lo vi yo... ...cuando joven montar una vez... ...me llevó a que lo viera... ...hace mucho... ...cuando estaba soltero... ...que lo llevara a ver... ...montarlo en... ...en el hipódromo... ...de Zaragoza... ...pero como yo entonces... ...no tenía conocimientos... ...suficientes de hípica... ...no recuerdo... ...si era noble o innoble... ...su manera de montar... ...si lo viera hoy... ...si lo sabría... ...porque mi hijo me lo ha enseñado... ...que esquinete... ...y muy bueno... ...segundo tema de las palabras es... ...¿en qué se equivocó Juan Carlos?... ...tampoco lo dice... Dice, me equivoqué, me he equivocado. ¿Pero en qué te has equivocado? Dilo. Ahí tenemos que preguntarnos. ¿En qué? ¿En que no comunicó su salida de España al gobierno? Pues si eso lo ha hecho centrar de veces, sin importarle nunca un comino. ¿En qué? ¿En qué se equivocó? ¿En dejarse ver públicamente con la cazadora de elefantes que la acompañaba? ¿Y que ocasionó además la caída y ruptura de la cadera? Pues eso... jamás le ha importado tampoco un bledo la opinión de la sociedad española respecto a sus fidelidades o infidelidades matrimoniales eso a él le ha importado poco siempre y además ¿en qué se ha equivocado en tener un accidente? porque solamente por eso es por lo que se ha dado a conocer este episodio entonces de lo único que se ha equivocado es en haber tenido un accidente pues vaya equivocación no supongo que sea responsable, salvo en la actitud o la postura, que estando ya muy disminuido en el dominio de la rodilla y del tobillo, pues a las 2 de la mañana se puede no figurar muy bien cómo se ha producido la caída. Pero ese no es un asunto que me interese. Llegamos por fin a la palabra fatídica. Aquí está el tema. No volverá a ocurrir Eso solo lo puede decir impunemente un empleado que engaña repetidamente a su jefe. Un criado sorprendido en flagrante acto de hurto o, con mayor frecuencia, un niño alocado o hiperactivo que viente, engaña habitualmente a sus padres tutores o maestros. y que miente en sus continuas promesas de tener buena conducta. Y aquí está el quinto de la cuestión, aquí sí que es verdad, ahora sí que sabemos de qué se trata. no que la promesa, aquí sí hay, no hay sentimiento, aquí lo que hay es una promesa de que no volverá a ocurrir, pero no puede ser compatible con el sentimiento, puede ser o no ser que haya sentido, yo creo que no, que no ha sentido nada, porque no puede estar arrepentido nunca, ni de haber ido a la cacería de elefantes, ni de haber ido con una amiga, de eso no está arrepentido. De lo que está arrepentido es que no quiere que se vuelva a ocurrir que se descubran sus desmanes. Eso es lo que no quiere que se ocurra. Va a procurar que eso no se descubra. Por tanto, cuando salga, pedirá permiso o dará conocimiento al gobierno y tomará todas las precauciones para que no se descubran sus fechorías. Ahora, esto... las consecuencias de esta fesería y de estas palabras son nefastas para la monarquía. Porque un rey no puede pronunciar jamás esas fatídicas palabras sin dejar de ser soberano. Un rey no puede pronunciar jamás... ni esas palabras, ni esos sentimientos, ni esas muecas tristes en la cara, porque la cara no revelaba ningún arrepentimiento. Era natural que revelara debilidad de salir de una operación grave y de la vergüenza de tener que estar humillándose en contra de la costumbre suya de haber siempre hablado con soberbia. Lo cual es completamente compatible con la falsa campechanía de hablar como si fuese un hombre corriente y ordinario, cuando no es verdad. Es un hombre de una vida extraordinaria que no es corriente encontrar y es falsa su campechanía porque es para indicar sentimientos de compañerismo que no tiene con nadie, ni siquiera con su familia. Pero sigamos. Un rey no puede hacer la promesa de que no se ocurrirá más, que no volverá a ocurrir. Eso no se puede prometer nada más que a un superior. ¿A quién le quiere decir eso? ¿Al pueblo? ¿A los iguales? Él no tiene iguales. Entonces a un superior. ¿Pero quién es el superior del rey? Él es jefe del Estado. ¿A quién le puede decir que eso no se volverá a ocurrir? Además de tener que... decirlo a un superior a quien lo va a tranquilizar no te preocupes que no voy a arrepentir esto más además de dirigirse a esas palabras solamente pueden concebirse dirigidas a un superior además de eso está confesando ...que ha ocurrido... ...lo anterior por culpa suya... ...si esto no se va a ocurrir jamás... ...ah, entonces lo ocurrido... ...es por culpa tuya, lo estás confesando... ...porque tienes... ...la voluntad y la capacidad de evitarlo... ...lo que si no lo has evitado hasta ahora... ...es por culpa tuya... ...entonces... ...si es por culpa tuya... ...por qué no te disculpas... ...no... ...no preguntes que te disculpen a ti... ...si antes tú no has dado las razones de tu culpa... ...entonces discúlpate tú... ...diciendo... ...pido que me disculpen... ...pero diciendo por qué... Por ser rey, no. Que me disculpen porque estaba borracho. Que me disculpen porque no me di cuenta. Que me disculpen porque estoy ciego de pasión o de ira con esta mujer. Lo que sea, algo. Pero sin decir nada, la prensa dice que se ha disculpado. Falso, mentira. No se ha disculpado de nada. Pero está claro que está triste y avergonzado. Está disminuido porque ha perdido la confianza en sí mismo. Esto... Si dice además que no volverá a ocurrir, tiene que detallar por qué no va a ocurrir. Que diga entonces por qué ha ocurrido y por qué no va a ocurrir en el futuro. Si depende sólo de su palabra, si está libre o si tiene relaciones que lo tienen aprisionado. Y que por eso aparece con tantos accidentes o con tantos ojos oscuros. Es decir, tiene que... tiene que decir lo que va a obedecer. Si es que tiene que evitar o desobedecer instrucciones, tiene que decir por qué a partir de ahora va a obedecer y a quién. Y a quién no quiere o a qué orden no quiere obedecer. Porque un rey que hace este tipo de promesa, que se declara dispuesto a obedecer lo que le mande el partido del gobierno, que es lo que ha sucedido hoy, lo que sucedió ayer, o que le mande otro partido estatal, como fue el caso de Rubalcaba, a quien tanto Rajoy como Rubalcaba, a quien le advirtió y le dijo que iba a disculparse, es mentira, no se ha disculpado, como vemos, estamos analizando el idioma español, y no tiene más significado que el que estoy hablando, lo demás son eufemismos, palabras que no dicen lo que se quieren ellos que significan. como se está diciendo a quien tiene que obedecer y que en el futuro va a cumplir con sus deberes y su conducta, en ese caso se convertirá a partir de mañana no en el rey de una monarquía de partidos, como hasta ahora era, sino en el rey de una monarquía de los partidos, que es diferente. Una monarquía de partido es la expresión que corresponde a España al estado de partidos. Pero, en cambio, la expresión alemana del estado de partidos no es el estado de los partidos. En cambio, en España, a partir de hoy, si el rey obedece a los partidos estatales, para que no se vuelva a repetir en el futuro lo que ha hecho en el pasado, habrá pasado a ser... de rey de una monarquía de partidos a rey de una monarquía de los partidos. Un rey que se humilla ante el pueblo por orden o consejo de un cargo estatal sólo puede hacerlo para mantener sus extraordinarios privilegios materiales a conciencia de haber perdido toda la dimensión espiritual o patriótica de su función. evidentemente lo que le ha pasado a todo el rey no puede decir que haya sido por patriotismo, ni por prudencia, un rey que pide perdón a sus súbditos, que no lo ha hecho, pierde incluso hasta la condición de reyezuelo, por eso no se atreve a pedir perdón, ha hecho algo peor, oscuro, ambiguo, no va a suceder, no va a ocurrir, como un niño pequeño que va asustado, asustado de verdad. Y la relación del rey con los gobernados, todo el mundo lo sabe eso, es de orden exclusivamente sentimental, porque obedece a una relación mítica. Y si ese sentimiento de superioridad mítica de la corona se esfuma, como se vio en la cara de ayer, asustado, disminuido, no hablo de la operación que eso explica, sino la expresión de la cara en sus gestos, su boca consumida, pues bien, esa superioridad se esfuma y si lo hace que desaparece el sentimiento y la conciencia de superioridad, aunque sólo sea en un instante, desde ese momento nada ni nadie... podrá ya restituir al rey ni en su superioridad, ni en la confianza de su superioridad. Porque, atención oyentes, un rey humilde es siempre un rey muerto. El rey Luis, el rey Juan Carlos, hoy, a partir de su declaración de ayer, es un rey muerto. Claro que está vivo, claro que estará sentado en el trono, Pero ya ha disuelto esa palabra suya, esa que él llama disculpas, esa promesa de portarse bien como un niño, esa promesa es lo que ha disuelto la monarquía. La monarquía se ha disuelto, no se ha derribado, se ha disuelto como un azucarillo, está disuelta en esa pública humillación de don Juan Carlos. Ahí ha desaparecido el carácter sustantivo de la institución. Ya no se sostiene por ella misma. A partir de ahora estará sostenida. Y del mismo modo que antes de ser rey estaba sostenido en la fuerza de Franco, a partir de ayer Juan Carlos pasa a ser sostenido exclusivamente por la fuerza de los dos principales partidos estatales, PP y PSOE. Esa es la nueva realidad. ...por eso digo que se ha disuelto... ...la monarquía sustantivamente... ...y sin sustancia propia... ...sin fundamento subjetivo... ...sin carácter autónomo... ...el rey... ...que se auto humilla... ...deja de representar ante el pueblo... ...la majestad... ...ya no es... ...una monarquía majestuosa... ...el rey... ...se ha auto humillado... pierde la majestad y al perder la majestad, pierde la autoridad moral que le quedaba, porque él nunca ha tenido potestas. En la constitución española el rey no tiene poder, pero al ser de carácter mítico, su relación con el pueblo y con los demás poderes estaba revestido de la autoridad que le concedían la mística, la espiritualidad de esa relación monárquica que quien la comprenda muy bien y que los que no la comprendemos la rechazamos porque somos ateos políticamente es por lo que al ser ateos no podemos ser monárquicos todo partidario de la monarquía es un creyente está dotado de fe ha sustituido la razón o las razones por la fe En una persona. Eso lo ha perdido Juan Carlos. En Juan Carlos ya no tiene fe nadie. Ni sus más fervosos partidarios. O sea, a partir de ayer serán partidarios de sus propios intereses. Pero no podrán tener fe en Juan Carlos. Por eso no tiene potestad. Eso es normal. Pero sólo retiene hoy. ...antes de la declaración de ayer... ...la autoritas moral... ...que ha perdido completamente... ...con las declaraciones de ayer... ...el rey humillado... ...es un despojo de la realeza... ...si no es querido ni temido... ...el rey tampoco será respetado... ...ese es el secreto de las relaciones míticas... ...en una sola hora de desvergüenza... ...la conducta de un rey que se humilla ante el pueblo... levanta las faldas de la realeza, convierte en bufonada la reverencia de la farándula cortesana y arrastra la pordiosería por los pasillos de las finanzas monárquicas. La inutilidad de un rey humillado es percibida enseguida por los círculos dominantes y dirigentes de la sociedad estatal, pero tarda un poco más en ser advertida por los gobernados. Por esa razón, antes de que el desprestigio y la falta de respeto al rey se extiendan a todas las capas sociales, surgen los intentos de conseguir cuanto antes su abdicación. Sin embargo, ya el rey lo sabía, y antes de hablar nada le advierte a Rajoy y a Rubalcaba, que no piensen que voy a dimitir. Pero sucede que casi siempre llegan con retraso las presiones para la abdicación. Y ahora lo estamos demostrando, lo está demostrando Juan Carlos. Por un lado, Juan Carlos teme que si abdica verá reducidas enseguida las fuentes de su riqueza y de su influencia en la propia familia. Y por otro, por otro lado, ignora todo lo que pueden ofrecerle los placeres culturales sin ambición. material, como es su caso, que es un inculto, un ignorante total y no tiene más que pasión que ver deportes y estar con mujeres. Lo demás no es más que dinero, dinero y dinero. Para él sirve la monarquía. Este cuadro de miedos y ambiciones, estas pasiones que rodean los intereses comprometidos con la abdicación de la corona en el príncipe de Asturias, se desconciertan y desorientan cuando el rey realiza un acto de humillación para conservar los beneficios materiales de la titularidad del trono. Enseguida se comprende, y el rey antes que nadie, que ya no tiene nada propio que transmitir al príncipe por medio de la abdicación. Cuando el rey disuelve la monarquía por un acto de humillación Ante el pueblo desaparece la sustancia monárquica que antes podía haber sido transmitida incólume al príncipe a través del mecanismo ciego de la abdicación. Ya ha comenzado el proceso de colocar en don Felipe las virtudes que se van retirando de su padre don Juan Carlos. Este proceso se acelerará en la misma medida en que se traen Se irán incrementando las pruebas de la ya innegable complicidad del rey y de la infanta Cristina en la corrupción de un dargarín, en la culpabilidad de ese delito, o presunto delito, no, presunto para mí no, son claros delitos cometidos por la familia, por la casa de Juan Carlos. La abdicación de un rey humillado lleva en la corona transmitida nueva fuente de humillación. Se puede observar ya el fenómeno siempre repetido, el indecente espectáculo que precede a las abdicaciones o a las esperanzas de una próxima abdicación. Voy rápido a terminar. Contemplad el oportunismo de esos periodistas que parecen apoyar la justificación del rey, cuando en realidad le están exigiendo más peticiones de perdón, es decir, más humillaciones. La disolución de la monarquía responde al adjetivo latino que la define y caracteriza, pues lo normal es que la disolución sea consecuencia de vidas principescas, disolutas o depravadas. A la monarquía de Juan Carlos no habrá que derribarla. La expresión latina disolucio es monarquía, tiene naturaleza descriptiva de un proceso inexorable. A partir del día 18 de abril, la monarquía de Juan Carlos carece de sustancia monárquica, es decir, de majestad y de realeza. Solo le queda su impronta franquista, es decir, lo único que podrá transmitir a su hijo Felipe en caso de abdicación. Es decir, lo único... que podría darle voluntad de rey, la voluntad franquista y rey, que se le pueda transmitir a través de la abdicación. No penséis que voy a abdicar, le dijo a los dos jefes de la política española, y a ellos le anunció que pensaba que... ...les anunció que pensaba disculparse ante la opinión... ...que no es verdad, no se ha disculpado... ...pero esta vez la República Constitucional... ...que es la única alternativa seria, decente... ...y realizable a la monarquía de los partidos... ...no será fruto de improvisaciones... ...ni de ensoñaciones... ...ni llegará por advenimiento... ...será producto de la libertad constituyente... ...será la fuente creadora de la democracia representativa... Será el criterio de racionalización modernizadora del Estado y será, en definitiva, la solución financiera de la tragedia crómica que hoy padecen los españoles. Gracias, oyentes.